Rutina en la pareja: ¿Cómo vencerla?

En ocasiones, la rutina, se transforma en esa “zona de confort” donde se instala la pareja día a día perdiendo casi sin darse cuenta el interés y la emoción. Conocemos todos los rasgos y expresiones del otro, sus virtudes y sus manías, hemos tenido relaciones sexuales con él infinidad de veces, sabemos incluso cómo va reaccionar ante determinadas cosas. Entonces ¿dónde queda ahora la seducción y la espontaneidad?

La rutina puede hacer que dos personas se desgasten. Nuestra pareja no es un sofá donde solo vale el sentirse cómodo/a. No vale únicamente con que nos sintamos bien con la otra persona. Para tener una relación de calidad no debemos dar las cosas por sentado, ni pensar que la otra persona va a estar siempre ahí sin recibir nada a cambio. Ser pareja exige cuidado, atención y una pincelada de espontaneidad. Y los dos sois responsables de ello. Veámoslo.

¿Cómo saber si hemos caído en la rutina?

En primer lugar hemos de tener clara una cosa. La rutina tiene su parte beneficiosa, es un indicador de que existe estabilidad en la pareja. Nos ofrece seguridad y confianza en el vínculo que hemos creado con la otra persona. Ahora bien, las costumbres del día a día pueden hacernos caer en la monotonía y en la sensación de que hemos perdido algo, de que ya no sentimos la complicidad y la espontaneidad de antaño. Las dimensiones a tener en cuenta serían las siguientes:

  • Las mujeres somos las más propensas a sentir la rutina: nuestro cerebro es más emocional y más sensible  a valorar los detalles y aspectos que por ejemplo ellos, no perciben o no tienen en cuenta. Es habitual que seamos nosotras las primeras en sentir los indicadores de la rutina, y en percibir quizá el aburrimiento propio y de nuestra pareja en una cotidianidad donde poco a poco, se pierde la ilusión.
  • Menos comunicación: nuestras obligaciones diarias nos van estableciendo unas pautas a lo largo de la jornada. Salimos y volvemos a las mismas horas, hacemos las mismas cosas… poco a poco el estilo de comunicación con nuestra pareja va cambiando. En ocasiones no tenemos tiempo para hablar, o, sencillamente, las conversaciones se centran en aspectos relacionados con nuestra propia rutina, ya sea el trabajo, temas de la casa, los hijos… Sin darnos cuenta perdemos esa complicidad comunicativa con nuestra pareja, instantes en los que hablar de la propia relación y de aspectos más íntimos o personales.
  • Falta de motivación: otro aspecto importante. Los efectos de la rutina en la pareja pueden llegar a un término bastante peligroso donde alguno de los dos, acabe perdiendo la motivación. Serían esos instantes en que puedes llegar a preguntarte un “¿Y para qué?” (¿Para qué me voy a arreglar si no se va a fijar en mí? ¿para qué le voy a preguntar si sé lo que me va a decir?”). Este tipo de actitud no solo es peligrosa, sino que también nos podría hacer caer en un error. No debemos dar las cosas por sentado ni sacar nuestras propias conclusiones. Si mostramos apatía y desmotivación, la otra persona seguramente la percibirá y acabará sintiendo lo mismo. Poco a poco podemos caer en un círculo vicioso donde la rutina deriva en apatía, y la apatía, en distanciamiento.

Claves para vencer la rutina

Desde la escuela de la Gestalt se dice que “el todo es más que la suma de las partes”. Y esto lo podemos aplicar perfectamente a la pareja. No se trata únicamente de ser “tú y yo”, es formar un mismo equipo compuesto por unas mismas vivencias y unos mismos proyectos. La rutina suele llegar cuando empieza a valorarse más la individualidad que el vínculo establecido con el otro. Entonces ¿cómo afrontar esta situación?

  • Cambiar la actitud: es el primer paso y es necesario que los dos miembros de la pareja estén implicados. Para que exista un cambio, primero hemos de creer en él y desearlo. Debemos eliminar ideas erróneas anteriormente nombradas: ¿para qué me voy a arreglar si él no se va a fijar en mí? ¿por qué le voy a proponer esto si nunca tenemos tiempo? Busca en tus emociones, recuerda por qué amas a tu pareja y lo mucho que significa para ti. La motivación por ser feliz debe ser el principal motor del cambio.
  • Buscar un momento para hablar: es habitual que las parejas esperen al último instante del día para comunicarse. Y este lugar casi siempre es la cama. No es bueno que este espacio asociado habitualmente al amor, quede  impregnado por la tensión o la negatividad. Es mejor que elijamos un lugar diferente, un lugar nuevo. Queda con tu pareja en un restaurante, o cítalo a media tarde para pasear por el parque. Es bueno empezar a hacer cambios y podemos partir desde aquí.
  • Prohibido planificar: permitid que la improvisación aparezca en vuestra vida. Cuando llegue el fin de semana haced aquello que primero os venga a la mente. Evita las habituales rutinas de ir a comprar los mismos días, salir a cenar o al cine el mismo día de la semana… Valorad la espontaneidad en la medida que sea posible.
  • Practicad nuevas actividades juntos: debemos empezar a buscar la originalidad y compartirla con la persona que amamos. Elegid un fin de semana para tener una escapada y practicar algún deporte de aventura, por ejemplo. Algo que que os suba la adrenalina. Sentir nuevas emociones a través de la naturaleza o el deporte, nos ayudará a renovar el vínculo y la emoción.
  • Creatividad en la cama: este aspecto es fundamental en la relación de pareja. En ocasiones basta con sugerir un cambio. Tal vez un juguete sexual, nueva lencería, nuevas posturas, un nuevo escenario… hay muchas opciones, juntos podéis encontrar experiencias diferentes con las cuales huir de la rutina.

Así pues y para concluir, basta con decirte que lo más importante es que no os deis por vencidos. La rutina tiene su parte buena, nos ofrece seguridad y compromiso. Pero cuando la rutina se convierte en monotonía debemos reaccionar. En ocasiones basta con pequeños detalles, una sonrisa, una caricia, una proposición… todo esfuerzo valdrá la pena.


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