Afrodisíacos y sexualidad: ¿Cómo estimular la vida en pareja?

El uso de los alimentos considerados como afrodisíacos tienen una gran tradición a lo largo de la historia, pues son muchas las culturas que se han preocupado desde la antigüedad en potenciar o estimular la sexualidad en la pareja, en estudiar qué componentes presentes en raíces, especias, dulces, frutas e incluso plantas, pueden ser capaces de aportarnos esa “chispa” capaz de aumentar nuestro deseo sexual por nuestra pareja. Pero, ¿es esto posible? ¿Es cierto que los afrodisíacos poseen esta interesante virtud? ¿O es quizá nuestro cerebro el verdadero estimulante del deseo y el placer?

La palabra “afrodisíaco” tiene su origen en la diosa griega del amor, Afrodita, un término que hoy en día se ha extendido quizá de forma desmedida para asociarse a un sinfín de sustancias capaces de potenciar nuestra libido e incluso nuestra fertilidad. En ocasiones, bastaba que un alimento tuviera cierta semejanza a los órganos sexuales para ser considerados como estimulantes de la sexualidad: las ostras, las raíces de jengibre, el plátano… pero la realidad es que hasta el momento los científicos no han llegado a una conclusión clara sobre el tema. Los efectos neuroquímicos que estos alimentos tienen sobre nuestro cerebro son tan variados como complejos. Lo que sí queda claro son dos cosas: existen elementos en algunas frutas o especias que son muy beneficiosos para nuestra salud sexual, y, además, hemos de tener en cuenta todos esos factores psicológicos que acompañan al proceso de la seducción.

Afrodisíacos más populares: mitos y realidades

  • Canela: tiene una larga tradición como afrodisíaco, y su sabor y su perfume son tan excitantes como agradables, pero además entre sus propiedades medicinales se haya la facultad de estimular la circulación sanguínea del abdomen y los genitales. Nos se trata entonces de que la canela aumente “el deseo sexual”. Sus componentes esenciales son particularmente saludables para nuestro organismo, de ahí su relevancia.
  • Chocolate: Es otro de los afrodisíacos más clásicos. Su principal secreto se encuentra en su propiedad para aumentar nuestro nivel de endorfinas: el chocolate dispone de un sabor placentero para la mayoría de las personas, y cualquier acto que el cerebro juzgue como agradable lo recompensa segregando endorfinas. Como curiosidad te diremos que estas propiedades placenteras suelen aumentar si se toma caliente.
  • Cacahuetes, nueces y almendras: Sus propiedades vasodilatadoras son también muy idóneas para la sexualidad y contienen además magnesio y triptófano. Nos aportan energía a la vez que nos relajan, una combinación propicia para que nuestro cuerpo se encuentre en buenas condiciones para la sexualidad.
  • Fresas y frambuesas: son una fuente muy beneficiosa de antioxidantes, mantienen nuestras células jóvenes y nos aportan energía a la vez que aumentan nuestro nivel de endorfinas. Unos afrodisíacos por excelencia que suelen acompañar nuestros postres en esas cenas íntimas, puede que no aumenten por sí solas nuestro deseo sexual, pero si nos aportan los nutrientes necesarios para estar en buen estado.
  • El apio y la remolacha: Sus colores bien combinados suelen estar presentes en muchas cenas románticas, pero detrás de su mitificación como afrodisíacos y de facilitadores de la libido, se esconden unas propiedades muy saludables para cuidar de nuestros órganos urinarios. Además, estimulan nuestra circulación y son sin duda un entrante ideal en forma de ensalada en esos encuentros especiales.

El cerebro, el mejor afrodisíaco

Analizadas las propiedades de los afrodisíacos más comunes nos queda claro que tomados por sí solos, no van a potenciar nuestra libido o nuestra sexualidad, sino forman parte de un contexto en el que el juego de la seducción. Por eso, nuestros cerebros van a ser pues las piezas indispensables para que surja la verdadera atracción por nuestra pareja. Pero veamos más detenidamente cuáles son las pautas que conforman las bases de los auténticos afrodisíacos: nuestros neurotransmisores.

  • El poder de las endorfinas: las endorfinas son unos neurotransmisores opioides que segrega nuestro cerebro cuando nos sentimos bien. Consumir chocolate, por ejemplo, ya es algo de por sí placentero cuyos efectos pueden incrementarse si los combinamos con la compañía de alguien que nos atrae. Las endorfinas aparecen en nuestro cerebro por una simple caricia, una mirada, un beso. Si en este contexto incluimos postres, bebidas y dulces que nos son agradables nada podrá superar el efecto de las endorfinas como afrodisíacos.
  • Los componentes de la atracción: Si las endorfinas aparecen cuando nos sentimos cómodos, comemos o hacemos algo agradable, los estrógenos  surgen en esos instantes en que nos sonrojamos ante una mirada agradable, ante una frase alagadora. El ambiente que construyamos con nuestra pareja provocará que vayan surgiendo determinadas sustancias cerebrales imprescindibles para que surja la atracción y el sexo. Así, por ejemplo, cuando compartimos una cena con alguien que nos agrada, las risas en la conversación provocará que se libere serotonina. Nos sentiremos entonces más optimistas y alegres, y en este contexto, una copa de vino, un postre de fresas, almendra y vainilla aumentarán su efecto para encender el deseo y el placer.
  • Las feromonas: Son auténticos afrodisíacos naturales del ser humano o sustancias químicas segregadas por las personas a las que comúnmente se le suele conocer como “el olor del amor”. Se transmiten con el sudor y tienen la singular capacidad de provocar atracción entre las parejas.

Podemos concluir comentándote que aunque los afrodisíacos más comunes no disponen por sí solos de las virtudes suficientes para provocar la atracción sexual entre las parejas, son unos acompañantes ideales para contextualizar un encuentro romántico. Todo aquello que sea placentero a nuestro paladar actuará como catalizador para esos otros afrodisíacos que disponemos naturalmente las personas en nuestro cerebro, es decir, los neurotransmisores. Ellos iniciarán su trabajo excitándonos, haciéndonos sentir cómodos y felices, pero siempre que nosotros seamos los verdaderos artífices de la situación creando un buen ambiente, seduciendo con miradas y palabras. Un juego de seducción donde los alimentos son siempre unas piezas indispensables.

 


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