El superalimento japonés del desayuno: natto, tofu y la clave de su alta longevidad

  • El natto es un alimento japonés fermentado, muy rico en proteínas, probióticos y vitamina K2, habitual en el desayuno sobre arroz.
  • El tofu aporta proteína vegetal completa, pocas calorías y grasas saludables, y es un sustituto ligero de la carne en la dieta japonesa.
  • La alimentación tradicional de Japón se basa en vegetales, pescado, soja y fermentados, con baja presencia de ultraprocesados y grasas saturadas.
  • Incorporar natto, tofu, más verduras, pescado y té verde acerca a un patrón japonés asociado con menor riesgo cardiovascular y mayor longevidad.

Natto y tofu

Si te interesa cuidar tu salud, controlar tu peso y alargar tu esperanza de vida, merece la pena fijarse en lo que ponen los japoneses en el plato nada más levantarse. Entre arroz, sopa de miso y pescado, hay un protagonista que llama especialmente la atención: un alimento fermentado, altísimo en proteína y con fama de ser clave en la longevidad nipona. No es especialmente bonito, su olor es potente y su textura puede resultar chocante, pero cada vez más expertos lo señalan como un auténtico superalimento.

Hablamos del natto, las míticas habas de soja fermentadas que muchos japoneses desayunan a diario, a menudo acompañado de arroz caliente, salsa de soja y un poco de mostaza. No es el único alimento proteico típico del desayuno japonés —el tofu, el huevo, el pescado o incluso el surimi también aparecen sobre la mesa—, pero el natto se ha ganado un lugar de honor por su concentración de nutrientes, probióticos y compuestos con efectos muy concretos sobre el corazón, los huesos y la microbiota intestinal.

Tofu y natto: dos pilares proteicos de la cocina japonesa

A la hora de hablar de alimentos altos en proteína en el desayuno japonés, hay dos grandes nombres que siempre salen a relucir: el tofu y el natto. Ambos proceden de la soja, pero se obtienen mediante procesos muy distintos y sus características organolépticas no se parecen en absoluto.

El tofu es un clásico de la cocina asiática que en Japón se come casi a diario, tanto en desayunos como en sopas, platos de cuchara, salteados o incluso postres. En la primera comida del día puede aparecer en forma de pequeños dados en la sopa de miso, como acompañamiento fresco con salsa de soja y cebolleta o en preparaciones calientes como el yudofu, donde el tofu se sirve en un caldo suave.

Por su parte, el natto es uno de los preparados más auténticamente japoneses y al mismo tiempo más controvertidos. Su sabor intenso, su olor penetrante y esa textura viscosa y pegajosa que forma hilos al removerlo lo convierten en un alimento que divide al público: o te encanta o te cuesta horrores. Aun así, en muchas casas japonesas forma parte del desayuno habitual, sobre todo en el norte del país.

Ambos comparten un rasgo clave: aportan proteína vegetal de calidad, con aminoácidos esenciales, muy pocas grasas saturadas y un buen aporte de micronutrientes. La diferencia principal está en que el natto, al ser un fermentado, suma además probióticos vivos y compuestos bioactivos muy concretos, como la famosa nattokinasa y la vitamina K2, que lo hacen especialmente interesante para la salud.

Qué es el tofu, cómo se elabora y por qué se le llama «carne vegetal»

El tofu se obtiene a partir de la leche de soja coagulada mediante agentes minerales o vegetales, en un proceso que recuerda bastante a la elaboración tradicional del queso a partir de leche animal. Primero se remoja la soja, se cocina y se tritura para obtener una bebida; después, se añade un coagulante para que las proteínas se solidifiquen y, finalmente, se prensa esa cuajada para darle forma.

El resultado es un bloque blanco, de sabor muy suave y textura variable según el grado de prensado. Puede ser sedoso (más blando y cremoso), firme o extrafirme, lo que permite utilizarlo en preparaciones muy diversas: desde sopas delicadas hasta salteados potentes, pasando por revueltos que imitan al huevo o postres cremosos.

Uno de sus grandes puntos fuertes es su perfil proteico: unos 8‑10 gramos de proteína por cada 100 gramos de producto. Esa proteína es completa, es decir, aporta todos los aminoácidos esenciales que el organismo no puede fabricar por sí mismo, algo que no todas las fuentes vegetales consiguen. Por eso se le ha ganado el apodo de “carne vegetal”, compartido con otros derivados de la soja como el tempeh.

Además, el tofu es muy bajo en grasas saturadas y aporta sobre todo grasas insaturadas, incluyendo cierta cantidad de ácidos grasos omega‑3 de origen vegetal. A esto se suma un buen aporte de minerales: calcio (especialmente cuando se utiliza sulfato de calcio como coagulante), hierro, magnesio y potasio, junto con vitaminas del grupo B, clave para el metabolismo energético.

Otro detalle nada menor es su baja densidad calórica: rondando las 70‑100 kcal por cada 100 gramos. Esto lo convierte en una opción perfecta para personas que quieran controlar el peso sin reducir la ingesta de proteína, ya que ayuda a saciar con pocas calorías y se adapta a recetas muy ligeras.

Tofu y longevidad: su papel en la dieta japonesa

Japón encabeza la lista de países más longevos del mundo, con una media de edad que ronda holgadamente la década de los 80 años y no pocos centenarios. Entre los factores que se señalan como responsables está su dieta tradicional: abundante en vegetales, pescado, legumbres como la soja, cereales integrales y alimentos fermentados, con muy pocos ultraprocesados y escasa presencia de azúcares añadidos y grasas saturadas.

En este contexto, el tofu funciona como sustituto habitual de la carne roja y de otros productos animales más grasos. Al aportar proteína completa con un contenido muy reducido de grasa saturada, ayuda a mantener una dieta ligera para el sistema cardiovascular, algo que a largo plazo repercute de forma positiva en la salud del corazón y de los vasos sanguíneos.

También aportan lo suyo los fitoestrógenos de la soja, especialmente las isoflavonas, presentes tanto en tofu como en otros derivados. Estas sustancias de origen vegetal, con una estructura similar a los estrógenos, han demostrado efectos beneficiosos moderados sobre la salud ósea y cardiovascular, y pueden ayudar a suavizar algunos síntomas asociados a la menopausia.

En la mesa japonesa, el tofu aparece a todas horas: en la sopa de miso de cada día, en guisos calientes como el yudofu, en platos fríos con salsa de soja y jengibre o incluso en dulces como el kinako tofu, espolvoreado con harina de soja tostada y azúcar. También se integra con naturalidad en el desayuno, acompañado de arroz, encurtidos, algas o natto.

Todo esto contribuye a que, combinado con más verduras, pescado azul, arroz y té verde, el tofu sea una pieza más de un puzle dietético que favorece una vida más larga y con menos enfermedades crónicas. No es un producto milagro, pero sí un aliado muy interesante cuando se integra en un patrón de alimentación equilibrado.

Natto: el alimento alto en proteína que los japoneses desayunan

Natto

Ahora bien, cuando se habla del alimento japonés fermentado, rico en proteínas y con más fama de superalimento, todas las miradas se dirigen al natto. No es tan conocido fuera de Japón, pero dentro del país lleva siglos formando parte de la dieta diaria, especialmente en el desayuno tradicional.

El natto se prepara a partir de granos de soja cocidos, previamente remojados, que se fermentan con una bacteria llamada Bacillus subtilis var. natto. Durante el proceso, este microorganismo transforma la textura del grano y produce una especie de mucílago pegajoso que envuelve las habas, responsable de esos hilos característicos cuando se remueve con los palillos.

Su sabor es potente, algo amoniacal y con matices similares a ciertos quesos muy curados, y el olor, bastante intenso. La textura es viscosa, pegajosa y un pelín elástica, lo que causa rechazo en muchas personas que lo prueban por primera vez. Aun así, para buena parte de la población japonesa es algo tan cotidiano como puede ser para nosotros un bol de cereales.

Tradicionalmente, el natto se sirve sobre un cuenco de arroz blanco caliente, mezclado con salsa de soja, mostaza japonesa, cebolleta picada y, a veces, un chorrito de aceite de sésamo. Esa combinación, que puede sonar rara, constituye un desayuno lleno de proteínas, carbohidratos complejos, grasas saludables, fibra y probióticos.

La historia del natto se remonta al periodo Heian (794‑1185), y existen leyendas que atribuyen su descubrimiento al samurái Minamoto no Yoshiie, quien habría fermentado accidentalmente soja cocida que llevaba envuelta para alimentar a sus caballos. Con el tiempo, esa preparación improvisada se perfeccionó hasta convertirse en un producto emblemático de la cocina japonesa.

Composición nutricional del natto: proteína, fibra y mucho más

Desde el punto de vista nutricional, el natto es una bomba de nutrientes concentrados en un alimento relativamente poco procesado. En 100 gramos de natto se encuentran, aproximadamente, 211 kilocalorías, una cantidad moderada si se tiene en cuenta todo lo que aporta.

Esa misma ración contiene cerca de 19 gramos de proteínas, en torno a un 20% del producto, lo que lo sitúa por encima de muchos otros alimentos vegetales y a la altura de algunas carnes magras en proporción. De nuevo, se trata de proteína de buena calidad con un perfil de aminoácidos muy completo, derivado de la soja.

En cuanto a las grasas, el natto ofrece alrededor de 11 gramos de lípidos, predominantemente insaturados, lo que incluye ácidos grasos beneficiosos para la salud cardiovascular. Los carbohidratos rondan los 13 gramos por cada 100 de producto, de los cuales unos 5 corresponden a fibra dietética, lo que ayuda a mejorar la saciedad y el tránsito intestinal.

Si entramos en el capítulo de micronutrientes, el natto destaca por contener minerales como manganeso, hierro, cobre, magnesio, calcio, zinc y potasio en cantidades apreciables. Todos ellos participan en procesos tan variados como la formación de glóbulos rojos, el equilibrio hídrico, la salud ósea o la función muscular.

En cuanto a vitaminas, es especialmente notable su contenido en vitaminas del grupo B y, sobre todo, vitamina K2. Esta última, poco frecuente en gran cantidad en otros alimentos, juega un papel clave en el metabolismo del calcio, ayudando a dirigirlo hacia los huesos y evitando que se deposite en las arterias.

Probióticos, nattokinasa y otros compuestos beneficiosos

Más allá de los nutrientes clásicos, el natto sobresale por su contenido en microorganismos vivos y compuestos bioactivos fruto de la fermentación. La bacteria Bacillus subtilis var. natto que interviene en su elaboración no solo transforma el sabor y la textura, sino que también genera sustancias con efectos muy concretos en el organismo.

Por un lado, el natto es una excelente fuente de probióticos, que al llegar vivos al intestino pueden ayudar a equilibrar la microbiota. Esto se traduce en una mejor digestión, menos molestias gastrointestinales en muchas personas y una mayor resistencia frente a patógenos que afectan al sistema digestivo.

Por otro lado, durante la fermentación se produce una enzima llamada nattokinasa, a la que se le han atribuido propiedades antitrombóticas. Estudios experimentales han observado que esta enzima puede ayudar a descomponer fibrina, una proteína implicada en la formación de coágulos sanguíneos, lo que podría favorecer la prevención de trombos.

Además, el natto concentra isoflavonas de la soja y otros polifenoles antioxidantes y antiinflamatorios. Estas sustancias ayudan a neutralizar radicales libres y a reducir la inflamación de bajo grado, factor implicado en multitud de enfermedades crónicas.

A nivel general, se le atribuyen al natto propiedades anticancerígenas, antibacterianas y protectoras de la salud cardiovascular, siempre en el contexto de una dieta equilibrada y no como remedio aislado. Su consumo habitual se ha asociado en estudios observacionales con menores tasas de enfermedad coronaria y mejor densidad mineral ósea.

Beneficios del natto para la salud intestinal, ósea y cardiovascular

Tofu

El primer gran ámbito donde brilla el natto es la salud intestinal. Gracias a su carga de probióticos y de fibra, contribuye a mantener una microbiota diversa y equilibrada, lo que mejora el tránsito, puede reducir episodios de estreñimiento y ayuda a combatir ciertas molestias digestivas.

Este equilibrio en la flora intestinal repercute también en el sistema inmunitario y el estado de ánimo. Cada vez hay más evidencia de que el eje intestino‑cerebro influye en la ansiedad y la depresión, y que una microbiota sana se asocia con un mejor bienestar emocional y mayores defensas frente a infecciones.

El segundo gran pilar es la salud ósea. El alto contenido de vitamina K2 del natto, combinado con calcio y otros minerales, favorece la mineralización de los huesos y ayuda a prevenir la osteoporosis, especialmente en personas mayores o en mujeres tras la menopausia. La K2 actúa activando proteínas que fijan el calcio en la matriz ósea.

En el terreno cardiovascular, los beneficios llegan por varias vías: reducción de la presión arterial, mejora del perfil de lípidos sanguíneos y posible efecto antitrombótico. La nattokinasa y otros péptidos bioactivos procedentes de la fermentación pueden contribuir a que la sangre circule con más fluidez y a que disminuya la acumulación de coágulos.

A esto se suma la capacidad del natto, gracias a su fibra y sus probióticos, para ayudar a reducir los niveles de colesterol LDL (el llamado “malo”) y mejorar el perfil lipídico global. Unido a un menor consumo de grasas saturadas —muy típico de la dieta japonesa tradicional—, esto se traduce en un menor riesgo de enfermedades cardiovasculares.

Cómo se come el natto en Japón (y cómo incluirlo en tu dieta)

En la mesa japonesa, lo más habitual es que el natto se consuma en el desayuno, especialmente en el norte del país. La forma clásica consiste en mezclar vigorosamente el contenido del pequeño envase de natto hasta que aparezcan muchos hilos y una textura espumosa, y después servirlo sobre arroz blanco recién hecho.

Para darle más gracia, se suele aderezar con salsa de soja (shoyu), mostaza japonesa, cebolleta muy picada y, a veces, un toque de aceite de sésamo. Hay quienes añaden también algas nori en tiras, pepino, kimchi o incluso una yema de huevo cruda para redondear el aporte proteico.

Más allá del desayuno, el natto puede integrarse en platos de fideos soba o udon, sopas de miso enriquecidas o ensaladas templadas. También combina bien con cereales como la quinoa o la cebada, y se puede emplear como topping en buddha bowls o platos de arroz integral.

Si el sabor te resulta demasiado intenso al principio, una buena idea es empezar con pequeñas cantidades bien mezcladas con otros ingredientes de sabor más familiar, como el arroz, el aguacate o incluso algo de atún. El kimchi, con su toque picante, también ayuda a equilibrar el aroma del natto.

Fuera de Japón, el natto se encuentra sobre todo en tiendas especializadas en productos asiáticos o en comercios online que trabajan con congelados y refrigerados. También existe la opción de prepararlo en casa, aunque requiere controlar bastante bien el proceso de fermentación para que sea seguro y tenga la textura adecuada.

Desayuno japonés tradicional: mucho más que natto

Para entender el papel del natto, conviene ver el conjunto del desayuno tradicional japonés, conocido como ichiju sansai (una sopa y tres platos). Este modelo sigue la lógica de las comidas caseras japonesas, donde se busca equilibrio entre distintos grupos de alimentos, texturas y métodos de cocción.

La base es casi siempre un cuenco de arroz blanco y una sopa de miso. El arroz aporta hidratos de carbono complejos que dan energía de larga duración, mientras que la sopa ayuda a hidratarse, aporta minerales y a menudo incluye tofu, algas y verduras, sumando así proteínas y fibra.

Además del natto, es frecuente encontrar salmón a la parrilla, tortilla japonesa (tamagoyaki), huevos sencillos, encurtidos, algas o pequeños trozos de tofu. La cantidad de guarniciones depende del apetito y del lugar: en los ryokan (posadas tradicionales) el despliegue suele ser espectacular, con numerosos platillos pequeños.

Una característica clave es que se trata de un desayuno equilibrado, con raciones moderadas y basado casi en su totalidad en alimentos frescos o mínimamente procesados. No hay apenas bollería, azúcares refinados ni grasas saturadas en exceso, algo muy distinto a muchos desayunos occidentales basados en tostadas con mantequilla, galletas o bollos.

Para quienes no tienen tiempo de sentarse a la mesa, los japoneses recurren con frecuencia a los onigiri, bolas de arroz rellenas y envueltas en alga nori, que se compran en tiendas de conveniencia y funcionan como desayuno rápido pero relativamente equilibrado. El natto puede no estar siempre presente, pero el patrón de alimentos se mantiene.

Dieta japonesa tradicional: por qué ayuda a vivir más y con mejor salud

Si se mira con cierta perspectiva, la dieta japonesa tradicional se caracteriza por ser baja en calorías y grasas, pero muy rica en alimentos de origen vegetal y pescado. Las carnes rojas, los lácteos grasos, los embutidos y la bollería apenas tenían presencia en la mesa hasta hace unas décadas, y aún hoy se consumen en cantidades menores que en muchos países occidentales.

Los protagonistas son las frutas y verduras (frescas, al vapor, salteadas o en sopas), el pescado y el marisco, las algas, la soja y sus derivados (tofu, natto, miso, edamame), el arroz y el té verde, especialmente el matcha. Todo ello configura una alimentación muy saciante, con baja densidad calórica y repleta de antioxidantes que combaten el estrés oxidativo celular.

A esto se suma la costumbre de escoger productos frescos, de temporada y poco procesados, relegando los ultraprocesados (bollería industrial, snacks, refrescos azucarados, etc.) a un segundo plano. El resultado es una dieta que no solo ayuda a mantenerse delgado, sino que también reduce el riesgo de diabetes tipo 2, hipertensión, ciertos tipos de cáncer y enfermedades cardiovasculares.

Este patrón de alimentación, donde platos como el natto en el desayuno o una sopa de miso con tofu se repiten día tras día, contribuye al excelente perfil de salud de muchas zonas de Japón. En islas como Okinawa, famosas por su alta concentración de centenarios, se sigue un modelo similar, con mucho protagonismo de vegetales, legumbres y derivados de la soja.

Cómo acercarte desde casa a la forma de comer japonesa

Adoptar de golpe un desayuno japonés completo con natto, tofu, arroz y sopa de miso puede resultar demasiado brusco para muchos. Sin embargo, es posible ir incorporando elementos de esta cultura gastronómica poco a poco, adaptándolos a los gustos y al estilo de vida de cada uno.

Un buen primer paso es aumentar la presencia de frutas y verduras en todas las comidas, incluyéndolas siempre que se pueda y evitando recurrir a la fritura como método principal de cocción. Cocinarlas al vapor, salteadas brevemente o integradas en sopas y caldos ayuda a que resulten más apetecibles.

Otro cambio interesante es sustituir parte de las carnes rojas por pescado o marisco, priorizando las especies ricas en omega‑3, como el salmón, la caballa o las sardinas. Al mismo tiempo, conviene reducir embutidos, precocinados grasos y otras fuentes de grasas saturadas.

También es útil introducir legumbres y derivados de la soja de forma habitual: garbanzos, lentejas, alubias, edamame, tofu o incluso natto si se consigue. Estas opciones aportan fibra y proteínas vegetales muy saciantes, con un impacto metabólico favorable.

Para rematar, se puede reemplazar parte del café por té verde o matcha, incrementando así el aporte de polifenoles antioxidantes que contribuyen a proteger las células frente al daño oxidativo. Y, cuando sea posible, elegir siempre alimentos frescos o mínimamente procesados, dejando los ultraprocesados para ocasiones muy puntuales.

Todo este conjunto de cambios, en el que darle una oportunidad al natto en el desayuno o al tofu en las comidas principales puede marcar la diferencia, acerca bastante al modelo japonés y facilita mantener un peso saludable y un buen estado de salud a largo plazo.

Tomarse la molestia de conocer y adaptar alimentos como el natto, el tofu y otros pilares de la dieta japonesa es una forma práctica de sumar proteína de calidad, probióticos y antioxidantes a tu día a día, y puede convertirse en una de esas pequeñas decisiones cotidianas que, con el tiempo, contribuyen a tener más energía, un corazón más sano, huesos más fuertes y una vida más larga y activa.

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