Cómo tratar correctamente el acné

El acné es una afección típica de la adolescencia que consiste en la aparición de granos y espinillas. Aunque como ya hemos indicado que es más típica sufrirla en la época adolescente, también pueden darse casos en personas adultas. Se localiza preferentemente en la cara, cuello, hombros y espalda.

Durante la etapa previa a la pubertad, el organismo sufre una serie de desequilibrios hormonales que llevan al aumento de la secreción de las glándulas sebáceas, productoras de grasa. La estrechez de los conductos que llevan la grasa al exterior de la piel y el taponamiento de los poros (poros cerrados, restos de suciedad o maquillaje, vello facial, etc.), dan lugar a que el producto de las glándulas quede atrapado en su interior formando abultamiento o granos.

A medida que se produce más grasa, aumenta la presión del interior del grano produciéndose lesiones en la piel que lo rodea, produciéndose así picor o enrojecimiento de la zona. Si en este momento, manipulamos el grano o tenemos las defensas bajas por la razón que sea, se puede producir una infección que dará lugar a la formación de pus en el interior del poro obstruido. Estas lesiones pueden abrirse al exterior de forma espontánea, dejando cicatriz más o menos visible, o pueden llegar a enquistarse formando nódulos o abcesos que serán necesarios abrir.

Aunque el acné en principio no es una afección grave, puede tener cierta repercusión psicológica en el individuo, sobre todo si es joven ya que en esa edad el aspecto físico cobra vital importancia para las relaciones sociales.

Consejos útiles si padeces de acné

En primer lugar, debemos evitar que la persona afectada se sienta ansiosa y su acné se convierta en una obsesión. Se le debe quitar importancia, sin hacer demasiados comentarios sobre el tema.

Algunos consejos y/o normas que podemos llevar a cabo son:

  • Seguir un régimen dietético con pocas grasas y azúcares, evitando el chocolate, el café, el té, el alcohol y otros excitantes.
  • Procurar efectuar deposiciones al menos una vez al día, pero no usar laxantes sin haber consultado al médico.
  • Llevar una vida sana en general: realizar ejercicio al aire libre, dormir las horas necesarias, evitar situaciones de estrés o tensión, etc.
  • Lavar las zonas afectadas con agua templada y jabón al menos 2 veces al día (mínimo en la mañana y en la noche). Es preferible que el jabón utilizado contenga algún antiséptico ya que con esta sustancia eliminamos la grasa que obstruye el poro.
  • Aplicar después del lavado, cremas o lociones libres de aceite y con efecto purificante y equilibrante. De esta manera evitaremos el aceite de las cremas y regularemos el sebo de nuestra piel.
  • Podemos tomar el sol pero nunca en exceso. Unos rayos de sol nos viene bien cuando tenemos acné porque ayuda a secar un poco los granos.
  • No emplear nunca productos cosméticos grasos ni aceitosos para ocultar los granos. Si hacemos esto lo único que estaremos propiciando es el mayor taponamiento de los poros y alargar el tiempo de curación. Además, si hay granos abiertos, podemos provocar una infección o una alergia.
  • En ningún caso, debemos apretar o reventar estos granos, ya que además de producir cicatrices que quedarán en tu piel de por vida, se pueden producir infecciones. Sobre todo evitar hacer esto en el conocido “triángulo de la muerte”, que comprende el área de debajo de la nariz y alrededor de la boca. Esta zona está llena de vasos sanguíneos que desde allí van al cerebro. Si la infección pasa por esta zona se pueden producir infecciones meníngeas o cerebrales.

El factor decisivo es ser constantes

La mayoría de los jóvenes con acné prueban un gran número de lociones, pomadas, cremas y demás productos esperando que su problema desaparezca en unos días, para abandonar después por falta de constancia por no ver los resultados deseados en un corto período de tiempo. Hay que hacerles saber que todo tratamiento requiere de tiempo y que puede llevar semanas e  incluso meses, que todo el acné desaparezca. No por ello deben dejarse vencer por el desánimo ya que la constancia y la perseverancia son las mejores armas en la lucha contra esta afección.

No dejéis de acudir al médico de cabecera en un principio y al dermatólogo después para recibir vuestro tratamiento. Él os indicará cuáles son los pasos a seguir y cómo tomar dicho tratamiento.


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