
El debate sobre el acceso de los menores a las bebidas energéticas lleva tiempo sobre la mesa, pero ahora ha dado un paso al frente. El Consejo General de Enfermería (CGE) ha reclamado formalmente que se prohíba en todo el territorio nacional tanto la venta como el consumo de estos productos por parte de los menores de edad. La petición no es nueva, pero cobra fuerza después de que comunidades como Galicia y Baleares ya hayan puesto en marcha sus propias restricciones.
La organización colegial, que representa a más de 358.000 enfermeras en España, no se queda solo en la prohibición. También insiste en la necesidad de lanzar campañas de información contundentes para que la población entienda de una vez por todas los riesgos que estas bebidas suponen para la salud de los más jóvenes. Y es que, aunque cada vez hay más voces alertando sobre el tema, el consumo sigue siendo elevado entre la población adolescente.
Una norma estatal en camino
Mientras Galicia y Baleares ya han dado el paso, el Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030 está trabajando en una normativa de ámbito estatal que prohíba la venta de bebidas energéticas a menores en toda España. La medida, no obstante, todavía no está cerrada y desde el CGE se pide que sea contundente y que no se quede a medias.
Florentino Pérez Raya, presidente del CGE, valora positivamente la iniciativa del Gobierno, pero pide rigor. “Existe evidencia sobre los riesgos de estas bebidas, pero todavía hay poca evidencia directa de que prohibir su venta consiga reducir por sí solo su consumo”, advierte. Para el representante de las enfermeras, la prohibición tiene que ir acompañada de campañas de concienciación masivas y de más investigación sobre los efectos reales de estos productos en la salud adolescente.
Qué dice la ciencia sobre la cafeína
Héctor Nafría, enfermero responsable de la Unidad de Cultura Científica y de la Innovación (UCC+I) del CGE, pone el foco en los datos. Una lata de medio litro puede contener unos 160 miligramos de cafeína, una cantidad que para un adolescente de 50 kilos supera ligeramente el nivel diario de referencia establecido por la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA).
Nafría recuerda que estas medidas no deben nacer desde la idea de “alarmar o criminalizar a los jóvenes”, sino de protegerlos frente a productos con grandes cantidades de cafeína que, además, se comercializan con formatos, sabores y campañas especialmente atractivos para ellos. La evidencia indica que estas bebidas pueden alterar el sueño, aumentar el nerviosismo y la ansiedad y producir efectos cardiovasculares como la elevación de la presión arterial o palpitaciones.
El problema no es minoritario. Según la encuesta ESTUDES 2025, el 38,4% de los estudiantes españoles de 14 a 18 años había consumido bebidas energéticas durante el último mes y el 15,2% las había mezclado con alcohol. Cifras que ponen de manifiesto la necesidad de actuar cuanto antes.
¿Hasta dónde debe llegar la prohibición?
La propuesta inicial del Ministerio de Consumo pasa por prohibir la venta de todas las bebidas energéticas a menores de 16 años, y ampliar la restricción a los menores de 18 en el caso de las bebidas que superen los 32 miligramos de cafeína por cada 100 mililitros. Sin embargo, desde la Asociación de Enfermeras de Nutrición y Dietética (AdENyD) consideran que este umbral se queda corto.
Marilourdes de Torres, coordinadora del comité científico de AdENyD, propone que la prohibición alcance a los menores de 18 años cuando las bebidas acumulen 15 miligramos de cafeína por cada 100 mililitros. Además, sugiere que los envases no superen nunca los 250 mililitros, porque “si está controlada la cantidad, pero es una bebida de medio litro, no tiene mucho sentido”.
Cambiar el nombre para cambiar la percepción
Otra de las reivindicaciones que más fuerza está cobrando es la de modificar la denominación de estos productos. De Torres insiste en que deberían dejar de llamarse “bebidas refrescantes” para pasar a denominarse “bebidas estimulantes”, ya que su elevada concentración de cafeína, azúcares, taurina y otros ingredientes no tiene nada que ver con un refresco convencional.
“Deberían empezar a denominarse así para entender su impacto en la salud”, asegura la experta. Un cambio de nomenclatura que, a su juicio, ayudaría a que la población fuera más consciente de lo que realmente está consumiendo y de los riesgos que conlleva.
La asociación también reclama prohibir su venta en máquinas de vending, que en los comercios se coloquen junto a las bebidas alcohólicas y no junto a las refrescantes, y que los envases incluyan advertencias visibles de que su consumo no está recomendado para menores de edad ni para mujeres embarazadas. “Estas bebidas no tienen propiedades saludables, y este es el mensaje que tiene que calar”, concluye De Torres.
La comunidad enfermera coincide en que restringir la venta es un paso razonable aplicando el principio de prevención, pero advierten de que la prohibición por sí sola no es una solución mágica. Será necesario evaluar si disminuye realmente el acceso, el consumo y los problemas de salud asociados, y comprobar que no aparecen vías alternativas de compra. Mientras tanto, la presión social y sanitaria sigue creciendo para que España se sume a una regulación clara y unificada que proteja a los menores de un producto que, a todas luces, no les aporta nada bueno.






