
Los últimos informes de la Organización Mundial de la Salud ponen el foco en un asunto incómodo para muchos gobiernos: los impuestos sobre las bebidas azucaradas se quedan muy cortos para frenar su consumo y, con él, el avance de enfermedades crónicas ligadas al exceso de azúcar. Mientras los sistemas sanitarios lidian con más casos de obesidad, diabetes tipo 2 o problemas cardiovasculares, estos productos siguen siendo baratos y fáciles de encontrar prácticamente en cualquier parte.
Según la OMS, la situación es clara: la fiscalidad actual sobre refrescos, zumos azucarados y otras bebidas dulces no cumple su función protectora. Los tipos impositivos son bajos, se aplican de forma desigual y casi nunca se actualizan de manera automática con la inflación o el aumento de los ingresos, lo que hace que, con el paso del tiempo, estas bebidas resulten incluso más asequibles.
Un impuesto medio del 2%: demasiado poco para cambiar hábitos
Los distintos análisis recopilados por la OMS coinciden en un dato llamativo: el impuesto medio sobre una bebida azucarada ronda solo el 2% del precio final. En la práctica, esto significa que el recargo fiscal añadido a un refresco típico de 330 mililitros apenas suma unos céntimos, una cifra insuficiente para desanimar a la mayoría de consumidores, especialmente a los más jóvenes, sensibles al precio pero también a las promociones y formatos grandes.
La organización sanitaria recuerda que los impuestos sobre productos nocivos funcionan cuando son suficientemente altos y están bien diseñados. En el caso del tabaco, por ejemplo, el peso de los impuestos sobre el precio final suele moverse entre el 50% y el 60% en muchos países, lo que ha demostrado tener un impacto claro en la reducción del consumo. En contraste, el gravamen sobre las bebidas azucaradas permanece muy por debajo de esos niveles.
Los informes advierten, además, de que pocos países revisan sus tipos impositivos de forma periódica. Cuando el impuesto no se ajusta a la inflación ni al crecimiento de los salarios, la bebida termina siendo relativamente más barata con el tiempo. Este desajuste erosiona el efecto disuasorio que podría tener la fiscalidad y contribuye a que el consumo se mantenga o incluso aumente.
La OMS considera que esta falta de actualización es una de las grandes debilidades de los sistemas actuales: no basta con implantar un impuesto una sola vez, señalan, sino que es necesario ligarlo a mecanismos automáticos que preserven su efecto real sobre el precio y, por tanto, sobre las decisiones de compra.
116 países gravan bebidas azucaradas, pero el mapa fiscal está lleno de lagunas
Los documentos presentados por la OMS muestran que al menos 116 países aplican algún tipo de impuesto específico a las bebidas azucaradas. En la mayoría de los casos, la medida se centra en los refrescos carbonatados y en las bebidas energéticas, que han sido las primeras en entrar en el punto de mira de las autoridades sanitarias por su alto contenido en azúcares libres y su consumo masivo entre adolescentes.
Sin embargo, la cobertura real de estos impuestos es mucho más limitada de lo que podría parecer. La OMS subraya que muchos productos con cantidades elevadas de azúcar quedan directamente fuera del radar fiscal. Entre ellos figuran los zumos de fruta 100% (que en ocasiones se perciben socialmente como opciones saludables pese a su elevada concentración de azúcar), las bebidas lácteas endulzadas, los batidos listos para tomar y los cafés o tés preparados envasados.
Esta brecha regulatoria provoca que, al encarecerse ligeramente los refrescos tradicionales, parte del consumo se desplace hacia alternativas igual o más azucaradas, pero sin gravamen específico. Son los conocidos «efectos de sustitución»: el consumidor no necesariamente reduce su ingesta de azúcar, sino que cambia de tipo de bebida dentro de una oferta muy amplia y agresivamente promocionada.
La OMS recomienda, por tanto, extender los impuestos a toda la gama de bebidas con alto contenido de azúcar añadido para evitar mensajes contradictorios y huecos normativos. A su juicio, no tiene sentido gravar solo un grupo de productos mientras otros, con perfiles nutricionales muy similares, quedan exentos y se benefician incluso de una imagen de mayor naturalidad.
Gravar por cantidad de azúcar, no solo por precio o volumen
Otro de los puntos clave que recoge la evidencia analizada por la OMS es la forma concreta de diseñar estos impuestos. En la mayoría de los países, las bebidas azucaradas se gravan en función del precio total o del tamaño del envase. Es decir, el impuesto se calcula como un porcentaje del valor comercial o como una cantidad fija por litro, sin entrar en cuánta azúcar contiene realmente cada producto.
Para la organización, este enfoque tiene un impacto limitado. Menos de uno de cada cuatro países aplica impuestos directamente vinculados a la cantidad de azúcar añadida por volumen. Son minoría los Estados que han optado por sistemas escalonados o específicos en función de los gramos de azúcar, pese a que los modelos económicos indican que este tipo de diseño incentiva tanto a las empresas como a los consumidores a elegir opciones con menos azúcar.
Cuando el impuesto aumenta en función de los gramos de azúcar por cada 100 mililitros, las compañías tienen un incentivo fuerte para reformular sus recetas y reducir la cantidad de azúcar con tal de pasar a un tramo fiscal más bajo, mientras que los consumidores tienden a inclinarse por bebidas con menor carga dulce para pagar menos. De este modo, la política fiscal actúa en dos frentes a la vez: oferta y demanda.
La OMS insiste además en que las alternativas saludables, como el agua, deben seguir siendo asequibles. Por ello, desaconseja añadir impuestos sobre el agua embotellada en paralelo a los impuestos sobre refrescos, algo que ocurre en cerca de la mitad de los países que gravan bebidas azucaradas. A juicio de la organización, encarecer el agua manda una señal equivocada al consumidor y puede neutralizar parte del efecto buscado.
Salud pública en el punto de mira: obesidad, diabetes y otras enfermedades no transmisibles
Más allá de la técnica fiscal, el trasfondo de los informes de la OMS es sanitario. La organización recuerda que el consumo elevado y sostenido de bebidas azucaradas se asocia de forma consistente con un mayor riesgo de obesidad y sobrepeso, tanto en población adulta como en niñas, niños y adolescentes, como muestran propuestas como la nueva pirámide nutricional.
Vinculada a esta situación aparece la diabetes tipo 2, una enfermedad que cada vez se diagnostica a edades más tempranas. Un consumo continuado de bebidas y alimentos ricos en azúcar, en el contexto de dietas poco equilibradas y estilos de vida sedentarios, favorece la resistencia a la insulina y dispara la probabilidad de desarrollar esta patología metabólica. La OMS alerta de que lo que antes se veía como un problema casi exclusivo de la edad adulta se está observando ahora en jóvenes e incluso en población pediátrica.
Los efectos no terminan ahí. Los informes señalan que las bebidas azucaradas también se relacionan con un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares, caries dentales y otros problemas relacionados con la dieta, como la enfermedad hepática metabólica o hígado graso. En algunos países, esta última ya se ha convertido en una de las principales causas de trasplante hepático, y se espera que su relevancia siga aumentando si no se corrigen los patrones de consumo actuales. Para contrarrestar el impacto sobre la salud bucodental, conviene revisar consejos sobre alimentos que fortalecen los dientes.
La OMS subraya que la carga de enfermedad recae con especial intensidad en los sistemas sanitarios públicos, que deben destinar recursos crecientes a tratar patologías que, en gran medida, son prevenibles. En este contexto, los impuestos sobre bebidas azucaradas se plantean no solo como una herramienta de prevención, sino también de financiación de servicios de salud, educación y protección social.
Recaudar para la salud: qué se hace con el dinero de los impuestos
Uno de los debates recurrentes en torno a los impuestos a las bebidas azucaradas tiene que ver con el destino de la recaudación. La OMS apunta que, de los más de cien países que aplican algún tipo de gravamen a estas bebidas, solo una minoría dedica esos ingresos de forma específica a programas de salud, ya sea para reforzar la cobertura sanitaria universal, financiar campañas de prevención o apoyar proyectos de mejora de la alimentación y la actividad física.
En la mayoría de los casos, el dinero acaba integrado en los presupuestos generales sin una etiqueta concreta, lo que dificulta medir y comunicar al público el beneficio directo de estos impuestos. Expertos consultados por la organización consideran que vincular de manera visible la recaudación a iniciativas sanitarias ayuda a legitimar la medida ante la ciudadanía y refuerza la idea de que no se trata solo de obtener más ingresos, sino de corregir un problema de salud pública.
La OMS insiste en que los denominados “impuestos para la salud” no son una solución mágica, pero sí una de las herramientas más potentes disponibles para los gobiernos. Cuando se diseñan adecuadamente, pueden reducir el consumo de productos nocivos, retrasar el inicio de su consumo entre los más jóvenes y, al mismo tiempo, generar recursos adicionales que se reinviertan en el propio sistema sanitario.
La organización recuerda algunos ejemplos internacionales en otros ámbitos, como el tabaco o el alcohol, donde las reformas fiscales han permitido ampliar el acceso a la sanidad o fortalecer programas de prevención. Sobre esta base, su mensaje es claro: la fiscalidad puede y debe alinearse mejor con los objetivos de salud pública.
La iniciativa «3 para 35»: encarecer azúcar, alcohol y tabaco de aquí a 2035
Con el fin de dar un marco más amplio y coordinado a las reformas fiscales, la OMS ha puesto en marcha la iniciativa conocida como «3 para 35». El objetivo es que, de aquí a 2035, los países incrementen de forma sustancial los precios reales de tres grupos de productos: tabaco, alcohol y bebidas azucaradas. La meta es clara: reducir su asequibilidad con el paso del tiempo, no solo por razones sanitarias sino también económicas.
La idea de fondo es que los precios deben moverse siempre por delante de la inflación y del crecimiento medio de los ingresos. Si los salarios suben y los impuestos se quedan congelados, productos como los refrescos o las bebidas energéticas se vuelven relativamente más baratos y accesibles, lo que choca frontalmente con los objetivos de prevención. La iniciativa propone que cada país adapte las subidas a su contexto, pero que mantenga el rumbo firme hacia un encarecimiento real y sostenido.
En paralelo, la OMS anima a los gobiernos a rediseñar sus estructuras impositivas para que reflejen mejor el daño potencial de cada producto. En el caso de las bebidas azucaradas, esto implica avanzar hacia modelos basados en el contenido de azúcar y ampliar la base de productos gravados para evitar que el consumo simplemente se desplace de unas bebidas a otras.
Los informes también recuerdan que la opinión pública puede ser más receptiva de lo que a veces se piensa. Encuestas internacionales citadas por la OMS apuntan a que una mayoría de personas se muestra favorable a subir los impuestos sobre el alcohol y las bebidas azucaradas, especialmente cuando se explica que los fondos se dedican a reforzar servicios sanitarios o a programas concretos de prevención.
Los análisis de la OMS dibujan un escenario en el que las bebidas azucaradas siguen siendo demasiado baratas y están insuficientemente gravadas, a pesar de su impacto probado en la salud y del peso que tienen en la epidemia global de enfermedades no transmisibles. La organización apuesta por impuestos más altos, mejor diseñados, vinculados al contenido de azúcar y revisados con frecuencia, como parte de una estrategia más amplia que incluya educación, regulación de la publicidad y acceso a alternativas saludables. El reto para los próximos años será que esa hoja de ruta se traduzca en cambios legales concretos y sostenidos que se noten tanto en las estanterías de los supermercados como en las estadísticas sanitarias.

