
La efeméride de los príncipes herederos de Noruega ha llegado acompañada de un escenario muy distinto al soñado. Haakon y Mette-Marit celebran sus bodas de plata, pero la Casa Real ha decidido reducir la conmemoración al ámbito privado. La delicada situación de salud del rey Harald y la convalecencia de la propia Mette-Marit han impulsado a la pareja a dejar a un lado cualquier gran fasto internacional por ahora.
La fecha, en la que se cumplía un cuarto de siglo desde el “sí, quiero” en la catedral de Oslo, se convierte así en un día de cercanía y reflexión. El Palacio ha difundido un mensaje en el que se recuerda que la pareja festeja la efeméride junto a sus hijos y que los actos públicos se llevarán a cabo más adelante, cuando las condiciones permitan una cita solemne.
Una celebración que tendrá que esperar
Desde hace unos días, los príncipes herederos han dado a conocer una fotografía inédita, tomada en la residencia de Skaugum, que va acompañada de un mensaje que resume la jornada: “25 años de amor, familia y una vida juntos”. En la imagen, posando en el jardín con una falda estampada de flores azules y un jersey amarillo, Mette-Marit aparece sonriente junto a su marido, sin que quede constancia de la fecha exacta de la captura.
Según confirmaron desde comunicación de la Casa Real, la conmemoración pública está aplazada hasta que la salud de la princesa lo permita. La prioridad de los herederos es ahora la recuperación de Mette-Marit, que fue sometida a un trasplante de pulmón hace poco más de un mes, y el acompañamiento al rey Harald, ingresado y en reposo absoluto.
El rey, en el centro de la escena
Harald V, de 89 años, permanece desde hace más de una semana en el Rikshospitalet de Oslo. La infección bacteriana que padece está siendo tratada con antibióticos, y aunque el último parte habla de estabilidad, el monarca no presenta mejorías relevantes. Su hijo Haakon, en su papel de regente, ha tenido que combinar sus obligaciones institucionales con las visitas diarias al centro médico.
Los allegados de la corona se han volcado con el rey. La reina, la princesa Astrid, la princesa Ingrid Alexandra y Marta Luisa, acompañada esta última por su esposo, han ido desfilando por la entrada del hospital en estas últimas jornadas. La imagen de los príncipes herederos al llegar al Rikshospitalet se ha convertido en el símbolo de la presente celebración.
Un cuarto de siglo del enlace que cambio la imagen real
En la catedral de Oslo, un 25 de agosto de hace 25 años, se vivió una boda que marcó un antes y un después en la realeza. Mette-Marit Tjessem, una joven plebeya, madre soltera de un niño y con un pasado controvertido, se casaba con el heredero. El padre de la novia se negó a llevarla al altar y fue el propio Haakon quien desfiló de la mano, mientras el pequeño Marius, el hijo de la novia, hacía de paje.
La ceremonia, oficiada por el obispo Gunnar Stålsett, contó con más de 800 invitados y la realeza europea. La princesa lució un vestido de gasa y seda crema, con una tiara del siglo XX. El discurso del rey Harald en la celebración sirvió para reconocer las cualidades de su nuera, rompiendo los esquemas de quien había sido vehemente en el inicio.
Retos que acompañan a la pareja
Este aniversario no ha venido solo en el apartado de la alegría. La salud de Mette-Marit, diagnosticada con una fibrosis pulmonar, se había agravado hasta obligar a un trasplante de pulmón este verano. Una operación que tuvo que esperar un mes en plena crisis y que ha dejado a la princesa con una convalecencia larga y estrictamente vigilada.
La sombra del hijo mayor, Marius Borg, también ha estado presente. El joven, que ha sido condenado por varios delitos, ahora espera la resolución de sus recursos en la residencia de Skaugum con pulsera telemática. Es un asunto que añade una presión adicional para toda la familia real, aunque fuentes cercanas sostienen que no ha interferido en la solidez del matrimonio.
En definitiva, la jornada transcurre con la sobriedad de quien ha de acompañar a los suyos en la incertidumbre. La unión de Haakon y Mette-Marit a lo largo de este cuarto de siglo sigue siendo una de las mayores fortalezas de la monarquía noruega, mientras se decide el futuro más inmediato del rey y de la princesa. La foto del aniversario que se difunde hoy es el testimonio de un amor que se sustenta en los pequeños, no en los fastos.





