¿Cómo afrontar los conflictos en la pareja?

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Los conflictos en la pareja suceden cuando existen discrepancias entre los dos miembros. Diferentes motivaciones, un problema no resuelto, una desilusión, o incluso alguna traición.  ¿Cómo gestionarlos? A menudo se convierten en la base de nuestra insatisfacción, ahí donde se acumula la ira, la frustración y, en esencia, el debilitamiento del vínculo con la persona amada. Afrontar los conflictos es esencial para mantener la relación de nuestra pareja, requiere que sepamos utilizar determinadas habilidades con las que afrontar esas discrepancias.

La colaboración de los dos miembros es básica para solucionar cualquier problema. Las estrategias de negociación, la gestión emocional y técnicas en resolución de conflictos, pueden ayudarnos en dichas situaciones. Pero hemos de tener en cuenta que no existe una “receta mágica” para todas las parejas. Cada uno de nosotros tenemos nuestras propias circunstancias personales y hemos de decidir que estrategia o qué solución sería más apta en cada caso.

Los cuatro componentes del conflicto en las parejas

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John Gottman, psicólogo de la Universidad de Washington, ha dedicado parte de su trabajo a abordar el tema del conflicto en las parejas. Un primer punto que hemos de comprender es que el conflicto en sí mismo no es el verdadero problema. Lo esencial es el modo en que lo gestionemos. Los gritos, los reproches o el desprecio no nos van a ayudar en nada. Este autor nos describió lo que él llama “Los cuatro jinetes”, es decir, los cuatro componentes que dan las bases a todo conflicto y que hemos de saber controlar.

  • La crítica. Es habitual utilizar la crítica cuando nos sentimos heridos u ofendidos. Atacamos la personalidad de nuestra pareja para enfatizar sus defectos, para sacar a la luz los desacuerdos y responsabilizarlo de lo ocurrido. En ocasiones utilizamos la crítica para atacar a la persona en lugar de la conducta realizada. Frases como “eres un irresponsable” son comunes en estas situaciones. Debemos tenerlo en cuenta.
  • Desprecio. Este sería un aspecto mucho más grave. Después de las críticas pueden aparecer los desprecios, las faltas de respeto. Se trata de un punto muy complejo dentro de los conflictos donde se suele utilizar el humor sarcástico, la burla…
  • Estar a la defensiva. Solemos adoptar actitudes defensivas durante el conflicto como respuesta natural, como acto automático. La tensión, los nervios, las emociones nos superan y somos incapaces de escuchar al otro. Negamos responsabilidades, inventamos excusas o increpamos quejas que no nos ayudan a gestionar el conflicto. Tanto nosotras como nuestra pareja solemos presentar esta actitud, afrontarla requiere saber reconocerla en primer lugar, para después, intentar ser más receptivos y escucharnos el uno al otro.
  • La táctica del cerrojo. Este comportamiento surge cuando alguno de los dos miembros se niega a interactuar. Se trata de una estrategia destructiva donde nos encerramos en nosotros mismos y no ofrecemos posibilidad alguna al diálogo, a la comprensión. Es más habitual en ellos que en nosotras, en ocasiones son los hombres los que más dificultades tienen para abrirse emocionalmente y participar en un diálogo constructivo, en el cual hablar de sus pensamientos, de sus sentimientos.

Aprende a gestionar los conflictos

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¿Cuáles serían los primeros pasos?

  • El primer paso para afrontar un conflicto en tu pareja, es aceptar de forma madura que existe “algo” en vuestra relación que no funciona, algo que no os permite ser felices y que requiere una búsqueda de soluciones. Los dos debéis estar de acuerdo en esta necesidad. Reconocer el problema es el primer logro hacia nuestro objetivo.
  • El siguiente paso va a ser iniciar el diálogo, encontrar un momento en que la comunicación entre ambos sea posible y cómoda para los dos. Para ello hemos de tener en cuenta unos aspectos que te explicamos seguidamente.

  • Tanto las comidas, como la hora de acostarse, no son los lugares ni los momentos más adecuados para hablar sobre vuestros problemas. No son cómodos, y son espacios dedicados para otras necesidades. La cama, por ejemplo, es un espacio que debemos asociar a la intimidad y al cariño con el ser querido. Si iniciamos una discusión en este lugar, por ejemplo, terminaremos asociando esta “negatividad” al dormitorio.
  • Debéis buscar espacios en los que haya intimidad. Importante también que no estén nuestros hijos delante u otros familiares. Evitad también lugares en los que ya hayáis discutido con anterioridad.

 Métodos y actitudes para gestionar conflictos

  • Debemos adoptar una actitud abierta, diciéndonos a nosotros mismos que todo problema tiene una solución razonable.
  • No hemos de pensar que los conflictos, solo llegan a una solución cuando uno de los dos pierde. No se trata de ceder para que el otro gane. En absoluto. Nos vamos a esforzar para ganar en calidad de vida, para aprender de lo ocurrido y reforzar nuestra relación.
  • Para solucionar un problema hemos de establecer acuerdos.
  • Debéis practicar una escucha activa, controlando las emociones para escucharos el uno al otro.
  • Tanto uno como otro tenéis que saber que para encontrar un acuerdo, no debemos imponer, amenazar o intimidar. Los ultimatums nunca son buenos.
  • Hay que saber lo que deseamos obtener y lo que estamos dispuestos a dar a cambio. “Yo haré esto si tú a cambio… yo dejaré esto si tú me demuestras qué…”
  • No olvidéis aplicar la empatía, debes entenderte a ti misma, pero ponte también en el lugar del otro (y a la inversa). De ese modo se logra una mejor comprensión de las emociones.
  • Evita dejar resentimientos ocultos. Todo lo que sientas, todo lo que te moleste debes decirlo en voz alta.

Para concluir, la resolución de conflictos es un proceso de dar y tomar. Debemos lograr satisfacer nuestras necesidades y las del otro para equilibrar la relación, alcanzando así un punto de estabilidad donde salir favorecidos. No se trata de un proceso fácil, no existe tampoco una receta infalible para todas las parejas. Las circunstancias particulares de cada uno de nosotros son básicas para tomar una elección u otra. Pero sin lugar a dudas, el amor, y la necesidad de seguir manteniendo nuestra relación son el mejor de los motivantes.


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