¿Por qué no es adecuado sobreproteger a los hijos?

Manos padre e hijo unidas

Es importante no confundir los términos protección y sobreprotección. A ojos vista, parece muy fácil. Pero la realidad es que, muchos padres, en la mayoría de los casos sin darse cuenta, acaban cruzando la línea que separa la acción de proteger a sus hijos, de la acción de sobreprotegerlos.

Sobreproteger a un hijo es ir más allá de cubrir y satisfacer sus necesidades básicas. Se traduciría más bien en acciones tales como las de pensar por el hijo, tomar decisiones por el hijo, solucionar todos sus problemas sin darle la posibilidad de aprender… En resumen, es vivir por el hijo, cuando el hijo es, en esencia, una persona que debe desarrollar sus propias capacidades personales para poder funcionar correctamente en el mundo.

Hoy hablamos precisamente de las consecuencias tan negativas que la sobreprotección puede tener sobre los hijos. ¡Os interesa!

Hijos con inseguridad y baja autoestima

Proteger significa resguardar a alguien de un peligro. Sobreproteger, sin embargo, es resguardar siempre a alguien de situaciones que no son peligrosas, o que deben afrontarse para aprender, puesto que son adaptativas. Cuando los padres privan a sus hijos de afrontar problemas, inevitablemente también les están impidiendo experimentar las sensaciones de logro que van asociadas al hecho de afrontar una situación difícil y salir victorioso de ella. .

Pocas oportunidades de aprendizaje

Padres tirando cada uno de la mano de su hija

Equivocarse y sentirse inseguro es inevitable en cualquier proceso de aprendizaje. Sin experimentar esto, aprender a vértelas en la vida no sería motivo de orgullo. Hay dos tipos de personas que no consiguen superar el desasosiego de esos primeros pasos: los que están sobreprotegidos… y los que sobreprotegen. Bajo la aclamada frase de “no puedo verlo sufrir”, la figura protectora lidia con problemas que no le corresponden, imposibilitando que su protegido aprenda de la experiencia. El oculto mensaje negativo de esta acción “estoy aquí para cuidar de ti…” viene acompañado irremediablemente de la coletilla “…porque tú solo no eres capaz”. Algo que, a fuerza de repetirlo, acaba ocurriendo de verdad.

Posible tiranía y muy baja tolerancia a la frustración

El dolor y el sufrimiento en el mundo existen, esto es una verdad verdadera, nos guste más o nos guste menos. Pero… ¿por qué no todas las personas reaccionan del mismo modo y con la misma intensidad ante una misma situación dolorosa? Precisamente porque el grado de sufrimiento que experimentamos ante una situación desagradable, dependerá del control que sintamos que tenemos sobre esas circunstancias que nos afectan. Cuanto mayor sea la sensación de control, menor será el malestar.

Las personas que gestionan con eficacia su dolor, lo experimentan de una manera más adaptativa que quien no es capaz de controlarlo. Quien ante una situación adversa ha necesitado siempre de otros para mitigar su sufrimiento, no contará con los recursos necesarios para enfrentarse solo ante el mundo. Si a esto le sumas la frustración de sentirte incapaz, se dará una explosión de emociones de ineficacia e inutilidad que, en muchas ocasiones, desembocan en personalidades tiranas y excesivamente rígidas y estrictas.

El mundo se convierte en una amenaza

Madre protegiendo en exceso a su hijo

Existen distintas técnicas y estrategias para afrontar los miedos y todas ellas más tarde o más temprano, pasan por la fase de enfrentarse al objeto o situación temida. Los miedos solo pueden conquistarse cuando los afrontas y descubres que tienes recursos suficientes como para plantarles cara con éxito. Si privas a tus hijos de que experimenten esta sensación, los estarás condenando al miedo constante y a un bloqueo intenso ante la más mínima adversidad. Permitid que conozcan el mundo y que aprendan, tanto de lo bueno como de lo malo.


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