
El virus respiratorio sincitial (VRS) se ha convertido en uno de los protagonistas silenciosos del invierno en España. Aunque la atención mediática suele centrarse en la gripe o la Covid-19, este patógeno está detrás de una parte muy importante de las infecciones respiratorias que llenan las consultas y las plantas de hospitalización, sobre todo entre lactantes, niños pequeños y personas mayores.
Aunque tradicionalmente se ha asociado al ámbito pediátrico, los especialistas insisten en que el VRS también tiene un impacto creciente en la población adulta y envejecida. Con una sociedad cada vez más mayor y con más patologías crónicas, el virus encuentra un terreno propicio para causar cuadros graves, estancias hospitalarias prolongadas e incluso complicaciones mortales.
Qué es el virus respiratorio sincitial y cómo actúa
El VRS es, según la Asociación Española de Pediatría, el principal causante de infecciones respiratorias a nivel mundial. Se trata de un virus estacional que suele circular sobre todo entre los meses de noviembre y febrero, aunque en algunas temporadas puede adelantarse o retrasar su pico y solaparse con otros virus respiratorios.
Este patógeno se multiplica inicialmente en la mucosa nasal y faríngea, lo que provoca un cuadro muy parecido a un resfriado: congestión, estornudos, tos, dolor de garganta u otitis media. En muchos adultos sanos y en niños mayores, la infección no pasa de ahí y se vive como un catarro invernal más, a veces con algo de fiebre, escalofríos, falta de apetito o dificultad para dormir.
El problema llega cuando el virus avanza hacia las vías respiratorias inferiores. En ese momento puede desencadenar un proceso inflamatorio que derive en bronquiolitis o neumonía, especialmente peligroso en bebés, personas con enfermedades cardiacas o respiratorias previas y pacientes inmunodeprimidos. En estos grupos, los síntomas se agravan con respiración rápida, sibilancias y sensación de ahogo.
Se trata además de un virus muy contagioso, que se transmite principalmente por gotículas respiratorias y contacto con secreciones nasales u orales. Los contagios se producen al toser o estornudar, pero también a través de superficies contaminadas o de las manos, de ahí que las medidas de higiene básicas sigan siendo una de las primeras barreras de prevención.
A quién afecta con más frecuencia y gravedad
Las cifras recogidas por el Comité Asesor de Vacunas de la Asociación Española de Pediatría indican que alrededor del 60 % de los niños menores de 1 año se infectan por VRS, y prácticamente la totalidad de los menores de 2 años ha pasado la infección al menos una vez. No es raro que algunos menores sufran más de un episodio en la misma temporada invernal.
En la práctica, el VRS es una de las primeras causas de consulta en atención primaria y urgencias pediátricas, y se sitúa como el principal responsable de hospitalización en los periodos de máxima circulación. Se calcula que el virus ocasiona en España del orden de cientos de miles de visitas en Atención Primaria y varias decenas de miles de ingresos hospitalarios cada año.
Los datos del Instituto de Salud Carlos III para las temporadas 2021-2022 y 2022-2023 apuntan a que los menores de 5 años y los mayores de 65 concentran la mayor carga de enfermedad: los niños pequeños suponen casi un tercio de los casos y más de la mitad de las hospitalizaciones, mientras que los mayores de 65 años acumulan alrededor de un 14 % de los casos pero más de un tercio de los ingresos.
Cuando se mira solo la hospitalización, la balanza queda prácticamente repartida entre ambos extremos de edad: en torno a un 42 % de los ingresos en menores de 5 años y cerca de un 45 % en personas de 65 años o más. Esta distribución refleja que el virus no es solo un problema pediátrico, sino también una amenaza importante para la salud de los mayores.
En los adultos de 60 años o más, las estimaciones hablan de una probabilidad de hospitalización que puede ser entre 1,2 y 28 veces superior en función de las condiciones de base, con una tasa de letalidad en los casos hospitalizados superior al 7 %. En los mayores de 80 años, entre un 20 y un 27 % de quienes se infectan terminan necesitando ingreso, y no es raro que el cuadro respiratorio descompense patologías crónicas como la EPOC o la insuficiencia cardiaca.
Carga económica y presión sobre el sistema sanitario
Más allá del impacto clínico, el VRS supone un importante desafío económico y organizativo para el sistema sanitario. Un trabajo de modelización sobre la carga financiera de este virus en mayores de 60 años en España calcula que los episodios de infección respiratoria aguda asociados al VRS en este grupo cuestan en torno a 285 millones de euros al año, teniendo en cuenta consultas, pruebas diagnósticas, tratamientos y hospitalizaciones.
En los picos de circulación, las plantillas de atención primaria, urgencias y pediatría se enfrentan a un aumento notable de las consultas por bronquiolitis y neumonía. Estas olas, además, suelen encadenarse con la gripe y otros virus respiratorios, lo que complica todavía más la planificación de recursos. No es extraño que, en algunos hospitales, se tengan que habilitar camas adicionales o reorganizar plantas para asumir el incremento de pacientes respiratorios.
En Galicia, por ejemplo, los informes de la Consellería de Sanidade han mostrado cómo el VRS ha ido ganando protagonismo a medida que remitía la ola de gripe. En determinados momentos de la temporada, la positividad en las pruebas de VRS ha superado el 10 %, con un incremento paralelo en las consultas por bronquiolitis en menores de dos años y un número significativo de ingresos tanto pediátricos como en adultos mayores.
Algo similar se observa en otras comunidades. En Extremadura, los últimos datos de vigilancia sitúan la incidencia general de enfermedades respiratorias en un nivel bajo global, pero con un comportamiento desigual: la gripe desciende claramente, mientras que la tasa de ingresos hospitalarios por VRS llega a triplicarse en una sola semana, hasta superar los 9 casos por 100.000 habitantes.
Esta dinámica de “relevo” entre virus, con el VRS cogiendo el testigo de la influenza, obliga a los servicios de salud a adaptar la respuesta asistencial casi semana a semana, vigilando tanto la ocupación de camas como la situación en las urgencias pediátricas y de adultos.
Situación reciente en Galicia: repuntes, estabilización y descensos
Los informes de vigilancia gallegos permiten seguir con bastante detalle el comportamiento del VRS en esta comunidad. Durante la semana del 19 al 25 de enero, la tasa de positividad se situó en torno al 10,8 %, una cifra superior a la de la semana anterior y que se acompañó de un aumento claro de las consultas por bronquiolitis en menores de dos años.
En ese periodo se registraron hospitalizaciones en lactantes muy pequeños, incluidos varios ingresos en bebés de menos de dos meses que afrontaban su primera exposición al virus. También se detectaron casos en niños que ya habían pasado olas previas, con ingresos en menores nacidos en los dos últimos años, lo que confirma que la reinfección es habitual.
En la población adulta gallega, el virus también dejó una huella importante: en una de las semanas analizadas se contabilizaron en torno a cuarenta ingresos en mayores de 60 años, más de la mitad en personas de 80 años o más. Estos pacientes, en muchos casos pluripatológicos, presentan cuadros de dificultad respiratoria y broncoespasmo que requieren ingreso en plantas de Medicina Interna.
En el área de Vigo, la presión asistencial se ha ido desplazando de la gripe al VRS. Las camas de Medicina Interna, que llegaron a estar saturadas por las complicaciones gripales en pleno periodo navideño, han pasado a ocuparse sobre todo por pacientes con infecciones por VRS y complicaciones asociadas, incluidas sobreinfecciones bacterianas por neumococo favorecidas por el daño previo en las vías respiratorias.
Ya en la semana siguiente, del 26 de enero al 1 de febrero, los datos mostraron un ligero descenso de la positividad hasta alrededor del 9,5 %. Pese a esta bajada, persistía un nivel de actividad relevante, con consultas por bronquiolitis en prácticamente todos los grupos de edad infantil y una treintena larga de ingresos en mayores de 60 años, de nuevo con un peso significativo de los mayores de 80.
Inmunización en lactantes: anticuerpos monoclonales y efectos
Durante años, uno de los grandes problemas del VRS ha sido la ausencia de un tratamiento específico. En la práctica, el manejo se basa en aliviar los síntomas y en ofrecer soporte respiratorio en los casos graves: hidratación, oxígeno, control de la fiebre y, en los pacientes con más dificultad, ingreso hospitalario con vigilancia estrecha.
En este contexto, la llegada de los anticuerpos monoclonales para lactantes ha supuesto un avance importante. Desde 2023, España ha incorporado a su estrategia de prevención una inmunización dirigida a los más pequeños, con especial atención a los niños con alto riesgo de enfermedad grave por VRS, como los prematuros, los bebés con cardiopatías o patología pulmonar crónica y aquellos con alteraciones del sistema inmunitario o enfermedades neuromusculares relevantes; en otras comunidades, Osakidetza ha anunciado planes para inmunizar a 10.000 bebés.
Las recomendaciones acordadas en el seno del Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud indican que estos anticuerpos se administren de manera preventiva, antes del inicio de la temporada de circulación del virus, con el objetivo de reducir de forma drástica los cuadros de bronquiolitis grave. Los datos disponibles señalan disminuciones de hasta un 80 % en los casos de bronquiolitis por VRS en los lactantes inmunizados.
La experiencia en la campaña 2023-2024 refuerza estas impresiones; además, la campaña de inmunización en bebés ha mostrado resultados que explican parte de la contención de ingresos en lactantes.
En Galicia, la cobertura de esta inmunización en bebés se sitúa en cifras cercanas a la totalidad, con porcentajes que rondan el 94-95 % tanto entre los recién nacidos incluidos en la campaña como en los nacidos en meses fuera del periodo oficial. Esta alta aceptación explica, en parte, que los ingresos en los lactantes más pequeños se mantengan contenidos pese al repunte de casos.
Vacunas frente al VRS en adultos mayores y grupos de riesgo
Paralelamente, también se han producido avances en la vacunación de adultos frente al VRS. Desde 2023, la Unión Europea ha autorizado varias vacunas destinadas a personas mayores de 60 años, con datos que muestran una eficacia elevada para prevenir la enfermedad respiratoria grave y las hospitalizaciones.
Expertos de la Asociación Española de Vacunología señalan que estas vacunas pueden ofrecer una protección superior al 80 % frente a los cuadros más severos, con una duración estimada de entre dos y tres años. Esto abre la puerta a calendarios de vacunación en los que no sería necesario revacunar anualmente, algo relevante tanto para la planificación sanitaria como para la aceptación por parte de la población.
El Ministerio de Sanidad ha actualizado recientemente el calendario vacunal para adultos, estableciendo que, a partir de la temporada 2026-2027, todas las comunidades autónomas deberán ofrecer inmunización frente al VRS a los adultos en situaciones de mayor vulnerabilidad. Entre ellos se incluyen pacientes con cáncer hematológico en tratamiento activo, personas con inmunodeficiencias, infección por VIH avanzada, trasplantados, personas en diálisis o con otros tipos de cáncer en tratamiento.
Además, se prevé la vacunación de mayores institucionalizados y personas con discapacidad que residen en centros sociosanitarios, dado que se trata de entornos donde el virus circula con facilidad y donde las complicaciones pueden ser especialmente graves. La implementación completa de estas recomendaciones deberá estar finalizada en la temporada 2028-2029.
Estas decisiones se apoyan en la evidencia de que el VRS en adultos mayores no solo aumenta el riesgo de ingreso y mortalidad a corto plazo, sino que se asocia a estancias hospitalarias prolongadas y empeoramiento de enfermedades crónicas, con un impacto que se extiende incluso a un año vista tras la infección.
El ensayo Sincigal: evaluar el impacto real de la vacuna en Galicia
Para conocer mejor el efecto de la vacunación frente al VRS en la práctica real, Galicia está desarrollando el ensayo clínico Sincigal, un estudio a gran escala coordinado por la Consellería de Sanidade y la Fundación Pública Galega Instituto de Investigación Sanitaria de Santiago.
El objetivo principal es comprobar si la vacuna Abrysvo, ya autorizada y comercializada en Europa pero todavía fuera del calendario rutinario de adultos, reduce de forma significativa los ingresos hospitalarios por VRS en la población adulta. Se trata de un ensayo aleatorizado: cada persona que participa tiene un 50 % de posibilidades de recibir la vacuna y un 50 % de formar parte del grupo control sin inmunización.
Para facilitar la participación, el Sergas ha habilitado puntos de inclusión en los 14 hospitales públicos gallegos, con jornadas extraordinarias en fin de semana y horarios amplios. Además, más de un centenar de centros de salud del territorio ofrecen la opción de sumarse al estudio, y equipos de enfermería se desplazan a residencias sociosanitarias para informar y vacunar a las personas mayores interesadas.
Hasta el momento, el ensayo ha conseguido una elevada implicación ciudadana, con decenas de miles de participantes adultos en toda la comunidad. En una de las convocatorias recientes, por ejemplo, se superaron las 3.000 personas en un solo sábado, con una notable afluencia al ensayo de la vacuna en hospitales como el Álvaro Cunqueiro de Vigo o el Clínico de Santiago.
La Consellería ha decidido prolongar la posibilidad de incorporarse a Sincigal durante todo el mes de febrero, con el fin de alcanzar una muestra lo más amplia y representativa posible. El seguimiento de las personas incluidas se realizará de manera fundamentalmente telemática, a través de la historia clínica electrónica y los sistemas de vigilancia epidemiológica, hasta 2028.
Recomendaciones y medidas de prevención frente al VRS
A falta de un tratamiento antiviral específico disponible de forma generalizada, las recomendaciones frente al VRS se centran en reducir el riesgo de contagio y en proteger especialmente a los colectivos más frágiles. Las autoridades sanitarias insisten en medidas que ya son familiares tras la pandemia, pero que siguen siendo útiles.
En primer lugar, se recuerda la importancia del lavado frecuente de manos con agua y jabón o solución hidroalcohólica, especialmente después de sonarse, toser o estornudar y antes de tocar a bebés o personas mayores. También se aconseja ventilar a menudo los espacios cerrados, evitar compartir utensilios o chupetes y limpiar con regularidad las superficies que se tocan con más frecuencia.
Cuando se presentan síntomas de catarro, aunque parezcan leves, se recomienda limitar el contacto estrecho con lactantes y personas vulnerables. En estos casos, puede ser razonable usar mascarilla en entornos sanitarios o residencias, y posponer visitas si se tiene tos persistente, mucosidad abundante o fiebre.
Otra herramienta clave es el diagnóstico diferencial. Dado que los síntomas iniciales del VRS se parecen a los de la gripe o un resfriado común, los test de detección múltiple que se usan en centros de salud y hospitales ayudan a identificar el virus concreto implicado. Esto permite ajustar mejor las decisiones clínicas, el aislamiento de los pacientes y la vigilancia epidemiológica.
En el caso de los niños pequeños, especialmente los menores de dos meses o quienes tienen problemas de corazón o de pulmón, los especialistas recomiendan consultar de forma preferente si aparecen signos como respiración rápida, hundimiento de las costillas al respirar, rechazo de las tomas, fiebre persistente o episodios de pausas respiratorias. La detección precoz de la bronquiolitis grave es fundamental para evitar complicaciones mayores.
Por último, las autoridades subrayan que la inmunización disponible —anticuerpos monoclonales en lactantes y vacunas en mayores y grupos de riesgo— constituye el eje actual de la prevención del VRS en España y Europa. El despliegue progresivo de estas herramientas, junto con la vigilancia continua y la investigación en marcha, está cambiando la forma de afrontar un virus que, año tras año, ha sobrecargado los sistemas sanitarios.
Con todo este contexto, el VRS se consolida como un enemigo conocido pero aún infravalorado en el panorama de las infecciones respiratorias invernales. La combinación de estrategias preventivas, inmunización dirigida a los grupos más vulnerables y monitorización continua de la situación epidemiológica en comunidades como Galicia o Extremadura marca el camino para reducir su impacto, aliviar la presión asistencial y proteger mejor a bebés, niños y personas mayores en las próximas temporadas frías.

