¿Amor o dependencia emocional en la pareja?

La dependencia emocional está muchas veces presente en las relaciones de pareja. Es parte de ese vínculo afectivo que establecemos con la persona que amamos, pero no siempre es fácil delimitar una frontera entre el amor y el sentimiento de “posesión”. Frases como “no puedo vivir sin tí” o “no sabes cuánto te necesito” tienen en ocasiones una doble cara de la que debemos ser conscientes para no caer en las llamadas relaciones tóxicas. Ahí donde el amor se convierte en obsesión y por tanto, en algo que puede hacernos caer en la infelicidad.

El peligro de que caigamos en una relación de pareja inadecuada puede ser más común de lo que pensamos, de ahí la necesidad de estar atenta a los síntomas. En ocasiones, hay personas que viven el amor como una verdadera “adicción”, como un sentimiento posesivo que domina cada una de sus áreas personales. Expertos en el campo como Walter Risso nos dicen que la “adicción afectiva” puede ser el peor de los vicios, ahí donde incluso las terapias se hacen verdaderamente complicadas. No hace falta tener ningún trastorno psicológico ni ninguna enfermedad para caer en esta dimensión, la de la obsesión. Es más, incluso nosotras mismas lo podemos sufrir alguna vez. ¿Qué tal entonces si ahondamos un poco más en el tema?

Cuidado con las relaciones adictivas

 1. ¿Me puede pasar a mi?

Esta es la cuestión que hemos dejado anteriormente en el aire. Y la respuesta es sí. La realidad es que cualquier persona es susceptible de pasar por relaciones de dependencia. Bien es cierto que hay perfiles que disponen de una personalidad característica que las puede volver más posesivas, más dominantes a la hora de gestionar sus emociones. Pero en ocasiones incluso nosotras mismas podemos caer alguna vez en esta dimensión. La de sentir que la relación que establecemos con la otra persona se convierte en algo muy intenso. En algo que tememos perder y que debemos salvaguardar a cualquier precio.

2. ¿Cómo es la persona emocionalmente dependiente?

Las relaciones de dependencia tienen como base la necesidad de tener al ser amado siempre a nuestro lado. Uno empieza a temer a la soledad, a concebir la idea de que la felicidad solo es posible cuando nuestra pareja está junto a nosotros. Poco a poco se va gestando una especie de sufrimiento existencial hacia el temor de ser abandonados, e incluso traicionados.

Es aquí donde radicaría el auténtico problema. El de los celos, y sobre todo, la desconfianza. Cuando estas emociones aparecen en personas con perfiles psicológicos determinados por la violencia física o psicológica, es cuando surge un riesgo bien definido. Debemos tenerlo en cuenta. La dependencia emocional puede volverse insana y peligrosa. Cuando el amor se convierte en obsesión, es difícil que el vínculo entre dos personas llegue a alcanzar la felicidad.

La persona dependiente sufre profundamente debido a que se ve incapaz de sobrevivir sin su pareja. Padece ante sus ausencias, y por cualquier aspecto que ella interprete como una muestra de desamor o desprecio. Y su pareja, a su vez, sufre también porque se nota cercada y sometida. No hay felicidad auténtica en este tipo de relaciones. Es común que aparezcan celos extremos, y la necesidad de control.

 Cómo evitar la dependencia emocional

El primer problema sin duda, es poder detectar esa dependencia. Algo que casi nunca es fácil. Lo más común es que los primeros en darnos señales de aviso sea nuestro propio círculo social: amigos, familiares…  En ocasiones no somos conscientes de que estamos viviendo una relación de dependencia sobre nuestra pareja por los siguientes factores:

  • Nos sentimos seguros.
  • Nos sentimos amados. Cuando en realidad, lo que hacemos es confundir amor con “posesión”.
  • Las personas con baja autoestima son más proclives a desarrollar relaciones de dependencia. Piensa si es tu caso. Valora cómo te ves a ti misma.
  • Son relaciones basadas muchas veces en el miedo: miedo a estar solos, a sentirse abandonados, a no concebir la vida sin la otra persona. Poco a poco vamos cerrando nuestro círculo alrededor de la otra persona dejando a un lado a amigos y familiares. De ahí que debamos estar atentas a esos indicios. A lo que nos dice esa amiga con la que ya no quedamos. A ese amigo al que ya no ves porque tu pareja tiene celos de él cada vez que os veía juntos.

Miedo a no ser amados, miedo al abandono, una necesidad absoluta de controlar todo lo que hace la pareja, impedir que la otra persona tenga sus espacios, su tiempo y sus amistades, son indicios lo bastante claros para darnos cuenta. Insistimos una vez más ante el hecho de que también nosotras podemos ser quienes ejerzamos esta relación de dependencia, no es una dimensión exclusiva de los hombres en absoluto.

La obsesión, los celos, la ansiedad, y la necesidad de control son aspectos que siempre traen la infelicidad. Puede que hoy no seamos conscientes de ello, porque lo entendemos como muestras inequívocas de amor. Pero no es así. Lo ideal es poder decirnos a nosotras mismos aquello de “Puedo vivir sin ti, mi vida también tiene sentido si estoy sola porque me veo capaz, porque también me quiero a mi misma. Pero elijo amarte a ti también y crecer juntos pero no dependiendo el uno del otro”.

Lo que necesitamos en realidad es un realismo afectivo, un autorrespeto y autocontrol sobre nuestras emociones con tal de construir día a día una relación de pareja sana y estable, capaz de aportarnos felicidad. Amar no significa poseer, podemos sentir dependencia, pero siempre que se permita a la vez espacio e intimidad personal para la otra persona. Crecer juntos, vivir juntos… pero nunca atados.


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