Perros en el Metro de Sevilla: el debate que se reabre

  • El Metro de Sevilla es el único suburbano español que prohíbe perros, salvo guía y asistencia.
  • Una campaña ciudadana liderada por Anjana Martínez reclama cambiar la normativa.
  • La concesionaria estudia permitir perros pequeños en transportín en horarios limitados.
  • Otras ciudades de España y Europa ya permiten perros con condiciones y restricciones.

Perros en el Metro de Sevilla

El debate sobre la presencia de perros en el Metro de Sevilla ha vuelto a primera línea tras la campaña impulsada por una vecina de Mairena del Aljarafe, cansada de no poder desplazarse con su mascota en transporte público. La capital andaluza se mantiene como una excepción dentro del mapa español, donde la mayoría de grandes ciudades ya permiten viajar con animales bajo determinadas condiciones.

Mientras buena parte de las redes sociales se posiciona a favor de una apertura regulada, la empresa concesionaria del suburbano y la Junta de Andalucía estudian, con mucha cautela y sin plazos concretos, una posible flexibilización de la norma. De momento se habla solo de perros pequeños en transportín y en franjas horarias acotadas, una propuesta que muchos usuarios consideran claramente insuficiente.

Una ciudadana al frente de la reivindicación

Anjana Martínez, traductora de inglés, francés y catalán, nacida en Cantabria y residente en Mairena del Aljarafe, es quien ha puesto voz a una queja que comparten miles de personas con perro en la provincia de Sevilla. Acostumbrada a usar el metro de Barcelona con su mascota, se encontró con una realidad muy distinta al instalarse en el área metropolitana sevillana.

La usuaria explica que vive muy cerca de la estación de Cavaleri, una de las dos paradas de metro que tiene a mano, y que para ella el suburbano sería la forma más lógica de moverse hacia barrios como Triana, donde reside parte de su familia política. Sin embargo, en cuanto entra en juego su perro Bruno, las opciones se reducen: o taxi, o coche particular, o buscar rutas alternativas que suelen ser más lentas e incómodas.

Martínez asegura que la diferencia con Barcelona es abismal. Allí, relata, podía viajar con su perro cumpliendo unas normas claras: bozal obligatorio, restricciones en hora punta y determinadas zonas de los trenes reservadas para quienes viajan con animales. Su experiencia fue positiva, sin episodios conflictivos destacados, y por eso le sorprendió la prohibición absoluta en Sevilla.

Consciente de que no todo el mundo se siente cómodo compartiendo vagón con un perro —por miedo, alergias o simple rechazo—, defiende que la clave está en regular el acceso, no en impedirlo por completo. Propone soluciones como permitir perros en transportín, llevarlos en brazos si son pequeños o habilitar vagones específicos para viajeros con mascotas, tal y como se aplica ya en otras ciudades españolas y europeas.

Ante esta situación, decidió lanzar una petición en la plataforma Change.org y comenzar a mover el tema en redes sociales y en los medios de comunicación. Su objetivo: que se revise un reglamento que considera desfasado y que, a su juicio, deja atrás a un número enorme de familias que conviven con perros.

La normativa actual del Metro de Sevilla

Normativa perros Metro de Sevilla

El punto clave del conflicto está en el Reglamento de Regulación del Servicio del Metro de Sevilla, que fija las condiciones de uso de las instalaciones y de los trenes, incluido el transporte de animales. El artículo 40.b es muy tajante: prohíbe viajar con animales de cualquier tipo y tamaño, con una única excepción.

Solo se autoriza el acceso de perros guía, de asistencia o acompañamiento para personas con discapacidad, siempre que cuenten con la acreditación correspondiente, así como los perros adscritos a los servicios de seguridad. El resto de mascotas, independientemente de su tamaño o comportamiento, tienen las puertas cerradas del metro hispalense.

Esta normativa choca con la realidad de la provincia. Según el Registro Central de Animales de Compañía de la Junta de Andalucía (RAIA), en Sevilla hay más de 434.000 perros inscritos. Muchas de las personas que conviven con ellos dependen del transporte público para ir a trabajar, visitar a familiares o acudir a citas médicas, por lo que la prohibición condiciona de manera notable su día a día.

Martínez y otros usuarios sostienen que, en la práctica, esta regulación empuja a quien tiene perro hacia el vehículo privado, con el consiguiente aumento de tráfico, emisiones y problemas de aparcamiento, especialmente en zonas como el centro de Sevilla o barrios muy densos como Triana.

A todo ello se suma el contexto normativo de la Ley de Bienestar Animal, que ha reavivado el debate sobre la integración de los animales de compañía en la vida urbana. Aunque la ley estatal no obliga de forma directa a permitir perros en todos los transportes, sí ha intensificado las demandas de adaptación por parte de los propietarios de mascotas.

La respuesta de Metro de Sevilla y el papel de la Junta

La presión ciudadana y la repercusión mediática han obligado a pronunciarse a la sociedad concesionaria de Metro de Sevilla. En un comunicado, la empresa ha admitido que está valorando una posible apertura, aunque por ahora se trata solo de un escenario muy limitado.

Según ha indicado la compañía, se está sopesando permitir el acceso de perros pequeños en transportín durante determinadas franjas horarias. La iniciativa parte de la Agencia de Obra Pública y se encuentra en fase de estudio, con el objetivo de comprobar si la medida resultaría compatible con la correcta gestión del flujo de viajeros y la seguridad del servicio.

No se han precisado todavía ni el peso máximo de los animales, ni los horarios concretos, ni otros posibles requisitos. Para muchos usuarios, incluida la propia promotora de la campaña, este planteamiento se queda corto. Consideran que, si se quiere de verdad equiparar a Sevilla con otras capitales, hay que ir más allá del mero transportín y apostar por un modelo de convivencia más amplio.

En declaraciones a distintos medios, Martínez ha calificado la propuesta de la concesionaria como “un primer paso”, pero insiste en que resulta insuficiente para las necesidades reales de las personas que se desplazan con perro. Recuerda que la inmensa mayoría de grandes capitales europeas permite el acceso de mascotas al metro con normalidad, y que Sevilla “no puede quedarse atrás”.

Desde su punto de vista, la Junta de Andalucía y la empresa explotadora podrían tomar como referencia modelos ya implantados en otras redes españolas, donde las normas de acceso y los horarios restringidos han demostrado ser eficaces sin generar conflictos significativos entre usuarios.

La experiencia de los usuarios y el impacto en la movilidad

Más allá de la queja individual, la campaña ha evidenciado que la actual prohibición afecta a muchos perfiles de usuario. Hay personas mayores que dependen del metro para acudir a citas médicas o ver a familiares, trabajadores que necesitan desplazarse diariamente con su perro, y familias que no disponen de coche y se ven directamente limitadas en sus movimientos.

Anjana Martínez explica que, en su caso, la imposibilidad de subir a Bruno al metro le obliga a recurrir al coche para trayectos que podrían hacerse en pocos minutos. Habla de atascos, más contaminación y un gasto adicional que podría evitarse si el sistema de transporte público integrara a las mascotas de forma ordenada.

También recuerda que el problema va más allá de la comodidad. Para muchas personas, especialmente quienes viven solas, el perro es un compañero esencial en su día a día. Impedir que viaje en metro limita actividades tan comunes como visitar a familiares en otro barrio, ir al veterinario sin coche o disfrutar de zonas verdes más alejadas.

Entre los apoyos a la iniciativa destaca la figura de Pablo Muñoz, periodista y responsable del proyecto “Pipper on tour”, centrado en los viajes con mascotas. Tras recorrer miles de kilómetros con su perro en distintos sistemas de transporte, Muñoz asegura que la experiencia en las ciudades que permiten perros en el metro es muy positiva.

Según explica, en otros lugares los perros viajan únicamente en determinados vagones o zonas de los trenes, lo que facilita la convivencia con personas alérgicas o con miedo a los animales. Subraya que en la mayoría de capitales europeas este debate está “más que superado” y que tanto los usuarios con perro como el resto del pasaje viajan con tranquilidad, sin incidentes reseñables.

Qué ocurre en otras ciudades españolas

El contraste con otras redes de metro dentro de España es uno de los argumentos más repetidos por quienes piden cambios en Sevilla. En ciudades como Madrid, Barcelona, Málaga o Granada, la convivencia entre perros y viajeros humanos ya forma parte de la normalidad cotidiana.

El caso del Metro de Madrid suele ponerse como ejemplo de equilibrio entre acceso y control. Allí los perros pueden viajar todos los días de la semana, pero no durante las horas punta de mayor afluencia: de 7:30 a 9:30, de 14:00 a 16:00 y de 18:00 a 20:00. Esas restricciones se levantan en julio, agosto, fines de semana y festivos, cuando se permite su presencia durante todo el horario de servicio.

La normativa madrileña exige que los perros vayan con bozal y correa corta, de un máximo de medio metro y se ubiquen en el último vagón de cada tren. Solo se admite un perro por persona, deben llevar microchip —obligatorio por ley—, no pueden ocupar asientos y tienen prohibido el uso de las escaleras mecánicas para evitar accidentes.

En Granada, el metropolitano andaluz admite mascotas también con límites muy claros: los perros han de ir con bozal y correa corta, sin ocupar asiento ni utilizar escaleras mecánicas. No pueden acceder en las franjas de mayor concentración de viajeros —de 7:30 a 9:30, de 14:00 a 16:00 y de 18:00 a 20:00—, pero sí el resto del día. Durante julio, agosto, fines de semana y festivos, pueden viajar a cualquier hora.

Otras ciudades, como Bilbao, se encuentran en un proceso de diálogo parecido al que ahora se abre en Sevilla, con colectivos ciudadanos y expertos en viajes con mascotas colaborando con la empresa gestora del metro para perfilar una regulación que permita la entrada de perros sin comprometer la comodidad ni la seguridad del resto de usuarios.

La experiencia acumulada en estos sistemas ha servido para desmontar la idea de que permitir perros dispara los conflictos o reduce el número de viajeros. De hecho, activistas como Pablo Muñoz citan datos y ejemplos en los que la apertura a las mascotas no ha tenido un impacto negativo en la demanda, e incluso ha contribuido a mejorar la imagen del transporte público como opción inclusiva.

El contexto europeo: Sevilla a la cola

La comparativa no se queda en el ámbito nacional. A nivel europeo, la mayoría de grandes capitales ha integrado desde hace tiempo el acceso de perros al metro dentro de sus normas de uso, siempre con condiciones pensadas para garantizar la convivencia entre todos los viajeros.

Ciudades como Ámsterdam, Berlín, Bruselas, Budapest, Lisboa, París, Praga, Roma o Sofía permiten la presencia de animales de compañía en sus redes subterráneas. Cada una aplica reglas específicas —uso de correa, bozal en algunos casos, billetes para animales, zonas o vagones reservados—, pero el principio general es que el perro puede acompañar a su responsable en los desplazamientos urbanos.

Defensores del cambio en Sevilla recuerdan que, según distintas estimaciones, alrededor del 90 % de las capitales europeas admite perros en el metro de una u otra forma. Para ellos, que la ciudad hispalense se mantenga al margen chirría especialmente por su marcado carácter turístico y por la importancia que tiene el transporte público para moverse entre el centro histórico, los barrios y el área metropolitana.

Además, subrayan que muchos sevillanos han experimentado de primera mano esta normalidad en otras ciudades europeas. Viajar en metro con perros en París, Barcelona o Madrid se percibe ya como algo rutinario, sin que se convierta en un foco de conflicto o de quejas constantes entre los usuarios.

En este contexto, la aspiración de quienes apoyan la iniciativa es que Sevilla se sume a esa lista y deje de ser una rara avis en el mapa de las capitales europeas. La sensación compartida es que el debate, más que novedoso, llega tarde, y que existen suficientes referencias para diseñar una normativa propia adaptada a la realidad local.

Con todos estos elementos sobre la mesa, el caso de los perros en el Metro de Sevilla se ha convertido en un símbolo de hasta qué punto el transporte público se adapta —o no— a las nuevas formas de convivencia con los animales. La campaña ciudadana, las cifras de perros registrados, el ejemplo de otras ciudades españolas y europeas y la tímida apertura mostrada por la concesionaria apuntan a que la regulación actual podría cambiar en el futuro, aunque por ahora no haya fechas ni detalles cerrados. Lo que sí parece claro es que el debate ya no se limita a una anécdota individual: para muchas familias, poder subir al metro con su perro se percibe como una necesidad real y un paso lógico hacia una movilidad más inclusiva.

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