Cuando el corazón almacena demasiadas decepciones

Las decepciones son las emociones que más cuestan afrontar o sobrellevar cuando se relacionan con el campo afectivo. Podríamos decir que dejan huella en nuestro cerebro y que si no las gestionamos de forma adecuada, pueden sin duda vulnerar nuestras expectativas futuras, nuestra autoestima y autoconcepto.

El pasar un tiempo determinado con una serie de expectativas positivas y una confianza al respecto de una persona es algo normal que nos permite tener cierta seguridad. Cierta sensación de control sobre nuestras vidas. Ahora bien, cuando esto se rompe, cuando aparece la traición, la desilusión, la pérdida o el engaño el mundo se nos viene a bajo. Las decepciones forman parte de nuestro ciclo vital, es algo que todos sabemos, pero…¿qué ocurre cuando ya almacenamos “demasiadas”? En “Bezzia” te invitamos a reflexionar sobre ello.

Cuando el corazón almacena demasiadas decepciones

La razón por la cual las decepciones se alzan como las emociones más complicadas de afrontar en el campo afectivo, es básicamente porque atentan directamente sobre nuestra autoestima. Una decepción en el trabajo, con nuestros amigos o incluso con nosotros mismos al no conseguir algo determinado puede sobrellevarse más o menos. No obstante, en el ámbito de la pareja las decepciones son siempre esas heridas que van marcando distancias.

Analicemos el tema con detalle.

Las decepciones que se experimentan y que se callan

Este es un aspecto importante que debemos tener en cuenta. Hay quien experimenta decepciones pequeñas día tras día y prefiere guardar silencio sobre ellas. Pequeños actos donde experimentamos el vacío, la negación, la sensación de que nos van dejando de lado, percibir que ya no nos sentimos atendidas, valoradas…

  • Hay quien en lugar de reaccionar, prefiere guardar silencio esperando que la situación cambie, que el tiempo ponga de nuevo las cosas en su lugar. Se almacena una decepción tras otra hasta el punto de que nuestro umbral de resistencia está ya tan vulnerado que acabamos heridas y con la autoestima demasiado baja.
  • No es lo adecuado. Las decepciones no se callan ni se disimulan, se hablan para saber un razón del por qué ha ocurrido esto y lo otro. Si no tenemos una argumentación clara al respecto de eso que nos ha hecho daño, nos costará mucho reponernos.

Las decepciones no se olvidan, se aceptan para poder avanzar

Es muy posible que almacenes más de una decepción. Que tu corazón esconda varias cicatrices del pasado que aún siguen muy presentes. Queda claro que la memoria no olvida este tipo de cosas, pero lejos de volver a ellas como quien se asoma una y otra vez a la misma ventana para ver una tragedia, es necesario cerrar ese portón y abrir otra puerta.

  • Los engaños, las pérdidas, las cosas que no salieron bien y que nos causaron decepciones deben comprenderse, aceptarse y más tarde, dejarlas ir poco a poco.
  • Todo en esta vida, ya sea bueno o malo, se alza como un aprendizaje que hemos de ser capaces de integrar en nuestra identidad. Somos todo lo vivido, con nuestros triunfos y derrotas y no por ello vamos a permitirnos ser más débiles o vulnerables.
  • Lo que te hiere, lo que te enfada y te llena de ira te vuelve cautivo. Si focalizamos cada uno de nuestros pensamientos en estas emociones negativas seremos prisioneros de las emociones negativas, y cuando ello ocurre, se corre el riesgo de derivar o bien en una depresión o en un estado de indefensión poco adecuado.

Las decepciones deben comprenderse, saber qué las ha generado y, por encima de todo no culpabilizarnos ni alimentar la visión de victimismo. Nos han hecho daño, no cabe duda, pero lejos de claudicar, hemos de mirar al frente y alzarnos como seres más fuertes, más sabios, y con las mismas ganas de seguir avanzando.

Frente a las decepciones: resiliencia

La resiliencia es la capacidad natural e instintiva que tiene nuestro cerebro de afrontar las dificultades y salir fortalecido del proceso. Lo creamos o no, todos tenemos esta capacidad. No obstante, se requiere de un gran coraje, instinto e intuición para saber aplicarla en el día a día.

  • Nos han herido, hemos sufrido una decepción tras otra y puede que hasta pensemos que casi es mejor dejar de sentir para no sufrir. Cerrar las puertas de nuestro corazón. No es lo adecuado. Cerrar los ojos, las emociones y vestirnos con el manto de la frialdad no nos va a servir de nada.
  • Es necesario asumir lo ocurrido, no buscar culpables y ser capaz de perdonar para, de este modo cortar el vínculo del sufrimiento y dejar ir, pasar página para ser libres. Una vez aceptado lo sucedido, procedemos a obtener un aprendizaje que nos sea útil para el futuro.
  • Cuando nos permitimos seguir avanzando siendo libres de odios, rencores y amarguras estamos actuando con resiliencia. Somos más fuertes, hemos obtenido una sabiduría de los momentos de oscuridad, dolor y decepción y ahora miramos el horizonte sintiéndonos más seguras.

A lo largo de nuestra vida vamos a experimentar numerosas decepciones, unas más dolorosas que otras. No obstante, lejos de caer en el desánimo o la desilusión hemos de ser capaces de permitirnos intentarlo de nuevo. No una, sino cien veces. Porque no importa si caemos diez veces, la valentía está en levantarse once veces o las que hagan falta para al final, encontrar aquello que de verdad merecemos. La felicidad.

Es un viaje que merece la pena, porque vivir es en ocasiones tener que sufrir, pero de los instantes de oscuridad se aprende sobre todo a ser mucho más fuerte.

 

 



Soy psicóloga y escritora, me gusta hilar el conocimiento con el arte y las múltiples posibilidades de la imaginación; me inicié en los estudios sobre el comportamiento humano por mi necesidad de ahondar en esa eterna necesidad por saber y comprender, por descubrir qué motiva lo que somos y qué misterios nos encierran. La búsqueda nunca tiene fin… Mi vida no sería la misma sin la escritura, me define y me motiva: dispongo de premios literarios y de varios libros publicados: “Los lobos de Serieva”, “El cuaderno azul de El Cairo” y una obra para el público juvenil, “Hada Oscura”. Colaboro en varios blogs en los que disfruto aportando ideas y aprendiendo a su vez de las personas, espacios como “La mente es maravillosa” o “Mejor con salud”, me permiten seguir en este apasionante camino por entender lo que somos, es una aventura que sin duda, no encontrará final en esta puerta siempre entornada por las dudas y los misterios.

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