
La Campaña de Navidad de Cáritas Diocesana de Astorga se vuelca este año en las personas sin hogar y en quienes viven en una precariedad habitacional extrema, un colectivo que no deja de crecer en España y en la propia diócesis. Bajo el lema, repetido en todos los actos, de que tener una vida digna no debería ser cuestión de suerte, la entidad lanza un llamamiento a la solidaridad, pero también a abrir los ojos ante una realidad que muchas veces pasa desapercibida.
La iniciativa se presentó en Astorga y Ponferrada en sendas ruedas de prensa en las que participaron el delegado del administrador diocesano, José Manuel Carrasco, la directora de Cáritas Diocesana de Astorga, Inmaculada del Peso, el administrador diocesano José Ángel Ventura, el secretario general de Cáritas Astorga, Luis Alberto García, y el presidente de Cáritas de la UPA Ponferrada, Amador Pinos. Todos coincidieron en que la campaña navideña, con más de seis décadas de historia en la diócesis, sigue siendo un referente de solidaridad, pero también un termómetro del aumento de la exclusión social.
Un contexto de sinhogarismo en alza en España
Durante la presentación, Carrasco aportó datos que dibujan una situación preocupante a nivel nacional: Cáritas acompañó en 2024 a unas 42.800 personas sin hogar o en situación de gran vulnerabilidad residencial, lo que representa aproximadamente un 1,2 % más que en 2023. Otro dato que inquieta a la organización es que dos de cada diez personas atendidas son mujeres, una proporción que hace unos años apenas aparecía en los informes.
Más allá de quienes duermen en la calle, la entidad incluye en este colectivo a muchas personas que, aun disponiendo de techo, viven en condiciones muy precarias: viviendas inadecuadas, infravivienda, alquileres impagables o riesgo de cortes de suministros básicos como la calefacción. En España, según recordó Carrasco, alrededor de tres millones de personas (un 6,3 % de la población) se ven obligadas a recurrir a formas precarias de tenencia de la vivienda, desde habitaciones realquiladas hasta alojamientos sin condiciones mínimas.
El objetivo último, reiteró el delegado, es que toda persona pueda disfrutar de un nivel de vida digno: acceso a una vivienda adecuada, alimentación suficiente, atención sanitaria, servicios sociales y una red de protección frente a los baches de la vida. Sin embargo, la realidad que describen los programas de Cáritas está llena de obstáculos: falta de intimidad, problemas de salud física y mental, barreras administrativas y dificultades para encontrar empleo decente.
Entre esos obstáculos, la organización señala también las trabas para cuestiones tan básicas como el empadronamiento, requisito imprescindible para gestionar ayudas, acceder a determinados servicios o regularizar situaciones laborales y sanitarias. Sin padrón, muchas personas permanecen literalmente fuera del sistema.
Perfiles diversos tras la etiqueta de “personas sin hogar”
Lejos de una imagen homogénea, Cáritas ha identificado nueve perfiles distintos de personas en situación de sinhogarismo o vulnerabilidad residencial. No se trata solo de quienes pernoctan en la calle o en albergues, sino de una realidad mucho más compleja que va desde trabajadores pobres a víctimas de violencia o migrantes invisibilizados.
Entre estos perfiles se encuentran, en primer lugar, las personas que, aun teniendo empleo, no pueden acceder a una vivienda por el encarecimiento del alquiler o por contratos laborales inestables. A su lado aparecen migrantes en situación irregular o con escasos recursos, que a menudo sobreviven en habitaciones realquiladas, alojamientos sobreocupados o pensiones muy precarias, sin apenas protección legal.
También forman parte de este mapa las mujeres víctimas de violencia machista sin una salida habitacional segura; las personas con discapacidad que no logran un puesto de trabajo que les permita mantenerse; y quienes arrastran problemas de salud mental o adicciones que dificulta su integración social y laboral. Cáritas insiste en que, en muchos casos, la fragilidad emocional y la falta de apoyo se combinan con la carencia de recursos económicos, generando un círculo del que es muy difícil salir sin acompañamiento especializado.
Otro grupo especialmente delicado es el de los jóvenes ex tutelados que, al alcanzar la mayoría de edad, quedan sin el paraguas de los servicios de protección. Junto a ellos, personas mayores sin red familiar o con pensiones insuficientes ven cómo sus ingresos ya no cubren una residencia o un alquiler en el mercado. A esta lista se suman personas LGTBI que han sido rechazadas por su entorno familiar, así como madres solas que luchan por mantener a sus hijos y que se encuentran con dificultades crecientes para llegar a fin de mes.
En la diócesis de Astorga, la directora de Cáritas, Inmaculada del Peso, señaló que el perfil de quienes piden ayuda es muy variado y cambia según el territorio. En algunas zonas lo que más se ve son familias monoparentales encabezadas por mujeres, con problemas para pagar alquiler, luz o gas. En otras, la realidad está marcada por los migrantes que encadenan empleos precarios o directamente están en paro y carecen de papeles. A todo ello se suma el aumento de la soledad entre las personas mayores, especialmente en el medio rural, donde muchas viven aisladas y con dificultades para acceder a recursos.
Cáritas subraya que, además de garantizar derechos básicos, las personas sin hogar necesitan vínculos humanos sólidos. La entidad habla de “relaciones que curan” para referirse a la importancia de sentirse escuchado, acompañado y tenido en cuenta. Desde este enfoque, la campaña navideña no se limita a recaudar fondos, sino que pretende reforzar espacios de acogida, escucha y apoyo emocional.
Campos de trabajo específicos en la diócesis: mujeres, migrantes y mayores
Dentro de la diócesis de Astorga, la respuesta de Cáritas se articula en varios programas especializados, ajustados a las realidades concretas de cada territorio. Uno de los más destacados es el programa AMANECER, centrado en el acompañamiento a mujeres en situaciones de especial vulnerabilidad, desde la trata hasta la violencia de género. Se trata de una iniciativa pionera en Castilla y León que combina apoyo social, jurídico y emocional.
En las diferentes unidades parroquiales de acción social, las llamadas UPAS, el panorama varía. Hay zonas donde el foco está en las personas migrantes que se acercan a Cáritas por problemas de desempleo, papeles y vivienda, y otras donde la preocupación principal es el envejecimiento de la población y la soledad de los mayores. Muchos de ellos, explicó Del Peso, querrían acceder a una residencia, pero no encuentran plaza concertada o no pueden asumir el coste íntegro.
La entidad recalca que no se atiende únicamente a transeúntes de paso. Cada vez llegan más personas que tienen una casa, pero no les alcanza para pagar los suministros, el alquiler o los gastos básicos. Para buena parte de estas familias, cualquier imprevisto -un despido, una enfermedad, una subida del alquiler- puede ser el detonante que las empuje de golpe a la exclusión.
En este escenario, la campaña quiere enviar un mensaje claro: “Podemos ser cualquiera en cualquier momento”. Con esta idea, Cáritas busca que la ciudadanía tome conciencia de que el sinhogarismo y la precariedad residencial no son realidades lejanas, sino situaciones que pueden afectar a vecinos, conocidos o incluso a uno mismo si las circunstancias se tuercen.
La organización insiste en que la ayuda no se limita al apoyo económico. La detección de casos cercanos, la escucha y la disposición a acompañar son, a ojos de Cáritas, tan importantes como las donaciones. De ahí que se anime a “tener los ojos abiertos” y a no mirar hacia otro lado cuando se perciben signos de necesidad en el entorno.
Los recursos de Cáritas en Astorga y Ponferrada: datos que ponen cifras al problema
En el ámbito diocesano, los principales referentes en la atención a personas sin hogar son la Casita de San José en Astorga y el Hogar del Transeúnte y Comedor Social San Genadio en Ponferrada. Ambos centros reflejan, con sus cifras de actividad, hasta qué punto ha crecido la demanda en los últimos años.
La Casita de San José, un albergue de corta estancia, atendió a 171 personas en 2022, 250 en 2023 y 231 en 2024. Hasta octubre del último año contabilizado, ya habían pasado por sus instalaciones 143 personas. En torno al 90 % de las personas acogidas son de nacionalidad española, una proporción que ha aumentado respecto al año anterior, cuando rondaba el 70 %. El resto de usuarios proceden, sobre todo, de Portugal y Rumanía.
En cuanto al perfil por sexo y edad, la casita recibe en su mayoría a hombres de entre 45 y 65 años: de las 143 personas alojadas hasta octubre, 135 eran hombres y 8 mujeres. Además de ofrecer techo temporal, el recurso presta acompañamiento social: en lo que va de año se han realizado más de 500 intervenciones individualizadas, centradas en la búsqueda de recursos, apoyo administrativo y orientación laboral y social.
En Ponferrada, el Hogar del Transeúnte y el Comedor Social San Genadio ponen de relieve la magnitud de la demanda diaria. Según los datos aportados por Cáritas, en 2024 se prestaron 6.851 servicios de dormir y desayunar, lo que supone la atención a unas 18 personas al día. A ello se suman 32.753 comidas y 30.551 cenas, con medias diarias de alrededor de 90 comidas y 85 cenas servidas.
El centro mantiene también un servicio de duchas para personas que viven en la calle o en alojamientos sin condiciones higiénicas adecuadas. Este tipo de recursos, a menudo discretos, permiten a los usuarios recuperar en parte la dignidad y el cuidado personal, algo básico para su salud y también para la búsqueda de empleo.
Los responsables de Cáritas en el Bierzo subrayan que estas cifras no solo reflejan el volumen de trabajo de los centros, sino que son el síntoma de que hay muchas personas que necesitan ayuda de manera continuada. Lejos de reducirse, la demanda de plazas de alojamiento y de comidas se mantiene estable o en ligero aumento, especialmente entre quienes viven solos o en hogares con un único ingreso inestable.
Una campaña con más de 60 años de historia
La actual Campaña de Navidad hunde sus raíces en una larga tradición diocesana. Comenzó hace más de seis décadas, inicialmente orientada a los niños de La Cabrera, y en 1964 adquirió carácter diocesano. Desde entonces, se ha convertido en una de las iniciativas más reconocibles de la Iglesia de Astorga durante el periodo navideño.
Cada año, la campaña centra su foco en una realidad de pobreza o exclusión distinta, en función de las necesidades detectadas sobre el terreno. En esta ocasión, la elección de las personas sin hogar responde al aumento sostenido de la precariedad residencial y a la extensión de los problemas de vivienda a capas de población que antes se consideraban relativamente protegidas, como trabajadores con empleo fijo o pensionistas.
La iniciativa se despliega en todas las parroquias de la diócesis mediante colectas y acciones especiales, apoyadas por la difusión del periódico diocesano, los sacerdotes y numerosos voluntarios. Este tejido de colaboración permite que el mensaje y la llamada a la solidaridad lleguen tanto a núcleos urbanos como a pequeños pueblos, donde la pobreza a menudo se vive con más invisibilidad.
Un elemento ya clásico de la campaña es la colaboración con las emisoras de COPE Astorga (95.5 FM) y COPE Bierzo (91.7 FM), que organizan una maratón radiofónica solidaria. Este año, la cita se celebra los días 15 y 16 de diciembre, de 19 a 21 horas, con el objetivo de superar los algo más de 27.000 euros recaudados el año anterior. Desde los estudios de radio se recogen donativos, se comparten testimonios y se explica en qué se traduce la ayuda económica.
Los responsables de Cáritas insisten en que esta campaña no es solo un dispositivo puntual de recaudación. La consideran una “bandera de la solidaridad” de la iglesia diocesana, que año tras año recuerda que las necesidades persisten y que no se puede mirar hacia otro lado. El mensaje se dirige tanto a quienes ya colaboran como a quienes se acercan por primera vez a esta realidad.
Formas de colaborar: de la colecta parroquial al Bizum
Para quienes deseen sumarse, Cáritas ha habilitado diversas vías de colaboración económica. Una de las más tradicionales son las colectas especiales en las parroquias durante las celebraciones navideñas, en las que lo recaudado se destina íntegramente a los programas de personas sin hogar y a los centros de acogida de la diócesis.
Además, se pueden realizar donativos a través de cuentas bancarias de Cáritas Astorga, así como mediante aportaciones en la web oficial de la entidad. En los últimos años ha cobrado fuerza el uso de Bizum como herramienta rápida para microdonaciones: la diócesis de Astorga ha habilitado el código 02815 para canalizar estas contribuciones. La campaña permanecerá abierta hasta después de Reyes o mediados de enero, de modo que las aportaciones puedan seguir llegando más allá de las fechas más señaladas de Navidad.
Junto al apoyo económico, la entidad aprovecha este periodo para animar a la ciudadanía a implicarse como voluntariado en los distintos proyectos, desde comedores sociales hasta programas de acompañamiento a mayores o itinerarios de inserción laboral. Los responsables diocesanos recalcan que, sin esta red de personas voluntarias, sería imposible sostener la atención a tantas familias y transeúntes.
En paralelo, se invita a colaborar con la campaña radiofónica de COPE, llamando durante el horario del programa o difundiendo su contenido por redes y entre conocidos. La idea es que el mensaje de que “la vida digna no puede depender del azar” resuene más allá del ámbito estrictamente eclesial y llegue a toda la sociedad berciana y maragata.
Finalmente, Cáritas insiste en un tipo de colaboración menos visible pero igualmente necesaria: estar atentos a las situaciones de necesidad cercanas y poner en conocimiento de la organización los casos que puedan requerir apoyo. En palabras de Inmaculada del Peso, muchas personas que acuden a los servicios de la entidad “no solo necesitan una ayuda material, sino también alguien que les escuche, les acompañe y les recuerde que no están solas”.
La Campaña de Navidad de Cáritas Astorga se despliega así como un esfuerzo amplio que combina recaudación de fondos, sensibilización social y acompañamiento directo a quienes viven sin hogar o con una vivienda en condiciones indignas. Con datos que evidencian el aumento del sinhogarismo y la precariedad, la diócesis redobla su llamamiento a la solidaridad, al compromiso cotidiano y a la responsabilidad compartida para que, paso a paso, tener un techo y una vida digna deje de depender de la suerte.
