Vivir sin prisa, ¿En qué consiste el movimiento Slow?

Nuestro ritmo en el día a día puede llegar a ser frenético en muchas ocasiones: trabajo, casa, los niños, las mascotas, ir a comprar, etc. Vamos por el mundo como pollo sin cabeza, haciendo las cosas sin terminar de disfrutarla debido a la gran cantidad de actividades que tenemos programadas cada día.

Una de las cosas que nos ha enseñado la cuarentena es a tener tiempo, a bajar el ritmo de nuestro día a día. Y sin duda, ello conlleva unos beneficios importantes. Existen movimientos como el Slow que aboga por un estilo de vida más relajado para disfrutar de lo que hacemos en vez de sentirnos abrumados en nuestro día a día.

Ahora que la vuelta a la normalidad comienza con la desescalada, ¿qué mejor que tratar de retomar nuestra vida de una manera más relajada y consciente? Por ello, hoy vamos a hablar de esta filosofía de vida.

El movimiento Slow, más que un movimiento, es una actitud ante la vida y ante cómo enfocarla. Muchas veces nos proponemos realizar un gran número de actividades, algunas impuestas por las circunstancias personales, otras autoimpuestas por nosotros mismos. Sin embargo, ¿es realmente beneficioso para nosotros, física y mentalmente, realizar tantas actividades? ¿Pensar que necesitas más horas al día? ¿Llegar a casa y repasar todo lo que no te ha dado tiempo a hacer y sumarlo a las actividades del día siguiente?

Esta actitud propone un estilo de vida lento, relajado. Y os preguntaréis: pero si lo que necesito es más tiempo. Está comprobado que el ritmo frenético de nuestro día a día solo reporta consecuencias negativas para nosotros y la gente que nos rodea. 

¿Qué es vivir Slow?

Una vida acelerada, en ocasiones puede volvernos adictos a las prisas lo que implica no saber parar y disfrutar realmente de los momentos importantes. Quizá este subidón de adrenalina de la vida frenética explique porqué resulta complicado aprender a echar el freno. Y quizá por ello, ahora después de la cuarentena sea el mejor momento para plantearse un estilo de vida diferente. 

Lo que propone esta filosofía de vida, es en vez de realizar mil actividades a las que se dedica poco tiempo, dedicarle a cada momento del día el tiempo que necesita dicho momento. Frenar y vivir cada instante conscientemente y disfrutándolo. Por ejemplo, comer sin prisas, disfrutando del alimento.

Un estilo de vida más consciente se traduce en un estilo de vida de mayor calidad y por tanto un estilo de vida que nos reportará bienestar en vez de estrés.

Algunos de los beneficios que puedes notar al cambiar este aspecto en tu vida y sumarte al movimiento slow son:

  • Aumenta el valor de las actividades que hacemos, permitiéndonos disfrutar de ellas y sentirnos más satisfechos.
  • Permitimos que nuestra creatividad aflore al poder dedicar más tiempo a las cosas que hacemos.
  • Nos permite autoconocernos y dedicarnos más tiempo tanto a nosotros como a las relaciones con las personas que nos rodean. Un tiempo de calidad.
  • Observar y percibir cosas para las que antes no teníamos tiempo o que nos pasaban desapercibidas.
  • Aumentar la productividad ya que nos permite una mejor planificación al dedicarle el tiempo necesario a las actividades diarias.
  • Vivir con menos estres, sin agobios y por tanto tener una vida de bienestar. 

¿Cómo vivir Slow?

Para poder llevar un ritmo de vida sin prisas en el que podamos apreciar lo que nos rodea y dedicarle el tiempo que se merece cada cosa, debemos aprender a trabajar varios puntos clave cada día:

  • Trabajar sin excesos, es bueno y necesario trabajar, pero un trabajo en exceso, sin dedicarle el tiempo necesario a cada cosa, nos hace ser menos productivos y además que nuestro trabajo no tenga la calidad que podría tener. Para ello es mejor centrarse en una cosa para realizarla dedicándole toda nuestra atención y  el tiempo necesario, ni más ni menos. Trabajar de manera slow, no significa perder el tiempo, sino centrarse en una cosa en concreto para realizarla de manera efectiva y dedicarle el tiempo necesario antes de pasar a otra cosa.
  • Reeducar a nuestra mente en la forma de concebir el mundo. Aprender a que tomarse las cosas con calma no significa perder el tiempo, sino centrarnos en cada cosa para adquieran más valor, de esta manera somos más productivos a la hora de realizar nuestras tareas diarias y nos agobiamos menos. Hay que ser coherentes en las actividades que nos planificamos, un exceso siempre va a ser contraproducente ya que habrá cosas que dejaremos a medias o mal hechas para poder abarcar todo lo que tenemos programado. Hay que aprender a calmar nuestra mente para que se centre en lo que estamos haciendo en vez de darle vueltas a todo lo que tenemos que hacer a lo largo del día.
    • Para ello prácticas como el Mindfulness o la meditación pueden ayudarnos mucho. Trata de hacer un hueco para relajar la mente todos los días, puedes hacer unas respiraciones conscientes, meditar, etc. Te tomara a penas unos minutos y ayudarás a que tu mente se relaje entre actividades.
  • Moverse conscientemente. Hacer algo de yoga, estiramientos, caminar, prácticas que te permitan relajarte y disfrutar de un rato de movimiento en calma disfrutando del ese rato en sí, sin mirar el reloj. Planteate hacer 4 ejercicios de yoga, o caminar desde un punto hasta otro punto.
  • Trata de planificar actividades sin cronometrarte. Tomate el tiempo que necesites para cada actividad sin marcarte a que hora debes comenzarla y a cuál terminarla.
  • Disfruta de tu tiempo libre. Nos ayuda a relajarnos, despejar la mente. Podemos hacer alguna actividad con la que disfrutemos o simplemente dar un paseo tranquilo observando nuestro alrededor sin prisa.
  • Lentitud en las relaciones. Dedica tiempo en exclusiva a esas personas que quieres, a tus familiares, amigos, a tu pareja, etc. Especialmente en este último caso, caricias, miradas que ambos disfrutéis y saboreéis con calma.

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