Beber más de un vaso de agua en la comida: la advertencia de Julia Farré y cómo hidratarse mejor

  • Beber más de un vaso durante la comida puede indicar una hidratación deficiente a lo largo del día.
  • Un exceso de agua en la mesa diluye los jugos gástricos y puede dificultar la digestión.
  • Repartir la ingesta en mañana y tarde ayuda: a la hora de comer suele bastar con un vaso.
  • Ajustar el consumo a la sed, al calor y al peso (≈35 ml/kg) y evitar grandes tomas por la noche.

Hidratación durante las comidas

La hidratación sostiene funciones clave del organismo: buena parte de nuestro cuerpo es agua y participa en procesos tan esenciales como el transporte de nutrientes o la regulación de la temperatura, como muestran los beneficios de beber agua. Se estima que el cuerpo humano contiene entre un 50% y un 70% de agua, con porcentajes más altos en bebés y más bajos en edades avanzadas.

En este contexto, la dietista-nutricionista barcelonesa Júlia Farré lanza un mensaje sencillo pero revelador: si necesitas más de un vaso de agua mientras comes, es posible que hayas bebido poco antes y estés intentando compensarlo en el peor momento. Este patrón puede diluir los jugos gástricos y entorpecer la digestión, según guías sobre beber agua durante las comidas.

Por qué más de un vaso durante la comida puede ser un aviso

Agua en la mesa y digestión

Beber varios vasos en plena comida suele delatar que se ha acumulado la sed durante la jornada y que probablemente has bebido poca agua. Lo habitual es llegar con la botella casi intacta a la mesa y, al empezar a comer, notar una gran necesidad de líquido; esa avalancha de agua se recibe justo cuando el estómago inicia la digestión.

Farré subraya que no es perjudicial beber agua en la comida si es una cantidad moderada, pero hacerlo en exceso en ese momento concreto complica el trabajo del sistema digestivo. Al aumentar el volumen de líquido, el ácido y las enzimas gástricas pierden concentración, lo que puede enlentecer el proceso.

Desde el ámbito clínico, el criterio coincide: tomar demasiada agua con los platos puede agravar molestias como la gastritis o el reflujo gastroesofágico, según apuntan fuentes médicas. Para quien ya sufre estos trastornos, ese “atracón” de agua en la mesa puede intensificar los síntomas.

Además, distintas referencias sanitarias recuerdan que un exceso a la hora de comer puede relacionarse con hinchazón, gases y peor aprovechamiento de nutrientes. Un vaso suele ser más que suficiente para acompañar, sobre todo si se ha hidratado bien entre horas.

También conviene considerar el contexto: con calor intenso es normal sentir más sed, pero beber muy rápido y muy frío puede sentar regular. El contraste térmico con un organismo alrededor de 37 ºC, sobre todo tras exposición al sol, no es la mejor idea para el confort digestivo.

  • Señales de que llegas con sed a la comida: boca seca, orina más oscura, dolor de cabeza ligero o necesidad urgente de beber al sentarte.
  • Una pequeña cantidad durante el plato no supone problema; lo desaconsejable es “recuperar” todo lo no bebido de golpe.

Cómo repartir la ingesta de agua a lo largo del día

Consejos para hidratarse bien

La recomendación práctica es sencilla: hidrátate por la mañana y por la tarde a sorbos regulares. Si llegas a la comida y la cena con un buen “fondo” de agua, lo normal es que con un vaso tengas suficiente para acompañar.

En lugar de perseguir cifras fijas, escucha la sed y usa referencias realistas. Muchas guías citan como orientación unos 35 ml de agua por kilo de peso, que en una persona de 70 kg rondaría 2,4 litros al día; no obstante, las necesidades varían según actividad física, temperatura ambiental o estado de salud.

Quienes hacen deporte, trabajan al aire libre o atraviesan olas de calor deben priorizar la reposición de líquidos. También ayuda recordar que parte del agua llega en los alimentos, especialmente frutas y verduras, por lo que una dieta rica en vegetales suma puntos a la hidratación total.

Otro matiz útil: evitar grandes ingestas de agua justo por la noche puede beneficiar al descanso. Si la mayor parte se toma demasiado tarde, es más probable que interrumpas el sueño para ir al baño; desplazar ese consumo a la tarde suele sentar mejor.

La evidencia científica va avanzando, pero incluso equipos universitarios españoles recuerdan que el agua, siendo vital, sigue siendo un nutriente menos investigado que otros. La ingesta baja se ha asociado en estudios observacionales con riesgos cardiovasculares, cálculos renales o menor rendimiento, aunque aún faltan ensayos sólidos. En el extremo opuesto, en personas sanas, los riñones eliminan bien el exceso de agua si no se sobrepasa su capacidad de excreción.

  • Lleva una botella reutilizable y da pequeños sorbos a lo largo del día.
  • Pon recordatorios suaves y evita “compensar” en la mesa.
  • Incluye agua, caldos ligeros o infusiones; ajusta la temperatura para que te resulte agradable.
  • Observa tu orina: un color claro suele indicar buena hidratación.

En redes sociales, donde comparte consejos con miles de seguidores, Farré insiste en lo mismo: constancia entre horas y moderación en la mesa. La clave no es beber “mucho” de golpe, sino beber mejor en el momento adecuado.

La idea que queda es práctica y fácil de aplicar: si repartes el agua durante el día, evitas la sed intensa al comer, mejoras la digestión y reduces molestias como reflujo o hinchazón; con ese hábito, a la hora de la comida un vaso suele bastar y el cuerpo lo agradece.

beber agua en las comidas beneficios y desventajas
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