
En los últimos años se ha extendido la preocupación entre muchas embarazadas sobre si tomar paracetamol podía perjudicar al bebé y aumentar el riesgo de autismo u otros trastornos del neurodesarrollo. Diversos titulares y declaraciones políticas muy sonadas contribuyeron a sembrar la duda, pese a que la mayoría de guías clínicas lo seguían recomendando como analgésico de primera elección.
Una nueva revisión sistemática y metaanálisis, publicada en la revista The Lancet Obstetrics, Gynaecology & Women’s Health, viene ahora a poner orden en ese debate: analizando en profundidad 43 estudios internacionales, los investigadores concluyen que el uso de paracetamol durante el embarazo no se asocia con un aumento del riesgo de autismo, trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) ni discapacidad intelectual en los niños.
Un análisis exhaustivo de 43 estudios para evaluar el riesgo real
El nuevo trabajo está liderado por investigadores de la City St George’s, Universidad de Londres, con la colaboración de equipos de Reino Unido, Suecia, Noruega e Italia. Su objetivo era revisar de forma sistemática toda la evidencia disponible para aclarar definitivamente si el paracetamol en el embarazo supone un riesgo neurológico para la descendencia.
Para ello, el equipo partió de más de 4.000 artículos científicos identificados en la literatura internacional. Tras filtrar los trabajos irrelevantes o de baja calidad, se quedaron con 43 estudios que cumplían criterios estrictos de metodología y seguimiento. De esos 43, 17 fueron incluidos en un metaanálisis cuantitativo, es decir, en un análisis conjunto de los resultados numéricos.
Los investigadores se centraron de forma prioritaria en tres tipos de estudios: aquellos con comparaciones entre hermanos (en los que una madre tuvo embarazos con y sin paracetamol); los considerados de bajo riesgo de sesgo; y los que contaban con al menos cinco años de seguimiento de los niños. Esta estrategia permitió dejar fuera investigaciones más débiles, que eran precisamente las que habían sugerido un posible daño.
Según detalla el profesor Ian Douglas, de la London School of Hygiene & Tropical Medicine, este enfoque metodológico permitió “reducir el ruido poco útil” que generaban los trabajos menos rigurosos, aquellos que no tenían en cuenta diferencias importantes entre las mujeres que tomaban o no paracetamol durante la gestación.
Comparaciones entre hermanos: la clave para desmontar la supuesta relación con el autismo
Una de las piezas centrales de esta nueva revisión es el uso de estudios que comparan hermanos nacidos de la misma madre, en los que uno de los embarazos estuvo expuesto al paracetamol y otro no. Este diseño permite controlar mejor la genética compartida y el entorno familiar, dos factores que los estudios observacionales tradicionales no pueden manejar del todo.
En estos trabajos con comparaciones intrafamiliares se analizaron los datos de cientos de miles de niños: 262.852 fueron evaluados para autismo, 335.255 para TDAH y 406.681 para discapacidad intelectual. Tras comparar los embarazos en los que la madre tomó paracetamol con aquellos en los que no lo hizo, no se encontró aumento de riesgo de ninguno de estos diagnósticos en la descendencia.
Los autores subrayan que, cuando se aíslan los estudios de mayor calidad y se combinan sus resultados, las supuestas asociaciones entre paracetamol y autismo, TDAH o discapacidad intelectual desaparecen. Es decir, las pequeñas señales de riesgo observadas en trabajos anteriores probablemente se debían a factores de confusión no controlados.
Entre esos factores se incluyen problemas maternos que pueden llevar tanto a tomar paracetamol como a aumentar el riesgo de dificultades en el neurodesarrollo del niño, como dolor crónico, infecciones, fiebre elevada o una determinada predisposición genética. En palabras de Asma Khalil, profesora de Obstetricia y Medicina Materno-Fetal en la City St George’s, los resultados “sugieren que los vínculos informados previamente se explicarían por estas características maternas, más que por un efecto directo del paracetamol”.
La catedrática de Neurociencia Traslacional del King’s College London, Grainne McAlonan, coincide en que los diseños entre hermanos son “cruciales” para entender bien el problema. Según explica, este enfoque confirmó que no existe relación entre tomar paracetamol en el embarazo y una mayor probabilidad de autismo, TDAH o discapacidad intelectual en los hijos.
La polémica política en Estados Unidos y el impacto en la opinión pública
El debate sobre el paracetamol en el embarazo no ha sido solo científico. En septiembre de 2025, la administración estadounidense protagonizó una mediática rueda de prensa en la que se llegó a afirmar que el uso de este fármaco durante la gestación podía “causar autismo” o aumentar el riesgo de TDAH en los niños. Figuras como el entonces presidente Donald Trump o el secretario de Salud Robert F. Kennedy Jr. se refirieron en público al paracetamol —y en particular a marcas comerciales como Tylenol— como un posible origen del trastorno del espectro autista.
Esas declaraciones se apoyaban en estudios puntuales y observacionales, muchos de ellos con metodologías cuestionadas por la comunidad científica: no controlaban de forma adecuada los antecedentes familiares, no analizaban comparaciones entre hermanos y a menudo se basaban en registros incompletos o con riesgo elevado de sesgo. Aun así, tuvieron un fuerte impacto mediático y generaron inquietud notable entre mujeres embarazadas y profesionales sanitarios de todo el mundo.
Sociedades científicas y expertos en neurodesarrollo reaccionaron rápidamente, advirtiendo de que vincular de forma tan tajante un medicamento concreto con el autismo era, en palabras de algunos especialistas europeos, una “simplificación peligrosa” de un trastorno considerado hoy multifactorial. Se recordaba, además, que el autismo implica interacciones complejas entre genética y ambiente, y que ningún fármaco de uso común había demostrado ser causa directa del trastorno.
El metaanálisis publicado en The Lancet Obstetrics, Gynaecology & Women’s Health se presenta precisamente como respuesta a ese clima de confusión. Tal y como señalan los autores, su intención era ofrecer la sintetización más rigurosa posible de la evidencia disponible y contrastarla con las advertencias lanzadas desde algunos sectores políticos.
El resultado final va en dirección contraria a aquellas declaraciones: los datos más robustos indican que el paracetamol, usado según las indicaciones médicas, no aumenta el riesgo de autismo, TDAH ni discapacidad intelectual.
Qué dicen los estudios europeos: el caso sueco y otras investigaciones
Además del gran metaanálisis publicado en The Lancet, en Europa se han realizado en los últimos años trabajos de gran tamaño que apuntaban ya en la misma línea. Uno de los más citados es un análisis publicado en 2024 en la revista JAMA, basado en los datos de más de dos millones de niños nacidos en Suecia entre 1995 y 2019.
En ese estudio sueco, se identificó a unas 185.000 madres que habían tomado paracetamol durante el embarazo y se compararon las tasas de autismo, TDAH y otros trastornos del desarrollo neurológico en sus hijos con las de sus hermanos no expuestos y con la población general. Los investigadores concluyeron que el uso de paracetamol durante la gestación no se asociaba con un mayor riesgo de estas condiciones en la descendencia.
Otros trabajos europeos y norteamericanos, de menor tamaño pero con metodologías cada vez más cuidadas, venían llegando a conclusiones similares. En algunos casos, se observaban pequeñas asociaciones estadísticas entre el consumo de paracetamol y determinados diagnósticos, pero al ajustar por factores como infecciones maternas, fiebre intensa, dolor crónico o medicación concomitante, esas señales se diluían hasta perder significación.
Frente a ello, también se habían publicado metaanálisis previos, como uno en BMC Environmental Health, que sugerían una posible relación entre paracetamol en el embarazo y autismo. Sin embargo, estos trabajos incluían muchos estudios con alto riesgo de sesgo y sin control adecuado de factores de confusión. La nueva revisión de The Lancet los reevalúa a la luz de criterios de calidad más exigentes y concluye que esas asociaciones, en realidad, podrían reflejar patologías subyacentes (por ejemplo, infecciones que requieren medicación) y no un efecto directo del fármaco.
En este contexto, la síntesis actual se considera el “estándar de oro” de la evidencia hasta la fecha, especialmente relevante para Europa, donde las agencias reguladoras como la Agencia Europea del Medicamento (EMA) ya venían manteniendo una postura prudente pero favorable al uso de paracetamol en el embarazo, siempre bajo supervisión médica.
Cómo se evaluó la calidad de los estudios y qué limitaciones se han detectado
Para valorar la solidez de los datos, los autores de la revisión utilizaron la herramienta QUIPS (Quality in Prognosis Studies), una escala diseñada para evaluar la calidad de los estudios de pronóstico y su riesgo de sesgo. Este sistema examina aspectos como el diseño del estudio, la selección de la muestra, la medición de la exposición, el control de confusores y la forma de evaluar los desenlaces.
Aplicando estos criterios, se clasificaron los estudios en función de su riesgo de sesgo y se dio mayor peso a los de mejor puntuación. Lo relevante es que la ausencia de asociación entre paracetamol prenatal y trastornos del neurodesarrollo se mantuvo incluso al considerar únicamente los trabajos de baja probabilidad de sesgo y los que ofrecían un seguimiento prolongado, superior a cinco años.
Los autores, no obstante, señalan algunas limitaciones importantes. Una de ellas es que, en la mayoría de los estudios con comparaciones entre hermanos, no se disponía de información suficientemente detallada como para analizar de forma separada en qué trimestre del embarazo se tomó el paracetamol, la frecuencia exacta de uso o el sexo del bebé. Esto impide, por ahora, descartar con total precisión posibles diferencias muy pequeñas en subgrupos muy específicos.
También existe cierta heterogeneidad en la manera en que cada estudio definió y diagnosticó autismo, TDAH o discapacidad intelectual, algo inevitable cuando se combinan registros clínicos de diferentes países y épocas. Pese a ello, al agrupar los resultados y ponderarlos según su calidad, la conclusión global se mantiene estable: no se observa un aumento clínicamente relevante de riesgo asociado al paracetamol.
Los propios investigadores insisten en que el hallazgo no debe interpretarse como una invitación a usar el fármaco sin control, sino como una confirmación de que, cuando se toma según las recomendaciones médicas habituales, el paracetamol no parece contribuir al desarrollo de autismo, TDAH ni discapacidad intelectual.
Qué supone esto para las embarazadas en España y Europa
En la práctica clínica, tanto en España como en el resto de Europa, el paracetamol sigue siendo el analgésico y antipirético de referencia durante el embarazo. Se utiliza para tratar fiebre y dolores leves o moderados, desde molestias musculares hasta cefaleas, siempre recomendando la menor dosis eficaz durante el menor tiempo posible.
La Agencia Europea del Medicamento y otras autoridades reguladoras europeas consideran que el paracetamol presenta un perfil de seguridad favorable en la gestación, especialmente si se compara con otros antiinflamatorios, que sí han mostrado riesgos más claros en determinados trimestres. Aun así, los expertos recuerdan que lo ideal es que el tratamiento esté indicado por un profesional sanitario y que no se prolongue más de lo necesario.
En España, especialistas en psiquiatría, obstetricia y pediatría han recibido el nuevo metaanálisis como una pieza que aporta tranquilidad adicional a embarazadas y profesionales. Voces como la de Josep Antoni Ramos-Quiroga, jefe de Psiquiatría del Hospital Vall d’Hebron, han destacado que se trata del “metaanálisis más valioso” elaborado hasta la fecha sobre este asunto y que sus resultados deben ayudar a rebajar la ansiedad de muchas mujeres que ya han tomado, o necesitan tomar, este medicamento durante el embarazo.
Los investigadores advierten de que lanzar mensajes alarmistas sin respaldo sólido puede tener efectos contraproducentes: algunas embarazadas podrían evitar el paracetamol incluso en casos de fiebre alta o dolor intenso, cuando precisamente no tratar estos síntomas sí se asocia a riesgos conocidos para la madre y el feto. De ahí que insistan en la importancia de comunicar de forma equilibrada los datos, explicando tanto qué se sabe como qué lagunas persisten.
En ese sentido, la revisión respalda las recomendaciones vigentes de las principales sociedades médicas: el paracetamol en el embarazo es una opción segura cuando se usa con criterio, dentro de las dosis y tiempos indicados, y bajo el asesoramiento de profesionales sanitarios.
Recordatorio: qué es el paracetamol y cómo actúa
El paracetamol es un analgésico y antipirético de uso muy extendido, indicado para aliviar el dolor leve o moderado y reducir la fiebre. A nivel del sistema nervioso central, actúa bloqueando la síntesis de ciertos mediadores implicados en la percepción del dolor, lo que reduce la intensidad de la molestia. Frente a la fiebre, su acción se centra en el hipotálamo, la región cerebral que regula la temperatura corporal.
En comparación con otros fármacos analgésicos, una de sus ventajas es que, a las dosis recomendadas, tiene un perfil de seguridad relativamente bueno para el estómago y el sistema cardiovascular, y por ello se ha consolidado como primera elección en embarazadas. Sin embargo, como ocurre con cualquier medicamento, su uso no está exento de riesgos si se abusa o se toman dosis por encima de las recomendadas, especialmente para el hígado.
Los expertos recuerdan que, tanto en el embarazo como fuera de él, no conviene automedicarse de forma sistemática. Ante un dolor persistente o una fiebre que no cede, lo adecuado es consultar con el médico o la matrona para valorar la causa subyacente y decidir conjuntamente el tratamiento más apropiado.
La revisión de The Lancet no cuestiona estas pautas de prudencia, sino que aporta un dato adicional: bien utilizado, el paracetamol no parece incrementar el riesgo de autismo, TDAH o discapacidad intelectual en la descendencia, algo que durante años había generado dudas entre pacientes y también entre algunos profesionales.
En un contexto en el que las embarazadas ya cargan con múltiples preocupaciones sobre la salud de su futuro hijo, los autores subrayan que no es necesario añadir el miedo a que un analgésico puntual para un dolor de cabeza pueda tener “efectos de gran alcance” sobre el desarrollo cerebral del niño.
El conjunto de la evidencia disponible apunta así en una dirección clara: cuando se toma siguiendo las indicaciones médicas, el paracetamol sigue siendo una herramienta segura y útil para tratar el dolor y la fiebre durante el embarazo, y los grandes estudios internacionales no respaldan la idea de que aumente el riesgo de autismo, TDAH o discapacidad intelectual en los hijos; el mensaje que llega desde la investigación más rigurosa es que, más que demonizar este medicamento, conviene centrar los esfuerzos en vigilar las causas que llevan a usarlo, seguir las dosis recomendadas y proporcionar a las mujeres embarazadas información fiable que les permita decidir con calma.



