
El mundo de la moda europea lamenta la muerte de Paul Costelloe, uno de los diseñadores irlandeses más influyentes de las últimas décadas y presencia habitual en la Semana de la Moda de Londres. El creador falleció a los 80 años en Londres, tras una breve enfermedad, acompañado por su esposa y sus siete hijos, según confirmó su familia en un comunicado.
Considerado un referente del diseño contemporáneo británico e irlandés, Costelloe se mantuvo activo prácticamente hasta el final de su vida profesional. En septiembre presentó su última colección en la pasarela londinense, demostrando que su energía creativa y su compromiso con el oficio seguían intactos pese a los problemas de salud recientes.
Una vida marcada por la moda desde la infancia
Detrás de la figura pública de Costelloe había una historia muy ligada al textil: nació en Dublín en junio de 1945, en el seno de una familia numerosa y fue el menor de siete hermanos. Su padre, un empresario que dirigía una fábrica de impermeables y gabardinas en la capital irlandesa, le introdujo desde niño en el mundo de los tejidos, los patrones y la confección.
Aquel entorno familiar fue su primera escuela, donde aprendió a manejar materiales técnicos y telas resistentes, pero también a valorar la precisión en el corte y el acabado. Esa influencia temprana se percibiría años después en su obsesión por la calidad y la durabilidad de las prendas, rasgos que muchos compradores asociaban de inmediato con su firma.
Con el objetivo de profesionalizar su vocación, estudió en la Academia Grafton de Diseño de Moda de Dublín, una de las instituciones de referencia en Irlanda. La formación académica le abrió las puertas del circuito internacional, y pronto dio el salto al continente para continuar su carrera.
Sus primeros pasos fuera de Irlanda le llevaron a París, donde se incorporó a la Cámara Sindical de la Alta Costura. Allí fue nombrado asistente de diseño del creador francés Jacques Esterel, experiencia que le permitió conocer desde dentro los ritmos, la disciplina y la exigencia de la alta costura clásica.
De París a Milán y Nueva York: el aprendizaje internacional
Tras su etapa en Francia, Costelloe continuó ampliando horizontes con una estancia profesional en Milán, donde trabajó para los grandes almacenes de lujo La Rinascente. Aquella experiencia italiana consolidó su interés por un diseño elegante pero práctico, pensado tanto para la pasarela como para el día a día de mujeres y hombres reales.
Su recorrido internacional siguió en Nueva York, ciudad en la que permaneció alrededor de cuatro años colaborando, entre otros, con la diseñadora Anne Fogarty. En Estados Unidos pulió una visión más comercial de la moda, aprendiendo a equilibrar la creatividad con las necesidades del mercado y a desarrollar colecciones capaces de conectar con públicos muy diversos.
Todo ese bagaje europeo y americano desembocó en 1979, cuando decidió regresar al entorno irlandés-británico para emprender su propio proyecto. Ese mismo año contrajo matrimonio con Anne Cooper y, en paralelo, dio forma a lo que sería el núcleo de su carrera.
Fue entonces cuando fundó su marca homónima, Paul Costelloe Collections, con la intención de crear un sello reconocible que uniera tradición sartorial, funcionalidad y una elegancia accesible. A lo largo de los años, la firma se diversificó con colecciones de mujer, hombre, línea infantil, bolsos, accesorios y artículos para el hogar.
El diseñador que acompañó la transformación de Diana de Gales
El gran punto de inflexión llegó en 1983, cuando comenzó a trabajar para Diana, Princesa de Gales. A partir de entonces, se convirtió en uno de los modistos de confianza de la que sería uno de los iconos de estilo más influyentes del siglo XX. Su relación profesional con la princesa se prolongó hasta su muerte en 1997.
Costelloe se encargó sobre todo de vestir a Diana en actos formales y compromisos oficiales, aunque también firmó conjuntos para giras internacionales y apariciones más distendidas. Entre los looks más recordados se encuentran los vestidos de flores en tonos rosas y amarillos que la princesa lució en viajes a Omán, Nigeria o Australia, y que se convirtieron en imágenes icónicas de la prensa europea.
La aportación del diseñador irlandés fue clave en la evolución del estilo de Lady Di, especialmente en la etapa posterior a su separación del entonces príncipe Carlos. Los diseños amplios y románticos del inicio dieron paso a siluetas más estructuradas y sofisticadas, con trajes de chaqueta, vestidos entallados y colores vibrantes que reflejaban una imagen más segura e independiente.
Una de las anécdotas más citadas en torno a esta colaboración es la falda de gasa que, al volverse ligeramente transparente bajo cierta luz, generó debate en los medios. Episodios como este mostraban cómo la exposición mediática y la moda se entrelazaban en la figura de Diana, y situaban también a Costelloe en el centro de la conversación pública sobre la imagen de la monarquía británica.
Más de cuatro décadas en la Semana de la Moda de Londres
El vínculo con Diana se tradujo también en un impulso decisivo para su carrera en Reino Unido. Gracias al prestigio que fue adquiriendo, en 1984 fue invitado a desfilar en la Semana de la Moda de Londres, iniciando una relación de larga duración con la principal pasarela británica.
Durante más de 35 años —y en la práctica, cerca de cuatro décadas de presencia continuada—, Costelloe presentó sus colecciones en Londres, convirtiéndose en una cita consolidada para periodistas, compradores y profesionales del sector. Sus desfiles eran descritos habitualmente como femeninos, vibrantes y sofisticados, una mezcla de herencia clásica y guiños contemporáneos.
En una de sus últimas apariciones, su firma llevó a la pasarela una colección inspirada en la estética de los años 60 y las calles de Rodeo Drive en Beverly Hills, bajo el título «Boulevard Of Dreams». Aquella propuesta funcionó prácticamente como un repaso de su trabajo a lo largo de cuarenta años: siluetas estructuradas, colorido controlado y una clara atención al detalle.
Los expertos solían subrayar que su estilo evitaba los golpes de efecto gratuitos. En su lugar, Costelloe apostaba por prendas bien construidas, cómodas y adaptables a distintas ocasiones, algo que le permitió mantener una clientela fiel tanto en Reino Unido como en Irlanda y otros países europeos.
Calidad, funcionalidad y lujo accesible
Uno de los rasgos distintivos de la firma Paul Costelloe era su énfasis en la calidad de los materiales y la precisión en la confección. Sus colecciones de mujer y hombre, así como sus líneas de bolsos y accesorios, se concebían con una filosofía muy clara: ofrecer lujo accesible a través de piezas duraderas y con un diseño cuidado, pero alejadas del elitismo extremo.
Con el paso del tiempo, el diseñador amplió su actividad hacia el vestuario corporativo y de equipos deportivos. Entre sus trabajos más conocidos se encuentran los uniformes para British Airways, Delta Airlines y el equipo olímpico irlandés, proyectos que reforzaron su perfil de creador capaz de combinar identidad de marca y funcionalidad.
En el mercado irlandés, su colaboración de larga duración con la cadena Dunnes Stores ayudó a acercar su estilo a un público más amplio. Esas colecciones cápsula y líneas específicas contribuyeron a que su nombre se asociara en Irlanda con una moda de diseño a precios moderados, sin renunciar a su sello personal.
Su trabajo también fue reconocido de formas menos habituales en el sector: en 2010, fue uno de los seis diseñadores de moda irlandeses contemporáneos que aparecieron en una serie de sellos emitidos por el servicio postal irlandés, An Post, junto a figuras como Louise Kennedy, John Rocha, Philip Treacy o Orla Kiely. Esta elección simbolizaba el lugar que había alcanzado dentro del imaginario cultural del país.
Reconocimiento, familia y últimos proyectos
A nivel personal, Costelloe construyó una vida familiar muy ligada a su trabajo. Desde 1979 estuvo casado con Anne, con quien tuvo siete hijos: Jessica, William, Robert, Gavin, Justin, Paul-Emmet y Nicholas. Muchos de ellos participaron de una forma u otra en la empresa familiar, que se mantuvo como un negocio independiente a lo largo de los años.
El diseñador dividía su tiempo entre su residencia en el barrio londinense de Putney y la localidad de Monkstown, en el condado de Dublín. Esa doble vida entre Irlanda y Reino Unido reflejaba también su identidad híbrida, con raíces irlandesas muy marcadas y una carrera fuertemente vinculada a la escena británica.
A lo largo de su trayectoria, Costelloe fue invitado como jurado en programas de televisión dedicados a la artesanía y el diseño, y participó en iniciativas para visibilizar el trabajo de los creadores irlandeses. También recibió el respaldo institucional de su país: responsables políticos destacaron en varias ocasiones cómo su figura contribuyó a proyectar la moda irlandesa en el escenario internacional.
Pese a su extensa carrera, el diseñador no se desconectó de la actualidad de la industria. En sus últimos años, siguió lanzando nuevas colecciones y adaptando su propuesta a las demandas de un público más joven, sin renunciar a los códigos que lo habían definido desde el principio.
Una despedida serena y un legado duradero
Según comunicó su familia, Paul Costelloe murió en paz en Londres, rodeado de su esposa e hijos, tras una enfermedad de corta duración. En su mensaje, sus allegados subrayaron su «pasión incansable por la creatividad» y su dedicación al trabajo incluso en los meses previos a su fallecimiento.
Figuras del sector y seguidores de su trabajo han recordado estos días su coherencia estética, su ética profesional y su capacidad para mantenerse vigente durante más de cuarenta años en una industria extremadamente cambiante. Muchos destacan especialmente su rol en la construcción del estilo de Diana de Gales y su contribución a consolidar la London Fashion Week como plataforma de referencia para el talento irlandés.
La huella de Costelloe queda inscrita tanto en los archivos de la moda británica e irlandesa como en las colecciones privadas de quienes vistieron sus diseños. Su combinación de oficio clásico, mirada internacional y cercanía al público permite entender por qué su nombre se asocia ya a una generación de creadores que apostaron por la solidez del trabajo bien hecho frente a las modas pasajeras.
