El problema de la obesidad infantil

La mayoría de las madres y familiares de un bebé piensan que si lo ven regordete y rechoncho es motivo de que está sano porque se alimenta bien. Además, comentan frases como “ya adelgazará cuando sea grande” o “deja que como lo que quiera y cuanto quiera que es muy pequeño”.

Sin embargo, sino se pone remedio a situaciones que puedan desembocar en obesidad infantil, pueden producirse problemas de salud en su futuro. Si el bebé sobrepasa hasta un 20 % su percentil de peso en relación a su edad estará considerado un bebé obeso, con sus correspondientes consecuencias.

Una de ellas es la dificultad de movimiento, que podremos percibir cuando el bebé se cansa más de lo normal al correr, y también a la hora de sentarse, si no controla su estabilidad. Además, a la hora de andar se ve como su cuerpo se tambalea hacia los lados.

La OMS (Organización Mundial de la Salud) manifiesta que la obesidad infantil es un grave problema mundial de este siglo XXI y que afecta progresivamente a muchos países. Por esta razón, proclama que dicha enfermedad debe ser una prioridad y prevenida lo más pronto posible.

Causas de la obesidad infantil

Los niños obesos tienden a seguir siéndolo en la edad adulta y, por consiguiente, a contraer enfermedades mucho más tempranas, como la diabetes y las de tipo cardiovascular.

Este sobrepeso en edades tan tempranas viene dado por los malos hábitos alimenticios por parte de los progenitores. En el embarazo se debe de llevar una alimentación sana, rica en frutas y verduras, acompañada de ejercicio físico diario, no sólo para ayudar a la mamá a la hora del parto, sino para no alimentar al lactante con alimentos insalubres.

Además, cuando el bebé nace, es común que los padres y abuelos consientan a los pequeños grandes cantidades de comida y, cuando son más mayores, otros manjares poco saludables, como por ejemplo un gran bocadillo cargado de alimentos con grandes calorías o, los singulares caprichos, como la bollería industrial, comida rápida o chucherías.

Por otro lado, existen 3 factores en los que este problema mundial está relacionado. Dicho factores son:

  • Genéticos – Si los progenitores son obesos, el bebé tiene mucha más probabilidad de nacer con este problema de salud. También por el estilo de vida que lleve la familia es decir, los alimentos que consumen (hipercalóricos), la manera de cocinarlos y el poco gasto energético de los mismos.
  • Ambientales – Una dieta hipercalórica trae consigo un aumento de grasa corporal, pero el sedentarismo es un gran problema en los niños de hoy en día. Tanto la televisión, el ordenador y las consolas son elementos que atraen su ocio o tiempo libre, evitando así el ejercicio físico, originando esta inactividad.
  • Psicológicos – A veces, hay niños que se alimentan de alimentos de poco valor nutritivo por determinadas causas, entre las cuales se encuentra, el estrés, la inseguridad, el aburrimiento o para mitigar sus frustraciones.

¿Cómo detectar la obesidad en los pequeños?

La persona que detectará la obesidad en un bebé es el pediatra. En los seguimientos del lactante, el médico llevará las medidas de los percentiles en relación al peso, evitando cualquier anomalía. Sin embargo, cuando ya se establece un porcentaje más alto en dichos percentiles, el médico hará un examen físico exhaustivo en donde hará preguntas a los padres de los hábitos alimenticios y las rutinas de ejercicio del pequeño.

Si los hábitos son saludables, se puede realizar un análisis de sangre, con el fin de descartar problemas de tiroides o endocrinos que llevan al bebé a este aumento de peso. Sin embargo, diagnosticar la obesidad en los pequeños es diferente a los parámetros adultos.

 Prevención ante la obesidad infantil

Las mejores armas para combatir el sobrepeso en edades tempranas es comenzar con unos hábitos alimenticios correctos desde que son pequeños, además de llevar un estilo de vida activo, lleno de actividades en la que los niños practiquen ejercicio, quemen las calorías ingeridas y sea más ágiles.

De esta manera, en su juventud y etapa adulta es más probable que sigan estos hábitos saludables por lo que su salud se verá recompensada y no tienen tantas probabilidades de establecer riesgos de padecer enfermedades relacionada con su peso. Por tanto, tanto la familia como la escuela debe incentivar a los niños a comer alimentos sanos, ricos en vitaminas, minerales e hidratos de carbonos recomendados para una dieta equilibrada y correcta. Así como establecer un ritmo activo de ejercicio físico diario, como ir en bicicleta, realizar rutas o escaladas, etc.

Por otra parte, una detección precoz y una instauración de medidas dietéticas corregirán este sobrepeso para que no siga progresando. Lo importante es establecer una alimentación enfocada a la disminución del peso del niños, sin interferir en su crecimiento y desarrollo.


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Consejos mamás

Me llamo Ale y soy Educadora Infantil. Colaboro en algunos blogs de AB relacionados con mis dos grandes pasiones, la cocina y los niños. No soy madre aún, aunque en un futuro me gustaría serlo. Además me apasiona el mundo de las manualidades y el dibujo.

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