El aseo personal en la infancia

Cuando el bebé ha crecido hasta el punto en el que puede colaborar y participar en la satisfacción de sus necesidades básicas, será necesario que se le marquen unas medidas en relación a su aseo personal. Estas deben ser aplicadas tanto en casa como en la escuela infantil.

Estas dos competencias deben mantener una mutua observación, para que así el niño tenga unas condiciones higiénicas óptimas. De lo contrario, puede ocasionar focos de infección que pueden afectar a demás niños, como por ejemplo, los típicos piojos en el colegio.

Aseo en la piel

La piel del bebé es muy frágil, ya que no madura hasta los 8-9 años. Además, es a través de ella, cuando el bebé comenzará a desarrollar su sentido del tacto. Así, la piel se convierte en una de las principales barreras del organismo para defenderse de las agresiones externas que puede recibir del medio que le rodea.

Al ser tan frágil, cuando realizamos la limpieza corporal del niño debemos utilizar el agua y los jabones neutros. Estos dos componentes son los necesarios para eliminar la suciedad y cualquier sustancia extraña del medio, así como las que el mismo organismo produce (sudor).

Por tanto, al comenzar con la higiene del niño, nunca debemos usar productos agresivos que alteren el ph de la piel del mismo. También, debemos tener en cuenta el tipo de piel del niño, grasa o seca, para aplicar la correcta crema hidratante.

Baño y ducha

Para asegurar esta higiene o limpieza de la piel, el baño será la primera acción a realizar. Este irá haciéndose con el niño sentado y siempre con la supervisión de un adulto, pues jamás se puede dejar al niño solo.

Además, el baño diario es uno de los momentos que más le gusta a un niño. En él puede jugar y establecer un vínculo afectivo muy grande con sus progenitores, dónde puede participar dándole una segunda esponja o manopla a él.

Posteriormente, a medida que va creciendo, sobre los 4 años, esta actividad puede hacerse en la ducha. Como el niño puede mantenerse de pie manteniendo un equilibrio correcto, es posible que lo haga solo, aunque siempre se debe mantener la supervisión adulta.

A parte de estas dos actividades que el niño irá aprendiendo poco a poco, se debe crear un hábito continuo en el lavado de manos y cara. Al principio, necesitará ayuda, pero debe avanzar por sus propios medios, ya que deberá hacerlo de esta forma desde muy temprana edad.

El pelo

A la mayoría de los niños no les gusta que se les lave el cabello, siempre lloran por el miedo a que le entre en sus ojos. Por eso, se deben utilizar champús infantiles, ya que su composición es la adecuada para que esto no ocurra. Además, se debe incentivar con algún juguete para que sea más fácil que lo acepte.

Para lavar el cabello, se debe ejecutar de una manera correcta porque sino resultaría dañina para el cuero cabelludo. Se debe frotar este con las yemas de los dedos, de manera suave y lenta, nunca con las uñas. Después se debe dar un enjuagado conciso para eliminar cualquier resto de jabón.

Por otra parte, el peinado es otro de los factores que influyen en el aseo personal de los niños. Este debe ser apropiado para los más pequeños, para que les permita peinarse solos. El corte de pelo es importante, en cuanto a lo que se refiere a flequillos y melenas, para que no aparezcan rozaduras a consecuencia del sudor y para que no le imposibiliten la visión.

Los dientes

El hábito de lavarse los dientes debe empezar desde muy pequeños, de modo que no ocasione ningún problema en su salud bucal en el futuro.

La edad recomendada para iniciar este hábito son los 18 meses, aunque el lavado de dientes se debe hacer desde que son recién nacidos con elementos adecuados para ello. Se debe realizar después de las comidas, pero sobre todo el de antes de dormir, ya que es aquí cuando las bacterias adquieren el máximo punto de proliferación.

El aprendizaje de esta rutina debe realizarse en casa como en la escuela infantil, ya que muchos niños están en el comedor. El proceso se enseñará poco a poco: a que coja el cepillo correctamente, aplique la pasta con cuidado, lave los dientes desde las encías hacia los dientes, enjuague bien, limpie el cepillo y, por último, lo guarde y recoja todo.

Por último, cabe destacar que las cerdas del cepillo deben ser muy suaves y de puntas redondas, y cambiarlo cuando estos pierden su forma. Además, se debe supervisar periódicamente con un dentista, así como de llevar un control en el abuso de golosinas y dulces.

Uñas

Los niños juegan con todo sin ningún tipo de peligro. Es decir, tocan todo tipo de materiales sin importarles que esa suciedad pueda quedarse en sus uñas.

Por esta razón, siempre deben de mantenerse las uñas cortas y limpias, para que así no se transmitan gérmenes que ocasionen ninguna enfermedad. Por ello, en cuanto al lavado de manos, se debe incluir un pequeño cepillo para arrastrar y eliminar toda la suciedad existente.

Además, se debe tener en cuenta el corte de las uñas: las de las manos deben estar redondeadas para que así no se arañen, y la de los pies es mejor cortarlas rectas para no provocar uñeros.


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