Propiedades del taro para reducir el colesterol y cuidar tu corazón

  • El taro es un tubérculo rico en fibra, polifenoles y potasio que ayuda a reducir el colesterol LDL y proteger la salud cardiovascular.
  • Su bajo índice glucémico y su almidón resistente favorecen el control de la glucosa, la saciedad y el manejo del peso.
  • Contiene vitaminas antioxidantes como la C y la E, además de minerales clave, que refuerzan el sistema inmune y cuidan la piel.
  • Debe consumirse siempre bien cocinado y puede sustituir a la patata en múltiples recetas saladas y dulces.

Propiedades del taro para reducir el colesterol y cuidar tu corazón

El taro, también llamado pituca o Colocasia esculenta, se ha colado poco a poco en nuestras cocinas, sobre todo gracias a bebidas de moda como el taro latte o los tés con tapioca de color violeta. Sin embargo, detrás de ese tono llamativo y de su sabor suave y ligeramente dulce, se esconde un tubérculo con un potencial enorme para cuidar la salud, especialmente el corazón y el sistema cardiovascular.

Lejos de ser una simple “patata exótica”, el taro es un alimento tradicional del sudeste asiático y el Pacífico que hoy recomiendan incluso instituciones sanitarias como el Ministerio de Salud de Perú (Minsa), por su capacidad para ayudar a controlar el colesterol, la glucosa en sangre y reducir el riesgo de enfermedades crónicas. Vamos a ver, con calma y al detalle, por qué merece un hueco estable en tu dieta si te preocupa el colesterol y quieres mimar tu corazón.

Qué es el taro y por qué se ha vuelto tan popular

El taro es una planta herbácea tropical de la familia de las aráceas, cultivada por su raíz engrosada o cormo, que es la parte comestible. Su origen se sitúa en el sudeste asiático y las islas del Pacífico, donde lleva miles de años formando parte de la alimentación básica en forma de purés, sopas o pastas tradicionales como el poi hawaiano.

Su raíz tiene piel marrón y carne blanquecina o lila con motas, una textura muy cremosa al cocerla y un gusto delicado, con toques dulces que recuerdan vagamente a la castaña o al boniato. Por eso se adapta de maravilla tanto a platos salados como a postres, y explica que se use en helados, tartas, galletas, frappés o bebidas calientes tipo latte.

En países como México, el taro se ha hecho famoso sobre todo por su uso en bebidas de color violeta, como tés con leche, frappés y taro latte con leche de coco. En cocina salada, cada vez es más habitual encontrarlo en forma de chips crujientes, purés, sopas o guisos, ocupando el lugar de la patata o el camote.

Conviene tener presente que, en crudo, el taro no es apto para el consumo: contiene cristales de oxalato de calcio y ácido oxálico que pueden irritar la boca y favorecer la formación de cálculos renales en personas predispuestas. Por eso siempre hay que cocinarlo bien, al vapor, hervido, al horno o salteado, antes de llevarlo al plato.

Raíz de taro y beneficios nutricionales

Perfil nutricional: fibra, energía y micronutrientes clave

Una de las razones por las que el Minsa y otros organismos de salud recomiendan el taro es que se trata de un tubérculo muy completo desde el punto de vista nutricional. Su cormo es rico en carbohidratos complejos, principalmente almidón, que aportan energía sostenida sin los picos bruscos de azúcar típicos de los azúcares simples.

Además, el taro contiene una cantidad de fibra dietética superior a la de otras raíces como la patata. Esta fibra, junto con parte de su almidón resistente, actúa como prebiótico, alimentando a las bacterias beneficiosas del intestino y favoreciendo una digestión más saludable y un mejor control del peso.

En cuanto a micronutrientes, destaca por su aporte de vitamina C y vitamina E, potentes antioxidantes implicados tanto en el refuerzo del sistema inmunitario como en la protección frente a la oxidación de las grasas en sangre. También aporta pequeñas cantidades de vitamina A y betacarotenos, que ayudan a cuidar la vista.

En el capítulo de minerales, el taro es una buena fuente de potasio, magnesio, hierro, manganeso, fósforo, cobre y zinc. El potasio es esencial para regular la presión arterial y compensar el exceso de sodio de la dieta; el magnesio contribuye al funcionamiento muscular y nervioso; el manganeso ayuda al metabolismo de los nutrientes y a la formación de hueso; y el hierro participa en el transporte de oxígeno.

Algunas fuentes populares mencionan que el taro aporta vitamina B12, aunque en realidad los vegetales no suelen contenerla de forma significativa. Sí es cierto que ofrece otras vitaminas del grupo B, como folato y vitamina B6, importantes para el metabolismo energético, la salud neurológica y la formación de células sanguíneas.

Antioxidantes y polifenoles: el escudo contra los radicales libres

Más allá de las vitaminas y minerales, el taro aporta una interesante carga de polifenoles y flavonoides con acción antioxidante y antiinflamatoria. Estos compuestos vegetales ayudan a neutralizar los radicales libres, moléculas inestables que dañan las células y favorecen el envejecimiento prematuro y el desarrollo de enfermedades crónicas.

Entre los polifenoles presentes en el taro se encuentran sustancias como la quercetina y otros compuestos fenólicos, que se han relacionado con una mejor salud cardiovascular, una reducción del estrés oxidativo y un menor riesgo de ciertas patologías metabólicas y degenerativas.

Estudios mencionados en revistas científicas como Nutrients apuntan a que los polifenoles de los tubérculos, incluido el taro, pueden mejorar el metabolismo de las grasas, reducir la inflamación hepática y facilitar el control de la glucosa en sangre. Aunque buena parte de la investigación se ha hecho en modelos animales, los resultados encajan con lo que ya sabemos sobre la dieta rica en vegetales.

Estos fitonutrientes no sólo protegen órganos internos como el corazón o el hígado, sino que también repercuten en la apariencia y salud de la piel. La combinación de antioxidantes con vitamina C favorece la síntesis de colágeno, proteína clave para mantener la piel firme, elástica y con mejor capacidad de reparación.

Al mantener a raya la oxidación y la inflamación de bajo grado, el taro se convierte en un aliado interesante para reducir la incidencia de patologías crónicas asociadas al estilo de vida, desde las cardiovasculares hasta algunas digestivas.

Taro para reducir el colesterol

Propiedades del taro para reducir el colesterol y cuidar el corazón

La pregunta clave: ¿por qué se habla tanto del taro como un aliado para reducir el colesterol y mejorar la salud cardiovascular? La respuesta está en la combinación de fibra, antioxidantes y minerales como el potasio, que actúan por distintas vías sobre el sistema circulatorio.

Por un lado, su alto contenido en fibra soluble y almidón resistente ayuda a disminuir la absorción intestinal de colesterol y a aumentar su eliminación a través de las heces. Esa misma fibra contribuye a regular la producción de colesterol en el hígado y a mejorar el perfil lipídico, reduciendo la fracción LDL (el llamado colesterol “malo”).

Por otro lado, los flavonoides y polifenoles del taro reducen la oxidación de lipoproteínas como la VLDL y la LDL, un paso clave en la formación de placas de ateroma en las arterias. Al haber menos lipoproteínas oxidadas, desciende la probabilidad de que se acumulen en las paredes vasculares y se generen estrechamientos peligrosos.

El taro también es bajo en grasas saturadas y no aporta colesterol, lo que lo convierte en una guarnición mucho más cardioprotectoras que otros acompañamientos más grasos o altamente procesados. Sustituir parte de las patatas fritas, rebozados o snacks industriales por taro al vapor, asado o en chips al horno puede marcar la diferencia en tu salud cardiovascular a largo plazo.

Un tercer punto clave es su contenido en potasio y magnesio. El potasio ayuda a contrarrestar el exceso de sodio en la dieta, contribuyendo a mantener la presión arterial dentro de rangos saludables. El magnesio participa en la relajación de la musculatura vascular y en el buen funcionamiento del corazón, lo cual también reduce el riesgo de hipertensión y arritmias.

Sumando todos estos efectos -menos oxidación de lípidos, mejor perfil de colesterol, menor tensión arterial y reducción de la inflamación- el consumo regular de taro, dentro de una dieta saludable como la dieta mediterránea, se asocia con un menor riesgo de enfermedades del sistema cardiovascular, como infartos, angina de pecho o accidentes cerebrovasculares.

Taro en la cocina y salud digestiva

Control de glucosa, peso y salud digestiva

Más allá del corazón, el taro ofrece una serie de beneficios nada despreciables para quienes necesitan vigilar el azúcar en sangre, manejar su peso o mejorar la digestión. Es un alimento muy agradecido cuando se integra en una pauta de alimentación equilibrada.

A pesar de ser un tubérculo rico en carbohidratos, su índice glucémico es relativamente bajo y libera la glucosa de forma más gradual. La combinación de fibra y almidón resistente hace que el vaciado gástrico sea más lento, se eviten picos bruscos de azúcar y se estabilicen mejor las glucemias a lo largo del día.

Estudios en animales y modelos teóricos han mostrado que los polifenoles del taro pueden mejorar la respuesta a la insulina y facilitar el manejo de la diabetes. Aunque todavía falta evidencia sólida en humanos, los datos coinciden con la experiencia clínica de que una dieta rica en vegetales con bajo índice glucémico es beneficiosa para personas con diabetes tipo 2 o resistencia a la insulina.

La fibra del taro, además, genera una notable sensación de saciedad. Al aumentar el volumen del bolo alimenticio y activar los mecanorreceptores del estómago, retrasa el vaciado gástrico y ayuda a que el hambre tarde más en reaparecer. Esto se traduce en un menor picoteo entre horas y en un apoyo interesante en dietas orientadas a la pérdida o control de peso, especialmente si se combina con ejercicios de longevidad.

En el terreno digestivo, el taro es un alimento fácil de digerir cuando se cocina correctamente, con buena digestibilidad de su almidón según trabajos publicados en revistas como Carbohydrate Polymers. Su contenido en fibra contribuye a regular el tránsito intestinal, previniendo el estreñimiento y ayudando también en casos de diarrea leve o molestias gastrointestinales como el reflujo o ciertas úlceras.

El efecto prebiótico de parte de su almidón resistente y su fibra ayuda a mantener una flora intestinal más equilibrada, lo que no sólo repercute en la digestión, sino también en la respuesta inmunitaria, la inflamación sistémica y, de rebote, en el riesgo cardiometabólico.

Propiedades del taro para reducir el colesterol y cuidar tu corazón

Refuerzo del sistema inmune, piel y otros beneficios adicionales

El taro no se queda corto en el apartado defensas. Su contenido en vitamina C, vitamina E y ciertas vitaminas del grupo B lo convierte en un apoyo interesante para mantener un sistema inmune en forma, sobre todo en épocas en las que abundan los resfriados y otras infecciones respiratorias.

La vitamina C, en concreto, ha demostrado acortar la duración e intensidad de algunos catarros cuando se mantiene una ingesta adecuada. Además, como comentábamos antes, esta vitamina es imprescindible para la formación de colágeno, proteína presente en piel, cartílagos, tendones y paredes de los vasos sanguíneos, lo que refuerza tanto la salud cutánea como la integridad del sistema circulatorio.

Los antioxidantes del taro también ayudan a proteger la piel frente al daño oxidativo causado por la radiación solar, la contaminación y otros factores ambientales. Combinados con una buena hidratación y cuidados externos, pueden contribuir a una piel con mejor tono y aspecto más saludable.

Otro aspecto interesante es que el taro suele considerarse un alimento hipoalergénico y suave para el tubo digestivo cuando se cocina de forma adecuada, lo que lo convierte en una buena alternativa para personas con alergias alimentarias, intolerancias a otros cereales o tubérculos, o con estómagos delicados.

No hay que olvidarse de la presencia de folato, manganeso y otros micronutrientes implicados en funciones tan variadas como la salud ósea, la coagulación sanguínea, el metabolismo energético y la función celular. Comer taro no es sólo “meterle hidratos” al cuerpo; es aportar un paquete de nutrientes que trabajan en equipo para mantener el organismo en buen estado.

Cómo cocinar y consumir taro de forma segura

Para disfrutar de todas estas propiedades sin riesgos, es básico aprender a preparar el taro correctamente. Como ya se ha comentado, tanto el cormo como las hojas contienen oxalatos en crudo que pueden resultar irritantes y, en grandes cantidades, favorecer piedras en el riñón.

El primer paso es lavar muy bien la raíz bajo el grifo para eliminar restos de tierra. Después se pela con cuidado (conviene usar guantes si tienes la piel muy sensible) y se enjuaga de nuevo. A partir de ahí, lo más recomendable es cocerlo en agua abundante o al vapor hasta que esté tierno, de forma similar a una patata o a un boniato.

El taro cocido se puede servir en puré, en dados dentro de sopas y guisos, salteado con verduras o como acompañamiento de carnes, pescados, tofu u otras proteínas. Admite también la preparación al horno en trozos, con un ligero toque de aceite de oliva, o en forma de chips crujientes si se lamina muy fino y se hornea o fríe con moderación.

En el terreno dulce, su sabor suave y ligeramente dulce lo hace ideal para postres como bizcochos marmolados, flanes, helados o galletas. En muchas culturas asiáticas y del Pacífico es habitual encontrarlo en dulces tradicionales y pastas de taro que se combinan con cacao, frutos secos o leche de coco.

Y, por supuesto, está su papel protagonista en bebidas como el taro latte, que suele prepararse con leche (de vaca o vegetal, como la de coco), endulzantes al gusto y, a veces, tapioca. Estas bebidas mantienen parte de los beneficios nutricionales del taro, aunque conviene controlar la cantidad de azúcar añadida para no estropear el perfil saludable del tubérculo.

Ideas para incluir taro en tu dieta diaria

Si quieres aprovechar las propiedades del taro para reducir el colesterol y cuidar tu corazón, la clave está en integrarlo de forma habitual en tus menús, sustituyendo otros acompañamientos menos saludables y variando su presentación para no aburrirte.

Una opción sencilla es usarlo como reemplazo parcial o total de la patata en purés, cremas y guisos. Por ejemplo, puedes preparar una crema de verduras en la que la base de textura la aporte el taro cocido, o un guiso de legumbres al que añadas dados de taro en lugar de patata.

Otra idea es utilizarlo como guarnición horneada o al vapor junto a carnes magras o pescados azules. Al aprovechar su textura cremosa puedes reducir el uso de salsas muy grasas y seguir disfrutando de platos llenos de sabor pero más ligeros para el corazón.

Propiedades del taro para reducir el colesterol y mejorar la salud cardiovascular

Para el picoteo, los chips de taro al horno o en freidora de aire pueden ser una alternativa más interesante a las patatas fritas industriales, siempre que no abuses de la sal y controles las grasas añadidas. También puedes incorporarlo en ensaladas templadas, mezclando trozos de taro cocido con verduras de hoja, frutos secos y una fuente de proteína.

En desayunos o meriendas, las bebidas de taro sin exceso de azúcar y los postres caseros con taro como base pueden ayudarte a sentirte saciado durante más tiempo, evitando antojos de bollería ultraprocesada y mejorando el control del apetito a lo largo del día.

Contraindicaciones y precauciones al consumir taro

Aunque el taro es un alimento muy interesante, no está de más tener en cuenta algunas precauciones básicas. La primera, insistimos, es no comerlo crudo. Los cristales de oxalato de calcio presentes en la raíz y las hojas pueden causar irritación en la boca, picor, molestias digestivas e incluso contribuir a la formación de cálculos renales en personas predispuestas.

Por este motivo, quienes tengan antecedentes de piedras en el riñón o un riesgo elevado de litiasis deberían moderar la cantidad de taro en su dieta y asegurarse de mantener una hidratación adecuada, además de consultarlo con su profesional sanitario si tienen dudas.

Otra consideración importante es que, aunque sea hipoalergénico en general, cualquier alimento puede provocar reacciones adversas en personas concretas. Si es la primera vez que lo pruebas, conviene hacerlo en cantidades pequeñas y observar tu tolerancia, especialmente si tienes un historial de alergias alimentarias.

En el caso de productos comerciales como mezclas instantáneas de taro latte, frappés o postres preparados, hay que fijarse bien en la lista de ingredientes. Muchas de estas preparaciones incluyen grandes cantidades de azúcar refinado, grasas vegetales de baja calidad o aditivos que pueden desvirtuar el perfil saludable del taro. Siempre que sea posible, es mejor partir de taro fresco o precocido 100 % natural.

Más allá de estas advertencias, el taro es un alimento seguro y apto para la mayoría de la población cuando se consume moderadamente, bien cocinado y dentro de una dieta variada y equilibrada, rica en frutas, verduras, legumbres, frutos secos y grasas saludables.

Si buscas una manera de mimar tu corazón, mejorar tus digestiones y darle un empujón a tus defensas sin renunciar al sabor, el taro es un candidato perfecto: un tubérculo versátil, saciante, rico en fibra, antioxidantes y potasio, que ayuda a reducir el colesterol LDL, estabilizar la glucosa en sangre y disminuir la inflamación. Integrarlo en el día a día como sustituto de guarniciones menos sanas y como base de platos dulces y salados es una forma sencilla y deliciosa de sumar puntos a tu salud cardiovascular sin sentir que estás “a dieta”.

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