
Lanzando la recta final del verano, el clan de los Rivera Ordóñez ha vuelto a reunirse en su rincón de Ronda. Francisco Rivera y Lourdes Montes han escogido de nuevo la finca El Recreo de San Cayetano para desconectar y coger aire antes de la cita más señalada del calendario taurino. El diestro se prepara para la Corrida Goyesca que se celebrará el próximo 5 de septiembre, una fecha que todos los años convierte a la ciudad malagueña en punto de encuentro de los aficionados.
Y en ese escenario tan especial, los más pequeños de la casa se han convertido en los protagonistas inesperados de estos días. Los hijos de Francisco y Lourdes, Curro de 7 años y Nicolás que aún no ha cumplido los dos, aparecen en las fotografías que la propia diseñadora ha compartido con sus seguidores. Ni una manera de colocarse el capote, con el nombre de ‘Paquirri’ bordado, ha hecho las delicias de los seguidores. Lo que parecía un juego de tarde se ha vuelto una imagen que resuena en toda la familia.
El último verano en el patio de los recuerdos
El Recreo de San Cayetano es mucho más que una propiedad: es el símbolo de varias generaciones que han hecho de la tauromaquia su modo de vida. En su patio, la que los pequeños se divierten, se levanta el pozo que guarda las cenizas del actor y director estadounidense Orson Welles, que encontró aquí la inspiración que ni el cine llegó a darle. Allí, los niños van y vienen a su antojo, sin que sus padres tengan que estar permanentemente encima de ellos. En ese ambiente, Curro ya demuestra una destreza con el capote que llamaría la atención de cualquier torero veterano, mientras Nicolás intenta imitar cada uno de sus movimientos con una muleta de juguete.
Pero, bajo esa estampa amable, asoma la realidad: la familia no ve con buenos ojos que esa afición acabe convirtiéndose en un proyecto. Tanto Francisco como Lourdes han reiterado en más de una ocasión que les asusta la idea de que los pequeños quieran subirse a la plaza. “No me gustaría ver a mi hijo jugándose la vida delante de un toro”, confesó hace tiempo el torero. Lourdes, por su parte, llega incluso a admitir que, pese a que su hijo está obsesionado con la tauromaquia, tratará de convencerle por la fuerza de que elija otro camino. Ellos quieren que su estirpe continúe, pero no en los ruedos.
La genética, que nadie evita, y la preparación de la Goyesca
La propia Lourdes lo reconoce sin tapujos: “No es algo que hayamos inculcado nosotros; es genética pura”. Los que la siguen de cerca confirman que el hijo mayor, Curro, prefiere un festejo retransmitido por televisión a cualquier dibujo animado, y no son pocos los que ya hablan de heredero de la dinastía. Sin embargo, la madre no termina de quedarse tranquila con ese panorama: “De aquí a que tenga 18 años, ya me encargaré yo de mandarlo fuera”, ha dicho en una entrevista con remiends.
El padre, de nuevo, respeta esa ilusión con matices. Entre sus últimas intervenciones, aseguró que si su hijo quisiera ser torero contará con todo su apoyo, aunque trataría de no empujarlo. Al mismo tiempo, sigue inmerso en la organización de la cita del día 5 en la plaza de Ronda. Como empresario, ha vuelto a presentar un cartel que ya no cuenta con su hermano Cayetano Rivera, algo que ha mantenido el foco mediático encendido sobre el distanciamiento familiar. Aunque ellos niegan un de ex ruptura, los roces en torno a la gestión de la plaza y los recursos económicos siguen dando argumentos para las crónicas.
El legado de Ronda y una familia que se mantiene fiel
Para los Rivera Ordóñez, cada vuelta a El Recreo de San Cayetano es un reencuentro con las raíces. En esa casa se respira la historia de un linaje que ha dejado su huella en la provincia, y ahora los niños son los encargados de que su guardia con los juguetes del abuelo. La luz de las imágenes compartidas por Lourdes destacan no solo la figura de Curro y Nicolás, sino también el aroma a pasado que invade cada rincón de la finca. El patio, el pozo y el capote se anclan así en el capítulo siguiente de esta saga.



