En los últimos años, las relaciones de pareja en España han experimentado una transformación profunda. Según los datos del Instituto Nacional de Estadística, más de 86.000 matrimonios se disolvieron en solo doce meses, una cifra que refleja el desgaste de muchos vínculos. La Asociación Española de Abogados de Familia confirma que el desgaste cotidiano, la distancia afectiva y la falta de comunicación son los motivos reales que llevan a la ruptura. Pero, ¿qué está pasando realmente en las parejas?
Psicólogos de todo el país coinciden en que el problema no es solo la separación, sino cómo se llega a ella. Muchas personas mantienen una relación estable pero se sienten solas, un fenómeno que algunos especialistas llaman «solteros en pareja». La psicóloga Sandra Ferrer explica que cada vez es más frecuente encontrar parejas que comparten planes y convivencia, pero carecen de intimidad emocional. El miedo a sufrir y la búsqueda de autonomía han debilitado la construcción de un proyecto común.

Las causas más frecuentes de crisis en la pareja
El psicólogo Antoni Bolinches sitúa la pérdida de deseo sexual como el primer desencadenante de la crisis, aunque rara vez aparece sola. «El problema del deseo no es tenerlo, es mantenerlo», afirma. A los dos o tres años de convivencia, el deseo entra en una fase homeostática y se va inhibiendo con el tiempo. A esto se suman otros factores como el desenamoramiento, cómo reaccionar ante la infidelidad, las dificultades económicas y las discrepancias sobre la educación de los hijos, según la AEFA.
Silvia Congost, psicóloga especializada en relaciones, añade que la rutina y la falta de gratitud también erosionan el vínculo. «Amar no es suficiente», declara en su libro ‘El arte de amar bien’. Hace falta respeto, admiración, comunicación y límites. Muchas parejas olvidan mantener viva la ilusión y caen en la monotonía, dejando de agradecer los pequeños gestos. Congost recomienda comprometerse después de tres años de relación, ya que reduce el riesgo de divorcio en un 48%.
La importancia de la comunicación y la gestión del conflicto
Discutir no es malo, siempre que se sepa hacer. El psicólogo John Gottman, tras 50 años de investigación, asegura que el conflicto tiene un propósito: alcanzar la comprensión mutua. Las parejas más felices no evitan las diferencias, sino que las afrontan de forma justa. Gottman advierte sobre la «inundación emocional», un estado de estrés que impide pensar con claridad. Recomienda hacer una pausa de entre 20 minutos y 24 horas para recuperar la calma antes de retomar la conversación.
La psicóloga Marta Barranco coincide en que detrás de casi todas las discusiones hay una necesidad emocional no atendida. Muchas veces, el enfado por un plan no compartido esconde la necesidad de sentirse parte de un equipo. Barranco insiste en aprender a identificar y comunicar esas necesidades antes de que aparezca el enfado. «El problema no es el conflicto, es no saber entender lo que está ocurriendo debajo», explica.
Gottman propone el «método BAGEL» para expresar una necesidad: mencionar una emoción, describir la situación concreta y solicitar una acción positiva. Por ejemplo, en lugar de acusar de irresponsabilidad financiera, se puede explicar el estrés que genera el presupuesto y proponer revisar las cuentas juntos. Este enfoque convierte una disputa en una oportunidad para conectar.
¿Cuándo acudir a terapia de pareja?
Uno de los mitos más extendidos es que la terapia de pareja es el último recurso antes de la ruptura. La psicóloga Ana M. Ángel Esteban desmonta esta creencia: «La terapia funciona mejor como mantenimiento, no como servicio de urgencias». Muchas parejas llegan demasiado tarde, después de años acumulando reproches y heridas. Cuanto antes se afronten los problemas, mayores son las posibilidades de reconducir la situación.
Silvia Congost también defiende que la terapia no solo sirve para salvar la relación, sino también para separarse de forma sana. «Si veo que ya no hay forma de retroceder, la ruptura pasa a ser un hecho. Separarse sin angustia y con paz también se aprende», afirma. Además, la terapia ayuda a identificar patrones dañinos y a aprovechar al máximo la terapia de pareja, incluso cuando la convivencia parece estable.
El fenómeno de la soledad en la pareja, descrito por Sandra Ferrer, es otra señal de alarma. «Puedes dormir al lado de alguien sin sentir que esa persona te conoce de verdad», advierte. Ferrer recomienda construir un «nosotros» sólido sin perder la individualidad, un equilibrio que muchos descuidan por miedo a la dependencia.
El papel de los pequeños gestos y la conexión emocional
En el día a día, los gestos cotidianos son el verdadero pegamento de la relación. Según el Consejo General de la Psicología de España, el amor saludable se basa en la reciprocidad, la confianza y el respeto mutuo. La psicóloga Sue Johnson afirma que el amor se sostiene en la conexión emocional segura, en sentirse visto y valorado. Una caricia en el momento justo, una palabra de aliento o compartir el silencio sin incomodidad alimentan la intimidad a largo plazo.
El doctor John Gottman y su esposa Julie destacan la importancia de las «invitaciones de conexión»: pequeños acercamientos como llamar por el nombre, preguntar «¿necesitas algo de mí hoy?» o simplemente mirar a los ojos. El contacto físico consciente también es clave: un estudio de la Universidad de Oxford señala que los abrazos y las caricias liberan oxitocina y reducen el cortisol, la hormona del estrés. Las parejas que se tocan con frecuencia desarrollan mayor seguridad emocional.
Silvia Congost insiste en la gratitud en las relaciones de pareja como pilar fundamental. «Cada día doy gracias por tener un hogar, por la pareja que tengo, por la gente que me rodea», confiesa. Los pequeños actos de cuidado —preparar un café, tapar al otro cuando duerme, recordar una fecha importante— tienen un efecto acumulativo positivo, según la Fundación Española de Psicología y Salud. Estos gestos demuestran que se piensa en el otro incluso en lo trivial.
Las relaciones de pareja no son un camino de rosas, pero tampoco tienen por qué terminar en separación. Los expertos coinciden en que el trabajo diario, la comunicación honesta y la disposición a pedir ayuda marcan la diferencia. La terapia no es un fracaso, sino una herramienta para reconectar. Como recuerda Silvia Congost, «el amor no basta si no va acompañado de respeto, admiración y límites». En una sociedad donde la soledad emocional crece, cuidar el vínculo es más importante que nunca.









