
El nombre de Valentina Castro ya figura en la historia de la moda colombiana: la tumaqueña pasó de peinar a su comunidad a formar parte del Victoria’s Secret Fashion Show. Con su debut, se convirtió en la primera colombiana en desfilar para la marca, un paso que trasciende lo personal y pone en primer plano la representación afrocolombiana.
El espectáculo celebrado en Nueva York el 15 de octubre reunió música en directo y nuevas narrativas de diversidad. La aparición de Castro, integrada en la línea juvenil Pink, se emitió por plataformas digitales oficiales y reforzó el giro inclusivo de la firma.
Una irrupción histórica en Nueva York
En su salida a pasarela, la modelo lució un conjunto deportivo rosa y monocromático acorde con el espíritu urbano de Pink, y saludó al público con naturalidad, sin estridencias ni artificios.
Su cabello, trenzado en largas mechas, acompañó el ritmo de su caminar; el estilismo incorporó un guiño de pequeñas alas sin otorgarle rango de ángel, un detalle que subrayó sus trenzas como seña de identidad.
La actuación del grupo de K‑pop Twice en directo puso banda sonora a ese momento, en un segmento de pasarela que mezcló estética juvenil, confort y color.
En esa misma sección compartió foco con nombres internacionales como Barbie Ferreira, Sunisa Lee, Iris Law o Lila Grace Moss, un elenco que evidenció la apuesta por perfiles diversos en procedencia y trayectoria.
De Tumaco a las grandes pasarelas
Valentina nació y creció en Tumaco (Nariño), en un entorno donde el peinado afro y las trenzas forman parte de la vida cotidiana; durante la adolescencia, ese oficio fue una ayuda económica para su familia.
Una vivencia familiar marcada por la pérdida reforzó su vínculo con el peinado y la disciplina, herramientas que después trasladó al modelaje con la misma disciplina y constancia.
Con el tiempo, su seguridad frente a la cámara y en pasarela creció, siempre manteniendo la conexión con sus raíces del Pacífico y una imagen natural sin artificios.
El casting que cambió su rumbo
Su salto profesional comenzó cuando un cazatalentos de Nefer Models encontró su perfil en redes y la animó a formarse; a los 18 años inició un proceso de entrenamiento en República Dominicana.
Su estatura (1,75 m) y su porte llamaron la atención de equipos internacionales, y eso desembocó en su debut para Louis Vuitton en París, dentro de la Semana de la Moda.
A partir de ahí, pisó pasarelas y campañas para firmas como Dior, Balmain o Valentino, trabajó en mercados como Corea del Sur e Italia y participó en editoriales para cabeceras de referencia.
No todo fue sencillo: hubo nervios, pruebas y tropiezos, pero convirtió cada experiencia en aprendizaje constante, tanto técnico como emocional, propio de la alta moda.
Trenzas, identidad y representación
Castro reivindica el valor del cabello afro y de las trenzas como lenguaje estético y cultural; defiende que con ellas se puede crear con libertad y sin renunciar a la esencia.
En sus mensajes a chicas que aspiran a modelar, insiste en ser auténticas, aprovechar las redes para mostrar talento y no esconder la personalidad propia.
Durante el show neoyorquino recibió apoyo de artistas y compatriotas; mantuvo un breve encuentro con Karol G, quien le trasladó palabras de ánimo y confianza en su potencial.
La modelo agradeció públicamente a su equipo y agencias por la oportunidad y subrayó que su participación no es solo suya, sino también de quienes la alentaron desde su barrio y su comunidad.
Su irrupción en Victoria’s Secret confirma una trayectoria que empezó entre peines y trenzas y hoy la sitúa en el radar global; un camino que combina talento, trabajo y una identidad que no se disfraza.




