
La socialité más famosa de nuestro país, Isabel Preysler, también tiene que lidiar con la pereza a la hora de hacer ejercicio. No es ajena a esa sensación de querer quedarse en el sofá, pero gracias a su entrenador personal, Blas Latorre, ha conseguido mantener una rutina constante durante más de una década. Ambos han compartido en alguna ocasión los entresijos de sus sesiones, que combinan trabajo de fuerza, cardio y estiramientos.
Lejos de las rutinas extremas, el método de Latorre se basa en la constancia y en adaptar cada entrenamiento a las necesidades de su clienta. Y es que la clave está en empezar poco a poco y, sobre todo, en no rendirse. A continuación, desgranamos cómo es el plan de entrenamiento de Isabel Preysler y qué consejos da su preparador físico para que cualquiera pueda seguir sus pasos.
Una rutina de 45 minutos, tres días a la semana
Isabel Preysler dedica tres días por semana a sus sesiones de entrenamiento, que duran aproximadamente 45 minutos. Cada sesión arranca con cinco minutos de cardio suave, normalmente con una rutina en bici elíptica para ponerse en forma, para activar el cuerpo. Después, se centran en un calentamiento específico para la espalda y el abdomen, dos zonas que requieren especial atención a partir de cierta edad.
A continuación, llega el turno de los ejercicios de fuerza, algunos con banda elástica, que van variando a lo largo de la semana. El objetivo, según explica Latorre, es fortalecer todos los grupos musculares, pero con un énfasis especial en los brazos y la cintura, ya que son las partes que «antes envejecen», en palabras del entrenador. También trabajan el core, fundamental para el equilibrio y la estabilidad, algo imprescindible para mantener la autonomía con el paso de los años.
La sesión termina con unos minutos de estiramientos, que es lo que más disfruta la socialité. Este momento de relajación no solo ayuda a prevenir lesiones, sino que también contribuye a mejorar la flexibilidad y a reducir el estrés crónico y cambios hormonales acumulados.
La constancia, el secreto del éxito
A pesar de que a Isabel Preysler le cuesta vencer la pereza, su entrenador alaba su constancia durante más de diez años de trabajo conjunto. No es fácil mantener una rutina tan prolongada, pero la socialité ha demostrado que con disciplina se pueden lograr grandes resultados. Para aquellos que quieran empezar, el preparador físico Álvaro Puche recomienda cambiar la rutina de entrenamiento de forma progresiva y no pretender hacer en el primer día lo que otros hacen tras meses de entrenamiento. Empezar con sesiones cortas de 10 a 15 minutos, dos o tres veces por semana, es una buena manera de crear el hábito y ver resultados que motiven a seguir.
Además, Puche insiste en la importancia de buscar un buen profesional que guíe los primeros pasos, ya que es el más capacitado para adaptar el ejercicio a las condiciones físicas de cada persona.
Caminar, la base de todo
Blas Latorre es un firme defensor de caminar como punto de partida para cualquier programa de ejercicio. En su web, andaresempezar.com, explica que su sistema se basa en la premisa «andar es empezar», utilizando la actividad más simple y adaptable a todo tipo de personas como medio de iniciación al cuidado físico. Caminar forma parte de todos sus programas, ya sea para pérdida de peso, escuela de espalda o para mayores de 55 años. Y no es para menos: este ejercicio tan accesible reporta grandes beneficios tanto físicos como mentales, y es el complemento perfecto para rutinas de fuerza y cardio.
Así, la combinación de entrenamiento de fuerza, cardio y caminar diario parece ser la fórmula que mantiene a Isabel Preysler en plena forma. Una rutina que, aunque requiere esfuerzo, demuestra que la edad no es un impedimento para mantenerse activo y saludable.
La fórmula de Isabel Preysler y su entrenador no tiene secretos: constancia, adaptación y una buena dosis de caminar. Con sesiones de 45 minutos tres veces por semana, combinando fuerza, cardio y estiramientos, la socialité demuestra que la edad no es excusa para mantenerse activa. Lo importante es dar el primer paso y, como dice Latorre, «andar es empezar».


