
Vivir en el Maresme es disfrutar de esa mezcla tan especial entre mar y montaña, de una luz que lo envuelve todo y de una manera de entender la casa muy ligada al exterior. Cuando se habla de reforma en el Maresme con alma mediterránea, en realidad se está hablando de proyectos que abren los interiores a la luz, que respetan el paisaje y que apuestan por materiales nobles y una vida tranquila, aunque el diseño sea plenamente contemporáneo.
En los últimos años, diferentes estudios de arquitectura e interiorismo han ido dejando su huella en esta comarca y en otros puntos del Mediterráneo y de ciudades como Barcelona o Madrid, con reformas que comparten una misma filosofía: reinterpretar la tradición mediterránea desde una mirada actual. Viviendas unifamiliares, jardines convertidos en oasis, casas modernistas rehabilitadas, pisos urbanos llenos de luz y casas de pueblo que se renuevan sin perder su esencia componen un mosaico de proyectos que vale la pena desgranar con calma.
Una vivienda unifamiliar en el Maresme que se abre a la luz
En una de las poblaciones costeras del Maresme, A STUDIO firma la intervención en una vivienda unifamiliar que toma como punto de partida el propio territorio: una franja de pueblos entre el mar y la montaña, bañados por un clima templado y una luz muy característica que marca el ritmo de la vida diaria. Este contexto mediterráneo no es solo un telón de fondo, sino el verdadero hilo conductor del proyecto.
La casa necesitaba una actualización profunda para adaptarse a un estilo de vida más actual, menos compartimentado y más conectado. El estudio apuesta por reordenar la distribución interior con una mirada contemporánea, dando protagonismo a la zona de día y favoreciendo la continuidad visual entre los diferentes espacios. El objetivo es claro: potenciar al máximo la entrada de luz natural y conseguir una relación más directa con el exterior.
El corazón de la reforma es la planta de día, donde la cocina deja de ser un espacio cerrado para convertirse en un verdadero centro neurálgico de la casa. Se plantea una gran cocina abierta, conectada tanto funcional como visualmente con el comedor y el salón. La gran isla central, con una encimera pétrea de presencia casi escultórica, estructura el espacio y actúa como punto de encuentro para cocinar, charlar o simplemente apoyarse mientras todo sucede alrededor.
En el diseño de la cocina y del estar se combinan mobiliario de madera natural con superficies oscuras, generando un contraste que aporta sofisticación sin perder calidez. Frente a soluciones excesivamente frías, el proyecto apuesta por texturas cálidas, tonos discretos y una paleta que se integra con el paisaje mediterráneo que entra por los ventanales.
Una de las estrategias más interesantes es el uso de mobiliario a medida como herramienta de orden y continuidad. A STUDIO diseña elementos específicos, como una estantería divisoria en madera que separa ambientes sin romper la continuidad visual, permitiendo que la luz fluya y que los espacios se perciban amplios y conectados. Esta lógica de diseño se extiende al conjunto del mobiliario fijo, que se mezcla con piezas de firmas de diseño como AUDO, Kave Home o Atemporal.
Para completar la atmósfera, se cuida especialmente la parte textil. Alfombras de firmas especializadas como COTLIN y cortinas ligeras de JAB suavizan los espacios, aportan textura y mejoran la acústica. Todo ello subraya esa sensación de hogar mediterráneo relajado pero muy pensado, donde cada detalle suma sin hacerse notar en exceso.
La estrategia lumínica es otro de los grandes pilares de la intervención. Uno de los objetivos principales era maximizar la luz natural mediante grandes ventanales y textiles vaporosos que dejan pasar la claridad y permiten regularla según el momento del día. De esta manera, la casa vive en sintonía con las horas de sol, y la relación interior-exterior se vuelve constante.
La luz artificial, lejos de improvisarse, se diseña como un auténtico paisaje escénico. Se seleccionan luminarias con una fuerte carga estética pero también muy funcionales: la lámpara Strand de Muuto organiza el comedor, AIM de Flos enfatiza el carácter dinámico de la cocina, la luminaria Cala de Marset aporta calidez al salón y otras piezas icónicas como Fa de Gofi o Cestita de Santa & Cole se reparten por dormitorios y rincones de descanso, creando escenas muy domésticas y acogedoras.
En cuanto a materiales, la casa se viste con una paleta sobria y coherente. En los suelos se utiliza microcemento de Topcret, que aporta continuidad y un aire contemporáneo, mientras que en paramentos se opta por revestimientos de Materik que refuerzan la sensación de unidad espacial. Esta base neutra, de fácil mantenimiento y gran durabilidad, permite que el mobiliario y la luz sean los verdaderos protagonistas.
Los baños siguen la misma línea de contención y funcionalidad, y se contemplan soluciones como los azulejos de escama. Se equipan con cerámica de NIC, manteniendo el lenguaje sobrio que recorre el resto de la vivienda. La elección de materiales duraderos, fáciles de limpiar y con una estética atemporal encaja con esa idea de casa mediterránea pensada para disfrutarse sin complicaciones.
El resultado final es una vivienda en el Maresme que consigue interpretar el contexto mediterráneo desde la contemporaneidad: espacios abiertos, luz a raudales, materiales nobles, diseño a medida y una ejecución muy cuidada en la que cada elemento tiene un porqué. Una casa que dialoga con el entorno, pero que también responde a las necesidades reales de quienes la habitan.
Un jardín en Montgat convertido en oasis con alma mediterránea
Muy cerca de Barcelona, en Montgat, un jardín de unos 240 m² muestra otra cara de la reforma mediterránea: la transformación radical de un exterior algo olvidado en un espacio al aire libre espectacular. La decoradora y estilista Mar Gausachs, junto con la arquitecta Núria Selva, se propusieron convertir una explanada deteriorada en un auténtico “jardín de revista”.
El punto de partida era un espacio funcional pero poco atractivo, dominado por tarimas de madera envejecidas que ya no cumplían su función. La propietaria tenía una petición muy clara: un jardín para adultos, pensado para reuniones con amigos, para disfrutar del verano, de la luz y de la vida al aire libre con cierto aire sofisticado.
El proyecto reorganiza el jardín mediante un trazado de caminos de gres porcelánico antideslizante que recorren toda la superficie y la estructuran en distintas zonas. Los pavimentos en formato 60 x 60 cm, en tonos neutros cálidos que recuerdan a la piedra natural, se combinan con grava blanca y áreas de césped artificial, generando un juego de texturas que recuerda a los jardines japoneses pero con una lectura claramente mediterránea.
La gran explanada continua se fragmenta en pequeños ámbitos a distintas cotas, rodeados de vegetación y conectados por esos caminos que invitan a pasear. Se elimina la antigua tarima en mal estado y se aprovecha la topografía del terreno para crear recorridos, rincones íntimos y zonas de estar al sol o a la sombra, según convenga.
En el corazón del jardín se ubica una pérgola bioclimática a medida, con lamas móviles que permiten controlar el soleamiento. Bajo ella se diseña una zona de estar con sofás y colchonetas hechas a medida con tejidos de exterior, creando un verdadero salón al aire libre. Los colores son neutros, las texturas suaves y el mobiliario dialoga con el entorno, de forma que todo invita a la calma y a estar sin prisa.
El estilo general del conjunto apuesta por un mediterráneo contemporáneo lleno de piezas en blanco, negro y gris, mezcladas con yute y elementos naturales. El mobiliario procede de firmas como Crisal Decoración y Kave Home, mientras que los cojines y colchonetas están confeccionados a medida con tejidos de exterior de Priort Decoración. Una butaca de mimbre de Taller de las Indias aporta ese toque artesano que tanto encaja en un jardín junto al mar.
En cuanto al cerramiento, se decide mantener parte del cañizo existente en una de las vallas perimetrales con la idea de que la vegetación acabe cubriéndolo. En el otro lado, la barandilla metálica originaria seguirá el mismo proceso, quedando integrada entre plantas trepadoras y arbustos. La vegetación autóctona juega aquí un papel clave, conectando el espacio con el paisaje mediterráneo y reduciendo el mantenimiento a largo plazo.
La elección de materiales para el exterior no se limita al pavimento o a las estructuras de sombra: también se cuida todo lo relativo a mobiliario y textiles de exterior de alta durabilidad. En climas como el del Maresme, es fundamental optar por tejidos con protección UV, resistentes al agua y al desgaste, así como por alfombras de exterior que permitan ampliar la sensación de salón también fuera, sin miedo a que se estropeen con el sol o la humedad.
El jardín se organiza en varias zonas con usos muy definidos. Una de ellas se dedica a la lectura y al descanso silencioso, lejos del bullicio de la parte delantera de la casa. Este rincón se configura como un pequeño refugio para tomar el sol o perder la noción del tiempo, con una butaca de fibras naturales, una alfombra de exterior de Benuta y algunas macetas de cerámica que refuerzan el carácter mediterráneo. La vegetación autóctona se reparte por todo el perímetro, adaptándose bien al terreno y al clima.
En la cota más elevada del jardín, antes desaprovechada y de difícil acceso, se diseña una nueva escalera que conduce a un espacio de reunión en torno al fuego. Un banco de obra en forma de U abraza una mesa de fuego o brasero, generando un auténtico salón exterior para disfrutar de las noches bajo las estrellas. El pavimento de gres porcelánico claro se combina con grava blanca y vegetación, evocando la serenidad de los jardines minimalistas con un guiño mediterráneo muy claro.
Este rincón elevado, con vistas al resto del jardín y a la fachada de la casa, se convierte en uno de los lugares favoritos para alargar las veladas con amigos, asar nubes al estilo americano o simplemente dejarse hipnotizar por el fuego. Es un gran ejemplo de cómo una reforma paisajística bien pensada puede transformar por completo la forma de vivir una vivienda en el Maresme.
Rehabilitar con alma mediterránea: de la casa modernista a la casa de pueblo
El espíritu mediterráneo no solo se refleja en nuevas construcciones o en viviendas unifamiliares de la costa. También se hace muy presente en proyectos de rehabilitación donde el respeto por lo existente se combina con la necesidad de actualizar espacios para la vida actual. Es el caso de una casa modernista en el Paseo de San Juan, en Barcelona, y de una vivienda tradicional en uno de los pueblos más bonitos del Maresme.
En el eje verde del Paseo de San Juan, AROMIR Arquitectes y la interiorista Laura Muñoz se enfrentan a la rehabilitación de una casa modernista de 1920. El reto era doble: maximizar la entrada de luz natural y proteger el patrimonio arquitectónico original. Para conseguirlo, estructuran la vivienda de 250 m² alrededor de un núcleo central que agrupa las zonas húmedas, de forma que las estancias principales reciban luz desde la fachada y desde la galería.
La distribución adopta una lógica de espacio abierto que separa de manera natural las zonas de día y de noche desde el propio recibidor. El salón, el comedor, la cocina y una sala polivalente se abren hacia la galería exterior, aprovechando al máximo la luz y creando un ambiente que llama a la convivencia. La galería, elemento típico del Ensanche barcelonés, pasa a ser el auténtico eje del proyecto.
Esta galería actúa como un filtro entre el interior y un patio concebido como refugio urbano. Las transiciones se diseñan para que el usuario recorra la casa de forma fluida hasta desembocar en ese patio verde que funciona como extensión natural de la vivienda. Allí, la vegetación y el silencio amortiguan el ruido de la ciudad, generando un oasis íntimo donde desconectar.
Una parte crucial del proyecto es la recuperación de elementos originales: pavimentos hidráulicos modernistas, molduras, puertas vidriadas y ventanas con contraventanas de madera se restauran con cuidado para que sigan contando la historia de la casa. Estos componentes históricos dialogan con materiales actuales como el microcemento, que se introduce como fondo neutro para realzar lo antiguo sin competir con ello.
En la decoración, Laura Muñoz apuesta por materiales nobles y una paleta cromática en tonos tierra, dominada por beiges y verdes que vinculan visualmente el interior con la vegetación del patio. El mobiliario, seleccionado de firmas de prestigio y suministrado por Lifra Contract by Idees, aporta calidez y coherencia. Las habitaciones principales se abren a Paseo de San Juan mediante balcones que mantienen la conexión histórica con la calle a la vez que permiten una entrada generosa de luz, y son espacios donde aplicar propuestas para decorar un dormitorio de estilo mediterráneo.
En el Maresme, el estudio CírculoCuadrado Design aborda la reforma de una construcción antigua en el centro de un pueblo costero, con tres plantas y dos patios. La casa, adquirida por un pintor y su familia, debía funcionar al mismo tiempo como vivienda y como taller, por lo que era imprescindible conservar la autenticidad del edificio y modernizar los espacios para adaptarlos a un uso mixto.
El proyecto se resume como una fusión entre estilo mediterráneo y lenguaje contemporáneo, apoyada en elementos naturales, materiales nobles, colores suaves y texturas cálidas. Se conservan estructuras emblemáticas como la puerta de entrada de doble hoja, se restauran techos con volta catalana y se dejan algunas paredes de ladrillo visto, que aportan carácter y refuerzan el vínculo con la historia de la casa.
En la decoración se utilizan maderas claras y fibras naturales en una gama de tonos crudo, arena y blanco, lo que proporciona frescura y luminosidad a todas las estancias. Los patios interiores se habilitan como auténticas extensiones de la vivienda, bien decorados y pensados para disfrutarse en cualquier momento del año. Incluso se incorpora una pequeña piscina climatizada, que permite seguir usando el exterior más allá de los meses de verano.
Vistas al Mediterráneo y casas integradas en el paisaje
Subiendo hacia la Serralada Litoral, en Cabrils, encontramos otra aproximación a la reforma mediterránea. Se trata de una vivienda unifamiliar situada en una urbanización residencial, junto al Parc de la Serralada Litoral, que disfruta de vistas lejanas al mar y a la masa verde del parque natural. La casa original respondía a una tipología de autoconstrucción propia de los años 60 y 70, y pedía a gritos una actualización.
La intervención combina una reforma interior con una pequeña ampliación, tomando como referencia la tradición arquitectónica de la cuenca mediterránea. Los criterios principales pasan por mejorar la relación de la casa con el paisaje, trabajar con materiales y sistemas constructivos propios del Mediterráneo y diseñar parte del mobiliario “in situ” para reforzar la calidad de los espacios.
Para conectar la vivienda con su entorno, se generan terrazas panorámicas orientadas hacia la costa y hacia el parque, diseñando espacios de transición entre interior y exterior que proporcionan sombra en los meses más calurosos. Se interviene en los huecos de fachada para buscar las mejores orientaciones, favoreciendo tanto las vistas como la ventilación cruzada y la entrada de luz.
El lenguaje arquitectónico responde a una estética muy mediterránea: volúmenes compactos, paredes encaladas y superficies texturizadas con aristas redondeadas. Este tipo de acabados, además de resultar muy agradables a la vista y al tacto, ayudan a integrar la casa en el paisaje y a mejorar su comportamiento climático, al reflejar parte de la radiación solar.
Algunos elementos de mobiliario se diseñan directamente en la obra, adaptados a la geometría y a las necesidades de cada estancia. Estos muebles integrados contribuyen a equilibrar la vida al aire libre con la calidad de los espacios interiores, que se conciben como complemento de las terrazas, porches y la zona de piscina. El conjunto, rodeado de vegetación, se convierte en un lugar ideal para disfrutar del exterior sin renunciar al confort interior.
En lo alto de la comarca, la Casa Riera —proyectada por Javier Barba en 1986— representa un capítulo pionero de la arquitectura bioclimática mediterránea. Se trata de una vivienda semienterrada que parece emerger de la propia tierra, con una cubierta vegetal que la integra por completo en el paisaje. Las líneas del proyecto se funden con el terreno, y la relación con la energía y el entorno se plantea desde el máximo respeto.
Su cubierta plantada, la orientación cuidadosa, el aprovechamiento pasivo de la energía y la voluntad de vivir literalmente dentro del paisaje hicieron que la casa fuese reconocida en 1989 por la Comisión Europea como una de las viviendas más sostenibles del mundo. A día de hoy sigue siendo un referente de cómo se puede habitar el Mediterráneo con un impacto mínimo y con un diseño muy potente.
Interiores urbanos con espíritu mediterráneo: de Madrid al diseño nórdico
La esencia mediterránea también aparece, reinterpretada, en viviendas que no están frente al mar. En Madrid, ALE Estudio transforma un piso de 130 m² junto a la Casa de Campo, en la Avenida de Portugal, una zona residencial tranquila con vistas privilegiadas hacia el Palacio Real y el gran parque madrileño. Aquí, la clave es abrir los espacios para ganar luz, ventilación cruzada y conexión con el entorno verde.
La reforma parte de una distribución original demasiado compartimentada. El proyecto derriba esa rigidez para crear un programa abierto, conectado y bañado en luz natural. Las dos terrazas existentes —una con orientación norte y otra sur— se convierten en el eje de la casa: el salón se abre por completo a ambas, logrando una estancia de doble orientación que permite una ventilación natural constante y una relación muy directa con el exterior.
Se incorporan estrategias bioclimáticas sencillas pero eficaces, como potenciar la ventilación cruzada abriendo el salón a las dos terrazas. Esto facilita la renovación de aire sin recurrir en exceso a sistemas mecánicos, reduce la necesidad de climatización artificial y da lugar a un confort ambiental mucho más saludable. La luz también entra durante todo el día, disminuyendo el uso de iluminación artificial.
En este núcleo luminoso se ubica la cocina, suministrada por CUBRO, que se abre completamente hacia el salón y se articula a través de una isla generosa concebida como punto de encuentro. Es un lugar pensado tanto para el día a día como para recibir amigos y familia, con un diseño sencillo y bien pensado que pone el foco en la funcionalidad y en la convivencia.
La materialidad del proyecto se apoya en materiales naturales y de bajo mantenimiento, como la madera, la baldosa cerámica y el precortado de CINCA. El contraste entre el hormigón visto de la estructura y la calidez de la madera de abedul en carpinterías y pavimentos genera un carácter propio y acogedor. En las zonas húmedas, la baldosa catalana se utiliza como pavimento y se prolonga incluso hacia las terrazas, asegurando continuidad visual.
El respeto por la memoria del lugar se manifiesta en gestos como la reutilización de elementos originales, por ejemplo una antigua encimera de cocina que se transforma en mueble de baño. Con ello se evita el despilfarro de recursos, se mantiene un vínculo con la historia del piso y se demuestra que sostenibilidad y diseño pueden ir de la mano.
En paralelo, otros proyectos de interiorismo ponen el acento en la selección de mobiliario contemporáneo de alta calidad para reforzar el carácter de estos espacios luminosos y serenos. En una vivienda de inspiración nórdica, por ejemplo, se eligen piezas de firmas como Cassina, Paola Lenti, e15, Louis Poulsen, Brokis, Artek o Vitra, siempre con materiales naturales y colores claros, en sintonía con esa búsqueda de claridad y ligereza.
En el comedor se instala una mesa Sloane de e15 en madera maciza, acompañada de las icónicas Plastic Side Chair DSW de Vitra y de lámparas colgantes PH4/3 de Louis Poulsen. En el salón, mesitas Torei de Cassina, la butaca CH25 de Carl Hansen & Son y la lámpara Cesta de Santa & Cole componen una atmósfera cálida, depurada y muy confortable, perfecta para un estilo que mezcla lo mediterráneo con lo nórdico.
La zona de trabajo se equipa con una librería Graduate de Molteni, lámparas Tolomeo de Artemide, una mesa Mexique y la butaca Indochine de Cassina, configurando un entorno funcional, elegante y muy bien iluminado.
En el dormitorio principal destacan varias piezas de Cassina —como la cama L32 Moov, la mesita LC14 o los taburetes Méribel y Berger— que suman un punto sofisticado sin caer en la estridencia.
El baño principal incorpora lámparas Shadow de Brokis y el taburete Backenzahn de e15, mientras que en el exterior se recurre a mobiliario de Paola Lenti y Kettal —sillón y pufs Float, mesa y sillas Village— para crear una zona de estar al aire libre tan cuidada como el interior. Todo ello ejemplifica cómo la elección de piezas de diseño puede reforzar una estética mediterránea contemporánea, incluso en contextos urbanos alejados de la costa.
Todos estos proyectos —desde la vivienda unifamiliar del Maresme hasta el jardín de Montgat, la casa modernista en Barcelona, la casa de pueblo reformada, la vivienda en Cabrils, la Casa Riera bioclimática o el piso madrileño junto a la Casa de Campo— comparten una misma sensibilidad: abrir los espacios a la luz y al paisaje, apostar por materiales nobles, recuperar lo valioso del pasado y diseñar hogares que dialoguen con su entorno. Ese es, en esencia, el verdadero “alma mediterránea” que hace que estas reformas trasciendan la moda y se conviertan en lugares donde apetece vivir durante muchos años.




