
En España se calcula que cerca de un 2% de la población es celíaca o tiene algún trastorno relacionado con el gluten, lo que supone cientos de miles de personas. La buena noticia es que el único tratamiento realmente eficaz es una alimentación sin gluten bien planteada, algo que hoy es mucho más fácil gracias a la variedad de productos específicos y a la cantidad de recetas aptas para todos los públicos que podemos preparar sin complicarnos la vida.
Qué es la celiaquía y cómo afecta al organismo
La celiaquía es un trastorno de base inmunológica que provoca una reacción exagerada frente al gluten, una proteína presente de forma natural en determinados cereales. Esta respuesta defensiva anómala daña progresivamente el intestino delgado, generando una inflamación crónica en la mucosa.
Con el tiempo, este proceso inflamatorio hace que se atrofien las vellosidades intestinales, esas pequeñas prolongaciones encargadas de absorber los nutrientes. Cuando se deterioran, la absorción de vitaminas, minerales y otros componentes esenciales se ve comprometida, lo que puede derivar en anemia, cansancio, pérdida de peso o problemas digestivos persistentes.
No siempre se diagnostica en la infancia: la celiaquía puede aparecer en cualquier etapa de la vida, desde los primeros años hasta la edad adulta e incluso en personas mayores. En algunos casos se manifiesta con síntomas muy claros (diarrea, dolor abdominal, pérdida de apetito), pero en otros pasa casi desapercibida con signos inespecíficos como hinchazón, fatiga o alteraciones en la piel.
Actualmente no existen medicamentos que curen la enfermedad. El único tratamiento reconocido consiste en retirar por completo el gluten de la alimentación, de forma estricta y permanente. Cuando se hace bien, las lesiones intestinales se recuperan, las molestias desaparecen y la persona puede llevar una vida totalmente normal.
Dónde se encuentra el gluten y cómo identificarlo
El gluten se localiza en varios cereales muy habituales en nuestra cocina. De forma general, trigo, cebada y centeno son los tres grandes cereales que hay que evitar siempre, junto con sus variedades, híbridos y productos derivados. Además, hay que tener en cuenta las posibles contaminaciones cruzadas durante el procesado industrial.
En la práctica, para una persona celíaca los alimentos se suelen clasificar en tres grupos: permitidos de manera natural, productos que pueden contener gluten o contaminarse y alimentos directamente prohibidos. Tener clara esta clasificación ayuda mucho a organizar la despensa y a moverse por el supermercado con más seguridad.
Alimentos permitidos sin gluten de forma natural
Dentro de los productos que se consideran seguros por naturaleza encontramos una amplia variedad de opciones. Siempre que sean frescos y no se sometan a procesos que añadan ingredientes problemáticos, la mayoría de alimentos no procesados son aptos. Algunos ejemplos:
- Aceites vegetales de todo tipo y grasas animales sin procesar.
- Mantequilla tradicional, aceitunas simples o rellenas de anchoa y encurtidos sencillos.
- Huevos y cualquier tipo de edulcorante básico: azúcar, mieles, etc.
- Infusiones, quesos y lácteos sin ingredientes añadidos con gluten.
- Legumbres secas (garbanzos, lentejas, alubias, soja…) y cacao puro en polvo.
- Cereales en grano como arroz, maíz, quinoa, amaranto, mijo, sorgo, teff o trigo sarraceno (alforfón).
- Pescado y marisco frescos, especias puras, sal, purés de verduras o patata caseros sin mezclas raras.
- Frutas, hortalizas y tubérculos frescos.
- Frutos secos crudos, con o sin cáscara, y levaduras aptas sin componentes derivados de cereales con gluten.
Todos estos alimentos se pueden utilizar como base de una alimentación equilibrada y deliciosa. La clave está en vigilar muy bien las elaboraciones posteriores, los rebozados, salsas y marinados, que a menudo son los que incorporan el gluten de forma inesperada.
Alimentos que pueden contener gluten o contaminarse
Hay una serie de productos que, aunque en origen podrían ser aptos, están sometidos a procesos industriales donde es fácil que entren en contacto con gluten o se les añadan ingredientes derivados de cereales problemáticos. Aquí toca ser especialmente cuidadosos con las etiquetas.
- Determinados aceites y grasas animales de uso culinario.
- Algunos lácteos procesados (postres lácteos, yogures de sabores, quesos fundidos).
- Verduras, hortalizas o frutas en conservas o preparados con salsas y aderezos.
- Carnes procesadas como embutidos, fiambres o hamburguesas industriales.
- Harinas de legumbres producidas en entornos donde se manipulan cereales con gluten.
- Ciertos pescados procesados, azúcares aromatizados, preparados para postres, helados o granizados.
- Salsas comerciales y mezclas de harinas diversas.
En este grupo lo sensato es buscar siempre claramente la mención “sin gluten” o el símbolo de la espiga barrada, y evitar aquellos productos en los que el etiquetado sea ambiguo o no especifique con claridad su seguridad para personas celíacas.
Alimentos prohibidos en una dieta sin gluten
Este tercer conjunto incluye tanto los cereales que contienen gluten de forma natural como todos sus derivados y preparaciones hechas con ellos. Deben descartarse completamente en una dieta sin gluten bien llevada:
- Todo lo derivado del trigo (pan, bollería, pasta, cerveza, harinas corrientes).
- Cereales para desayuno con malta, extractos o jarabes de malta.
- Trigo blando, trigo duro, farro, espelta, cebada y centeno.
- Otros como kamut, triticale, bulgur, frik, greunkern.
- Avena no certificada sin gluten, ya que suele contaminarse fácilmente.
Aunque hoy en día existen panes, pastas y cereales de desayuno específicos “sin gluten”, es fundamental que estén certificados y correctamente etiquetados, porque visualmente se parecen mucho a los productos convencionales y pueden dar lugar a confusiones.
Cómo localizar el gluten en las etiquetas
La industria alimentaria está cada vez más concienciada, pero aún así no siempre es fácil saber si un producto es seguro. Lo ideal es buscar el sello de la espiga barrada o la indicación “sin gluten” en el envase, porque garantiza que el contenido de gluten está por debajo de los 20 ppm (20 mg/kg de producto final).
Cuando ese sello no aparece, toca leer con calma la lista de ingredientes. Muchas veces el gluten se esconde detrás de nombres genéricos como almidones, féculas o proteínas vegetales, de manera que conviene conocer algunos términos clave:
- Almidón, féculas, proteína vegetal hidrolizada o simplemente “proteína vegetal”.
- Malta, extracto de malta, jarabe de malta.
- Sémola o almidones modificados (sobre todo los aditivos de la familia E14##).
- E-1404, E-1412, E-1414, E-1422, E-1442, E-1410, E-1413, E-1420, E-1440, E-1450, cuando proceden de cereales con gluten.
Si en una etiqueta aparecen estos ingredientes en posiciones avanzadas (segundo o tercer lugar, por ejemplo), lo más prudente es dejar ese producto en la estantería y buscar una alternativa certificada. A la larga, el hábito de revisar etiquetas se vuelve automático.
Aperitivos sin gluten: empezar el menú con buen sabor de boca
Los entrantes son una oportunidad fantástica para demostrar que una mesa sin gluten puede ser tan apetecible como cualquier otra. Con ingredientes básicos y un poco de imaginación se pueden preparar aperitivos vistosos, sencillos y sin complicarse la vida.
Vasitos de crema de queso manchego con tapenade
Una propuesta muy resultona para una comida con amigos son unos vasitos individuales de crema caliente de queso manchego coronados con tomate y tapenade de aceitunas negras. El contraste de sabores y texturas sorprende y se prepara en un momento.
La base se elabora rallando queso manchego y mezclándolo en un cazo con nata líquida y un toque de pimienta negra, dejando que el queso se funda a fuego medio mientras se remueve para conseguir una crema suave. Esa mezcla se reparte en pequeños vasos de chupito o recipientes similares.
Por otro lado, se escaldan brevemente unos tomates cherry a los que se les ha hecho una pequeña cruz en la base. Tras pelarlos, se colocan sobre la crema de queso y se cubren con una cucharadita de tapenade de aceitunas negras y una hoja fresca de albahaca. Un chorrito de aceite de oliva virgen extra termina de rematar el bocado.
Farinata genovesa o fainá de garbanzo
Si te apetece algo más contundente, la farinata (o fainá) es una especie de torta fina horneada con harina de garbanzo, agua y aceite de oliva. Es una receta tradicional italiana que, de forma natural, no contiene gluten y funciona muy bien como aperitivo o merienda salada.
La masa se prepara con antelación, mezclando harina de garbanzo con agua hasta obtener un líquido fluido sin grumos. Se deja reposar varias horas, removiendo de vez en cuando, para que la harina se hidrate bien y la textura mejore. Justo antes de hornear se añade sal, pimienta y las especias elegidas (ajo seco, orégano, tomillo, queso rallado…).
Se introduce en el horno una sartén de hierro o una fuente resistente a altas temperaturas untada con abundante aceite de oliva, se vierte la mezcla por encima y se hornea a potencia máxima hasta que la superficie esté dorada y el borde crujiente. Un golpe final de gratinado le da un toque tostado irresistible. Servida caliente y cortada en porciones, desaparece en segundos.
Primeros platos sin gluten: legumbres, cereales alternativos y cocina internacional
Para los platos principales de cuchara y tenedor, las legumbres, los pseudocereales y la pasta sin gluten son aliados perfectos. Aportan energía, fibra y saciedad sin necesidad de recurrir al trigo, y permiten preparar desde guisos tradicionales hasta recetas de inspiración asiática.
Lentejas estofadas ligeras
Un buen guiso de lentejas no tiene por qué llevar chorizo ni demasiada grasa para resultar reconfortante. Con la variedad pardina y un buen surtido de verduras, se consigue un plato de cuchara sabroso, económico y apto para celíacos.
Se colocan en una olla lentejas lavadas (no hace falta remojo previo) junto con ajo, laurel, cebolla, zanahorias y pimientos entero o troceados, además de pimentón dulce. Se cubre todo con agua, caldo de verduras o una mezcla de ambos y se cocina en olla rápida unos minutos, o en cazuela tradicional algo más de tiempo, hasta que las lentejas estén tiernas pero enteras.
Una vez cocidas, se retiran las verduras, se trituran con algo de caldo de la cocción y se devuelve ese puré a la olla, consiguiendo así un caldo espesito sin necesidad de harinas. Se ajusta de sal y pimienta y se da un último hervor para integrar sabores.
Ensalada templada de garbanzos tostados con mijo
El mijo es un cereal sin gluten ideal para variar del típico arroz. Combinado con garbanzos salteados y verduras frescas, da lugar a una ensalada templada muy completa, perfecta como primer plato o incluso como plato único ligero.
Se cuece el mijo en una olla con el doble de su volumen en agua y una pizca de sal, dejando que absorba todo el líquido. Una vez hecho, se esponja con un tenedor para que quede suelto. Paralelamente, se enjuagan bien unos garbanzos cocidos, se escurren y se saltean en una sartén con aceite de oliva, especias (comino, pimentón dulce y picante, ajo en polvo, pimienta) y un toque de salsa de soja certificada sin gluten.
Al dorarse ligeramente, los garbanzos adquieren un sabor tostado muy agradable. Se sirven en cuencos junto con el mijo cocido, zanahoria rallada y tomates cherry cortados, rematando con perejil fresco, sal y un buen chorro de aceite de oliva virgen extra. Es rápida, saciante y se puede preparar con antelación.
Yakisoba sin gluten con carne y verduras
La cocina asiática también tiene su hueco en una dieta sin gluten si elegimos bien los ingredientes. Una versión casera de yakisoba, usando noodles sin gluten y salsa de soja apta, es una forma estupenda de comer verdura casi sin darse cuenta.
En un wok o sartén honda se saltean a fuego vivo pimiento verde en tiras, rodajas de puerro y floretes de brócoli partidos por la mitad, con un poco de aceite de oliva (y unas gotas de aceite de sésamo, si se tiene). Cuando las verduras empiezan a dorarse, se añade carne de cerdo tierna (por ejemplo, secreto ibérico) cortada en bocados y unas setas laminadas.
Al tomar color, se incorpora salsa de soja sin gluten y caldo de verduras (o de pollo), dejando que hierva a fuego alto. Mientras, se cuecen los fideos sin gluten el tiempo indicado, normalmente unos pocos minutos, y se pasan directamente al wok para que absorban los jugos del salteado. Se remueve un minuto a fuego fuerte y se sirve enseguida, espolvoreando con semillas de sésamo y copos de bonito seco (katsuobushi) si se desea un toque aún más umami.
Segundos platos sin gluten: opciones consistentes para compartir
Los platos principales sin gluten pueden ser tan contundentes y festivos como cualquier guiso tradicional. Arroz, carne, legumbres y verduras se combinan en recetas que funcionan igual de bien para el menú diario que para una comida familiar de domingo.
Arroz al horno con garbanzos y carne
El arroz al horno es un clásico de nuestra gastronomía que, elaborado con cuidado, puede ser completamente apto para celíacos. Se trata de combinar arroz redondo, caldo de cocido, garbanzos y distintos cortes de cerdo en una sola cazuela que se termina en el horno.
Se empieza calentando el caldo del cocido y comprobando el punto de sal, añadiendo unas hebras de azafrán tostado si se quiere potenciar el color y el aroma. Por otro lado, se doran en una cazuela apta para horno las costillas de cerdo, la panceta en trozos y las morcillas pinchadas, de manera que se sellen por fuera y suelten parte de su grasa. Se retiran y, en ese mismo fondo, se sofríe tomate triturado junto con los garbanzos cocidos y el arroz.
Tras unos minutos de rehogado, se reincorpora la carne, se añaden unas rodajas de patata previamente fritas ligeramente y un tomate cortado también en rodajas, colocando en el centro de la cazuela una cabeza de ajos entera. Se cubre todo con el caldo caliente (el doble de volumen que de arroz) y se hornea a alta temperatura hasta que el arroz absorba el líquido y la superficie quede dorada. Un breve reposo fuera del horno ayuda a que los sabores se asienten.
Pizza socca con base de harina de garbanzo
Si eres fan de la pizza pero quieres evitar las masas de trigo, la socca o “pizza” de harina de garbanzo es una alternativa estupenda. La base no lleva gluten y se prepara en pocos minutos con harina de garbanzo, agua, aceite de oliva y especias, obteniendo una lámina fina crujiente por fuera y tierna por dentro.
Se mezcla la harina con agua, aceite, sal, hierbas provenzales y albahaca seca hasta conseguir una masa líquida similar a la de unas crêpes algo espesas. Es buena idea dejarla reposar un rato para que los sabores se integren y la textura mejore. Luego se vierte sobre una bandeja de horno engrasada formando una capa fina y se hornea a temperatura alta hasta que empiece a dorarse.
En ese punto se saca la base, se cubre con salsa de tomate o passatta, queso (mozzarella, emmental o el que prefieras) y otros ingredientes sin gluten como rodajas de calabaza asada y aceitunas negras. Se espolvorea con orégano y cebollino, y se vuelve a hornear hasta que el queso burbujee y se gratine. Se sirve recién hecha, cortada en porciones.
Solomillo de cerdo con salsa de membrillo y piñones
Para ocasiones especiales, un solomillo de cerdo en medallones con salsa suave de cebolla, caldo de pollo y dulce de membrillo es una apuesta segura, y además no necesita harinas para espesar la salsa, por lo que resulta ideal en un menú sin gluten.
Se corta el solomillo en rodajas de unos dos dedos de grosor, se salpimenta y se marca en una sartén con aceite caliente junto con unos dientes de ajo pelados, sólo lo justo para dorar el exterior y mantener el interior jugoso y poco hecho. Se retira la carne y los ajos, y en la misma sartén se pocha lentamente una cebolla picada hasta que quede transparente y dulce.
Cuando la cebolla está lista, se añade el dulce de membrillo troceado, se deja que se funda y se incorpora caldo de pollo. Tras unos minutos de cocción se devuelve el solomillo a la sartén para que termine de hacerse dentro de esa salsa. Si se quiere una textura más fina, se puede triturar y colar, aunque no es imprescindible. Justo antes de servir, se tuestan unos piñones en una sartén sin grasa y se espolvorean por encima junto con unas hojitas de romero fresco.
Guarniciones y salsas sin gluten para completar el menú
Una buena salsa o un acompañamiento bien elegido pueden transformar un plato sencillo en algo especial. La clave está en usar espesantes y harinas alternativas que no contengan gluten, como la harina de arroz o el almidón de maíz, y en hornear o asar las guarniciones para que resulten más ligeras.
Bechamel con harina de arroz
La bechamel tradicional se puede adaptar fácilmente utilizando harina de arroz komeko en lugar de harina de trigo. El procedimiento es el mismo: se funde mantequilla en una sartén, se incorpora la harina de arroz y se cocina un momento para formar un roux sin grumos.
A continuación se va añadiendo leche poco a poco, sin dejar de remover, hasta conseguir la consistencia deseada. Con el calor, los grumos desaparecen y queda una salsa cremosa y suave, perfecta para gratinados, croquetas o rellenos. Al final se ajusta de sal, pimienta y nuez moscada y, si se va a guardar, conviene cubrirla con film a piel para evitar que haga costra en la superficie.
Patatas hasselback al horno
Las patatas hasselback son una guarnición vistosa que solo necesita un poco de paciencia con el cuchillo. Se trata de hacer cortes muy finos en la patata, sin llegar a la base, de forma que se abra en abanico al hornearse.
Tras lavar bien las patatas y secarlas, se les practica un pequeño corte en la base para que se mantengan estables sobre la bandeja. Luego se hacen los cortes verticales ayudándose de unos palillos de madera a los lados para no traspasarla por completo. Se colocan en una fuente de horno con unas hojas de laurel insertadas entre algunos cortes, se salpimentan y se cubren con trocitos de mantequilla o un hilo generoso de aceite de oliva.
Se hornean a unos 180 ºC hasta que la piel esté dorada y el interior tierno. A mitad de cocción se puede añadir más grasa si se quiere un resultado más jugoso. Al sacarlas del horno, admiten mil remates: pimentón, ajo en polvo, hierbas secas, queso rallado, sal en escamas… Son el acompañamiento perfecto para carne, pescado o platos vegetarianos.
Salsa cuatro quesos sin gluten
Para la pasta sin gluten, unas patatas cocidas o unas verduras al vapor, una salsa cuatro quesos bien hecha es un comodín delicioso. Solo hacen falta quesos de distintos tipos (curado, semicurado, cheddar y azul, por ejemplo) y leche.
Se rallan o trocean los quesos y se colocan en un cazo con leche a fuego suave, removiendo hasta que se fundan y se integren. Añadiendo una pizca de pimienta negra y nuez moscada se obtiene una crema untuosa y aromática sin ningún tipo de harina. Si se desea más espesa, basta con dejar reducir un poco más o añadir algo de queso adicional.
Dulces y postres sin gluten: antojos aptos para todos
Seguir una dieta sin gluten no significa renunciar a la repostería casera. Con harinas de arroz, almendra, avena certificada o almidones sin gluten, se pueden preparar magdalenas, tartas y galletas que no tienen nada que envidiar a las versiones clásicas.
Magdalenas sin gluten y sin lactosa
Unas magdalenas esponjosas, con aroma a limón y sin gluten ni lactosa son posibles usando harina de arroz, almidón de maíz y bebida vegetal. El truco para que queden altas y con copete está en batir muy bien los huevos con el azúcar.
Se montan los huevos con el azúcar hasta que la mezcla blanquee y casi triplique su volumen. Luego se añaden la bebida de soja, el aceite de oliva suave y la ralladura de limón, mezclando un poco más. Se incorporan las harinas, la levadura química, la sal y, si apetece, un poco de canela, batiendo lo justo para obtener una masa homogénea sin grumos. Un reposo breve mejora aún más la textura.
Después se rellenan cápsulas de magdalena hasta unos tres cuartos de su capacidad, se espolvorean con azúcar si se quiere una costra crujiente y se hornean a temperatura alta, bajándola justo al introducir la bandeja. En unos 15 minutos estarán listas, con interior tierno y superficie dorada.
Tarta de chocolate y almendra sin gluten
Para los amantes del chocolate, una tarta densa y jugosa elaborada con chocolate negro, mantequilla, azúcar, huevos y almendra molida es una opción fantástica, muy fácil de adaptar a una dieta sin gluten al prescindir de la harina de trigo.
Se engrasa y forra un molde desmontable, espolvoreando las paredes con cacao en polvo para evitar que se pegue. Se funde el chocolate con la mantequilla al baño maría o en el microondas en tandas cortas, removiendo bien. Por otro lado se montan las claras a punto de nieve con parte del azúcar y se baten las yemas con el resto del azúcar hasta que adquieran un tono pálido y cremoso.
A esa mezcla de yemas se añade la almendra molida, el chocolate con mantequilla y un chorrito de brandy si se desea. Finalmente se incorporan las claras montadas con movimientos envolventes para no perder el aire. Se hornea a 180 ºC hasta que la superficie esté firme pero el interior aún conserve cierta humedad. Tras varias horas de reposo, se desmolda y se espolvorea con cacao puro.
Almendrados tradicionales sin gluten
Los almendrados son pequeños bocados a base de almendra molida, huevo, azúcar y aromas de limón y canela, que de forma natural no incluyen gluten. Son perfectos para acompañar el café o para preparar en fiestas y celebraciones.
Se mezcla el azúcar con la ralladura de limón, la sal y la canela, frotando ligeramente para que el azúcar se impregne de los aromas cítricos. Se añade la almendra molida y, aparte, se baten ligeramente los huevos. Al combinarlos, se obtiene una masa húmeda y maleable que se puede trabajar con las manos ligeramente mojadas.
Se forman bolitas del tamaño de una nuez y se colocan sobre papel de horno o sobre pequeñas obleas aptas si se utilizan, dejando espacio entre ellas. Se hornean a temperatura moderada hasta que la superficie esté dorada pero el interior se mantenga jugoso. Al enfriar se endurecen un poco por fuera, conservando una textura tierna en el centro.
Recetas francesas sin gluten: crêpes, quiche y clafoutis
La cocina francesa ofrece también muchas preparaciones que pueden adaptarse sin problemas a una dieta sin gluten. Reemplazando la harina de trigo por harinas alternativas y escogiendo bien los ingredientes, se pueden disfrutar platos tan icónicos como los crêpes, la quiche o el clafoutis.
Crêpes sin gluten para rellenos dulces y salados
Los crêpes son finas tortitas que se prestan a mil combinaciones. Para hacerlos aptos para celíacos basta con usar harina de arroz como base, junto con huevos, leche y un poco de mantequilla. El resultado es prácticamente idéntico en textura.
Se colocan todos los ingredientes en el vaso de la batidora y se trituran hasta obtener una masa líquida uniforme. Tras dejarla reposar un momento, se engrasa ligeramente una sartén antiadherente con mantequilla y se vierte una pequeña cantidad, girando la sartén para cubrir el fondo con una capa muy fina.
Cuando los bordes empiecen a despegarse, se da la vuelta al crêpe y se dora por el otro lado. Se van apilando en un plato tapado con un paño limpio para mantenerlos templados. Se pueden rellenar con ingredientes salados (jamón y queso, verduras salteadas, pollo, champiñones) o dulces (miel, frutas, crema de cacao sin gluten), adaptándolos a cada momento del día.
Quiche lorraine con base sin gluten
La quiche lorraine tradicional combina una masa quebrada con un relleno de huevos, nata, leche, beicon y queso. Para que sea apta para celíacos, la clave está en preparar una base sin gluten, por ejemplo usando harina de garbanzo o una mezcla de harinas aptas.
Para la masa se tamiza la harina elegida y se mezcla con mantequilla a temperatura ambiente, huevo, un chorrito de agua fría, sal y pimienta, trabajando hasta conseguir una pasta homogénea y manejable. Se deja reposar en la nevera y luego se estira con rodillo sobre una superficie ligeramente enharinada (con harina sin gluten) para forrar un molde bajo.
Mientras reposa la base, se doran las tiras de beicon en una sartén y se cortan en trocitos. Se baten huevos con nata y leche, se añade el beicon y se salpimienta con moderación, aromatizando con un toque de nuez moscada. Esa mezcla se vierte sobre la base de masa, se espolvorea con queso rallado y se hornea hasta que el relleno cuaje y se dore la superficie. Servida templada, es perfecta para cenas informales o picoteos.
Clafoutis de cerezas sin gluten
El clafoutis es un postre rústico formado por fruta fresca cubierta con una mezcla entre flan y bizcocho ligero. Adaptado sin gluten, se puede preparar con cerezas deshuesadas, harina de avena certificada sin gluten y leche vegetal, por ejemplo de almendras.
Se baten huevos con azúcar de coco o panela, se añade aceite de coco, extracto de vainilla, la leche de almendras, la harina de avena y ralladura de limón, mezclando hasta tener una masa lisa. Se engrasa un molde con aceite de coco, se reparten las cerezas sin hueso en la base y se vierte la masa por encima para que las cubra.
Se hornea a 180 ºC hasta que el centro esté cuajado y la superficie ligeramente dorada. Una vez frío, se puede espolvorear con un endulzante en polvo apto como agave o eritritol. Servido a temperatura ambiente o ligeramente fresco, es un postre ligero, afrutado y perfecto para aprovechar la fruta de temporada.
Conociendo bien qué es la celiaquía, dónde se esconde el gluten y cómo identificarlo en las etiquetas, resulta mucho más sencillo organizar un menú diario variado y apetecible. Platos de cuchara, arroces, pizzas alternativas, carnes con salsas suaves, guarniciones al horno y una amplia variedad de postres demuestran que comer sin gluten no implica renunciar al disfrute gastronómico, sino simplemente aprender a elegir bien los ingredientes y a jugar con harinas y técnicas que respeten la salud intestinal sin perder sabor.






