
La Feria de Sant Ponç sigue siendo, siglo tras siglo, una de esas citas que marcan el calendario primaveral en Catalunya. Ligada al patrón de los herbolarios y los apicultores, esta celebración reúne en distintos municipios puestos llenos de aromas, colores y productos hechos con paciencia y oficio.
En torno al 11 de mayo, cuando las hierbas medicinales están en su mejor momento, barrios de Barcelona y ciudades como Mataró se llenan de mieles, plantas aromáticas, fruta confitada, confituras y dulces tradicionales. Lo que en su origen fue una feria vinculada a la salud y a las plantas curativas se ha convertido hoy en una mezcla de tradición, comercio de proximidad y vida de barrio.
Un origen medieval ligado a la salud y las hierbas medicinales
La Feria de Sant Ponç hunde sus raíces en la Edad Media, cuando los herbolarios vendían plantas y remedios naturales aprovechando la primavera. Con el tiempo, la fiesta se asoció a Sant Ponç de Cimiez, un mártir del siglo III cuya leyenda explica que realizó numerosas curaciones gracias al uso de hierbas medicinales.
En Barcelona, la ciudad celebra desde hace siglos una feria dedicada a las hierbas medicinales y aromáticas, que en el siglo XVI se hizo coincidir de forma estable con el día de Sant Ponç, el 11 de mayo. La tradición se consolidó tanto que el santo pasó a ser considerado patrón de herbolarios y apicultores, y su imagen se veneró primero en el Hospital de la Santa Creu y, más tarde, en la iglesia de Sant Agustí Nou.
La leyenda barcelonesa cuenta que Sant Ponç habría llegado huyendo de la persecución romana y, al encontrar a muchos vecinos enfermos, empezó a curarlos con remedios elaborados con plantas. Esa fama de sanador explicaría la devoción popular y el peso que adquirieron las hierbas en la fiesta.
Más allá del componente religioso, la feria ha funcionado durante generaciones como un espacio donde se transmitía la sabiduría popular sobre los usos de las plantas, los preparados caseros y los alimentos de temporada, un conocimiento que algunos comerciantes lamentan que se va diluyendo con los años.
La Fira de Sant Ponç en la calle Hospital de Barcelona
En la capital catalana, la feria más emblemática se celebra en la calle del Hospital, en pleno barrio del Raval. Documentada en este emplazamiento desde 1817, la cita mantiene un trazado clásico entre la plaza de Sant Agustí y la Rambla, convirtiendo esta arteria en un corredor de aromas a tomillo, romero, miel y fruta confitada.
Cada año se instalan unas cincuenta paradas de herbolarios, apicultores y artesanos de la alimentación, que ofrecen miel y sus derivados, confituras, hierbas frescas y secas, flores, dulces, fruta confitada y otros productos asociados al cuidado de la salud y a la tradición gastronómica. El horario habitual se extiende de 9 a 21 horas, con un flujo constante de vecinos y visitantes.
La víspera de la festividad, la Unió de Sant Ponç se encarga de engalanar la imagen del santo con ramilletes de hierbas y flores, que preside la misa del 11 de mayo. Después, la figura sale en procesión y se bendicen las plantas que traen los asistentes, un gesto que mantiene la dimensión simbólica de la feria más allá del puro intercambio comercial.
Aunque los paradistas reconocen que la feria ya no tiene la misma envergadura que hace algunas décadas, cuando las paradas llenaban ambos lados de la calle, continúa siendo un punto de encuentro para compradores fieles, vecinos que repiten cada año por costumbre y curiosos que se acercan atraídos por el ambiente.
Miel de proximidad y los retos de la apicultura
La miel artesanal es uno de los grandes protagonistas de Sant Ponç. Apicultores que llevan décadas acudiendo a la calle Hospital explican que su forma de resistir pasa por producir, transformar y vender directamente, sin intermediarios, para ofrecer un producto de proximidad que el público puede rastrear desde el origen hasta el tarro.
En muchas paradas, las variedades más buscadas siguen siendo la miel de romero o de alta montaña, mientras que los clientes se interesan cada vez más por el etiquetado, el lugar de procedencia y el proceso de elaboración. Hay compradores que localizan a los productores previamente por internet para asegurarse del origen local del producto.
A pesar de este interés creciente por la miel de kilómetro cero, los apicultores describen una actividad sometida a una fuerte presión por el cambio climático y los costes de producción. Temporadas con floraciones adelantadas, inviernos que debilitan las colmenas y campañas fallidas, como la del naranjo en algunos años recientes, reducen la cantidad de miel disponible.
Varios profesionales hablan de colmenas que pierden buena parte de las abejas cada año y alertan de que la apicultura se enfrenta a un escenario incierto si la tendencia continúa. Aun así, la miel sigue teniendo una gran demanda vinculada a la salud cotidiana, utilizada como sustituto del azúcar refinado y remedio tradicional para resfriados o molestias de garganta.
Hierbas medicinales, nuevos públicos y saberes que se transforman
Las paradas dedicadas a las plantas medicinales ocupan un lugar central en la Feria de Sant Ponç. Herbolarios con décadas de experiencia consideran esta cita casi una obligación profesional, tanto por su valor simbólico como por la oportunidad de explicar a pie de calle los usos de cada planta.
Algunos comerciantes detectan un público más diverso que en el pasado. Conviven los clientes que conocen bien las propiedades de las plantas y llegan con consultas muy concretas con quienes se acercan con muchas dudas y ganas de aprender. Una de las demandas recurrentes son las mezclas pensadas para facilitar la digestión, ayudar con la retención de líquidos o acompañar dietas de adelgazamiento.
Desde estos puestos se insiste a menudo en que la medicina convencional y la fitoterapia deberían verse como disciplinas complementarias. Se reconoce el papel fundamental de los antibióticos y otros fármacos, pero se recuerda que ciertas infusiones o preparados vegetales pueden aliviar pequeños malestares cotidianos y, en algunos casos, evitar el abuso de medicamentos.
Otros herbolarios señalan que, mientras que antaño la clientela llegaba con un conocimiento muy arraigado sobre remedios caseros, ahora es habitual que muchas personas se acerquen a la feria como si fuera una fiesta de barrio, más pendientes del paseo y del ambiente que de las propiedades de cada planta. Aun así, valoran positivamente el interés que despierta el mundo de las hierbas entre generaciones más jóvenes.
Fruta confitada, membrillo y otros dulces tradicionales
Junto a la miel y las hierbas, la fruta confitada, el membrillo y las garrapiñadas forman parte del imaginario más dulce de Sant Ponç. En la calle Hospital y en otras ferias vinculadas al santo, se encuentran paradas con cerezas, naranjas, ciruelas, higos o calabaza trabajados de manera artesanal.
Detrás de algunos de estos puestos hay familias que llevan décadas vinculadas a la feria. Hay comerciantes que recuerdan cuando se trabajaba casi sin descanso durante la jornada, con clientes que llegaban incluso a la salida del Liceu para comprar dulces y fruta confitada de madrugada. Con el paso del tiempo, la actividad se ha moderado, pero la clientela más fiel sigue volviendo año tras año.
En muchos casos, los compradores habituales son personas mayores que mantienen la costumbre de adquirir membrillo o fruta confitada para tener en casa, o hijos que se acercan a la feria a recoger encargos para padres que ya no pueden desplazarse. Se trata de una clientela muy estable que asocia la feria a recuerdos de infancia y a rituales familiares.
También hay empresas de conservas que suministran fruta confitada a los paradistas desde hace más de cuarenta años. Para estas firmas, Sant Ponç no es la principal fuente de ingresos, pero supone un escaparate importante por la exigencia de calidad visual del producto y por la relación histórica con los vendedores.
El Farró y Sarrià: tradición de barrio y vertiente solidaria
Más allá del Raval, la Feria de Sant Ponç tiene una presencia destacada en el distrito de Sarrià-Sant Gervasi, donde los barrios de El Farró y Sarrià celebran su propia versión de la fiesta. Estas citas combinan mercado tradicional, actividades ciudadanas y, en algunos casos, iniciativas solidarias.
En El Farró, la jornada se organiza en torno al carrer de Septimània, que se convierte durante un día en un paseo lleno de puestos con hierbas aromáticas, fruta confitada y productos elaborados por artesanos del barrio. La feria acostumbra a celebrarse en sábado, con horario de mañana y tarde, y transforma la calle en un espacio para pasear, comprar y encontrarse con los vecinos.
Uno de los rasgos distintivos de esta cita es la presencia de una muestra solidaria de primavera. En este marco, se promueve la recogida de ropa, alimentos y productos de higiene personal destinados a apoyar a personas y entidades del entorno. Esta vertiente social refuerza el carácter comunitario de la fiesta y su conexión con el tejido asociativo local.
La celebración en El Farró implica también afectaciones de tráfico: el corte del carrer de Septimània, habitualmente entre la plaça de Sant Joaquim y el carrer de Saragossa, con acceso permitido solo para vehículos de servicios y aparcamientos privados. Las administraciones piden comprensión y colaboración vecinal para poder disfrutar de la fiesta en plena calle.
En Sarrià, la feria se despliega en la plaça de Sarrià, donde se reúnen entidades y asociaciones del barrio junto a los artesanos y productores. Allí se celebra una edición que ya suma más de cuatro décadas de historia, con un horario amplio durante todo el día y una oferta de productos naturales y artesanales muy similar a la de otros puntos de la ciudad.
Mataró: una feria de Sant Ponç con sabor a mercado gastronómico
Fuera de Barcelona, la Feria de Sant Ponç de Mataró se ha consolidado como una de las citas más destacadas del mes de mayo en el centro de la ciudad. Desde 1981, la plaza del Ayuntamiento se llena durante un fin de semana de olores, colores y productos alimentarios artesanos.
La feria, organizada por el consistorio, alcanza ya su 44ª edición y mantiene un formato de mercado abierto donde se puede pasear, degustar, comprar y llenar la despensa con elaboraciones de calidad. Los puestos abren durante todo el día, creando un ambiente continuo de actividad comercial y social.
Este año, cerca de una treintena de expositores de toda Catalunya ofrecen una gran variedad de productos: miel, caramelos, regaliz, sidra, garrapiñadas, frutas deshidratadas y confitadas, cocas dulces y saladas, quesos, pan de leña, vinos, licores, aceite, aceitunas y embutidos, entre otras especialidades. La idea es que el visitante pueda descubrir productores, hacer preguntas, probar antes de comprar y llevarse a casa alimentos que no siempre se encuentran en los circuitos comerciales habituales.
La Fira de Sant Ponç de Mataró se presenta como una ocasión perfecta para recuperar el gusto por las ferias tradicionales y por el contacto directo con quienes elaboran los productos. No solo se trata de adquirir comida, sino también de conocer historias, métodos de producción y vínculos con el territorio.
Talleres familiares y actividades complementarias en Mataró
En los últimos años, la feria de Mataró ha querido ir más allá del modelo clásico de venta de productos y apuesta por convertir la visita en una experiencia participativa, especialmente pensada para familias con niños.
En esta edición se habilita un espacio de dinamización con talleres vinculados a la naturaleza, las plantas, las flores y los olores. El sábado, por la mañana, se programa un taller de plantas y flores con material reciclado, y por la tarde se propone la creación de saquitos de olor utilizando bolsas de papel kraft, fomentando la creatividad y el reaprovechamiento de materiales.
El domingo, el programa continúa con un taller de pintura con pinceles elaborados con plantas y flores, y otra actividad dedicada al origami de Sant Ponç, donde los participantes trabajan figuras inspiradas en la festividad. Todas las propuestas están pensadas para público familiar y buscan conectar a los más pequeños con las texturas, los aromas y las posibilidades creativas que ofrecen las plantas.
Durante todo el fin de semana, las paradas de la Fira Mercat de Sant Ponç mantienen un horario amplio, normalmente de 10 a 21 horas, convirtiendo el centro de Mataró en un gran escaparate de gastronomía artesana. La feria coincide además con el Market Ocasió primavera, un evento comercial paralelo en la plaza de Santa Anna con descuentos y promociones, pensado para dinamizar el comercio urbano antes del verano.
La combinación entre Sant Ponç y este mercado de ocasión genera un fin de semana muy completo: paseos por el centro histórico, compras de productos artesanos, oportunidades en comercios locales y una programación que subraya la importancia del comercio de proximidad y las ferias tradicionales como motores de vida urbana.
La Feria de Sant Ponç, tanto en Barcelona como en Mataró y en barrios como El Farró o Sarrià, se mantiene como una celebración muy arraigada que mezcla devoción popular, cultura de las hierbas medicinales, miel y dulces tradicionales, al mismo tiempo que se adapta a los nuevos tiempos con actividades familiares, vertiente solidaria y una clara apuesta por el producto local y la vida de barrio, elementos que explican por qué sigue siendo una fecha señalada en el calendario primaveral.

