
Con la llegada de las masas de aire sahariano y el ascenso imparable de los termómetros en buena parte de España, el riesgo por calor extremo se ha convertido en una realidad que no debemos pasar por alto. Las previsiones meteorológicas apuntan a jornadas donde se pueden superar fácilmente los 40 grados en valles como el del Ebro o el Guadalquivir, dejando noches tropicales en las que el bochorno dificulta incluso el descanso más elemental. Ante este panorama, las autoridades sanitarias y los expertos coinciden en que la prevención es la mejor herramienta para evitar que este fenómeno climático acabe pasando factura a nuestro organismo.
No se trata solo de una sensación de incomodidad; el calor excesivo pone a prueba los mecanismos de autorregulación de nuestro cuerpo, pudiendo provocar desde deshidrataciones leves hasta el temido golpe de calor. Por ello, es fundamental adoptar hábitos sencillos pero efectivos que nos permitan convivir con estas temperaturas extremas, prestando especial atención a quienes nos rodean, ya que el impacto ambiental no afecta a todo el mundo por igual y hay quien necesita un ojo extra de vigilancia estos días.
La importancia de beber y comer con cabeza
Lo primero que debemos tener claro es que no hay que esperar a tener sed para hidratarse. El cuerpo pierde líquidos y sales minerales a un ritmo mucho más alto cuando el ambiente aprieta, por lo que es vital ingerir agua de manera frecuente a lo largo de todo el día. Es muy recomendable dejar de lado las bebidas con exceso de azúcar, la cafeína o el alcohol, ya que, aunque nos parezcan refrescantes al principio, en realidad favorecen la pérdida de líquidos y pueden jugarnos una mala pasada con la deshidratación.
En cuanto a la mesa, lo ideal es apostar por platos que no sean pesados y que ayuden a refrescarnos desde dentro. Las frutas de temporada, las verduras y las ensaladas o sopas frías son aliados perfectos en estas fechas, ya que facilitan una digestión ligera y reponen gran parte del agua que perdemos por el sudor. Además, evitar las comidas demasiado calientes o copiosas reducirá el esfuerzo metabólico que tiene que hacer nuestro cuerpo para procesarlas en pleno sofocón.
Protección en el exterior y cuidado del hogar
Si tenemos que salir a la calle, el sentido común nos dicta que debemos evitar las horas centrales del día, concretamente entre las 12:00 y las 17:00, que es cuando el sol pega con más fuerza. Siempre que sea posible, es mejor buscar la sombra y caminar por zonas frescas. Respecto a la indumentaria, lo suyo es utilizar ropa ligera de tejidos naturales como el algodón o el lino, que sea holgada y de colores claros para que la piel pueda transpirar sin problemas, sin olvidarnos nunca de una buena gorra y gafas de sol homologadas.
Grupos vulnerables y precauciones específicas
Hay ciertos colectivos que sufren el calor de manera mucho más intensa. Los mayores de 65 años, los lactantes, los niños pequeños y las mujeres embarazadas requieren una vigilancia constante. Asimismo, las personas con enfermedades crónicas o aquellas que viven solas deben estar en el radar de familiares y vecinos. No podemos olvidar que nunca se debe dejar a nadie, ni tampoco a nuestras mascotas, en el interior de un vehículo estacionado, aunque sea por un par de minutos, ya que el habitáculo puede alcanzar temperaturas letales en un tiempo récord.
Desde el punto de vista médico, hay que andar con ojo con los fármacos. Algunos medicamentos, como los diuréticos o ciertos tratamientos para el corazón y la tensión, pueden alterar la respuesta del cuerpo al calor. Por otro lado, es esencial conservar los medicamentos en lugares frescos y secos, evitando dejarlos en la cocina o el baño, y asegurándonos de que no superen los 25 o 30 grados para que no pierdan su eficacia cuando más los necesitamos.
Deporte, piel y señales de alarma
Para los que no perdonan su dosis de ejercicio diario, la recomendación es clara: hay que bajar la intensidad y trasladar la rutina al amanecer o al atardecer. Realizar deportes de alta intensidad bajo un sol de justicia es una temeridad que puede derivar en calambres o fatiga extrema, recordando que sudar mucho no significa quemar más calorías. Además, en el apartado estético y de salud cutánea, conviene recordar que el bronceado no es un escudo, sino una señal de que la piel ya ha sufrido un daño celular, por lo que la crema solar es obligatoria aunque ya estemos morenos.
Si empezamos a notar dolor de cabeza intenso, mareos, náuseas o si vemos que alguien presenta la piel muy caliente y roja pero no suda, podríamos estar ante un golpe de calor. En estos casos, lo más importante es llamar de inmediato al 112, llevar a la persona a un sitio fresco, intentar bajar su temperatura con paños húmedos y, si está consciente, darle agua a pequeños sorbos mientras llega la ayuda profesional.
Estar al tanto de estas pautas y mantener una actitud vigilante nos ayudará a pasar este episodio de altas temperaturas con mucha más tranquilidad. Adaptar nuestra dieta, cuidar la forma en la que nos exponemos al exterior y proteger especialmente a los más frágiles de la casa son gestos cotidianos que marcan la diferencia. Al final, se trata de no forzar la máquina y dejar que nuestro organismo navegue estos días de calor intenso con los recursos necesarios para mantenerse a salvo de cualquier complicación sanitaria grave.




