Medicamentos para adelgazar: boom global, riesgos y debate social

  • El auge de los fármacos para adelgazar ha generado un mercado multimillonario y una fuerte competencia entre farmacéuticas.
  • Medicamentos basados en GLP-1 y nuevas moléculas logran pérdidas de peso muy elevadas, pero con efectos secundarios relevantes.
  • Expertos en nutrición en España advierten de un uso irracional sin cambios de estilo de vida ni supervisión médica.
  • Crece el debate social y ético, con voces críticas que alertan sobre el impacto en la autoestima, la salud mental y la relación con el propio cuerpo.

Medicamentos para adelgazar

Los medicamentos para adelgazar se han convertido en uno de los grandes fenómenos sanitarios y sociales de la última década. Lo que empezó como una herramienta médica para tratar la obesidad y la diabetes tipo 2 se ha transformado en una auténtica ola de consumo que ya no se limita a pacientes de alto riesgo, sino que alcanza a personas que buscan, simplemente, encajar en determinados cánones estéticos.

En paralelo al entusiasmo por los resultados rápidos, médicos, nutricionistas y voces públicas advierten de un uso cada vez más frívolo de estos fármacos, del riesgo de efectos adversos como la pérdida de masa muscular y de la confusión que se está generando en torno a lo que significa cuidarse y tener un peso saludable. El debate afecta tanto al ámbito clínico como a la cultura de la imagen, desde Hollywood hasta las consultas de endocrinología en España.

Un mercado multimillonario y en plena expansión

El negocio de los tratamientos farmacológicos para perder peso vive un momento de euforia. Analistas internacionales estiman que el sector podría mover hasta 150.000 millones de dólares al año en la próxima década, impulsado por la obesidad creciente y por la demanda de soluciones rápidas para reducir kilos.

En este escenario destacan dos gigantes: Novo Nordisk y Eli Lilly, que han revolucionado el mercado con medicamentos basados en la acción de las hormonas GLP-1 y, en algunos casos, combinadas con otras como la amilina. Estos compuestos actúan sobre el apetito y la regulación metabólica, permitiendo pérdidas de peso que hace apenas unos años parecían inalcanzables con fármacos.

La consecuencia económica es evidente: Eli Lilly alcanzó recientemente el billón de dólares de capitalización bursátil, un hito en la industria farmacéutica, en gran parte gracias al tirón de sus tratamientos contra la obesidad. Novo Nordisk, por su parte, se ha colocado en el centro del debate mundial sobre el acceso y el uso responsable de estos medicamentos.

En paralelo, otras multinacionales y biotecnológicas se han lanzado a una auténtica carrera por el “próximo superventas” para adelgazar: Pfizer, Roche, Amgen, Merck, AstraZeneca, Viking Therapeutics, Scholar Rock, Altimmune, Zealand Pharma o Structure Therapeutics, entre otras, compiten con moléculas nuevas, combinaciones y formatos orales que buscan mejorar eficacia, comodidad de uso y perfil de seguridad.

Tratamientos para perder peso

Los nuevos fármacos: inyecciones semanales, pastillas y combinaciones hormonales

Entre los desarrollos más avanzados, Novo Nordisk trabaja en dos grandes apuestas: amycretin y CagriSema. Amycretin, disponible tanto en inyección como en formato oral en investigación, actúa de forma dual sobre GLP-1 y amilina. En estudios de fase intermedia, los pacientes con diabetes tipo 2 han llegado a perder hasta un 14,5% de su peso en 36 semanas, con efectos secundarios gastrointestinales descritos como leves o moderados.

En fases más tempranas, la versión oral diaria de amycretin ha mostrado reducciones de peso de en torno al 13% en solo 12 semanas, mientras que la presentación inyectable ha alcanzado pérdidas cercanas al 22% en 36 semanas. Cifras que explican en buena medida el interés de los inversores y el ruido mediático que rodea a estos tratamientos.

CagriSema, considerada por la compañía como el posible relevo de Wegovy, ha ofrecido resultados algo por debajo de las expectativas de Novo. En uno de los ensayos de fase avanzada, los participantes redujeron su peso en torno a un 22,7%, cuando la farmacéutica apuntaba a aproximadamente un 25%. Aun así, la empresa planea solicitar su aprobación regulatoria en 2026, convencida de que el perfil global del medicamento será competitivo.

Además de sus propios desarrollos, Novo Nordisk ha cerrado acuerdos de licencia para fármacos en fases iniciales, como un candidato “triple G” procedente de la china United Laboratories, que actúa sobre tres hormonas distintas implicadas en el control del peso.

Por su parte, Pfizer intenta reengancharse a la carrera de la obesidad tras haber abandonado dos pastillas con GLP-1 (lotiglipron y danuglipron) por problemas de seguridad hepática. La compañía ha apostado por la adquisición de la biotecnológica Metsera, con la que accede a MET-097i, un tratamiento inyectable mensual basado en GLP-1 que, en ensayos de fase intermedia, logró una pérdida media de peso del 14,1% en 28 semanas.

Metsera también desarrolla MET-233i, un fármaco que imita la hormona amilina con vistas a posibles terapias combinadas. Los planes pasan por iniciar ensayos avanzados y explorar versiones orales. Además, Pfizer ha firmado una licencia exclusiva con YaoPharma, filial de Fosun Pharma, para impulsar otro tratamiento experimental contra el sobrepeso, con pagos que podrían acercarse a los 2.000 millones de dólares.

Eli Lilly y la carrera por el “fármaco estrella”

Si hay una empresa que simboliza el auge actual de los medicamentos para adelgazar, esa es Eli Lilly. Más allá de sus productos ya comercializados, la compañía está afinando varias moléculas de nueva generación que aspiran a ir un paso más allá en eficacia.

Uno de los proyectos más avanzados es eloralintida, un fármaco experimental basado en amilina y administrado una vez por semana. En un estudio de fase intermedia, permitió pérdidas de hasta un 20,1% del peso corporal, una cifra que compite directamente con los mejores resultados conocidos hasta ahora en este campo.

En el terreno de las pastillas, orforglipron se ha convertido en una de las grandes apuestas orales de Lilly. En pacientes con sobrepeso y diabetes tipo 2, la dosis más alta consiguió una pérdida media de en torno al 10,5% del peso en 72 semanas en un ensayo avanzado, mientras que otro estudio mostró reducciones cercanas al 8% en 40 semanas. Estos datos mejoran lo observado con la dosis máxima de Ozempic (semaglutida inyectable), que en pacientes diabéticos se sitúa alrededor del 6% de pérdida.

El objetivo de la compañía es lograr la aprobación regulatoria de orforglipron como alternativa oral potente, en un contexto en el que muchos pacientes y sistemas sanitarios europeos valoran especialmente la comodidad de las pastillas frente a las inyecciones.

Aún más llamativos han sido los resultados preliminares de retatrutida, otra molécula de Lilly considerada de “nueva generación”. En un ensayo de fase final, los participantes perdieron de media un 28,7% del peso corporal, superando a fármacos ya consolidados como Zepbound. Este salto en eficacia refuerza el liderazgo del laboratorio en un mercado que no deja de crecer.

La farmacéutica también ha sellado acuerdos estratégicos con empresas como Laekna, para desarrollar un tratamiento que ayude a adelgazar preservando la masa muscular, y con Superluminal Medicines, con la idea de descubrir nuevas moléculas mediante inteligencia artificial para la obesidad y otras patologías cardiometabólicas.

La segunda oleada: Roche, Amgen, Merck, AstraZeneca y otras biotecnológicas

Más allá de los grandes nombres, varias farmacéuticas tradicionales y biotecnológicas intentan asegurarse su sitio en el mapa de los medicamentos para adelgazar, muchas de ellas con alianzas y compras multimillonarias.

Roche ha apostado fuerte con la adquisición de Carmot Therapeutics, que le ha permitido incorporar CT-388, una inyección semanal de la misma familia que Zepbound, ahora ya en fase avanzada de ensayo. La compañía suiza también se ha asociado con Zealand Pharma para desarrollar y comercializar petrelintida, otro candidato contra la obesidad, en un acuerdo valorado en hasta 5.300 millones de dólares.

Amgen, con su fármaco experimental MariTide, ha mostrado reducciones de peso de hasta un 20% en estudios intermedios de un año. Los análisis sitúan sus resultados en línea con Wegovy y Zepbound, aunque con una incidencia algo mayor de efectos secundarios, un aspecto clave de cara a las futuras decisiones de las agencias reguladoras europeas.

En el terreno de las píldoras, Merck se ha sumado mediante un acuerdo con la china Hansoh Pharma para HS-10535, un agonista oral del receptor GLP-1 que pretende competir como alternativa a las inyecciones semanales. AstraZeneca, por su parte, impulsa AZD5004, una pastilla diaria para adelgazar, que en ensayos iniciales ha mostrado un perfil de seguridad aceptable y ya está en fase media de desarrollo.

También ganan visibilidad compañías como Viking Therapeutics, cuyo medicamento oral VK2735 logró una pérdida media del 12,2% del peso en 13 semanas en un ensayo de fase intermedia, o Altimmune, con pemvidutida, que alcanzó alrededor de un 15,6% de reducción media en un estudio de 2023, aunque con náuseas y vómitos leves o moderados en muchos participantes.

Otros proyectos interesantes llegan de la mano de Scholar Rock, que con apitegromab en combinación con tirzepatida (principio activo de Zepbound) ha demostrado ayudar a conservar más masa magra frente al uso exclusivo de tirzepatida, y de Structure Therapeutics, que ha presentado resultados con aleniglipron (píldora oral) con reducciones de hasta el 15,3% del peso en 36 semanas y planes para iniciar fases avanzadas a partir de 2026.

GLP-1: eficacia alta, pero con dudas sobre músculo y fuerza

El éxito de fármacos como Ozempic y Wegovy ha popularizado el término GLP-1 incluso entre personas alejadas de la medicina. Estos medicamentos, pensados originalmente para la diabetes tipo 2, se han convertido en referencia mundial para perder peso, y figuras famosas han contribuido a su visibilidad presentándolos como una “solución científica” frente a las dietas tradicionales.

Sin embargo, más allá de la publicidad, empiezan a aflorar preocupaciones sobre la pérdida de masa muscular y la sensación de debilidad en algunos pacientes. En comunidades en línea, tanto personas sedentarias como deportistas han descrito que, tras varias semanas de tratamiento, se sienten menos fuertes, se fatigan al subir escaleras o tienen dificultades para tareas cotidianas.

Los especialistas señalan que una parte importante del problema no está solo en el fármaco, sino en la drástica reducción de la ingesta calórica que suele acompañar a estos tratamientos. Estudios experimentales apuntan a que el déficit energético mantenido puede afectar a la fuerza funcional aunque el volumen de músculo no disminuya de forma tan marcada, sobre todo si no se cuida la cantidad de proteína en la dieta ni se realiza ejercicio de fuerza.

Los datos de ensayos clínicos son elocuentes: aproximadamente el 40% del peso perdido con semaglutida (principio activo de Ozempic y Wegovy) corresponde a masa magra. Eso incluye músculo, un tejido clave para la movilidad, el metabolismo y la salud en la vejez. De ahí que numerosos expertos insistan en que estos fármacos deben ir siempre acompañados de entrenamiento de fuerza y una dieta rica en proteínas, algo que en la práctica no siempre ocurre.

La cuestión preocupa especialmente en personas mayores, un grupo que representa una parte significativa de las prescripciones de GLP-1. En mayores de 65 años, la pérdida de músculo se asocia a más caídas y fracturas, y las estadísticas muestran que las caídas son una de las principales causas de mortalidad en la tercera edad. Cuando se mezclan falta de actividad física, dieta pobre y adelgazamiento rápido inducido por un fármaco, el cóctel puede ser delicado.

¿Influyen en el riesgo de cáncer? Lo que dice la evidencia disponible

Otro de los debates abiertos en torno a los medicamentos para bajar de peso es su posible impacto en el riesgo de cáncer. La obesidad se relaciona con al menos 13 tipos de tumores, y se sabe que la inflamación crónica, la mala salud cardiovascular y el exceso de grasa favorecen un entorno biológico más propicio para el desarrollo de neoplasias.

Algunos estudios iniciales sugerían que los fármacos GLP-1 podrían reducir el riesgo de ciertos cánceres relacionados con la obesidad, pero un análisis reciente de casi 100.000 pacientes con diabetes tipo 2, sobrepeso u obesidad ha matizado esa idea. Tras revisar 48 ensayos clínicos, los investigadores concluyen, con una “certeza moderada”, que estos medicamentos probablemente tienen poco o ningún efecto en el riesgo de cáncer de mama, riñón, tiroides o páncreas.

Para otros tumores vinculados al exceso de peso, como los de hígado, vesícula biliar, colon y recto, ovario, endometrio, esófago, meningioma o mieloma múltiple, la evidencia es todavía más incierta, y en el caso del cáncer gástrico apenas se pueden extraer conclusiones. La interpretación más prudente de los autores es que, con los datos actuales, no parece que los GLP-1 aumenten el riesgo de cáncer, pero tampoco se puede afirmar que lo reduzcan de forma clara.

En paralelo, otras investigaciones han ofrecido resultados diferentes. Un trabajo realizado en la Universidad de California en San Diego encontró que los pacientes con cáncer de colon que tomaban fármacos GLP-1 tenían aproximadamente la mitad de riesgo de morir a cinco años en comparación con quienes no los usaban. Asimismo, diversos estudios han apuntado a una posible asociación entre estos tratamientos y un menor riesgo de algunos cánceres ligados a la obesidad, como el de ovario o ciertos tumores pulmonares.

Los oncólogos insisten en que, aunque algunos de estos tumores tienen un componente hormonal y los cambios en el metabolismo y la inflamación que producen los GLP-1 podrían influir, aún no hay base científica suficiente para usar estos fármacos como herramientas de prevención oncológica. Se necesitan seguimientos más largos y ensayos específicamente diseñados para evaluar este tipo de desenlaces.

En palabras de los propios investigadores, desde la perspectiva de la prevención del cáncer todavía faltan datos sólidos. Por ahora, el papel de estos medicamentos sigue siendo el tratamiento de la obesidad y de determinadas patologías metabólicas, más que una estrategia directa contra el cáncer.

El punto de vista de los expertos en España: no es una “píldora mágica”

Mientras el mercado se dispara y las noticias sobre nuevos fármacos se suceden, especialistas españoles en nutrición y obesidad llaman a la calma. El catedrático de Nutrición y Bromatología de la Universidad Rovira i Virgili, Jordi Salas-Salvadó, alertaba recientemente de que la idea de bajar de peso “sin esfuerzo” es, sencillamente, una equivocación.

Según explica el investigador, estos medicamentos tienen su lugar y pueden ser muy útiles para quienes los necesitan de verdad, pero no deberían convertirse en la primera opción para cualquiera que quiera “afinase” unos kilos. Para él, el pilar sigue siendo el cambio de estilo de vida: alimentación saludable, actividad física regular y abordaje de factores emocionales y conductuales relacionados con la comida.

Salas-Salvadó subraya que no está indicado utilizar estos fármacos sin una dieta adecuada y sin ejercicio, y recuerda que, si el medicamento reduce mucho el apetito y no se planifica bien la alimentación, el organismo puede entrar en un déficit calórico que favorezca la sarcopenia, es decir, una pérdida marcada de masa y fuerza muscular. Un riesgo que se acentúa en personas con obesidad de larga evolución o edad avanzada.

Otro punto que preocupa a los especialistas es el llamado efecto rebote. Cuando se abandona el tratamiento sin haber consolidado nuevos hábitos, es frecuente recuperar buena parte del peso perdido, algo que ya se ha observado con otros medicamentos para adelgazar en el pasado. De ahí que muchas guías clínicas europeas insistan en integrar los fármacos dentro de programas de seguimiento a largo plazo y no como intervención aislada.

En los foros científicos españoles, como la reciente reunión de la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (SEEDO), se repite un mensaje similar: la farmacoterapia es una herramienta, no una sustituta del estilo de vida. En pacientes seleccionados y bien controlados, puede marcar la diferencia; utilizada de forma indiscriminada, genera más problemas de los que resuelve.

Dieta mediterránea y ejercicio: la base que no se puede obviar

Frente al entusiasmo por los nuevos fármacos, la evidencia científica sigue señalando a la dieta mediterránea como el patrón de referencia para combatir la obesidad de forma segura y sostenible, especialmente en países como España. Este modelo se basa en frutas, verduras, legumbres, pescado, frutos secos y aceite de oliva, con un consumo moderado de lácteos y carnes, y poca presencia de ultraprocesados y azúcares añadidos.

Salas-Salvadó y otros expertos recuerdan que una dieta mediterránea ligeramente hipocalórica, combinada con actividad física regular, es la estrategia más respaldada por la evidencia para perder peso con salud. Grandes estudios como Predimed y Predimed-Plus han demostrado beneficios claros no solo en el control del peso, sino también en la prevención de diabetes tipo 2, en la reducción del riesgo cardiovascular y en la disminución de la incidencia de ciertos cánceres, como el de mama.

Cuando se utilizan medicamentos para adelgazar, los especialistas recomiendan adaptar este patrón mediterráneo a la reducción del apetito que produce el fármaco. En algunos casos puede ser necesario suplementar con proteínas, vitaminas o minerales para evitar carencias nutricionales y preservar la masa muscular. La clave, insisten, es que incluso con poca hambre la calidad de lo que se come siga siendo alta.

Además, se subraya la importancia del entrenamiento de fuerza (pesas, ejercicios con el propio peso corporal, bandas elásticas…), sobre todo en personas mayores o con enfermedades crónicas. Mantener el músculo no solo ayuda a que la pérdida de peso se concentre en la grasa, sino que también mejora la capacidad funcional y reduce el riesgo de caídas y fragilidad.

Instituciones de referencia recomiendan, de forma general, al menos 150 minutos semanales de actividad física moderada (caminar rápido, bicicleta, baile, etc.), combinados con dos sesiones de ejercicios de fuerza y trabajo de flexibilidad. Estas pautas se consideran válidas tanto para la población general como para quienes toman fármacos adelgazantes, siempre que se adapten a la situación clínica de cada persona.

Educación alimentaria y cultura del cuerpo: más allá del medicamento

La irrupción masiva de los medicamentos para adelgazar no puede entenderse sin el contexto social en el que se produce. La presión estética, la exposición permanente a imágenes filtradas en redes sociales y la normalización de los retoques han generado una relación cada vez más compleja con el cuerpo y la autoestima, especialmente entre las mujeres jóvenes.

Figuras públicas como la actriz Kate Winslet han verbalizado su inquietud ante el auge de estos tratamientos, no solo en los círculos de Hollywood, sino entre la población general. La intérprete británica ha descrito como “devastador” que la autoestima dependa tanto del aspecto físico y se ha mostrado especialmente crítica con la facilidad con la que mucha gente recurre a fármacos para adelgazar sin valorar los riesgos ni la propia salud.

Winslet recuerda que incluso en la industria del cine, donde la presión por la imagen es fuerte, hay mujeres que eligen mostrarse tal y como son, con sus arrugas y su cuerpo real, mientras otras hacen todo lo posible por no parecerse a sí mismas. Sus declaraciones conectan con el debate europeo sobre los límites entre cuidado, medicalización y dismorfia corporal, y sobre cómo las redes sociales alimentan ideales de perfección difíciles de alcanzar.

Desde el ámbito académico, especialistas en nutrición como Salas-Salvadó apuntan a otro frente: la necesidad de educar en hábitos saludables desde la infancia. En España, la adherencia plena a la dieta mediterránea es mayor en personas de más de 55 años, especialmente mujeres con mayor nivel educativo y económico, mientras que las generaciones más jóvenes se alejan de la cocina tradicional y consumen más ultraprocesados.

Este cambio de patrón alimentario no solo afecta al peso, sino también al medioambiente y, según muestran algunos trabajos experimentales, puede incluso tener efectos epigenéticos transmisibles entre generaciones. Para los expertos, recuperar las bases de una alimentación de proximidad, basada en productos frescos y en recetas sencillas, es tan importante como regular el acceso a nuevos medicamentos.

En el debate público europeo se cruzan así varios planos: una industria farmacéutica que avanza a gran velocidad, unos sistemas sanitarios que deben decidir a quién y cómo financiar estos tratamientos, y una sociedad que alterna entre la fascinación por las soluciones rápidas y la preocupación por sus efectos a largo plazo en la salud física y mental.

En este contexto complejo, los medicamentos para adelgazar aparecen como una herramienta potente pero ambivalente: pueden mejorar de forma notable el pronóstico de muchas personas con obesidad y alto riesgo metabólico, pero su uso masivo y descontrolado alimenta expectativas irreales y no resuelve de fondo los problemas de estilo de vida, de relación con la comida ni la presión estética. La clave, tanto en España como en el resto de Europa, pasa por integrarlos en estrategias globales de prevención y tratamiento, con supervisión médica, educación nutricional y un enfoque que priorice la salud por encima de la talla.

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