
Si a veces sientes que tu cocina es un campo de batalla, estos trucos de cocina prácticos pueden convertirse en tus mejores aliados. No se trata solo de seguir recetas al pie de la letra, sino de conocer pequeños atajos, ideas y recursos que hacen que todo salga mejor, más rápido y con menos desastre alrededor. Muchos de estos gestos parecen tonterías hasta que los pruebas… y ya no quieres cocinar sin ellos.
Aquí vas a encontrar un montón de consejos culinarios para el día a día: desde cómo organizar mejor tus utensilios y mantenerlos limpios, hasta cómo conseguir carnes jugosas, verduras en su punto, trucos para congelar sin estropear los alimentos, ideas para aprovechar las sobras o evitar que las frutas se oxiden. Son trucos que usan desde cocinillas principiantes hasta gente muy experimentada, y que te ayudarán a que cocinar sea menos estrés y más disfrute.
Trucos básicos para organizarte mejor en la cocina
Una de las claves para cocinar a gusto es tener la cocina bajo control y los utensilios a mano. Pequeños detalles como proteger tus libros de cocina o evitar que la tabla se mueva mientras cortas marcan más diferencia de la que parece. Si necesitas ideas para tener todo en orden, consulta cómo organizar tu casa y aplicar métodos prácticos en la cocina.
Para que tus recetarios no acaben llenos de manchas, grasa y salpicaduras, puedes meter el libro en una bolsa de congelación transparente antes de empezar a cocinar. Podrás pasar las páginas sin miedo a estropearlo, y seguirá como nuevo aunque estés haciendo una salsa que lo manche todo.
Un colador tiene muchos más usos de los que imaginas: es perfecto para colar el zumo de cítricos y evitar las semillas, para espolvorear azúcar glas o cacao, o para tamizar frutos secos y harinas. Y si lo acabas de lavar y sigue mojado, puedes secarlo rápido con el aire caliente del secador: queda listo en segundos.
Los cuchillos, mejor en un soporte imantado que tirados en un cajón. Colocándolos en una barra imantada en la pared los tienes siempre visibles, evitas cortes al rebuscar y además las hojas se conservan mejor al no rozar con otros utensilios.
Los tuppers que huelen fatal a curry, tomate o ajo se pueden “resucitar” rellenándolos con papel de periódico arrugado y dejándolos cerrados un par de días. El papel absorbe el olor; después solo tienes que lavarlos bien y quedan como si nada.
El microondas también agradece un truco rápido de limpieza: mete dentro un vaso de agua con el zumo de dos limones y ponlo a máxima potencia unos 3 minutos. Deja reposar otros 5 sin abrir la puerta y luego pasa un paño por las paredes. El vapor y el ácido del limón ablandan toda la suciedad y se va sin esfuerzo.
Cuando un tarro de cristal se resiste, no hace falta dejarse la muñeca: basta con hacer palanca suavemente con la punta del cuchillo bajo la tapa para que entre un poco de aire. Oirás un “clac” y se abrirá sin problema.
Las cucharas y espátulas de madera acaban tomando olores y colores, sobre todo con salsas y guisos. Para que vuelvan a estar como nuevas, hiérvelas en agua unos minutos y luego déjalas secar al sol. Se eliminan muchos olores y recuperan mejor aspecto.
Si quieres aprender a usar palillos y siempre se te escapan, un truco muy majo es colocar entre ellos el muelle metálico de unas pinzas de la ropa. Así funcionan como unas pinzas de aprendizaje y puedes practicar sin frustrarte.
Para evitar que la tabla de cortar se mueva sobre la encimera, dobla un paño o coloca un trozo de papel de cocina húmedo debajo. Con ese gesto tan simple ganas estabilidad y seguridad a la hora de cortar.
Cuando el agua de una olla está a punto de salirse al hervir, pon una cuchara de madera cruzada sobre los bordes. Suele romper la espuma y ayuda a que no rebose tan fácilmente.
Trucos para cocinar más rápido y con mejores resultados
El tiempo es oro, y en la cocina también. Hay montones de trucos para acelerar cocciones sin perder calidad, conseguir texturas ideales o recalentar sobras sin que queden gomosas.
Si quieres enfriar el vino blanco o el cava sin aguarlo, sustituye los hielos por uvas previamente congeladas. Enfrían la bebida sin diluirla, y cuando termines te las puedes comer de aperitivo.
Para manipular chiles picantes sin guantes, un truco sencillo es untarte las manos con un poco de aceite antes de cortarlos. Después lávate bien con agua caliente y jabón para eliminar el picor. Aun así, mejor no tocarte los ojos en ningún momento.
La wafflera no solo sirve para gofres dulces: también puedes usarla para preparar tortillas tipo omelette de forma rápida y uniforme. Solo tienes que engrasarla, verter el huevo batido con lo que quieras (verduras, jamón, queso) y cerrar la máquina.
Para pasar granos —como arroz, lentejas o cereales— de la bolsa al tarro sin desparramar la mitad por la encimera, puedes cortar el fondo de una botella de plástico y usarla como embudo improvisado. Es cómodo, limpio y reutilizas plástico.
Cuando tengas que vaciar una calabaza, mejor cambia la cuchara normal por una cuchara sacabolas de helado. Al ser más firme y afilada, retira las semillas y las hebras internas en mucho menos tiempo, y si la vas a usar como adorno consulta ideas de decoración de Halloween.
Montar nata a mano es un buen ejercicio de brazo, pero si quieres un atajo, enfría un bote de cristal con tapa en el congelador unos 15 minutos, vierte la nata fría dentro y agita con energía. En poco rato obtendrás una crema montada aceptable sin batidora, según la fuerza que tengas.
Para cortar frutas como la manzana de forma más manejable, puedes empezar retirando el corazón con el primer corte. Una vez quitada la parte central, es mucho más fácil hacer trocitos pequeños y uniformes.
La miel, los dátiles y otros ingredientes pegajosos se manejan mejor si antes engrasas ligeramente la cuchara, el cuchillo o el rallador. De esta forma se deslizan mejor y se desperdicia menos cantidad.
El momento de sazonar también importa. A la carne le viene bien poner la sal antes de cocinarla para potenciar el sabor, pero la pimienta es mejor añadirla al final para que no se queme. En la pasta, la sal siempre se echa cuando el agua ya está hirviendo para que se disuelva bien.
Si quieres que las pechugas de pollo se hagan antes y queden más jugosas, márcales unos cortes transversales, sin llegar al fondo. Así se cocinan más rápido y la marinada penetra mejor si la usas.
Para conseguir una cocción uniforme de carnes y pescados, sácalos de la nevera media hora antes de ponerlos al fuego. Cocinarlos fríos por dentro provoca que se hagan de forma desigual y que el centro quede crudo o la superficie se reseque.
Si se te pega el pescado a la sartén, un truco delicioso es colocar una cama de rodajas de limón en la base. Evitas que se adhiera y al mismo tiempo aromatizas la pieza con un toque cítrico muy agradable.
Una vez hecha la carne, no la cortes enseguida. Déjala reposar cubierta con papel de aluminio entre 5 y 10 minutos para que los jugos se redistribuyan. Ganarás en ternura y sabor.
Cuando prepares pollo entero al horno, si lo horneas sin relleno se hará bastante más rápido. El relleno puedes presentarlo aparte, caliente, en una fuente, y ganarás tiempo de cocción y control del punto de la carne.
Si un caldo ha quedado con mucha grasa en la superficie y no puedes refrigerarlo, pasa unos cubitos de hielo por encima. La grasa se solidifica en torno al hielo y puedes retirarla fácilmente con una cuchara.
Para que los granos finos como el couscous, el bulgur o la quinoa tengan mejor sabor, tuéstalos unos minutos en una sartén seca antes de cocerlos. Luego cocínalos con su líquido y déjalos reposar tapados para que se hinchen con el vapor: la textura mejora mucho.
Gestionar congelador, salsas y condimentos como un profesional
Un buen uso del congelador y de las salsas caseras puede salvar muchas comidas improvisadas. La idea es avanzar trabajo cuando ya estás cocinando y aprovechar restos de forma inteligente.
Si te sobra caldo, viértelo en una cubitera limpia y congélalo. Tendrás cubitos de sabor listos para añadir a arroces, guisos o salteados en cualquier momento, sin tener que preparar caldo desde cero.
Lo mismo puedes hacer con el café sobrante: congélalo en cubitos para preparar café con hielo que no se aguará o para mezclar con leche fría y hacer cafés helados caseros.
Congelar los alimentos en raciones pequeñas ayuda a que se congelen y se descongelen más rápido, ocupan menos espacio y hay menos riesgo de que proliferen microorganismos. Las bolsas de tipo zip son ideales porque permiten sacar casi todo el aire y simular un envasado al vacío casero.
Si necesitas cortar carne o pescado en láminas muy finas, mete la pieza unos 15 minutos en el congelador. Al estar más firme, el cuchillo se desliza mejor y te quedarán cortes mucho más limpios y uniformes.
Muchas verduras como maíz o guisantes se pueden congelar poco después de recolectarlas para preservar al máximo su sabor. Tener una pequeña reserva de estas verduras congeladas de calidad te permite improvisar guarniciones, salteados o cremas en cualquier momento.
Una idea estupenda para las hierbas frescas es picarlas y congelarlas en aceite de oliva virgen extra dentro de cubiteras. Así tienes porciones listas para añadir a guisos, sofritos o salteados, con todo el aroma atrapado en la grasa.
Las hierbas aromáticas que guardas en la nevera duran más si las envuelves en papel absorbente ligeramente húmedo y las metes en una bolsa cerrada, en el cajón de verduras. De este modo se mantiene mejor la humedad sin que se pudran tan rápido.
También puedes preparar tus propias mezclas de especias, triturándolas al gusto y guardándolas en un molinillo; incluso incorporar levadura nutricional para sumar umami y nutrientes. Tendrás una “firma” de sabor propia para carnes, verduras o pescados, y evitas tener mil botes a medias que usas poco.
Para las sopas de diario, en lugar de perder tiempo picando, ralla directamente las verduras (zanahoria, calabacín, puerro…). Se cocinan antes y acortas mucho el proceso, ideal cuando vas con prisa.
Cuando prepares salsa de tomate, boloñesa u otras salsas base, haz cantidad de sobra. Lo que no uses ese día lo puedes refrigerar o congelar hasta unos meses (salvo salsas muy lácteas, que se cortan al recalentar). Te ahorrarás mucho tiempo entre semana.
Una salsa de tomate italiana básica se consigue sofriendo ligeramente dos latas de tomate triturado con aceite y sal, cociendo unos 20 minutos y añadiendo luego albahaca, orégano, pimienta o lo que más te guste. Es una base todoterreno para pasta, pizzas o carnes.
Para una salsa holandesa rápida, mezcla en un recipiente yema de huevo, agua, zumo de limón y sal, y ve incorporando mantequilla derretida en hilo fino mientras bates. En pocos minutos obtendrás una salsa cremosa perfecta para huevos, pescados o verduras al vapor.
Si una preparación te ha quedado demasiado salada, no hace falta tirarla: unas gotas de zumo de limón pueden equilibrar el exceso de sal, ajustando el sabor general.
Trucos infalibles con ajo, cebolla y sofritos
El ajo y la cebolla son la base de muchísimos platos, pero también pueden dar guerra: olores fuertes, lágrimas, pieles que se pegan… Con unos cuantos trucos, ganas comodidad y tiempo.
Para cortar una cebolla en cubitos regulares, pártela por la mitad, haz cortes longitudinales sin llegar a la raíz y luego corta en el sentido de las capas. De esta forma los dados salen casi solos y con buen tamaño.
Si te da pereza pelar ajos uno a uno, pon varios dientes en un bote con tapa y agítalo con fuerza. La piel se desprende gracias a los golpes y en unos 20 segundos los tendrás pelados.
Cuando piques ajo, un truco para que no se pegue al cuchillo es untar ligeramente la hoja con aceite de oliva. Logras un corte más limpio y cómodo.
Para dejar de llorar con la cebolla, una técnica útil es darle unos cortes, pelarla y meterla en el microondas unos 20-30 segundos. Se liberan parte de los gases que irritan los ojos y luego puedes cortarla con muchas menos lágrimas. Otra opción es enfriarla un rato en el congelador.
Puedes optimizar tus sofritos picando más cantidad de ajo y cebolla de la que vayas a usar ese día, y congelando el sobrante en porciones. Así, cada vez que empieces una receta solo tienes que coger un puñado del congelador y echarlo a la sartén.
Para un buen salteado de verduras, la sartén debe estar muy caliente antes de añadir nada. De este modo las verduras se doran sin soltar demasiada agua y mantienen parte de su textura crujiente; además, así puedes ahorrar aceite en tus comidas sin perder sabor.
Si estás cocinando una salsa o un salteado de verduras, puedes aprovechar el vapor colocando encima, bien tapado, un trozo de pescado, carne fina o incluso huevos. Se cocinarán al vapor sin ensuciar más cacharros y todo quedará impregnado del mismo aroma.
Quesos, frutas y patatas: pequeños trucos que marcan la diferencia
Los lácteos, las frutas y las patatas tienen sus propias manías. Con unos cuantos trucos, conseguirás texturas perfectas y menos desperdicio.
Los quesos muy blandos como la mozzarella, el brie o el camembert se rallan fatal si están a temperatura ambiente. Mételos media hora en el congelador para que cojan cuerpo y poder rallarlos fácilmente antes de gratinarlos.
Las cortezas duras de quesos tipo parmesano no se tiran: puedes congelarlas y añadirlas a caldos, guisos de verduras o sopas para intensificar el sabor. Se retiran al final sin problemas porque quedan enteras.
El queso se disfruta más si no está helado: sácalo de la nevera unos 30 minutos antes de servirlo para que recupere aroma y textura. Notarás mucha diferencia.
Si el queso fresco se desmorona cada vez que lo cortas, prueba con hilo dental sin sabor. Rodea la pieza y tira suavemente: las rebanadas salen limpias y perfectas.
La mozzarella fresca conviene escurrirla bien antes de usarla en pizzas o ensaladas; córtala, déjala sobre un colador o papel absorbente al menos 30 minutos y así no soltará tanta agua al cocinar.
Para improvisar tartaletas saladas, aplana rebanadas de pan de molde, píntalas con un poco de mantequilla fundida y colócalas en moldes de muffin. Hornea hasta que estén doradas y crujientes y tendrás unas bases perfectas para rellenos.
Los tomates se pelan rápido haciendo un corte en cruz en la base y escaldándolos en agua hirviendo unos segundos, o pasándolos bajo agua muy caliente. La piel se levanta y se retira prácticamente con los dedos.
Si quieres una salsa de tomate fresca sin batidora, corta el tomate por la mitad y rállalo contra un rallador sobre un plato. Lo que queda en tu mano es casi todo piel y en el plato tienes un puré muy fino y sabroso.
Para partir muchos tomates cherry de golpe, colócalos entre dos platos y pasa un cuchillo grande por el hueco entre ambos. En un solo gesto quedarán todos cortados por la mitad.
Para que el aguacate no se oxide tan rápido, riega la superficie expuesta con unas gotas de zumo de limón y guárdalo bien tapado. Lo mismo vale para la manzana, que también puedes usar en una compota de manzana casera o sumergir brevemente en agua con limón.
Los plátanos se ennegrecen menos si envuelves el ramillete por el rabito con papel de aluminio o film. Además, si los pelas desde la punta opuesta al rabito, se abren mejor y sin hilos.
Para abrir un coco con cierta dignidad, primero extrae el agua y luego ve golpeando con un martillo alrededor de su ecuador. Normalmente se abre en dos mitades claras y luego puedes ir retirando la cáscara con golpes más pequeños.
Las cerezas se deshuesan fácilmente si presionas con una pajita o un palito por el lado del rabito. El hueso sale disparado por el otro extremo y la fruta queda entera.
Si tienes frutas verdes que quieres madurar rápido, colócalas en una bolsa de papel junto a una manzana o un plátano. Estas frutas desprenden etileno, un gas que acelera el proceso de maduración del resto.
Una naranja se pela mejor si primero la haces rodar por la mesa presionando ligeramente, cortas la parte superior y luego introduces una cuchara entre piel y pulpa para ir separándolas sin destrozarla.
Para congelar fruta troceada, añádele un poco de azúcar o zumo de limón para minimizar que se ennegrezca. Después podrás usarla en batidos, smoothies o postres helados en cualquier momento.
Si has rallado la piel de limones o naranjas y te sobra la fruta, guárdala sin piel en un vaso con agua muy fría en la nevera, cambiando el agua cada día. Así se conserva varios días y puedes exprimirla más tarde.
Las patatas llenas de tierra del huerto se limpian fácilmente quitando primero lo gordo bajo el grifo y luego metiéndolas en el lavavajillas en un programa de aclarado y sin jabón. Salen limpias y listas para pelar o cocinar.
Cuando necesitas patatas cocidas rápido, córtalas en trozos, mételas en un bol apto para microondas con unas cucharadas de agua, cúbrelas con film perforado y cocina a máxima potencia hasta que estén blandas.
Para pelar patatas cocidas sin quemarte, escúrrelas y pásalas unos segundos bajo agua fría. Haz un corte superficial alrededor y la piel se desprende con facilidad con los dedos.
Dulces, huevos, mantequilla y otros trucos finales
Los postres, los huevos y la mantequilla también tienen su ciencia. Con unos cuantos detalles, te ahorrarás disgustos y ganarás en presentación.
Para que la mermelada abierta aguante mejor, puedes espolvorear una fina capa de azúcar en la tapa limpia antes de cerrarla. Ayuda a crear una pequeña barrera frente a la humedad.
Si el azúcar del bote tiende a apelmazarse, pon un trozo de pan dentro. El pan absorbe la humedad y evita que se formen bloques duros.
Cuando guardes helado, cúbrelo con papel de horno directamente sobre la superficie antes de cerrar el envase, o mételo dentro de una bolsa zip sin aire. Así lo proteges del frío directo del congelador y evitas que se forme esa capa dura y quemada por el hielo.
Si te gusta hacer smoothies, aprovecha un día para picar y repartir fruta en bolsas individuales y congelarlas. Luego solo tienes que sacar una bolsa, añadir líquido (leche, yogur, bebida vegetal…) y batir.
El glaseado de tartas y bizcochos admite congelación. Cuando prepares, haz un poco más y congela el sobrante en un recipiente hermético para tenerlo listo en futuros postres.
Para decorar un pastel en segundos, coloca un trozo de encaje limpio o una plantilla encima y espolvorea azúcar glas o cacao. Al retirarlo, verás un dibujo bonito y muy vistoso sin esfuerzo.
Si necesitas cortar un bizcocho por la mitad de forma precisa, rodea el centro con hilo de nailon o hilo dental sin sabor, cruza los extremos y tira suavemente. Conseguirás dos discos casi perfectos para rellenar.
Sin molde para tarta, no hay problema: estira la masa sobre papel de horno engrasado, deja un borde libre para doblarlo un poco sobre el relleno y píntalo con mantequilla derretida. Obtendrás una tarta rústica muy resultona sin necesidad de base rígida.
Para verter la masa de las tortitas con gracia y precisión, usa un biberón de cocina o un viejo bote de salsa bien limpio. Controlas mejor la cantidad y puedes hacer formas divertidas en la sartén.
Si te quedas sin pepitas de chocolate, mete una tableta en una bolsa resistente y golpéala con el rodillo. En pocos golpes tendrás trozos irregulares de chocolate ideales para galletas, brownies o helados.
Los polos y helados de hielo de los peques suelen acabar chorreando por todas partes. Para evitarlo, coloca un molde de cupcake de papel o silicona en la base del palo: recogerá las gotas que caigan.
Un “banana split” exprés se consigue abriendo un plátano con piel a lo largo, rellenándolo con chocolate y nubes, envolviéndolo en papel de aluminio y horneándolo unos minutos. Al abrirlo, tendrás un postre caliente, cremoso y muy goloso.
Para hacer un sándwich de helado, corta rodajas de helado directamente del bote (puedes cortar también el cartón para ayudarte) y colócalas entre dos galletas grandes. No hay que complicarse más.
Con los huevos también hay algún truco útil: para montarlos a punto de nieve, las claras deben estar a temperatura ambiente y libres de yema. Un poco de paciencia al batir y subirán mucho mejor.
Si al romper un huevo cae un trocito de cáscara, humedece un dedo o usa otra parte de la misma cáscara para atraparlo: el trozo pequeño se “pega” mejor al material duro que al tenedor.
Las claras sobrantes aguantan unos 4 días en nevera y más de una semana en el congelador si las guardas en un recipiente bien cerrado. Son perfectas para merengues, macarons o tortillas claras más adelante.
Si te sobran yemas, puedes usarlas para hacer mayonesa, alioli o enriquecer masas y cremas. Otra opción es sustituir dos claras por una yema en algunas recetas que admitan cambios de textura.
Cuando saques huevos de la nevera para cocerlos, puedes atemperarlos sumergiéndolos un rato en agua caliente del grifo. Reducirás el choque térmico y evitarás que se agrieten al entrar en ebullición.
Para pelar muchos huevos cocidos, añade un chorrito de vinagre al agua de cocción para ablandar un poco la cáscara. Después puedes meter varios en un recipiente, agitarlo suavemente y las cáscaras se agrietarán, facilitando el pelado.
La mantequilla se organiza mejor si la guardas ya marcada o cortada en porciones; así solo coges lo que necesitas. Cuando está muy fría y dura para untar, puedes rallarla con un rallador para que se ablande enseguida sobre el pan.
Si necesitas mantequilla derretida, aprovecha el calor del horno precalentándose: ponla en un bol apto y déjala dentro unos minutos con el horno apagado. Y para engrasar moldes, usa directamente el papel en el que venía envuelta la mantequilla, que aún guarda restos grasos.
Aplicando poco a poco estos trucos de cocina —desde cómo organizar cuchillos y tablas hasta la manera de congelar caldos, pelar frutas o aprovechar las salsas—, cocinar se vuelve una tarea mucho más llevadera, rápida y hasta entretenida; al final, se trata de ir incorporando estos detalles a tu rutina para que tus platos salgan más ricos, tu cocina esté más ordenada y tú disfrutes mucho más del rato entre fogones.
