Solución a los problemas de fertilidad: guía completa y actualizada

  • La infertilidad es frecuente y puede deberse a factores femeninos, masculinos, mixtos o desconocidos, por lo que requiere un estudio integral de la pareja.
  • Las pruebas de fertilidad valoran hormonas, útero, trompas, ovarios y semen, permitiendo elegir entre tratamientos como IA, FIV, donación de gametos o adopción de embriones.
  • Hábitos como peso saludable, buena alimentación, descanso adecuado y evitar tabaco y alcohol mejoran la calidad reproductiva y el éxito de los tratamientos.
  • El impacto emocional de la infertilidad es intenso y sostenido, y el apoyo psicológico especializado ayuda a manejar duelos, ansiedad y decisiones complejas del proceso.

Soluciones a los problemas de fertilidad

Cuando el embarazo tarda más de lo esperado en llegar, la vida se pone en pausa. Cada regla que baja, cada prueba negativa y cada comentario del entorno pesan más de lo que se suele contar en voz alta. Si estás en ese punto, o temes estarlo porque no te quedas embarazada, este artículo está pensado para ti.

La buena noticia es que hoy existen múltiples soluciones para los problemas de fertilidad, tanto para hombres como para mujeres, e incluso cuando la causa no está del todo clara. Vamos a repasar, con calma y sin rodeos, qué se considera infertilidad, cuándo hay que pedir ayuda, qué pruebas se realizan, qué tratamientos existen (tanto médicos como naturales, como vitaminas que equilibran las hormonas) y cómo cuidar también la parte emocional de todo este proceso.

Qué se considera un problema de fertilidad y cuándo preocuparse

En medicina reproductiva se habla de infertilidad cuando una pareja no consigue embarazarse tras 12 meses de relaciones sexuales regulares sin protección. Si la mujer tiene más de 35 años, este plazo se reduce a unos 6 meses antes de recomendar una valoración por un especialista en reproducción asistida.

Por otro lado, se utiliza el término esterilidad cuando existe una incapacidad para lograr el embarazo (por ausencia de óvulos u espermatozoides, alteraciones anatómicas severas, etc.), mientras que se considera infertilidad cuando la concepción se produce pero la gestación no llega a término, por ejemplo, en casos de abortos de repetición.

En parejas heterosexuales, los estudios muestran que los problemas de fertilidad pueden deberse al varón en torno a un 30 % de las veces, a la mujer en otro 30 %, a factores combinados en aproximadamente un 20 % y, en el resto, la causa es desconocida (infertilidad idiopática). Es decir, no siempre se identifica un motivo concreto, incluso tras un estudio completo.

También existen situaciones especiales, como parejas de mujeres o mujeres que desean ser madres en solitario, para las que la reproducción asistida no es tanto una solución a una enfermedad como una vía para poder formar una familia sin pareja masculina.

Tratamientos de fertilidad y reproducción asistida

Señales tempranas y factores que pueden indicar problemas de fertilidad

Aunque la confirmación de un problema de fertilidad solo puede hacerla un profesional, hay síntomas y antecedentes que deberían hacer saltar las alarmas si el embarazo no llega de forma natural.

En la mujer, pueden orientar a un trastorno ovulatorio o ginecológico signos como reglas muy irregulares (o su ausencia), sangrados muy abundantes o muy escasos, dolor pélvico persistente, molestias intensas durante las relaciones sexuales, antecedentes de endometriosis, miomas, pólipos uterinos o infecciones pélvicas.

En el hombre, son relevantes los problemas para eyacular o mantener la erección, antecedentes de infecciones en testículos o próstata, traumatismos, cirugía genital, varicocele conocido, enfermedades crónicas (como la diabetes) o tratamientos que puedan afectar a la producción espermática.

A nivel de pareja, influyen bastante factores como el retraso de la maternidad y la paternidad, el tabaquismo, el consumo de alcohol y drogas, la obesidad o el bajo peso, el estrés mantenido en el tiempo y la exposición a tóxicos ambientales (por ejemplo, manteniendo un hogar sin tóxicos). Todo esto puede reducir la calidad de óvulos y espermatozoides y favorecer alteraciones hormonales.

Además, hay que tener presente que la fertilidad femenina disminuye de forma clara a partir de los 35 años, y cae de forma acusada después de los 40. En el varón, el descenso es más progresivo, pero a partir de los 50 se observa una mayor frecuencia de alteraciones en el número, movilidad y morfología de los espermatozoides.

Primera consulta en una clínica de fertilidad: qué esperar

El primer paso para buscar una solución a los problemas de fertilidad es pedir cita en una unidad especializada. Esta primera visita suele ser un espacio tranquilo donde se recoge la historia médica completa y se resuelven las dudas iniciales.

En esta entrevista se revisan antecedentes personales y familiares, medicación habitual, cirugías previas, hábitos de vida, historia ginecológica en la mujer (ciclos, embarazos, abortos, enfermedades) e historia andrológica en el hombre (infecciones, traumatismos, antecedentes de infertilidad, etc.). También es habitual que se aborde el impacto psicológico que está teniendo la situación en la pareja o en la persona.

A partir de esta información se diseña un plan de estudio de fertilidad personalizado. No todas las parejas necesitan las mismas pruebas ni en el mismo orden, y una buena selección inicial ahorra tiempo, dinero y frustraciones.

En muchas clínicas se ofrece, además, un primer cálculo orientativo de probabilidades de embarazo según la edad, el diagnóstico y el tipo de tratamiento (inseminación artificial, fecundación in vitro, ovodonación, etc.), para poder tomar decisiones informadas desde el principio.

Pruebas básicas del estudio de fertilidad en mujeres

El objetivo del estudio femenino es valorar la reserva ovárica, el funcionamiento hormonal y el estado del útero y las trompas. Entre las pruebas más habituales se encuentran:

Por un lado, el perfil hormonal basal (FSH, LH, estradiol, prolactina y, cada vez más, hormona antimülleriana o AMH) aporta datos sobre la función ovárica y ayuda a estimar la cantidad y calidad de los óvulos disponibles.

La ecografía transvaginal permite estudiar con detalle el útero, los ovarios, la presencia de miomas o pólipos y realizar el recuento de folículos antrales, clave para valorar la reserva ovárica. A veces se complementa con una hidrosonografía, una ecografía con líquido de contraste para ver mejor la cavidad uterina.

La histerosalpingografía o sonohisterografía se utiliza para evaluar la permeabilidad de las trompas de Falopio, fundamental en la concepción natural. Consiste en introducir contraste en el útero y visualizar, mediante rayos X o ecografía, si este pasa correctamente a través de las trompas.

En algunos casos se recurre a técnicas más invasivas como la histeroscopia (visión directa del interior del útero con una pequeña cámara) o la laparoscopia (cirugía mínimamente invasiva que permite ver la cavidad abdominal y corregir, si es posible, posibles alteraciones como endometriosis o adherencias).

Según el caso, pueden solicitarse estudios específicos como test de receptividad endometrial, análisis de trombofilias (tendencia a coagular en exceso), valoración tiroidea, e incluso pruebas inmunológicas, sobre todo en casos de abortos de repetición o implantes fallidos tras varios ciclos de tratamiento.

Pruebas de fertilidad en el hombre

En el varón, la prueba central es el seminograma, un análisis del semen donde se valora concentración, movilidad, morfología y volumen. Es la base para detectar problemas como oligozoospermia (bajo recuento), astenozoospermia (mala movilidad), teratozoospermia (morfología alterada) o azoospermia (ausencia total de espermatozoides).

En casos donde el seminograma estándar es normal pero se sospecha un problema masculino, se realiza un seminograma avanzado que incluye parámetros como apoptosis espermática o estudios de fragmentación de ADN, muy útiles para explicar algunas esterilidades aparentemente “inexplicables”.

Si el especialista lo considera oportuno, también se solicitan análisis hormonales para estudiar la función testicular (testosterona, FSH, LH, prolactina) y descartar alteraciones del eje hormonal, así como ecografía testicular para valorar la presencia de varicocele u otras anomalías anatómicas.

En determinadas parejas se recomiendan pruebas genéticas (cariotipo, microdeleciones del cromosoma Y, estudios específicos) para detectar alteraciones que puedan influir en la fertilidad o en la salud de la descendencia.

Principales causas de infertilidad femenina y masculina

Entre las causas más frecuentes de infertilidad femenina se encuentran los desequilibrios hormonales (alteraciones tiroideas, problemas de progesterona, hiperprolactinemia, etc.) y los trastornos de la ovulación (como el síndrome de ovario poliquístico o la anovulación), la insuficiencia ovárica prematura (pérdida de función ovárica antes de los 40), la endometriosis, las obstrucciones tubáricas y las alteraciones uterinas (miomas, pólipos, malformaciones, adherencias).

También tienen un papel importante los factores vinculados al estilo de vida: obesidad o bajo peso, dieta pobre, sedentarismo, consumo de tabaco y alcohol, estrés crónico o exposición a sustancias tóxicas.

En el caso de la infertilidad masculina, además de las alteraciones del seminograma ya mencionadas, son causas frecuentes el varicocele, las infecciones del aparato reproductor, determinados tratamientos médicos (quimioterapia, radioterapia, algunos fármacos) y, de nuevo, hábitos no saludables como el tabaco, el alcohol, el consumo de drogas o la exposición laboral a calor y tóxicos.

No debemos olvidar que, tras un estudio completo, en un porcentaje nada despreciable de parejas se habla de infertilidad idiopática, es decir, sin causa aparente. En estos casos, los tratamientos se orientan a potenciar al máximo las probabilidades de embarazo aunque no haya un diagnóstico cerrado.

Un escenario muy habitual hoy es la llamada infertilidad secundaria: parejas que han tenido uno o más hijos de forma natural y, años después, no logran un nuevo embarazo o lo pierden repetidamente. En la mayoría de estas situaciones, la edad (sobre todo de la mujer) y los cambios en la salud o en los hábitos suelen desempeñar un papel clave.

Tratamientos de reproducción asistida: opciones principales

Cuando el estudio está completo, el equipo médico plantea la estrategia terapéutica más adecuada para cada pareja o persona. No existe un tratamiento mejor en términos absolutos, sino técnicas más o menos indicadas según la causa, la edad y la historia reproductiva.

En muchos casos se empiezan por medidas sencillas, como la inducción de la ovulación y la mejora de hábitos de vida; en otros, es necesario recurrir directamente a tratamientos de mayor complejidad como la fecundación in vitro (FIV) o la ovodonación.

Además de las técnicas clásicas, hoy se cuenta con procedimientos complementarios que ayudan a afinar el diagnóstico y la selección de embriones, como los test genéticos preimplantacionales (PGT) o pruebas de receptividad endometrial, así como opciones como la adopción de embriones cuando otras vías han fracasado o no son posibles.

Cada clínica tiene sus propios protocolos, pero en líneas generales el abanico va desde la inseminación artificial (IA) a la FIV con o sin microinyección espermática (ICSI), con gametos propios o de donante, pasando por métodos específicos como el método ROPA en parejas de mujeres.

Inseminación artificial (IA)

La inseminación artificial es la técnica de reproducción asistida de menor complejidad después del coito programado. Suele indicarse en mujeres jóvenes con trompas permeables y en casos leves de alteraciones seminales o pequeños desajustes ovulatorios, así como en algunas parejas de mujeres o madres solas cuando el resto del estudio es normal.

El procedimiento consiste en realizar una estimulación ovárica suave para obtener uno o dos óvulos maduros. Cuando se aproxima la ovulación, se introduce en el útero, mediante una fina cánula, la muestra de semen previamente procesada en el laboratorio para seleccionar los espermatozoides de mejor calidad.

En función del origen del semen, se habla de inseminación con semen de la pareja o inseminación con semen de donante. Esta última se utiliza cuando existe un factor masculino severo, riesgo genético a evitar o en mujeres sin pareja masculina.

La IA es un tratamiento relativamente rápido, poco invasivo y más económico que la FIV, pero sus tasas de éxito por ciclo son menores. Por ello, la mayoría de guías recomiendan no prolongar en exceso el número de intentos (a menudo entre 3 y 4 ciclos) antes de plantearse técnicas de mayor complejidad si no se consigue embarazo.

Fecundación in vitro (FIV) y variantes

La fecundación in vitro es un tratamiento más complejo que la inseminación, indicado en casos moderados o graves de esterilidad: trompas obstruidas o ausentes, factor masculino significativo, endometriosis avanzada, baja reserva ovárica (según edad) o fallos repetidos de inseminación, entre otros.

En la FIV se administra una estimulación ovárica más intensa para conseguir varios óvulos maduros en un mismo ciclo. Posteriormente se realiza una punción ovárica, una pequeña intervención en quirófano, para extraer esos óvulos bajo control ecográfico.

Una vez en el laboratorio, los óvulos se ponen en contacto con los espermatozoides para que se produzca la fecundación. Los embriones resultantes se mantienen en cultivo y el equipo de embriología realiza un seguimiento exhaustivo de su desarrollo para seleccionar aquellos con mejor aspecto y mayor potencial de implantación.

La etapa clave es la transferencia embrionaria, en la que uno (o, en ocasiones, dos) embriones se colocan en el interior del útero mediante una cánula. El resto de embriones viables pueden congelarse para intentos posteriores o futuros embarazos.

Cuando se necesita recurrir a gametos de donante, se habla de FIV con semen de donante, FIV con ovodonación (óvulos de donante) o FIV con doble donación. Estas alternativas están especialmente indicadas en mujeres con reserva ovárica muy baja o con óvulos de mala calidad, en varones con alteraciones seminales severas o en parejas con riesgo de transmisión de enfermedades genéticas.

ICSI: microinyección espermática

La ICSI (inyección intracitoplasmática de espermatozoides) es una variante de la FIV en la que el embriólogo inyecta directamente un espermatozoide dentro de cada óvulo mediante una microaguja, en lugar de dejar que ambos se unan espontáneamente en el medio de cultivo.

Gracias a esta técnica, no es necesario que los espermatozoides sean capaces de moverse de forma adecuada por sí solos, lo que la convierte en una opción especialmente útil en factores masculinos severos (baja movilidad, concentraciones muy reducidas, recuperación de espermatozoides del testículo, etc.).

En la práctica, muchas clínicas utilizan ICSI de manera rutinaria en la mayoría de FIV, ya que aumenta la probabilidad de que cada óvulo se fecunde, aunque la decisión depende de la política del centro y de las características de cada caso.

Test genético preimplantacional (PGT)

El test genético preimplantacional (PGT) permite analizar el material genético de los embriones obtenidos mediante FIV antes de transferirlos al útero. Su finalidad es seleccionar aquellos que no presentan determinadas alteraciones cromosómicas o mutaciones responsables de enfermedades genéticas.

Para llevar a cabo el PGT es necesario realizar una biopsia embrionaria, es decir, extraer unas pocas células del embrión mientras sigue en cultivo. Estas células se analizan en el laboratorio de genética, y el resultado guía la elección del embrión o embriones a transferir.

Aunque la biopsia se considera una técnica invasiva, los protocolos actuales permiten que la mayoría de los embriones sigan desarrollándose con una afectación mínima de su viabilidad. El PGT resulta especialmente útil en parejas con antecedentes de enfermedades hereditarias, abortos de repetición de causa desconocida o edad materna avanzada.

Método ROPA y tratamientos en parejas de mujeres

En el caso de parejas de mujeres, además de la FIV con semen de donante y la inseminación, existe una opción muy demandada: el método ROPA (Recepción de Ovocitos de la Pareja). Esta técnica permite que ambas mujeres participen de forma activa en el embarazo.

Una de las mujeres se somete a la estimulación ovárica y a la punción para obtener los óvulos, que serán fecundados en laboratorio con semen de donante. La otra mujer prepara su endometrio con medicación para recibir el embrión y gestar el embarazo. De ese modo, una aporta la carga genética y la otra vive la gestación y el parto.

El método ROPA combina, por tanto, aspectos médicos y emocionales, y requiere que la pareja reciba una información completa sobre sus implicaciones legales y sanitarias antes de iniciar el proceso.

Adopción de embriones como alternativa reproductiva

La adopción de embriones, también conocida como embrioadopción, es una opción en la que se utilizan embriones donados por otras parejas que se sometieron previamente a FIV y decidieron donar los embriones sobrantes criopreservados.

Al igual que en la donación de óvulos y semen, la donación de embriones es anónima y altruista según la legislación española. Para la receptora, el tratamiento consiste principalmente en preparar el endometrio con medicación (o en ciclo natural, si es posible) y realizar la transferencia del embrión descongelado.

Se trata de una alternativa más económica que una FIV con ovodonación o doble donación, aunque las tasas de éxito pueden ser algo menores por la propia naturaleza del procedimiento y la edad de los progenitores de origen.

La embrioadopción puede resultar especialmente interesante para parejas o mujeres que han agotado otras opciones, que presentan múltiples fallos de implantación o para quienes la carga genética no es prioritaria frente a la posibilidad de gestar y criar un hijo.

Aspectos emocionales: cómo afrontar la infertilidad

Más allá de las cifras y las técnicas, la infertilidad tiene un impacto psicológico enorme. Muchas personas viven este proceso como un duelo prolongado, en el que se tambalean sus proyectos de vida, aparecen miedos y se suceden pequeñas pérdidas: reglas, negativos, tratamientos fallidos, diagnósticos inesperados…

No es extraño que aparezcan síntomas de ansiedad y depresión, dificultades de comunicación en la pareja, cambios en el deseo sexual o conflictos con el entorno familiar y social. La sensación de que “la vida de los demás sigue” mientras la propia se detiene es muy frecuente.

Cada intento fallido o cada pérdida gestacional puede vivirse como un micro duelo, acumulando tristeza, culpa, rabia e impotencia. De ahí la importancia de contar con una buena red de apoyo, tanto profesional (psicólogos especializados en fertilidad) como personal.

La terapia psicológica puede ayudar a gestionar mejor las emociones, reforzar la cohesión de la pareja, establecer límites sanos con el entorno, manejar la presión laboral asociada a las citas médicas y, en algunos casos, acompañar en decisiones difíciles como parar los tratamientos o explorar otras vías de maternidad/paternidad o la vida sin hijos.

Cuidar el bienestar emocional no solo mejora la calidad de vida durante los tratamientos, sino que puede evitar que el desgaste lleve a abandonar el proceso antes de tiempo por puro agotamiento.

Estilo de vida: hábitos que mejoran (o empeoran) la fertilidad

Los hábitos diarios influyen directamente en la capacidad reproductiva. No sustituyen a los tratamientos cuando hay un problema médico claro, pero sí pueden marcar la diferencia y aumentar las probabilidades de éxito.

El peso corporal es uno de los factores más relevantes. Tanto el sobrepeso y la obesidad como un peso muy bajo pueden alterar la producción hormonal, afectar a la ovulación y a la calidad del esperma y complicar los tratamientos. Mantener un IMC saludable mediante una combinación de dieta equilibrada y ejercicio moderado es una inversión directa en fertilidad.

La alimentación debería ser rica en alimentos frescos y poco procesados: frutas, verduras, legumbres, cereales integrales, proteínas magras y grasas saludables (aceite de oliva, frutos secos, pescado azul). Reducir azúcares añadidos, grasas trans, ultraprocesados y bebidas azucaradas ayuda a mejorar el entorno metabólico y hormonal.

El estrés crónico se ha relacionado con alteraciones de la ovulación y de la calidad seminal, además de reducir la libido. Incorporar técnicas de relajación como meditación, respiración profunda, yoga, tai chi o actividades creativas placenteras (leer, pasear, escribir, pintar) puede ser muy útil. No se trata de “no estresarse”, algo irreal, sino de contar con herramientas para regular mejor el día a día.

El sueño merece un capítulo aparte: la misma zona del cerebro que regula los ritmos de sueño y vigilia participa en la liberación de hormonas reproductivas. Dormir entre 7 y 8 horas, con horarios relativamente regulares, evitando pantallas justo antes de acostarse y creando un ambiente de descanso adecuado, es clave tanto para la salud general como para la reproductiva.

Por supuesto, es fundamental evitar el tabaco y moderar al máximo el alcohol. Ambos dañan el material genético de óvulos y espermatozoides, reducen su calidad y aumentan el riesgo de aborto y complicaciones gestacionales.

Sexualidad, frecuencia de relaciones y ciclo menstrual

Circulan muchos mitos sobre la frecuencia de las relaciones sexuales y las posturas “milagrosas” para favorecer el embarazo. La evidencia muestra que mantener relaciones cada 2-3 días durante todo el ciclo o, al menos, en la ventana fértil (los días previos a la ovulación y el propio día de la ovulación) es suficiente para maximizar las probabilidades.

Tener sexo a diario no aumenta necesariamente las opciones y puede incluso generar presión y fatiga. Tampoco es necesario permanecer tumbada largos ratos tras el coito o elevar las caderas con almohadas: los espermatozoides alcanzan el cuello del útero en cuestión de minutos.

Lo que sí marca la diferencia es conocer bien el propio ciclo menstrual. Identificar la ovulación mediante el registro de la temperatura basal, la observación del moco cervical o el uso de test de ovulación puede ayudar a situar mejor los días fértiles sin caer en la obsesión.

Es importante intentar que la sexualidad no se convierta únicamente en un “medio para lograr un fin”. El exceso de control y de presión sobre las fechas puede pasar factura al deseo, a la espontaneidad y a la relación de pareja. Reservar espacios para la intimidad sin agenda reproductiva también forma parte del cuidado en este proceso.

Tratamientos médicos frente a medidas naturales: cómo combinarlos

Los tratamientos de reproducción asistida (medicación, cirugía, IA, FIV, etc.) son la base para resolver la mayoría de problemas de infertilidad, pero existe un creciente interés en enfoques complementarios de tipo “natural” que buscan optimizar la salud reproductiva.

Intervenciones no invasivas como la mejora de la alimentación, el ejercicio adecuado, la gestión del estrés, la corrección de déficits nutricionales como suplementos de hierro o el tratamiento de alteraciones hormonales leves pueden, en algunos casos, restaurar la fertilidad o mejorar la respuesta a los tratamientos.

También se están estudiando terapias como la acupuntura aplicada a la fertilidad, que podrían mejorar la circulación sanguínea en la pelvis, modular el dolor, reducir la ansiedad y favorecer la regulación hormonal. Su eficacia absoluta todavía se investiga, pero muchas personas la integran como apoyo dentro de un abordaje global.

Algunos centros han desarrollado programas integrales de fertilidad de varios meses de duración, que incluyen revisión exhaustiva del estilo de vida, suplementos específicos, terapias complementarias y seguimiento médico, con el objetivo de aumentar las probabilidades de lograr un embarazo de forma espontánea o con tratamientos de menor complejidad.

Lo importante es que cualquier enfoque natural se haga bajo supervisión profesional, basado en evidencia y como complemento, no como sustituto, de los tratamientos médicos cuando estos son necesarios. Apostar solo por remedios milagro sin un estudio adecuado puede retrasar un diagnóstico importante, especialmente a partir de cierta edad.

En definitiva, hoy en día existen múltiples caminos para abordar los problemas de fertilidad: desde cambios en el estilo de vida y apoyo psicológico hasta técnicas avanzadas de reproducción asistida con o sin donación de gametos o embriones. La clave está en recibir una buena valoración, entender qué está pasando en tu caso concreto y rodearte de un equipo que te acompañe, tanto en lo médico como en lo emocional, en cada decisión que tomes.

cómo afectan los problemas de fertilidad a la pareja
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