Relación entre el dolor emocional y el dolor físico

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Dolor emocional. Todas lo hemos sentido en alguna ocasión: Una decepción, un fracaso, un desengaño, una mentira… Son muchas las dimensiones que causan ese sufrimiento tan conocido en nuestras relaciones de pareja. Un dato que debemos tener en cuenta es que en numerosas ocasiones, este dolor emocional tiene su espejo también en nuestro cuerpo.

Cansancio, migrañas, dolor muscular o articular e incluso muchos tipos de alergia, tienen su origen en problemas psicosomáticos. Las preocupaciones y un problema emocional que no se ha gestionado adecuadamente, puede ocasionar diversas enfermedades. Y es algo que vale la pena tener en cuenta. Según datos estadísticos, casi el 20% de las visitas en atención primaria tiene su origen en depresiones encubiertas, que no son adecuadamente diagnosticadas. Hablemos hoy sobre ello en Bezzia, por tu salud física y emocional.

El dolor emocional y las penas no curadas

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Seguro que a lo largo de tu ciclo vital, has vivido algún fracaso a nivel de pareja. El hecho de romper una relación supone un alto coste para cualquier persona, todo nuestro universo se ve fragmentado y cuesta mucho recomponer cada una de estas piezas. La autoestima siempre se ve muy afectada, perdemos parte de nuestra ilusión y necesitamos de un tiempo determinado para recuperarnos.

Podemos pues hablar perfectamente de un duelo, de un proceso que debe durar como máximo tres meses. Pasado ese tiempo, hemos de salir adelante de nuevo, con fuerzas e ilusión habiendo adquirido un aprendizaje. ¿Qué ocurre cuando no se cumple este proceso? ¿Cuando no gestionamos adecuadamente esa pérdida y ese fracaso?

  • Entramos en un proceso circular en el cual, la tristeza justifica cada día nuestro estado. Los pensamientos negativos acompañan diariamente nuestra cotidianidad.
  • Se debilita nuestro sistema inmunitario, bajan nuestras defensas.
  • El dolor emocional genera cambios químicos en nuestro cerebro: Nos cuesta más dormir, no podemos concentrarnos, tenemos fallos de memoria y baja notablemente nuestra motivación.
  • Nuestro metabolismo cambia. Podemos perder peso o subir unos kilos.
  • Nuestras funciones básicas empiezan a cambiar, el ritmo cardíaco estará más acelerado. Podemos sufrir taquicardias. Padeceremos dolores de cabeza e incluso migrañas.
  • Si este estado se alarga en el tiempo, caeremos en una depresión. A menudo, las depresiones ocasionan problemas psicosomáticos como problemas musculares, dolores de espalda, pinzamientos, problemas digestivos e incluso problemas de piel. Hay que tenerlo en cuenta.

Tal y como podemos ver, el dolor emocional que no se gestiona de modo eficaz, puede acabar convirtiéndose en un problema muy serio para nuestra salud. Los problemas en nuestro entorno, tienen su correlación en nuestro interior: Depresiones, estados de estrés y ansiedad… Dimensiones muy frecuentes cuando nuestra relación de pareja no nos aporta una verdadera felicidad.

Cómo afrontar el dolor emocional

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En ocasiones, y a pesar de que parezca algo sorprendente, dentro de la psicología suele decirse que el dolor suele ser la mejor medicina. Es esta dimensión que nos hace aprender, la que nos empuja hacia el cambio y hacia nuestro propio crecimiento personal.

No hay nada más íntegro que el afrontar con valentía y fuerza interior cualquier fracaso, cualquier desengaño. En ocasiones, la adversidad nos hace más fuerte, de ahí que no olvidemos nunca un término tan importante como la resiliencia: La capacidad de las personas para hacer frente a cualquier problema, por grave que éste sea. El ser humano tiene una gran capacidad para sobrevivir, no tenemos más que saber desarrollar unas estrategias básicas. Te ofrecemos unos puntos a tener en cuenta:

  • El dolor emocional debe vivirse. ¿Qué quiere decir esto? Es fácil de entender. Hay personas que ante cualquier problema personal, prefieren esconder sus emociones. Si yo no reconozco mi dolor, no existe. Si yo no me muestro mis lágrimas o mi enfado, no existe herida. Y es un error, para poder afrontar el dolor, primero he de reconocer que existe, y como tal, llorar, gritar, buscar mis instantes de soledad y pensar en lo ocurrido. Todos necesitamos de ese desahogo personal.
  • Una vez hemos pasado la fase de rabia, de desconsuelo o tristeza, toca pensar en lo ocurrido. ¿Qué puedo hacer ahora para superar esto? ¿Es momento de hacer un cambio? Un error en el que no debes caer es en buscar culpables. La rabia genera más rabia, y a su vez indefensión. No lo hagas, el perdón siempre será mejor que el odio. Se trata simplemente de aceptar lo ocurrido y “dejar ir”, liberar carga emocional y poner nuestros objetivos en el ahora, dejando ya a un lado el ayer. Porque el pasado ya no importa, lo que importa eres tú y tu derecho a ser feliz.
  • Lo esencial es volver a encontrar ilusiones. Fomenta el pensamiento positivo, la esperanza, el tener proyectos, el hacer algún cambio y en mirarte al espejo, y gustarte a ti misma. En sentirte orgullosa de poder avanzar y superar cualquier adversidad. Si nos estancamos en el pasado y en los pensamientos negativos, aparecerá nuevamente el dolor emocional, y, en consecuencia el dolor físico: Cefaleas, cansancio, pérdida de apetito…

Si en algún momento te sientes superada por la situación, no dudes en pedir ayuda. El apoyo social de los tuyos es indispensable para encontrar fuerzas y motivaciones. Todos tenemos derecho a sentir el dolor emocional, a llorar y sufrir, pero recuerda, también tienes la obligación de levantarte y decirte a ti misma que mereces lo mejor. Que mereces ser feliz de nuevo. La vida, y el amor, son dos aventuras que merecen la pena vivirse cada día.


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