Discusiones de pareja: ¿Cómo gestionarlas?

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Las discusiones son habituales en nuestras relaciones afectivas. No debemos verlo como algo negativo, sino como un medio para conocernos mejor, establecer límites y llegar a acuerdos. Hemos también de entender que la palabra “discutir” puede presentar dos vertientes: esa parte positiva en la que alcanzamos un mayor conocimiento sobre nuestra pareja y sobre nuestra relación, y ese lado negativo en el que ocasiones, podemos llegar a una disputa. A serias diferencias donde no hay acuerdos y se establecen posibles distancias en la pareja.

Para discutir hay que saber comunicar. También gestionar emociones y sentimientos. Esas posibles diferencias que suscitan las discusiones pueden ser mejor afrontadas si los dos miembros disponen de aptitudes adecuadas para el diálogo. Saber escuchar, saber proponer y controlar la ira o la rabia, son pilares esenciales para encauzar mejor esas pequeñas disputas que experimentamos de vez en cuando. Y debemos saber que es también algo normal en una relación. No todo son buenos momentos y armonía. Las discusiones aportan información y también acuerdos que harán que nuestro compromiso prospere. Pero hemos de saber gestionarlos; te explicamos cómo.

Cómo gestionar mejor nuestras discusiones

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1. Controla tus emociones

Las discusiones, a menudo, están impregnadas por emociones como la rabia, el miedo o la ira. Nos sentimos enfadados, indignados y llenos/as de ansiedad. Es algo habitual. Pero hemos de actuar de modo equilibrado haciendo uso de la Inteligencia Emocional. Si yo hablo con rabia recibiré rabia. Si yo grito la otra persona no querrá escucharme y se sentirá atacada. Mantén la calma en tus emociones e intenta, ante todo, poder expresar cada uno de tus pensamientos y sensaciones: “Yo estoy enfadada o decepcionada por que…” “Yo espero que tú, me gustaría, desearía que tú…”

Es esencial que hablemos en primera persona controlando emociones para argumentar mejor. Aportando siempre información clara y sincera, manteniendo también una escucha activa. Con respeto.

2. No descalifiques

Es normal que en las discusiones de pareja se caiga a menudo en el “es que tú eres…” Debemos tener especial cuidado con estos aspectos. En el momento que llegue la descalificación, llegará la decepción, el dolor y la rabia. A veces, para satisfacer nuestra rabia caemos en estos errores con los que intentamos buscar alivio. Descalificar al otro para desahogarnos. Pero no solucionaremos nada con ello, al contrario, aún complicaremos más la situación.

3. Céntrate en el problema actual

Algo también muy habitual es que, en el momento en que estamos discutiendo, sacamos a relucir aspectos del pasado. Cosas que tal vez nada tienen que ver con el problema presente. Todo ello se debe a la carga emotiva del momento y el deseo de hacer daño a la otra persona. Recriminando. No debemos hacerlo. Debemos centrarnos en la causa central que nos ha llevado a esa discusión, a su origen.

Aporta argumentos claros que la otra persona pueda comprender, no te quedes en el reproche o en la ofensa.

4. Elige el momento y el lugar adecuado

Evita que la discusión surja en lugar público. Son muchas las veces que vemos a parejas discutiendo en la calle o en restaurantes, a la vista de todos. Es mejor llevar esas conversaciones al ámbito de lo privado, cuidando también que, de tener niños, no estén delante.

Busca la privacidad y un instante de calma para desarrollar ese diálogo.

5. Evita el “reproche y la huida”

No todas las persona saben discutir, lo sabemos. Hay personalidades que carecen de estrategias adecuadas para mantener un diálogo constructivo donde cada uno de los miembros pueda hablar en voz alta sobre sus emociones y pensamientos. Hay personas que caen en el error de reprochar, recriminar algo, para después dar un portazo y desaparecer. O simplemente huir de esa discusión con frases como “es que siempre es lo mismo, o “no quiero hablar ahora de eso”.

6. Controla el rencor

Sabemos que no todas las discusiones son igual. Que cada una tendrá un origen, una causa. Puede que en muchas de ellas esté justificado nuestro enfado y nuestra rabia, pero siempre será mejor dejar a un lado nuestro rencor para poder llegar a una solución. A una resolución.

Cuando surge un problema se ponen en juego gran cantidad de emociones y salen a relucir recuerdos del pasado. Cosas que tal vez no fueron solucionadas en dicho momento y que han dejado su poso de rencor. Es necesario que cada vez que algo nos moleste o nos preocupe en nuestra relación, lo pongamos en común y que hablemos de ello. Si nos callamos y lo dejamos pasar, el rencor empezará a crecer en nosotros.

Recuerda siempre hablar de todo aquello que te preocupe y no dejarlo para ese momento en que de pronto, “explotemos”. Las emociones serán entonces demasiado elevadas.

Para concluir. Las discusiones son algo habitual en la pareja, pueden ser algo constructivo y edificante. Ahí donde marcar límites, donde llegar a acuerdos y donde conocernos mejor el uno al otro. “Yo sé lo que le molesta a él, y él sabe lo que a mi me duele y me molesta”. Es algo terapéutico. Ahora bien, debemos discutir de modo “constructivo”, para llegar a un fin, para solucionar problemas.

Y para ello es esencial que dispongamos de buenas dotes de comunicación, que sepamos controlar nuestras emociones y que, ante todo, no nos guardemos nada. Si nos callamos algo de lo que nos duele o nos preocupa, se convertirá poco a poco en una barrera en nuestra relación de pareja. Vale la pena conocer estas pautas.

 

 

 


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