El arte de discutir adecuadamente en pareja

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Para muchas de nosotras la palabra “discutir” tiene una connotación negativa que se asocia a menudo al conflicto. Vale la pena enfocar esta imagen de otro modo, de un modo más constructivo en el cual dejemos a un lado esa imagen problemática, para darle un giro más constructivo y útil. Discutir en pareja es algo normal e incluso necesario, nos ayuda a pactar, a establecer límites, a acordar y a gestionar muchas dimensiones de nuestra convivencia.

Discutir no es gritar ni aún menos despreciar o humillar a la persona que tenemos delante. Debemos verlo como un intercambio de opiniones y de ideas donde exista una escucha activa, donde se deje a un lado el pensamiento unidireccional y la inflexibilidad para propiciar un diálogo abierto y útil. Como ya sabes la vida en pareja nunca es fácil y requiere de pactos constantes donde a veces nos toca ceder a nosotras y en otras ocasiones, son ellos quienes deben asumir diferentes aspectos. Lo importante es que una discusión no se convierta en esa tempestad donde las emociones estallan y se hace casi imposible entendernos, ahí donde surge finalmente el conflicto y el problema. Hoy en Bezzia, queremos ofrecerte pautas para que ambos aprendáis a “discutir”.

 Aprender a discutir con sabiduría

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André Gide nos decía que en la gran mayoría de las ocasiones, discutir, solo nos sirve para amplificar las diferencias. Y es algo que todas sabemos. Seguro que en más de una ocasión, después de una discusión con tu pareja sientes la sensación de que no habéis llegado a nada, y que encima, queda en el aire y en vuestro interior una sensación de rabia e indefensión muy elevada. Es lo que casi siempre ocurre. Y es que, a veces confundimos el gritar mucho con “hacernos entender”, o el imponer nuestro punto de vista como única opción.

Las discusiones son frecuentes en nuestro día a día pero se suceden a distintos niveles. Puedes discutir en cualquier tienda porque te han devuelto mal, porque nos han atendido de modo incorrecto o porque hemos de reclamar nuestros derechos. Y lo hacemos de modo sosegado y equilibrado. Pero cuando discutimos con nuestras parejas, debido a los años de convivencia y a la cercanía, en ocasiones perdemos los límites y nos dejamos llevar, cayendo en aspectos negativos que hacen daño. Hemos de tenerlo en cuenta. ¿Por qué llegamos a los reproches y las faltas precisamente con la persona que más queremos en el mundo? Precisamente porque la persona que tenemos frente a nosotros nos importa, porque es él quien enciende nuestros sentimientos y por quién más sufrimos. De ahí que la intensidad sea más acentuada. Veamos pues de qué modo podemos aprender a discutir sin hacernos daño para conseguir llegar a acuerdos razonables, ahí donde el debate, sea fértil y útil, nunca destructivo.

1. Señala lo que te hace daño o lo que te preocupa, sin descalificar

Algo básico. A la hora de discutir hemos de saber comunicar adecuadamente a la otra persona qué nos ocurre. Habla en primera persona diciendo cómo te sientes, qué te hace daño, qué te molesta o qué te preocupa. Jamás empieces descalificando a la otra persona ni humillándolo con las habituales frases de “Es que tú siempre” “Como tú nunca te das cuenta…”. No empieces con el reproche, inicia el diálogo con evidencias de cómo te sientes tú sin atacar. Solo informa.

2. Escucha sin interrumpir

Es lo que más molesta y lo que hace que derivemos en los gritos para hacernos oír. Hemos de respetar los turnos de palabra practicando siempre una escucha activa. Atiende en silencio, ten en cuenta que además puedes obtener mucha información en el rostro de la otra persona, así que observa también a la comunicación no verbal.

3. Demanda sin exigir

¿Cuáles son tus necesidades? ¿qué cambios necesitas? Es imprescindible que digamos en voz alta todo aquello que necesitamos y que no tenemos, aquello que nos hace daño o que echamos a faltar en nuestras vidas. Un error en el que caemos a menudo es en esperar que la otra persona se de cuenta de las cosas. Al notar que no las percibe caemos en la frustración y la desesperación. Lo mejor es comunicar a la otra persona todo aquello que tenemos en mente y que nos preocupa, sin esperar a que el otro “por arte de magia” las descubra. Es un modo de conocernos mejor el uno al otro. Pide lo que necesitas pero sin imponer ni exigir.

4. Cuidado con las ironías y los reproches

Es algo en lo que todos caemos. La ironía es ese recurso habitual con el que nos defendemos y a la vez, lanzamos pequeños ataques a la otra persona. “Como tú vives en tu burbuja particular y nunca te enteras de nada” “Cómo tú eres tan perfecta y lo sabes todo”…. expresiones comunes con las que desahogarnos pero con las que hacer daño también. Los reproches no ayudan a llegar a acuerdos ni a soluciones, lo único que hacen es elevar las emociones negativas y, en consecuencia, la rabia. Debemos evitarlos aportando argumentos, propuestas y realidades. Expón tus sentimientos en lugar de lanzar ataques.

En lengua inglesa la palabra discutir, discuss, tiene una traducción más positiva que en español. Enfatiza la necesidad de intercambiar ideas en un debate fértil donde ambas partes se enriquezcan al final. Es ahí donde deben radicar principalmente las discusiones en pareja, en acuerdos y en caminos en los cuales obtengamos un mejor conocimiento el uno del otro. Porque párate un momento a pensarlo ¿qué sería una relación sin discusiones? Es casi inconcebible. Discutir sin atacarnos, sin lanzar reproches y sin propiciar sentimientos negativos, es el mejor modo de afrontar con éxito los problemas del día a día. Discute con inteligencia emocional. Lucha por tu relación con motivación, respeto y equilibrio.


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