Origen del aperitivo: historia, curiosidades y cómo disfrutarlo hoy

  • El aperitivo nace como bebida medicinal en la Antigüedad y se consolida con el vermut italiano como ritual social.
  • España adapta esta costumbre y la fusiona con las tapas, convirtiéndola en parte central de su identidad gastronómica.
  • Cada región española tiene su propio estilo de aperitivo, con productos locales como jamón, marisco, embutidos o pintxos.
  • Hoy el aperitivo es un momento de placer y socialización que se celebra incluso con un Día Mundial específico.

Origen del aperitivo

En España, quedar para el aperitivo es casi un ritual: terraceo al sol, algo de picar, una bebida fresquita y buena compañía. Lo hacemos los fines de semana, en festivos, antes de comer y hasta para alargar la tarde… pero pocas veces nos paramos a pensar de dónde viene exactamente esta costumbre que tanto nos gusta.

Detrás de ese momento de vermut y tapa hay una historia muy larga que arranca en la Antigüedad, pasa por médicos griegos, reyes italianos, taberneros españoles con mucha imaginación y marcas modernas que han conseguido que el aperitivo tenga incluso su propio Día Mundial. Vamos a recorrer su origen, sus curiosidades y algunas ideas para disfrutarlo hoy como se merece.

Qué es realmente el aperitivo y de dónde viene el nombre

Cuando hablamos de aperitivo nos referimos a una bebida y pequeños bocados que se toman antes de la comida o la cena con la idea de “abrir” el apetito, no de saciarlo. Es un momento previo a la comida principal, más relajado, donde se conversa, se socializa y se disfruta sin prisas.

El término “aperitivo” procede del latín tardío aperitivus, derivado del verbo clásico “aperire”, que significa “abrir”. El sentido original era clarísimo: se trataba de una bebida capaz de “abrir” el estómago y estimular el hambre. En sus inicios se usaba sobre todo para la bebida, normalmente un vino con hierbas, y solo después se fueron incorporando alimentos sólidos para acompañarla.

Durante mucho tiempo, especialmente en Europa, el aperitivo tuvo incluso un matiz casi medicinal: se pensaba que algunos vinos aromatizados ayudaban a preparar el cuerpo para el banquete, mejoraban la digestión y evitaban empachos. No era solo un momento social como hoy, sino parte de una especie de “tratamiento” previo a comer.

De hecho, no hace tanto era relativamente habitual que a los niños se les diera un poco de vino quinado para abrirles el apetito cuando comían mal. Algo impensable hoy, pero que ayuda a entender hasta qué punto se asociaba el aperitivo con la idea de “remedio” para tener más hambre.

historia del aperitivo y curiosidades

El origen más antiguo: Hipócrates y el vino que abría el estómago

Si nos vamos muy atrás en el tiempo, el germen del aperitivo tal y como lo entendemos hoy aparece en el siglo V a. C.. En la antigua Grecia, el médico Hipócrates, considerado el padre de la medicina, creó una bebida amarga a base de vino con sabor a ajenjo y otras hierbas aromáticas.

Este preparado, que hoy podríamos ver como un vino aromatizado primitivo, se usaba cuando los pacientes no tenían apetito. Según los textos, Hipócrates lo recetaba para “reabrir” el estómago y favorecer que la persona volviera a tener hambre, sobre todo antes de celebraciones o comidas festivas.

Con el tiempo, ese vino medicinal griego se incorporó a la gastronomía occidental durante la Edad Media. Pasó a conocerse como “vino hipocrático”, y se preparaba mezclando vino con diferentes hierbas, especias y a menudo ajenjo, buscando tanto su efecto estimulante del apetito como su sabor particular.

En la época romana se desarrollaron también vinos aromatizados, como el vinum absinthiatum, elaborado con ajenjo al que se añadían hierbas como romero o salvia para mejorar su sabor. Estos vinos se servían en pequeñas cantidades antes de los banquetes, con un propósito muy parecido al del aperitivo moderno.

Este concepto de bebida previa, algo amarga y especiada, pensada para “abrir el apetito”, es la base de lo que siglos después se consolidaría como vermut y otros aperitivos alcohólicos que hoy nos resultan tan familiares.

Italia, cuna del aperitivo moderno y el nacimiento del vermut

El salto del aperitivo de remedio médico a costumbre social con todas las letras se da en Italia, y más concretamente en Turín. A finales del siglo XVIII, el destilador Antonio Benedetto Carpano inventó un vino aromatizado al que añadió quina y una mezcla de hierbas, inspirado en antiguas recetas de vinos con ajenjo.

A esta nueva bebida la bautizó como vermut (del alemán “Wermut”, ajenjo), y empezó a servirse en las tabernas turinesas a última hora de la tarde, justo antes de las comidas copiosas. Su función era clara: preparar el estómago, estimular el apetito y hacer más agradable el momento previo al banquete.

El éxito fue inmediato. El vermut se convirtió en la bebida favorita de la corte italiana, incluido el rey Víctor Manuel II, y de personajes influyentes como Cavour o Garibaldi. Lo que había empezado casi como una innovación de bodega se transformó en una moda que se extendía rápidamente por las ciudades italianas.

Durante el siglo XIX, el vermut y el aperitivo pasaron a ser un estilo de vida. Políticos, intelectuales y burgueses se reunían en cafés y bares para charlar, debatir y socializar sustituyendo el café por una bebida alcohólica acompañada de algo de comer. Es en este momento cuando el aperitivo deja de ser solo una bebida y empieza a ir siempre de la mano de pequeños bocados.

Desde Italia, esta costumbre se extendió pronto hacia el resto de Europa, especialmente a Francia y España. En Francia se popularizó el “apéro” como momento previo a la cena, mientras que en España el vermut encontró un terreno fértil para mezclarse con tradiciones locales como las tapas y el tapeo.

aperitivo tapas vermut

Del antipasti al tapeo: cómo se vive el aperitivo en distintos países

Aunque el origen moderno del aperitivo está en Italia, hoy cada país lo ha adaptado a su manera. La base es la misma, pero el formato y los horarios cambian bastante. Los nombres también cuentan parte de la historia: antipasti en Italia, apéro en Francia, aperitivo o “ir de tapas” en España, “potear” en el País Vasco o incluso “happy hour” en Estados Unidos.

En Italia, el aperitivo se celebra sobre todo entre las 18:00 y las 21:00. En muchas ciudades es habitual que los bares ofrezcan un buffet de diferentes platos fríos (pasta, embutidos, ensaladas, pizzas en porciones…) incluido en el precio de la bebida. Para muchos italianos, esa combinación de copa y buffet acaba siendo prácticamente su cena.

En Francia, el “l’apéro” es un momento muy social que suele hacerse también al final de la tarde. Se acompaña de embutidos, quesos, patés, frutos secos o pequeños canapés, con vino, cerveza o algún licor suave. A menudo se organiza en casas entre amigos o familia, como un preludio a la cena o incluso como sustituto cuando se alarga.

En España, sin embargo, el aperitivo es mucho más flexible. Puede tomarse tanto antes de la comida como antes de la cena, en bares, terrazas o en casa, y se asocia muy directamente con el mundo de las tapas. El tiempo puede ser corto, de una sola consumición, o alargarse encadenando bar tras bar.

En el ámbito anglosajón el concepto se ha transformado en la “happy hour”, con bebidas a precio reducido y algún bocado sencillo. Aunque comparte la idea de desconectar antes de la cena, suele tener un enfoque más comercial y menos gastronómico que el aperitivo mediterráneo.

El aperitivo en España: una institución muy nuestra

En España, el aperitivo se ha convertido en una auténtica seña de identidad. Aunque la idea llegó de Italia, aquí la hemos adaptado hasta crear algo muy propio, especialmente gracias a la cultura de la tapa y el tapeo.

A diferencia de Italia o Francia, donde el aperitivo se concentra en la franja de tarde-noche, en España se disfruta tanto al mediodía como al caer la tarde. Antes de la comida, es el clásico vermut del fin de semana; antes de la cena, puede ser una ronda de cañas con algo de picar que casi se convierte en cena ligera.

Lo habitual es que la bebida (cerveza, vino, vermut, refresco, sidra, manzanilla…) vaya acompañada de algún tipo de tapa. En muchas zonas se sirve una pequeña porción gratis con cada consumición, mientras que en otras se piden raciones o medias raciones para compartir entre varios.

Madrid es un buen ejemplo de ciudad devota del aperitivo: hay toda una cultura de “hacer el vermut” los domingos, y muchos bares ofrecen una tapa gratuita con cada bebida, desde unas simples patatas fritas o aceitunas hasta pequeñas porciones de guisos, croquetas o pescadito.

El norte de España, especialmente comunidades como Cantabria, Asturias o Galicia, ha hecho del aperitivo marisquero casi un arte: bígaros, nécoras, percebes, quisquillas, camarones… acompañados de un buen vino blanco frío, a menudo en terrazas frente al mar. Es una forma muy sensorial de vivir ese momento previo a la comida.

Tapas y pintxos: cuando el aperitivo se come

En la mayor parte del país es difícil imaginar un aperitivo sin algo de comer. Y aquí entra en juego una de las grandes aportaciones españolas a la cultura gastronómica mundial: la tapa, con su versión vasca del pintxo.

La historia de la tapa mezcla tradición y leyenda. Una de las versiones más aceptadas sitúa el origen en el siglo XIII, durante el reinado de Alfonso X el Sabio. Cuenta la tradición que, por recomendación médica, el rey descubrió que el vino le sentaba mejor si lo acompañaba de un pequeño bocado sólido. A raíz de ello, habría establecido una norma para que en las tabernas se sirviera algo de comer junto a cada bebida alcohólica.

Otra leyenda muy popular habla ya de Alfonso XIII. Estando el rey en una taberna de Cádiz, una fuerte racha de viento levantó arena, y el tabernero colocó una loncha de jamón sobre la copa para evitar que entrase suciedad. Al pedir otra ronda, el monarca la habría solicitado “con tapa”, dando así origen al término. Otra versión apunta a que esa loncha de jamón se usaba para mantener alejadas a las moscas.

Sea cual sea la historia real, lo cierto es que hoy en día la tapa se ha convertido en compañera inseparable del aperitivo en España. Desde unas simples aceitunas, unas patatas fritas o unos frutos secos, hasta elaboraciones más complejas como croquetas, ensaladillas, tostas, guisos en miniatura o mariscos.

En el País Vasco y Navarra, el aperitivo se vive a través del pintxo: pequeños bocados a menudo servidos sobre pan y sujetos con un palillo, que pueden llevar desde tortilla de patata o anchoas hasta preparaciones muy creativas de alta cocina en miniatura. En muchos bares se cobra según el número de palillos acumulados en el plato.

El aperitivo según la región: un viaje por España

Una de las cosas más divertidas del aperitivo en España es que cambia muchísimo de una comunidad a otra, reflejando la riqueza gastronómica del país. Ir “de aperitivo” en Cádiz no es lo mismo que hacerlo en Zaragoza o en Barcelona, y ahí está parte de su encanto.

En Andalucía reinan las aceitunas aliñadas, el pescaíto frito y los encurtidos, a menudo acompañados de vino fino, manzanilla o cerveza bien fría. Un aperitivo típico puede ser una pequeña ración de cazón en adobo, unas puntillitas o boquerones fritos.

En Aragón, los embutidos tienen un papel protagonista: jamón de Teruel, longanizas, chorizos o morcillas llenan muchas barras a la hora del aperitivo. En Cataluña y la Comunidad Valenciana es muy popular el vermut del mediodía, acompañado de patatas bravas, banderillas, berberechos, conservas de calidad y quesos variados.

El País Vasco y Navarra destacan por sus pintxos y “potes”. El “potear” consiste en ir de bar en bar tomando pequeños vinos (potes) con su correspondiente pintxo, sobre todo a la hora del aperitivo. En Cantabria, además de los pintxos, las rabas (calamares fritos) se han convertido en una tapa imprescindible.

En Asturias no faltan los bollos preñaos en los aperitivos festivos, mientras que en Madrid son clásicos los boquerones en vinagre con patatas fritas, las banderillas, las alitas de pollo o las tapas de cocina casera acompañadas de caña o vermut. Cada ciudad y cada pueblo tiene sus favoritos.

Productos estrella del aperitivo: de jamones a frutos secos

Detrás de un buen aperitivo siempre hay productos sencillos pero de calidad. Algunos se han convertido en auténticos reyes de este momento del día por su versatilidad y por lo bien que combinan con una bebida.

El jamón, tanto serrano como ibérico, es probablemente el gran protagonista de muchos aperitivos. Un plato de buenas lonchas de jamón de bellota 100 % ibérico, como los de zonas productoras emblemáticas, es casi un acierto seguro, ya sea solo o formando parte de tapas como croquetas, huevos rotos, minipizzas o bocadillos tipo “serranito”.

Cuando el presupuesto no permite piezas enteras, los jamones loncheados y envasados son una opción muy práctica y más asequible, y en muchos supermercados se pueden encontrar productos con buena relación calidad-precio recomendados por organizaciones de consumidores. Son perfectos para improvisar un aperitivo en casa sin complicarse.

Los frutos secos son otro imprescindible: almendras, pistachos, anacardos, avellanas, nueces o piñones, tostados o fritos con sal, acompañan a la perfección cervezas, vinos o refrescos. Además, aportan grasas saludables y sacian sin resultar pesados, por lo que son aliados ideales para el picoteo.

Los embutidos variados (fuet, lomo embuchado, longaniza de payés, chorizo, morcilla seca…) y las tablas de quesos se han consolidado como recursos infalibles. En Cataluña, por ejemplo, el fuet cortado fino junto a un buen pan con tomate es casi un símbolo del aperitivo de domingo.

En muchas mesas tampoco faltan las patatas fritas, que llevan más de dos siglos triunfando como snack. Desde las clásicas chips en aceite de girasol con sal al punto, hasta versiones con sabores (jamón, barbacoa, campesinas, picantes…), se han convertido en acompañamiento habitual de cañas, vermuts y refrescos.

Día Mundial del Aperitivo: cómo una costumbre se convierte en celebración

Que el aperitivo forme parte de nuestro día a día no significa que siempre haya tenido una fecha en el calendario. El Día Mundial del Aperitivo se celebra el 19 de septiembre y es bastante reciente.

La iniciativa partió de la conocida marca de patatas fritas Lay’s, que en 2019 lanzó la propuesta y en 2020 impulsó una campaña más fuerte aprovechando el final del confinamiento. El objetivo era reivindicar el valor del aperitivo como momento de disfrute, de reunión y de cultura gastronómica.

Para darle más peso, se inició una recogida de firmas en la plataforma Change.org y se llegó a hacer una petición formal a la UNESCO para que reconociera esta tradición y oficializara la fecha. Desde entonces, cada 19 de septiembre se organizan promociones, campañas y contenidos alrededor del aperitivo.

Curiosamente, en Italia también han querido marcar su propio día del aperitivo a nivel nacional, fijándolo el 26 de mayo. No es de extrañar: tanto en Italia como en España, el aperitivo se percibe como parte fundamental del estilo de vida, no solo como un simple bocado antes de comer.

El aperitivo hoy: placer, socialización y pequeñas rituales

En la actualidad, el aperitivo es mucho más que ese sorbo de vino o vermut previo. Se ha transformado en un ritual de bienestar que combina gastronomía, ocio y relaciones sociales. Es el momento de “bajar revoluciones”, de dejar el móvil a un lado y centrarse en la conversación y el picoteo.

Nos gusta porque activa los sentidos: el aroma de un albariño frío, el crujido de una nécora, el toque salino de unas aceitunas, la textura de un buen queso… Todo suma para construir una experiencia sensorial placentera que anticipa la comida principal.

También es un espacio privilegiado para socializar. El aperitivo casi siempre se comparte, ya sea en pareja, con amigos o en familia. No tiene la solemnidad de una comida formal ni la prisa de un café de trabajo, lo que permite charlas más relajadas y espontáneas.

Desde el punto de vista psicológico, es un momento que nuestro cerebro asocia con el placer: desconexión, comida rica, entorno agradable… todo ello ayuda a liberar dopamina y a que lo percibamos como uno de los instantes más agradables del día, especialmente en fines de semana o vacaciones.

Además, el aperitivo se adapta muy bien a las nuevas formas de consumo: se puede hacer en casa con productos sencillos, en terrazas al aire libre, en bares de toda la vida o en locales especializados. Desde packs de marisco listo para comer hasta tablas de conservas gourmet, cada vez hay más opciones para disfrutarlo sin complicaciones.

Cómo disfrutar hoy de un buen aperitivo

Montar un aperitivo redondo no requiere grandes alardes de cocina, pero sí cierto mimo en la elección de productos y un poco de gracia a la hora de combinarlos. La clave está en ofrecer variedad de texturas y sabores sin llegar a saturar, para dejar hueco a la comida o cena posterior.

Un planteamiento básico puede incluir: una parte de salazones o embutidos (jamón, fuet, lomo, anchoas), algo de quesos (uno suave, uno curado, quizá un azul), frutos secos y encurtidos (aceitunas, pepinillos, cebolletas), y un elemento más especial como mariscos, conservas de calidad o alguna tosta elaborada.

Las conservas han ganado mucho peso en el mundo del aperitivo por su comodidad y sabor: pimientos asados en conserva para acompañar con quesos o carnes frías, aceitunas rellenas listas para servir, champiñones laminados que se pueden marinar con aceite y ajo en un momento, mejillones en escabeche, berberechos o sardinillas en aceite.

Si apetece subir un poco el nivel, siempre se pueden preparar aperitivos más creativos sin demasiada dificultad. Por ejemplo, tostas de peras caramelizadas al vino blanco con queso azul y nueces, gratinadas unos minutos al horno, o un carpaccio de calabacín crudo con vinagreta de limón, miel y aceite, coronado con queso feta y nueces.

En cuanto a la bebida, el abanico va desde el vermut clásico (rojo, blanco o incluso reserva) hasta vinos blancos, cavas, cervezas, sidras o cócteles ligeros. También existen opciones sin alcohol, desde vermuts y cervezas sin hasta refrescos más cuidados, para quienes quieren disfrutar del rito sin tomar alcohol.

Mirando atrás, se ve cómo lo que empezó como un vino amargo creado por Hipócrates para “reabrir el estómago”, siguió con vinos aromatizados medievales, se consolidó como vermut en la Italia del XVIII, se convirtió en ritual social en los cafés del XIX y acabó fundiéndose en España con las tapas hasta formar parte esencial de nuestra cultura gastronómica. Hoy, el aperitivo sigue siendo ese rato que nos reservamos para disfrutar, compartir y celebrar las pequeñas cosas, ya sea con unos bígaros frente al mar, unas patatas fritas en el bar del barrio o una tabla de quesos y jamón en casa con la mejor compañía.

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