Recetas, gastronomía y restaurantes de moda que debes conocer

  • La cocina actual combina recetas tradicionales, platos de restaurante de moda y propuestas de cocina fusión con influencias internacionales.
  • Chefs, periodistas y blogueros comparten recetas fáciles para principiantes y versiones simplificadas de guisos, postres y dulces clásicos.
  • Platos tendencia como tartar, bao, cebolla caramelizada, brownie o tarta de zanahoria se han asentado en las cartas y en las casas.
  • Revistas y escuelas gastronómicas impulsan la cultura gourmet con formación, guías de restaurantes, destinos gastro y recetarios infalibles.

Comida navideña

La gastronomía actual se mueve entre la tradición más pura y las tendencias más rompedoras. En las cartas de los restaurantes, en los recetarios de chefs mediáticos y en las cocinas de casa conviven cocidos, tartares, baos, donuts glaseados y huevos Benedictine sin que a nadie le tiemble el pulso. Cocinar ya no es solo alimentarse: es cultura, moda, ocio y hasta una forma de viajar sin salir del comedor.

En este recorrido vas a encontrar recetas que triunfan en Navidad, platos de restaurante que se han puesto de moda, ideas fáciles para principiantes y propuestas de cocina fusión que mezclan sabores de medio mundo. Además, repasaremos el boom de la tarta de zanahoria, del brownie, de la trufa, de los baos asiáticos o de la omnipresente cebolla caramelizada, y nos asomaremos a restaurantes de tendencia y destinos gastro imprescindibles para cualquier amante del buen comer.

Recetas festivas y platos de lujo para celebraciones

Cuando pensamos en un menú de fiesta, aparecen inmediatamente pavos asados, pescados al horno, grandes piezas de carne y postres golosos a la altura. Las propuestas que más se repiten en las mesas de celebración combinan tradición con pequeños toques creativos que las hacen especiales sin volverte loco en la cocina.

Una opción clásica pero con giro es el pavo asado macerado en hierbas verdes y aceite de oliva virgen extra, relleno de verduras en lugar de farces pesadas. El resultado es un asado jugoso, aromático y algo más ligero que las versiones de relleno clásico, ideal para grandes banquetes en los que el primer plato ya suele ser contundente.

Si prefieres el mar, el timbal de merluza con pimientos del piquillo o de cristal se ha convertido en todo un símbolo de lujo sencillo: se monta con una merluza de calidad (las de pincho gallegas o del Cantábrico se llevan la palma) y pimientos asados de primera. La gracia está en respetar la cocción del pescado, que debe quedar jugoso, y en jugar con una salsa ligera que realce el sabor sin taparlo.

En el terreno de las carnes, el rosbif o roastbeef en sus múltiples versiones sigue siendo un plato fetiche para grandes ocasiones. Admiten marinados con hierbas, mostazas, vinos suaves o especias, y el punto de la carne -del poco hecho al más cocinado- se adapta al gusto de los comensales. Servido con jugos de la propia carne, verduras asadas o patatas, sigue siendo uno de los asados más agradecidos.

Para los amantes del sabor potente, brillan opciones como el chuletón de vaca con chimichurri casero, que exige buena materia prima y control del punto de brasa o plancha, o propuestas más refinadas como el tournedó Rossini con foie y salsa intensa, donde la clave es equilibrar la riqueza de la carne y del hígado graso con una guarnición algo más ligera.

El repertorio festivo se completa con platos como el magret de pato con granada fresca, bacalaos con costra de mayonesa aromatizada, doradas al horno con salsas de chile dulce que recuerdan a ciertos restaurantes de inspiración asiática o solomillos de cerdo ibérico «encamisados» en masas crujientes o láminas de panceta que aportan sabor y protegen la jugosidad.

La Navidad y las grandes comidas familiares: sopas, asados y dulces

Las fiestas navideñas son el momento perfecto para desplegar un recetario que combina cocinas regionales, platos de cuchara reconfortantes y dulces típicos. En muchos hogares se apuesta por menús que viajan del norte al sur de la península, recogiendo influencias asturianas, gallegas, catalanas o andaluzas.

En algunos restaurantes de inspiración norteña se proponen menús navideños que arrancan en Hondarribia y terminan en A Guarda, con guiños a la cocina catalana. Así, en la misma mesa pueden aparecer pescados del Cantábrico, mariscos gallegos y guisos con sofritos largos y fondos muy trabajados típicos del noreste.

Entre los entrantes ligeros se han hecho habituales las ensaladas de coles con frutas y quesos suaves, pensadas para aligerar banquetes muy copiosos. Mezclan verduras crujientes, cítricos, frutos secos, algún queso con personalidad y aliños frescos que limpian el paladar entre bocado y bocado de asado o marisco.

Las sopas tienen su propio espacio en Navidad y en los meses fríos. Desde cremas suaves hechas con calabaza, cebolla o manzana hasta potajes exprés de legumbres, cada vez se valora más la posibilidad de obtener resultados sabrosos sin pasar horas delante de la cazuela. El uso de legumbres ya cocidas de calidad ayuda a ganar tiempo sin renunciar a texturas melosas.

En el terreno dulce, los postres navideños tradicionales se mezclan con propuestas de pastelería moderna. Pasteleros especializados se han propuesto rescatar dulces típicos simplificando procesos, de forma que en casa puedas conseguir mazapanes, turrones o pastas navideñas sin que parezca una prueba de resistencia. También aparecen reinterpretaciones de postres como la bavaroise, partiendo de crema inglesa enriquecida con nata y gelatina, que se aromatiza a gusto con vainilla, cítricos o licores.

La repostería sefardí u otros dulces históricos, que tradicionalmente exigían largas horas de trabajo, también se ha revisado para poder hacerlos en menos de la mitad de tiempo gracias a pequeños atajos controlados, manteniendo su carácter goloso y especiado.

Recetas regionales que siguen marcando estilo

La cocina española es un mosaico de recetas regionales que hoy se versionan sin perder sus raíces. En las cartas de muchos restaurantes de moda y en medios especializados reaparecen platos de siempre, a veces casi olvidados, puestos al día con mejores productos y técnicas más precisas.

En Canarias, por ejemplo, se reivindican guisos marineros sencillos de choco con patatas, alegrados con salsas de tomate bien picantes que reconfortan al primer sorbo. Son elaboraciones humildes, basadas en buenos fondos y en pescados frescos, que hoy se presentan con emplatados más cuidados pero conservando su esencia popular.

La cocina aragonesa también vive un pequeño renacer. Se recuperan embutidos guisados en salsas sin tomate, muy distintos de los guisos andaluces, usando longanizas y carnes frescas en lugar de chacinas conservadas en aceite. En repostería, se han puesto de moda las empanadillas dulces rellenas de calabaza, muy presentes en las pastelerías de otoño y fáciles de replicar en casa con masas finas y horneados suaves.

En el País Vasco se popularizan preparaciones como los chorizos o carnes frescas salteadas que antiguamente servían para catar el punto de los embutidos. Hoy se convierten en tapas calientes perfectas, hechas con chorizo tierno o chistorra y patatas, ideales para acompañar vinos jóvenes.

La cocina balear aporta guisos de legumbres y verduras, como platos de judías verdes con hortalizas variadas, originalmente elaborados con producto fresco y adaptados ahora con verduras disponibles todo el año, manteniendo sofritos suaves y el sabor del aceite de oliva local.

Cataluña no se queda atrás, con especialidades del interior como las combinaciones de patata chafada, butifarra negra y panceta sofrita con ajo, platos que recuerdan a purés rústicos y que muchos bistrós revisitan con presentaciones más finas pero igual de reconfortantes.

Desde Andalucía llegan preparaciones sencillas como guisos de patata, tomate, setas y pimientos, a los que se puede sumar bacalao o pequeñas porciones de carne para ganar proteína. El secreto está en un buen sofrito y en cocinar la patata justo al punto para que no se deshaga.

Platos internacionales que arrasan en las cartas

Recetas, gastronomía y restaurantes de moda que debes conocer

En cualquier ciudad es fácil sentarse en un restaurante y descubrir que muchas cartas comparten los mismos platos de moda. No es casualidad: las tendencias viajan rápido y hay ciertas preparaciones que, cuando gustan al público, se multiplican sin freno.

Uno de esos clásicos contemporáneos es el tartar, tanto de carne como de pescado. Se trata de preparaciones crudas, muy picadas y aliñadas con mimo. En el caso de la carne vacuna, se buscan cortes muy limpios, sin nervios ni grasa, como el lomo o la parte del roastbeef, que se mezclan con yema de huevo, alcaparras, cebolla, mostaza, crema fresca, hierbas y aderezos como la salsa Worcestershire. El resultado es un plato fresco, intenso y muy adictivo si se ejecuta bien.

Otra moda que no da tregua es la de la cebolla caramelizada, omnipresente como guarnición de carnes, pescados, hamburguesas, quesos de cabra, foie, chipirones o morcilla. El dulzor procede de las reacciones de Maillard y del propio azúcar natural de la cebolla, que se desprende lentamente con la cocción prolongada. Hay cocineros que solo usan paciencia, otros aceleran el proceso con una pizca de bicarbonato y algunos refuerzan el dulzor con azúcar o miel.

La trufa, tanto blanca como negra, se ha convertido en un ingrediente fetiche. Es un hongo subterráneo que crece en simbiosis con encinas, robles, avellanos u otros árboles, capaz de perfumar un plato entero con unas pocas láminas. Huevos fritos, pastas, purés o risottos cambian por completo con unas virutas de buena trufa, y los restaurantes aprovechan su tirón para crear menús monográficos en temporada.

Entre los bocados callejeros que han saltado a la alta cocina destaca el bao taiwanés. Es un panecillo al vapor, tierno y esponjoso, que se rellena con carne de cerdo braseada, col fermentada, cilantro, cacahuete y verduras encurtidas en su versión más clásica. Aquí se ha adaptado con rellenos de pollo crujiente, panceta laqueada, opciones vegetarianas y salsas con guiños locales.

En el capítulo dulce, hay dos postres que parecen imposibles de desterrar de las cartas: el brownie de chocolate con nueces, nacido a finales del siglo XIX por un despiste con la levadura, y la tarta de zanahoria, con raíces medievales y gran éxito en Estados Unidos desde los años 60. Esta última, la ya famosa carrot cake, tiene incluso su día propio, el 3 de febrero, y se reconoce por su bizcocho especiado, húmedo y cubierto de crema de queso.

Recetas fáciles para quienes empiezan a cocinar

Acercarse a los fogones por primera vez no tiene por qué limitarse a pasta con tomate de bote y huevos fritos. Cocineros, periodistas gastronómicos y blogueros han compartido una buena colección de ideas pensadas para novatos que quieren comer bien sin meterse en elaboraciones imposibles.

El periodista gastronómico Miguel Ayuso, por ejemplo, propone tres recetas tan diferentes como aptas para principiantes. La primera es una fabada en olla de cocción lenta: en lugar de guisar las fabes a fuego fuerte durante tres horas, se dejan siete u ocho horas a baja temperatura con sus compangos, ganando en textura sedosa y sin necesidad de vigilar la cazuela. Solo hay que colocar todo por la noche y dejar que la máquina trabaje.

La segunda idea es la pizzadilla, un híbrido travieso entre pizza y quesadilla mexicana. Se utiliza una tortilla de trigo como base, se unta con salsa de tomate, se cubre con queso y otros ingredientes al gusto y se cocina en sartén o plancha hasta que el queso se funda y la tortilla quede dorada. En diez minutos tienes un aperitivo o cena informal muy resultona.

Su tercera propuesta es un sándwich de pera, queso gorgonzola y bacon crujiente. La mezcla de sabores dulces, salados y ahumados es un espectáculo, pero admite versiones más suaves sustituyendo el bacon por jamón cocido o el gorgonzola por otros quesos cremosos, preferiblemente azules.

La cocinera y bloguera Carmen Tía Alía orienta sus ideas a platos reconfortantes con toque tradicional y algún capricho dulce. Entre sus básicos está una crema de cebolla y manzana al curry, ideal como entrante vegetariano: la cebolla aporta suavidad, la fruta pone el punto dulce y el curry añade aroma especiado. Se puede rematar con nata líquida, cebolla crujiente o frutos secos tostados.

También reivindica unas lentejas estofadas sin grasas añadidas pero muy sabrosas, capaces de funcionar como plato único si la ración es generosa. A base de verduras, buenas especias y cocción tranquila, se obtienen texturas cremosas sin necesidad de embutidos, perfectas para quienes buscan cuidarse sin renunciar al sabor.

En versión dulce, Carmen sugiere una galette de manzana de masa quebrada, probablemente una de las formas más rápidas de disfrutar de una tarta de fruta. La masa se puede hacer en casa o comprar ya lista, y solo hay que pelar, cortar la manzana, condimentarla un poco y hornear; el horno hace el resto.

Desde la dirección editorial de contenidos de estilo de vida, María Llanos se inclina por recetas frescas y modernas. El tian de verduras, por ejemplo, consiste en cortar hortalizas en rodajas finas, disponerlas en una fuente formando un mosaico colorido y hornearlas con aceite de oliva y hierbas. Visualmente parece un plato elaborado, pero la técnica es sencilla.

Su tartar de salmón y aguacate se prepara en apenas quince minutos con ingredientes fáciles de encontrar. El salmón fresco se pica y se mezcla con aguacate, aliños cítricos, cebolla y hierbas, logrando un entrante vistoso que luce como si saliera de un restaurante cosmopolita.

Completan su repertorio una tarta de chocolate rápida, con base de galleta triturada y crema de chocolate que solo necesita unas horas de nevera, y una tosta vegetariana con mayonesa y parmesano, que depende por completo de un buen pan de miga sabrosa y corteza crujiente gratinada hasta dorar el queso.

El cocinero y bloguero Pakus aporta recetas tanto tradicionales como de Cuaresma. El bacalao dorado o bacalhau à Brás es un ejemplo perfecto de cocina de aprovechamiento: migas de bacalao desalado, patata paja, huevo y cebolla que, bien mezclados, forman un revuelto jugoso y lleno de sabor.

Su potaje de vigilia se construye a partir de un sofrito de base, un buen caldo, legumbres, bacalao, espinacas y huevo duro, componiendo un guiso completo en el que cada cucharada incluye todos los ingredientes. En cuanto al cocido madrileño, Pakus defiende una versión personal en la que combina diferentes carnes, tocinillos y garbanzos, prescindiendo de la clásica «pelota» de relleno según su gusto.

En lo dulce, propone un bizcocho de zanahoria y pistachos con miga húmeda, sabor dulce equilibrado y un aporte de fibra interesante, ideal para desayunos y meriendas familiares.

La redactora y bloguera Liliana Fuchs, autora de un conocido blog gastronómico, ofrece recetas que mezclan tradición casera y guiños internacionales. Un arroz con costillejas y verduras inspirado en la huerta, donde las hortalizas se adaptan a la temporada, es uno de sus platos más entrañables. El pimiento rojo suele ser imprescindible, y a veces se suma algo de magro de cerdo para completar.

El Riz Casimir, por su parte, es un plato suizo con influencia india que combina arroz, salsa suave de curry y frutas (a menudo en almíbar por costumbre). Nació de la fascinación de un hostelero por la cocina inglesa e india, y hoy sigue siendo habitual en hogares y restaurantes helvéticos.

En repostería sin gluten, Liliana sugiere un bizcocho de calabaza asada en el que mezcla diferentes harinas para lograr una miga tierna y aromática, con especias que realzan el sabor rústico de la calabaza. Lo ideal es asar la calabaza en casa, aunque también se puede recurrir a puré ya preparado.

Huevos Benedictine y la magia de la salsa holandesa

Huevos Benedictine

Entre las recetas con sello francés o de inspiración brasserie, destacan los Huevos Benedictine, un clásico del brunch internacional. Su secreto está en una buena salsa holandesa, en la cocción precisa de los huevos poché y en un soporte de pan tierno y ligeramente tostado.

Para la holandesa se utilizan yemas de huevo batidas al baño maría con sal, pimienta, un chorrito de agua y mantequilla clarificada añadida muy poco a poco hasta lograr una textura espesa y satinada. Al final se ajusta con zumo de limón para equilibrar su riqueza.

Los huevos poché se pueden hacer de forma clásica o con ayuda de film transparente pintado con aceite, que se ata formando un saquito y se sumerge en agua hirviendo unos minutos. Así se obtiene una clara coagulada que envuelve una yema líquida perfecta para romper sobre el pan.

El montaje de los Benedictine suele incluir pan de brioche pasado por la plancha con mantequilla, panceta o bacon a la plancha, alguna loncha de lacón o jamón dulce, el huevo poché y una generosa lluvia de salsa holandesa por encima. Es un plato contundente, ideal para desayunos tardíos especiales.

Cocina fusión: mezclar técnicas, culturas y sabores

La llamada cocina fusión se ha consolidado como una corriente creativa que mezcla ingredientes, estilos y técnicas de diferentes gastronomías. No basta con juntar productos al azar: se busca equilibrio entre sabores, aromas, colores y texturas para que el resultado tenga sentido.

Practicar cocina fusión exige curiosidad, ganas de probar cosas nuevas y un conocimiento mínimo de los ingredientes: cómo se comportan al cocer, freír o asar, qué combinaciones pueden ser armónicas y cuáles chocarán seguro. También es clave respetar el espíritu de las recetas originales, sin desvirtuarlas por completo.

Un ejemplo sencillo es dar un giro a las croquetas tradicionales. Las croquetas de jamón ibérico y queso azul aportan un punto intenso y cremoso cambiando parte de la bechamel clásica por queso azul desmenuzado. Con mantequilla, harina, leche, jamón bien picado, especias y el queso se obtiene una masa rica que, tras su rebozado en huevo y pan rallado y un buen frito, se convierte en un bocado goloso.

Otra propuesta es el ceviche de salmón con mango y aguacate, inspirado en el ceviche peruano pero con toque tropical. Se marina salmón fresco en zumo de lima o limón con cebolla morada, cilantro y ají al gusto, y se combina con dados de mango y aguacate maduros. Es un plato fresco, ligero y con contrastes dulces, ácidos y picantes muy agradables.

El tradicional arroz con leche puede transformarse en un arroz con leche y coco con aires caribeños, sustituyendo parte de la leche de vaca por leche de coco y aromatizando con canela y piel de limón. El resultado es un postre cremoso, con perfume tropical, que conserva el alma del dulce clásico pero con otro acento.

Platos de temporada: otoño, legumbres y verduras en su mejor momento

Los meses de otoño son perfectos para aprovechar verduras como espinacas, brócoli, coliflor, remolacha, col y zanahoria, además de calabaza, boniato y castañas. Las cocinas de temporada proponen romper con las mismas cremas de siempre y lanzarse a platos algo distintos.

Se ven, por ejemplo, colecciones de recetas otoñales que combinan preparaciones saladas y dulces con estos ingredientes: desde guisos de lentejas aromatizados con verduras de raíz hasta tartas y bizcochos de calabaza, pasando por ensaladas templadas con boniato asado y frutos secos.

Las lentejas siguen siendo una de las legumbres más agradecidas por su rápida cocción y su capacidad para absorber sabores; el papel de las legumbres en España es cada vez más importante en dietas saludables. Hay propuestas de guisos exprés inspirados en platos tradicionales como la olla gitana murciana, acortando tiempos con ayuda de productos ya cocidos pero manteniendo sofritos aromáticos y especias suaves.

También se recuperan panes típicos como los hogazas turolenses, cuyo nombre se cree ligado a los caminos por los que se transportaban o cocían. Elaborarlos en casa, con paciencia para los levados, es hoy una experiencia casi terapéutica.

En el mundo de las hortalizas, ciertas salsas clásicas de la cocina francesa, ricas y mantecosas, transforman verduras sencillas en auténticos festines. Una salsa bien emulsionada sobre coliflor al vapor o sobre pescados blancos convierte un plato de diario en algo de restaurante.

Cocinas del mundo que se adaptan a nuestro paladar

La internacionalización gastronómica ha hecho que pasta italiana, platos japoneses, chinos o tunecinos convivan en la misma ciudad, e incluso en la misma carta. Lo interesante es cómo se reinterpretan esos platos usando ingredientes locales sin perder la esencia original.

En el terreno de la pasta, hay recetas minimalistas como los fettuccine con mantequilla y parmesano, que demuestran que tres ingredientes bien tratados bastan para un plato redondo. O versiones de lasaña en las que la pasta se sustituye por masas finas elaboradas con huevo, harina y leche, pensadas para fiestas invernales.

En la cocina japonesa de adaptación, las ensaladas de col tipo okonomiyaki reinterpretado o platos de inspiración casera combinan mayonesas más sabrosas, verduras con punto crujiente y jamón en lugar de atún, evidenciando la capacidad nipona para adaptar recetas de otros países a su gusto.

Desde China llegan salsas conocidas como la que acompaña al pato laqueado, usadas ahora para saltear tallarines rápidos con verduras y proteínas al gusto, generando platos que recuerdan al restaurante pero se hacen en pocos minutos en casa.

La cocina tunecina aporta caldos con pan y especias, como alguna sopa que combina legumbres ya cocidas con pan troceado y un toque de especias cálidas, sin necesidad de sofritos elaborados: basta ir añadiendo ingredientes a la cazuela en el orden adecuado.

En el extremo opuesto, la cocina francesa vuelve a recordarnos que también se puede pecar a gusto: desde purés enriquecidos con queso fundente de alto contenido graso hasta preparaciones en las que la mantequilla manda, se abren la puerta a caprichos puntuales que han conquistado a los amantes del confort food.

El boom de las recetas de marca: de Ikea a Krispy Kreme

En los últimos tiempos, muchas marcas han decidido compartir las recetas de sus productos estrella para que podamos replicarlos en casa. Este fenómeno ha acercado todavía más la gastronomía popular al gran público, permitiendo que nos sintamos en un restaurante de cadena sin movernos del sofá.

Un ejemplo muy comentado han sido las albóndigas suecas de Ikea, todo un icono de la marca. Su mezcla de carne de ternera y cerdo, cebolla, ajo, pan rallado, leche, huevo, sal y pimienta, acompañada de su salsa cremosa, se ha convertido en una receta casi tan buscada como sus muebles.

En Estados Unidos, las cookies de chocolate gigantes de DoubleTree, con mantequilla, azúcar, huevos, avena, chips de chocolate, vainilla, bicarbonato y levadura, se han ganado legionarios seguidores, y la marca ha liberado por fin la fórmula para que cualquiera las hornee en casa.

La cadena británica Wagamama ha popularizado su pollo katsu con salsa de curry, un filete empanado crujiente servido con arroz y una salsa suave, muy adaptada al gusto europeo. Compartir su receta en vídeo ha permitido a muchos fans convertir su cocina en una pequeña sucursal del restaurante.

Incluso gigantes del fast food como McDonald’s han facilitado la recreación de sus desayunos con salchicha, queso, huevo y pan tipo muffin inglés, mientras que cadenas de pizza como Pizza Express han revelado el secreto de sus masas finas para la pizza Margarita clásica.

En el terreno más dulce, Krispy Kreme ha inspirado innumerables versiones caseras de sus donuts glaseados, basados en masas levadas esponjosas y glaseados sencillos de mantequilla, azúcar en polvo, vainilla y leche evaporada, demostrando que con paciencia se pueden lograr resultados muy similares.

Telva, Elle y la cultura gourmet: más allá de la receta

Las grandes cabeceras de estilo de vida, como TELVA o ELLE, han convertido la gastronomía en un pilar de su contenido editorial. No se limitan a publicar recetas sueltas: exploran tendencias, viajes culinarios, decoración de restaurantes, libros y hasta formación especializada en hostelería.

TELVA, por ejemplo, presenta la gastronomía como un arte en plena tendencia, con la Escuela de Cocina TELVA ofreciendo decenas de recetas que «nunca fallan». Su filosofía combina platos lentos de chup‑chup con elaboraciones rápidas para quienes «la quieren ya», cubriendo todos los niveles de habilidad.

Además, proponen recorridos por restaurantes sorprendentes en todo el mundo, desde locales donde la comida llega en globos hasta espacios que maridan menú, música y arte. También se asoman a cocinas de interioristas de renombre y a neveras de chefs famosos para descubrir sus productos fetiche.

Su «diccionario gourmet» recopila términos clave que todo aficionado debería conocer, mientras sus recomendaciones de lectura gastronómica abren la puerta a descubrir dónde comen los gurús y qué recetarios marcan tendencia.

En cuanto a destinos, señalan rutas gastro imprescindibles como Guijuelo para el jamón de bellota, Mallorca para aceites premium, Extremadura para la torta del Casar o Jerez para sus bodegas históricas. Todo ello acompañado de una guía de restaurantes de Madrid y Barcelona que combina locales recién llegados con casas con solera.

Por su parte, ELLE y otras cabeceras del grupo Hearst relacionan su contenido gastronómico con programas de afiliación y newsletters especializadas. Invitan a sus lectores a suscribirse para recibir recomendaciones de recetas, productos y tendencias, y declaran su participación en programas de marketing de afiliación mediante avisos legales y políticas de privacidad detalladas.

En el ámbito de la formación, centros como ESAH recuerdan que para profesionalizarse en cocina, pastelería, hostelería, turismo o enología existen programas online de formación profesional de cocina y gastronomía pensados tanto para quienes empiezan como para quienes quieren actualizar conocimientos. La gastronomía se presenta así como una vía real de desarrollo profesional, no solo un hobby.

La fotografía actual de la gastronomía muestra un universo donde recetas de toda la vida, platos de restaurante de moda, elaboraciones fáciles para principiantes y apuestas de cocina fusión conviven y se retroalimentan. Desde una fabada en olla lenta hasta un bao taiwanés, pasando por tartas de zanahoria medievales, donuts icónicos de franquicia o Huevos Benedictine dignos de hotel, el abanico de opciones es tan amplio que la única excusa que queda para no cocinar es no tener ganas de pasarlo bien entre fogones.

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