
Menudo revuelo se ha montado en el sector de la medicina estética tras conocerse que la Policía Nacional ha logrado desarticular una red que se dedicaba a distribuir y utilizar sustancias prohibidas en la Unión Europea. El operativo, que se ha extendido por buena parte de la geografía española, ha puesto el foco en una cadena de clínicas que, al parecer, no jugaba limpio con los materiales que inyectaba a sus clientes.
La voz de alarma saltó durante unos controles rutinarios en los que los agentes interceptaron un par de envíos que venían de Asia. Al abrirlos, se toparon con nada menos que 40 kilogramos de ácido hialurónico mezclado con anestésico local. El problema es que esta combinación ni está permitida en nuestro territorio ni cuenta con las garantías sanitarias necesarias para ser utilizada en pacientes, lo que supone un riesgo de los grandes para la salud.
El origen de la trama y el rastro del dinero
Tras tirar del hilo de esos paquetes sospechosos, los investigadores no tardaron en identificar a una conocida cadena de centros de estética como la destinataria de la mercancía. La primera parada de los agentes fue un local en Madrid que servía de base de operaciones. Allí se encontraron con un panorama bastante turbio: cientos de unidades de productos sanitarios almacenados en consultas y dependencias que hacían las veces de almacén improvisado, listos para ser usados en tratamientos estéticos en ojos y boca y corporales.
Los expertos encargados de analizar el material incautado confirmaron lo que muchos se temían. Una parte importante de los productos carecía de autorización comercial, mientras que otros directamente daban el cante por tener un etiquetado que no cumplía ni de lejos con la normativa europea. No se trata solo de un papeleo, sino de que nadie podía asegurar qué contenían exactamente esos viales ni en qué condiciones se habían fabricado, similar a cuando se prohíben equipos para tratamientos estéticos por no estar autorizados.
Inspecciones simultáneas en toda España
Con las pruebas en la mano, la Policía Nacional coordinó un despliegue masivo el pasado 28 de abril para entrar al mismo tiempo en nueve clínicas repartidas por todo el país. Los registros se llevaron a cabo en ciudades como Bilbao, Barcelona, Valencia, Ibiza, Sevilla, Málaga y Almendralejo, además de la capital. En una de las clínicas de Sevilla y centros estéticos, los agentes volvieron a localizar material que no debería estar allí, lo que confirmaba que el uso de estas sustancias era una práctica extendida en la organización.
El resultado final de esta operación, que ha sido de lo más compleja, se ha saldado con la detención de tres personas: los administradores de la red y la encargada de compras. Pero la cosa no queda ahí, ya que hay otros siete profesionales vinculados a los centros que están siendo investigados por su posible implicación en delitos contra la salud pública y estafa. Al final, se han retirado del mercado 278 productos de cuatro categorías diferentes que ya no podrán causar problemas a usuarios desprevenidos.
Este golpe policial pone de manifiesto la importancia de que los consumidores se aseguren siempre de que los centros a los que acuden cumplen con todas las de la ley. Al final del día, lo que está en juego es el bienestar físico, y confiar en negocios que utilizan ácido hialurónico de dudosa procedencia puede salir muy caro. Las autoridades siguen vigilando de cerca este tipo de prácticas para evitar que productos sin trazabilidad ni esterilidad garantizada acaben bajo la piel de nadie, recordando que lo barato o lo ilegal siempre conlleva un peligro innecesario.



