
Hacer la compra se ha convertido en un ejercicio de cálculo constante para muchas familias. Aunque la inflación general se ha relajado ligeramente en abril, llenar la nevera sigue saliendo más caro que hace un año, sobre todo cuando se trata de productos básicos como los huevos, la carne o las verduras frescas.
Según los últimos datos del Índice de Precios de Consumo (IPC) del Instituto Nacional de Estadística (INE), los huevos son hoy un 14,7% más caros que hace un año. Esta subida se ha moderado en los últimos meses, pero mantiene a este alimento entre los que más presionan el presupuesto de los hogares.
Los huevos, protagonistas de la subida de la cesta de la compra
El huevo, un producto presente en prácticamente todos los hogares por su versatilidad y precio históricamente asequible, se ha disparado un 14,7% en tasa interanual. Aunque en el último mes su variación mensual ha sido prácticamente plana (con un ligero retroceso del 0,1%), el encarecimiento acumulado en doce meses sigue siendo muy notable.
Los datos del IPC muestran que este incremento se sitúa entre los más altos de la cesta de la compra alimentaria. De hecho, el huevo figura al lado de productos como la carne de vacuno o las legumbres frescas en el grupo de alimentos que más están encareciendo el ticket del supermercado.
Este comportamiento de precios se produce en un contexto en el que, a diferencia de otros artículos que han empezado a abaratarse, el huevo mantiene todavía una tendencia claramente alcista respecto al año pasado. Eso sí, el ritmo es ahora mucho más moderado que a finales del ejercicio anterior, cuando llegó a registrar incrementos interanuales superiores al 30%.
En la práctica, para un hogar que compra varias docenas de huevos al mes, el sobrecoste anual puede ser significativo, especialmente si se suma al encarecimiento de otros básicos como la carne o el pescado.
Cómo se comportan el resto de alimentos básicos
El repunte de los huevos no es un fenómeno aislado. El INE sitúa a la carne de vacuno entre los alimentos más inflacionistas del último año, con una subida interanual del 13,3%. Es decir, la ternera cuesta hoy bastante más que hace doce meses y continúa encareciendo cada visita al supermercado.
También destacan las legumbres y hortalizas frescas, que se han encarecido un 11,5% en un año. Además de esa subida anual, en abril han registrado uno de los mayores repuntes mensuales: un 5% más solo en un mes, lo que se nota de forma inmediata en el precio de la verdura fresca.
El pescado fresco y congelado sigue la misma línea: anota un incremento interanual del 8,7% y en el último mes se ha encarecido un 1,6%. La carne de ovino, por su parte, sube un 9% respecto al año anterior, con una variación mensual del 1%.
En contraste, algunos productos alimentarios dan cierto respiro al bolsillo. Los aceites y grasas han bajado un 5,4% en términos interanuales, el azúcar se abarata un 2,5%, las patatas y sus preparados un 1,2% y la carne de porcino cae un 0,3%. Son descensos que, aunque no compensan del todo las subidas en otros productos, suavizan ligeramente el impacto global de la cesta.
Frutas y lácteos: una pequeña tregua en el carro de la compra
En el último mes, uno de los cambios más llamativos se ha producido en las frutas frescas. En términos mensuales, su precio baja un 2,5%, y si se mira el último año, se abaratan un 2,8%. Esto significa que, al menos en este grupo, el consumidor encuentra hoy precios algo más bajos que hace doce meses.
En el caso de la leche, los datos de abril reflejan una caída del 0,5% mensual, mientras que los productos lácteos en su conjunto retroceden un 0,2% en el último mes, aunque mantienen una ligera subida interanual del 1,9%. Son variaciones muy moderadas si se comparan con el comportamiento de otros alimentos básicos.
Otros artículos como el agua mineral, refrescos y zumos suben apenas un 2% interanual, y las bebidas alcohólicas avanzan un 1,1%, por lo que permanecen en un rango de incrementos relativamente contenida frente a los fuertes repuntes que registran huevos, carne de vacuno o verduras frescas.
En el conjunto de las 24 rúbricas de alimentación analizadas por el INE, solo cinco se abaratan en el último año: aceites y grasas, frutas frescas, azúcar, patatas y carne de porcino. El resto, en mayor o menor medida, presentan subidas de precios.
El impacto global en la cesta de la compra
Si se mira el conjunto de los alimentos, la fotografía es clara: comer en casa sale más caro que hace un año. Los precios de los alimentos y bebidas no alcohólicas suben un 2,6% en comparación con abril del año pasado y un 0,2% respecto a marzo.
Traducido a una compra real, una familia que hace una cesta semanal de 100 euros hace un año pagaría hoy, de media, unos 102,6 euros por los mismos productos. Pero ese incremento medio esconde diferencias importantes: en los hogares donde pesan mucho los huevos, la ternera o el pescado fresco, el aumento puede ser bastante mayor.
En ciudades como Vigo y en el resto del territorio, el efecto se nota tanto en supermercados como en pequeños comercios. La combinación de subidas fuertes en proteínas animales y en productos frescos hace que el ticket final crezca, incluso cuando algunos artículos concretos, como la fruta o el aceite, dan algo de aire.
El consumidor se encuentra así con un escenario en el que debe reajustar sus hábitos: optar por productos en oferta, cultivar hortalizas en casa o cambiar marcas o reducir la frecuencia de compra de algunos alimentos que han subido con más intensidad, mientras que en otros casos se aprovechan las bajadas puntuales para llenar la despensa.
Más allá de la comida: qué pasa con el resto de precios
Aunque la atención se centra en el supermercado, el encarecimiento de la vida va más allá de la alimentación. El IPC general de abril se sitúa en el 3,2% interanual, dos décimas menos que el mes anterior, gracias sobre todo al abaratamiento de la electricidad y pese a la subida de los carburantes.
Entre los componentes que más tiran al alza están los combustibles líquidos, que suben un 51,7% en un año, y el gasóleo, con un 28,2%. También repuntan con fuerza la joyería y relojes de pulsera (+28%), la recogida de basuras (+26,8%) y el transporte combinado de pasajeros (+26,6%).
En el lado de las bajadas, el transporte internacional por avión se abarata un 18,9%, el butano y propano un 16,4% y el gas natural un 9,6%. Son descensos significativos que, sin embargo, no compensan en su totalidad las fuertes subidas de la energía líquida y otros servicios.
La inflación subyacente —que excluye energía y alimentos frescos— se coloca en el 2,8% interanual, una décima menos que en marzo. Este dato indica que, descontando los componentes más volátiles, la presión inflacionista en el resto de bienes y servicios se va moderando poco a poco.
En paralelo, otros gastos cotidianos también suben: el transporte público urbano, el turismo, la hostelería o determinadas partidas educativas encarecen el día a día, aunque en menor medida que los combustibles o algunos productos frescos.
El resultado de todos estos movimientos es un escenario en el que la cesta de la compra y varios servicios esenciales pesan más sobre el presupuesto familiar, obligando a ajustar prioridades y a revisar con lupa cada gasto.
El panorama que dibuja el IPC de abril es el de una economía en la que la inflación general se frena ligeramente, pero en la que productos básicos como los huevos, la carne de vacuno o las hortalizas frescas continúan encareciéndose con fuerza. Mientras algunas partidas, como frutas, aceites o determinados suministros energéticos, aportan algo de alivio, el conjunto de la alimentación y del coste de la vida sigue avanzando al alza, lo que se traduce en una sensación muy clara para el consumidor: cada vez hay que hacer más números para que el carro del supermercado cuadre con el bolsillo.
