Vitrinas que recuperan su espacio

Los muebles vitrina han sido siempre piezas muy versátiles, intemporales y funcionales; sin embargo llevaban algún tiempo relegados al olvido ya que a finales del pasado siglo se potenció el uso del aparador horizontal y de puertas opacas, y muchos arrastrábamos además ciertos prejuicios hacia las vitrinas pobladas de “cachivaches” que veíamos en casa de nuestros familiares.

Está claro que las nubes no nos dejaban ver el sol porque estas piezas auxiliares son estupendos organizadores, resaltan el protagonismo de los objetos que albergan, reflejan y difunden la luz, y sobre todo dan una nota de estilismo a cualquier estancia. Si bien el formato actual ha envolucionado bastante:  Se toman como ejemplo las vitrinas de las consultas médicas y las farmacias, aunque sin olvidar el aire nostálgico de los gabinetes o cámaras de las maravillas de los grandes coleccionistas en siglos pretéritos.

Esa pugna entre lo aséptico y lo artístico tiene sus mejores referentes en el diseño escandinavo, donde las vitrinas acristaladas muestran un refinamiento inusitado en su limpieza visual, sus pequeños detalles artesanales y la neutralidad de sus colores: La editora sueca Asplund ha desarrollado la serie Frame en diferentes medidas que intercambian puertas opacas y transparentes con el denominador común de sus tiradores en cuero natural, que atenuan la frialdad del cristal y aportan un toque singular al conjunto.

Mención especial merecen las vitrinas de los daneses Lindebjerg Design, cuya elegante colección se reduce a 4 sencillos modelos realizados en madera de pino macizo y pintados en blanco, gris, negro o antracita. Sus líneas pulcras y rotundas encajan por igual en entornos clásicos, modernos o ambientes eclécticos, y al contar con poco fondo es factible adecuarlas a cualquier estancia.

Las vitrinas de pared aumentan las posibilidades: No resultan tan caras como las exentas, se puede modificar su emplazamiento con mayor facilidad y todo lo que guardan se convierte en foco de atención a modo de cuadro decorativo. La máxima estética en estos modelos es huir de la profusión (menos es más), evitar marcar las simetrías y saber crear un efecto escaparate mezclando nuestros accesorios prácticos con piezas escultóricas, objetos de familia y recuerdos personales.

Desde un punto de vista práctico también se producen ciertos cambios, ya que las vitrinas “gabinete” que solían colocarse en el comedor para albergar y exponer el menaje más delicado pasan a ser muebles útiles en la cocina, fomentando así el uso habitual de aquellas vajillas y cristalerías que se reservaban para ocasiones especiales. ¡Disfrutemos de la calidad y de las cosas bonitas a diario!

Cuando el revistero se nos queda corto para tener a mano nuestros libros de cabecera, las revistas que consultamos a menudo o los numerosos catálogos que recibimos cada temporada, una vitrina estrecha puede solucionar su distribución y el frontal transparente ayudará a encontrar lo que buscamos en un santiamén. Esta versión 2.0 de las antiguas bibliotecas o las estanterías de obra opta principalmente por el estilo industrial, ya sea en piezas recicladas o en nuevos diseños de aspecto fabril repletos de estantes.

A pesar de todo continuan funcionando a la perfección las clásicas vitrinas verticales de salón que aunan superficie acristalada con cajones inferiores o pequeñas puertas abatibles, si bien se aconseja elegirlas en un estilo diferente al resto de los muebles rompiendo con la tónica general del contexto decorativo: Por ejemplo, modelos repintados de aire rústico para estancias abiertas tipo loft, diseños de aire neoclásico en entornos minimalistas o piezas auxiliares en madera a poro abierto si contamos con mobiliario y carpintería lacados. Viejas o nuevas, las vitrinas ahorran espacio, aderezan rincones, separan ambientes y nos alegran la vista.

Imágenes – Houzz, Dwot


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