Banderas beige en las citas: qué significan y cómo usarlas a tu favor

  • Las banderas beige son señales neutras o ligeramente aburridas que no son tóxicas, pero pueden enfriar el interés romántico.
  • Se diferencian de las red y green flags porque no indican peligro ni virtud, sino manías, clichés o rasgos poco originales.
  • Pueden aparecer tanto en apps de citas (perfiles clónicos y tópicos) como en la convivencia diaria (manías raras pero inofensivas).
  • Gestionarlas bien exige autoconocimiento, sentido del humor y comunicación para que no se conviertan en red flags.

banderas beige en las citas

El universo de las citas y las relaciones ha cambiado por completo con las apps y las redes sociales. Lo que antes eran sensaciones difusas o cosas que simplemente «nos daban mala espina», ahora tiene nombre propio, hashtag y miles de vídeos en TikTok e Instagram que lo ilustran al detalle.

Conceptos como ghosting, haunting, dry dating o el famoso sistema de banderas (red, green, pink y ahora beige) se han instalado en el vocabulario de la Generación Z y de cualquiera que lleve un tiempo en aplicaciones como Tinder, Bumble o similares. Entre todas ellas, las beige flags se han convertido en el nuevo término estrella: todo el mundo las menciona, pero no siempre está claro qué son exactamente.

Qué son las banderas beige y cómo se diferencian de las demás

que son las banderas beige

Para entender bien las banderas beige hay que situarlas dentro del sistema de “banderas” que usamos para hablar de relaciones. Este código de colores sirve para nombrar rápidamente comportamientos que antes costaba más explicar.

Las green flags (banderas verdes) son señales positivas y saludables en una relación. Como explica la doctora Caroline West, especialista en relaciones y sexo en Bumble, son conductas que apuntan a valores sanos, buena comunicación, respeto y potencial a largo plazo. Ejemplos: alguien que escucha de verdad, que respeta tus límites, que trata bien a camareros y amigos, o un perfil de citas sincero y variado, con fotos con familia, amistades o mascotas.

Las red flags (banderas rojas) son los avisos de peligro. Se trata de comportamientos que resultan inaceptables o que pueden anticipar una relación tóxica: comentarios misóginos o racistas, faltas de respeto, intentos de control, mentiras constantes o humillar a otras personas. Son señales claras de “amiga, date cuenta” que invitan a tomar distancia.

Las pink flags (banderas rosas) ocupan un terreno intermedio. No son tan graves como una red flag, pero sí apuntan a posibles problemas de fondo si se mantienen en el tiempo: evitar conversaciones incómodas, implicarse a medias en la relación, invalidar sutilmente lo que siente la otra persona ou mostrar una ambigüedad constante que genera dudas.

Y en medio de todo este arcoíris aparecen las beige flags, las banderas beis. Son señales que no son precisamente malas, pero tampoco despiertan entusiasmo. Pueden reflejar una personalidad muy convencional, costumbres algo raras pero inofensivas, o simplemente detalles que nos hacen arquear una ceja sin llegar a huir.

Definiciones de beige flag: de lo neutro a lo directamente aburrido

ejemplos de banderas beige en las citas

Ni siquiera en internet hay una única definición cerrada de lo que es una bandera beige. Depende del contexto y, sobre todo, de quién la esté mirando. Aun así, hay dos grandes sentidos que se repiten.

Según Urban Dictionary, una beige flag es algo que te hace pararte un segundo, pensar “qué cosa más rara” y luego seguir como si nada. Es decir, un detalle que descuadra, pero que no llega a ser ni bueno ni malo. Por ejemplo: que tu pareja tenga una forma peculiar de caminar, que responda siempre con emoticonos en lugar de palabras o que se ría en los momentos más inadecuados.

La segunda acepción, muy extendida en las apps de citas, es más tajante: una beige flag sería una señal de que alguien es aburrido, previsible o extremadamente cliché. Se aplica sobre todo a los perfiles que parecen copiados y pegados unos de otros: fotos típicas de gimnasio, viaje exótico con animal salvaje, frases trilladas, aficiones genéricas tipo “leer, viajar y salir con amigos” sin ningún matiz personal.

La tiktoker Caitlin MacPhail, considerada “CEO of beige flags”, popularizó el término en 2022. En uno de los vídeos que disparó la tendencia, lo describía como “señales de que probablemente eres muy aburrido” y se dedicaba a listar cosas que jamás deberías poner en tu perfil si no quieres parecer un muermo.

Con el tiempo, TikTok ha ampliado el concepto y las beige flags también se usan para hablar de manías entrañables dentro de una relación: pequeñas rarezas que pueden ser vistas con cariño o como un motivo para perder interés, según la persona que las valore. Ahí está el giro: el mismo rasgo puede ser encantador para alguien y soporífero para otra persona.

Ejemplos de beige flags virales en redes sociales

Las beige flags han explotado en TikTok en forma de vídeos en los que se lee “La beige flag de mi novia es…” o “La beige flag de mi novio es…” superpuesto a escenas cotidianas de la pareja. El objetivo no es humillar, sino compartir detalles curiosos, graciosos o ligeramente chocantes que no llegan a romper la relación.

Algunos ejemplos típicos de beige flags de pareja que se ven en estos vídeos son cosas como: pedir SIEMPRE al camarero una recomendación y seguirla al pie de la letra, llegar crónicamente tarde a todo, no saber pronunciar bien ciertas palabras (ese clásico “mostro” o “mounstro” en lugar de “monstruo”), o contar chistes malísimos que solo le hacen gracia a quien los cuenta.

En su origen, MacPhail ponía el foco sobre todo en los perfiles de las aplicaciones de citas. Para ella, son beige flags cosas como: llenar la bio con opiniones trilladas sobre si la pizza lleva o no piña, si la tortilla es mejor con o sin cebolla o si el chocolate va en la nevera o en la despensa; usar frases sacadas de comedias súper populares tipo Friends, The Office, Cómo conocí a vuestra madre o The Big Bang Theory; o camuflar la propia personalidad escondiéndose detrás de fotos de gatos, perros o niños de viajes solidarios.

En el contexto español, se han convertido en beige flags de manual los perfiles que sueltan sin pestañear el eterno “Si vas a casa de alguien y no tiene libros, no te la…”, el chiste de Cruzcampo es agua, o el típico “si adivinas cuánto mido te invito a una cerveza”. Todo muy visto, muy “plantilla de Tinder” y poco revelador de quién hay detrás.

Otra fuente recurrente de beige flags son los gustos culturales absolutamente mayoritarios: decir que tu grupo favorito es Coldplay, que Titanic es tu película de referencia, que El alquimista te cambió la vida o que eres fan de la comedia más vista de Netflix no aporta gran cosa sobre tu personalidad. No es que esté mal que te gusten, es que no te diferencian en nada de millones de personas.

Beige flags en perfiles de apps: cuando tu bio dice que eres un muermo

Las aplicaciones de dating han sido el caldo de cultivo perfecto para que nazca el concepto de beige flag. Tras decenas o cientos de swipes, es fácil tener la sensación de estar atrapada como Bill Murray en Atrapado en el tiempo: ves una y otra vez las mismas fotos, las mismas poses, las mismas frases hechas.

Entre las beige flags más frecuentes en perfiles de Tinder, Bumble y compañía destacan varios bloques bastante claros. Por un lado, están los clichés culturales masivos: señas de identidad que apasionan al 95% de la población, pero que se presentan como si fuesen algo súper único. Otra beige flag recurrente es el texto de bio quejica: gente que escribe “odio estar aquí, sácame de esta app” o similares, dando una imagen de desgana total.

A esto se suman las fotos clónicas de siempre: selfies en el espejo del baño o del gimnasio, posados con animales exóticos en vacaciones, fotos borrosas con filtros raros o imágenes en las que apenas se distingue quién eres. Según datos internos de Bumble, muchos usuarios se sienten desmotivados por estas fotos demasiado vistas: un 60% se desinfla ante los selfies de gimnasio y un 37% ante la típica foto con tigre o elefante.

Otra gran familia de beige flags son los perfiles casi vacíos: bios sin rellenar, una única foto de mala calidad, ninguna pista de intereses reales. En estos casos, la señal que se envía es de desinterés o pereza a la hora de mostrarse. No es una red flag grave, pero sí un aviso de que probablemente esa persona no está poniendo demasiado empeño en conocer a nadie.

Frente a todo esto, tanto Bumble como otros expertos en citas online coinciden en la importancia de construir un perfil auténtico y algo más trabajado. Utilizar insignias de intereses concretos (cine de terror, escalada, cocina, bádminton), añadir tu signo del zodiaco si te representa o mostrar distintos aspectos de tu vida en las fotos ayuda a que quien te vea se haga una idea real de quién eres y qué te hace único. De hecho, en España quienes añaden su signo zodiacal en Bumble llegan a conseguir, de media, más del doble de matches que quienes no lo hacen.

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Fuera del mundo online, evitar ser una beige flag pasa por mostrarse con autenticidad también en las citas. No se trata de sobreactuar ni de impresionar a toda costa, sino de compartir de verdad lo que te gusta, lo que piensas y lo que te hace gracia, en lugar de refugiarte en frases hechas, temas trillados o posturas que crees que “quedan bien”. Incluso pequeños gestos como ideas de regalos caseros para tu pareja pueden demostrar interés.

Beige flags en la vida real: manías, rarezas y personalidad “normie”

Fuera de las apps, las beige flags también están muy presentes en la vida cotidiana de las parejas. Son esas pequeñas imperfecciones, manías o tics que todos tenemos y que, según a quién preguntes, pueden resultar tiernos, indiferentes o directamente cargantes.

Entre jóvenes de la Generación Z, las beige flags suelen describirse como cosas que no encajan del todo, pero que tampoco espantan. Por ejemplo, que alguien responda siempre a los mensajes solo con emojis, que tenga una risa estruendosa en momentos poco oportunos, que escriba continuamente con la letra K o cometa faltas de ortografía básicas. No es un drama, pero te puede chirriar un poco.

En redes como Instagram o TikTok se ha normalizado hablar de estas banderitas con humor. Influencers y creadores de contenido se exponen contando sus propias beige flags o las de sus parejas, y la gente participa sumando las suyas: desde el miedo irracional a los payasos, hasta no ser capaz de elegir nunca una película en una plataforma de streaming, pasando por reírse en funerales o en discusiones serias.

Psicólogas especializadas en parejas, como Carolina Palau, ven positivo que se puedan nombrar estas dinámicas de forma accesible. Las redes sociales están ayudando a que las generaciones más jóvenes se interesen por identificar qué les nutre en una relación y qué no. Eso sí, también advierten de que hay que tener cuidado con no caer en la obsesión por etiquetarlo absolutamente todo.

De beige a pink o red flag: cuándo preocuparse de verdad

La línea entre una beige flag inofensiva y un problema real puede ser muy delgada y, sobre todo, muy subjetiva. Lo que para una persona es una simple excentricidad, para otra puede ser una señal clara de que ahí no quiere estar.

De esta frontera borrosa surgen las llamadas pink flags. Son esas alertas suaves que en sí mismas no son graves, pero que insinúan que algo podría terminar desgastando la relación si no se habla y se resuelve. Por ejemplo, alguien que evita sistemáticamente cualquier conversación profunda, que muestra una implicación ambigua en el vínculo o que te hace sentir que exageras cada vez que expresas tu malestar.

En estos casos, la comunicación asertiva se vuelve esencial. Expresar con calma qué te incomoda, escuchar la respuesta de la otra persona y observar si hay cambios o no puede marcar la diferencia entre una beige flag que se queda en anécdota y una dinámica que se transforma en red flag con el tiempo.

También hay beige flags que, por acumulación, terminan cambiando de color. Una sola manía puede ser hasta graciosa, pero un cúmulo de comportamientos que no aportan, que cansan o que muestran desinterés real puede hacer que la relación pierda chispa o se convierta en una fuente constante de frustración.

La clave está en prestar atención no solo al detalle concreto, sino al efecto emocional que tiene en ti. Si notas que una de esas señales neutras empieza a generar malestar continuo, si te descubres justificando demasiado lo que hace la otra persona o restándole importancia a algo que te hiere, ahí conviene preguntarse si estamos ante una simple bandera beige o ante un problema de fondo que merece más atención.

Datos, alcohol y percepción de banderas: lo que dicen las encuestas

Las propias plataformas de citas han empezado a estudiar cómo percibimos las distintas banderas. Tanto Bumble como Tinder han publicado investigaciones internas que ayudan a entender mejor este fenómeno y cómo nos relacionamos con él.

En el caso de Bumble, sus encuestas muestran que en España 3 de cada 4 usuarios tienen bastante claro qué buscan cuando usan la app, sobre todo las personas millennial. Aun así, cerca de un 36% reconoce estar más abierto que antes a salir con alguien que no encaja con su “tipo” habitual, algo que la plataforma ha llamado Open-Casting. Esto obliga a replantearse muchas beige flags: quizá lo que antes descartábamos por “aburrido” hoy es una oportunidad para conocer a alguien distinto.

Tinder, por su parte, ha preguntado a jóvenes de entre 18 y 24 años sobre su capacidad para identificar red y green flags. Más de la mitad (un 58%) asegura sentirse bastante segura a la hora de reconocer estas señales cuando va a una cita. Es decir, somos cada vez más conscientes de los comportamientos que nos parecen sanos o peligrosos, aunque con las beige flags el terreno siga siendo mucho más ambiguo.

Otro aspecto que influye decisivamente en cómo vemos las banderas es el consumo de alcohol durante las citas. Según expertos citados por Tinder, el alcohol no solo distorsiona la percepción, sino también el comportamiento: nos puede hacer pasar por alto red flags evidentes y exagerar lo que en frío sería una simple beige flag. Las citas sin alcohol ayudan a mantener la mente más clara y a detectar señales de forma más rápida y precisa.

En general, los datos apuntan a una tendencia esperanzadora: hay mayor interés por identificar señales de buen trato y toxicidad, se habla de ellas abiertamente en redes y se cuestionan patrones muy normalizados en generaciones anteriores. Eso sí, conviene recordar que la realidad de cada persona es más compleja que cualquier etiqueta.

Cómo evitar ser una beige flag en tu perfil y en tus citas

Convertirse en una beige flag no significa ser una mala persona, sino proyectar una imagen sosa, intercambiable o poco cuidada. La buena noticia es que eso se puede cambiar con algo de autoconocimiento y un poco de esfuerzo en cómo te presentas.

En los perfiles de apps, el primer paso es huir de las fotos “de plantilla”. Evita abusar del selfie en el baño, las fotos en el gimnasio por compromiso o el posado con tigres, elefantes u otros animales que solo transmiten tópico. Apuesta por imágenes recientes, variadas, donde se te vea con amigos, familia, mascotas o haciendo actividades que realmente te gustan. No hace falta que sean fotos perfectas, sino que digan algo de ti.

Completar la bio con algo más que frases genéricas es igual de importante. “Me encanta viajar, salir con amigos y ver pelis” es información neutra que encaja con casi cualquiera. En cambio, contar un sueño concreto, una afición rara, un hobby inesperado o una anécdota breve hace que tu perfil se recuerde y da pie a conversaciones más interesantes.

En apps como Bumble, las insignias de interés y otros extras del perfil son un recurso muy útil para escapar del beige. Seleccionar aficiones específicas, señalar tu estilo de vida, tus valores o incluso tu signo zodiacal permite que te encuentren personas con gustos afines y, de paso, filtra a quienes buscan algo totalmente distinto.

Fuera del mundo online, evitar ser una beige flag pasa por mostrarse con autenticidad también en las citas. No se trata de sobreactuar ni de impresionar a toda costa, sino de compartir de verdad lo que te gusta, lo que piensas y lo que te hace gracia, en lugar de refugiarte en frases hechas, temas trillados o posturas que crees que “quedan bien”. Incluso pequeños gestos como pueden demostrar interés.

Cómo mirar las banderas beige sin volverte loca (ni perder oportunidades)

La forma en que interpretas las beige flags dice mucho de lo que buscas, de tus límites y de tu sentido del humor. Demonizarlas todas puede hacer que pierdas personas valiosas por detalles sin importancia, pero ignorarlas por completo también puede dejarte atrapada en relaciones que no te llenan.

Una buena estrategia es usarlas como pequeños toques en el hombro que invitan a observar, no como sentencias definitivas. Si algo te resulta raro o muy poco atractivo, pregúntate: ¿es un rasgo aislado que puedo aceptar o es un síntoma de que esa persona y yo no compartimos casi nada?

Hay beige flags que, con el tiempo, se convierten en anécdotas adorables y parte de la personalidad que te enamora: la forma peculiar de reír, la manía de poner nombre a las plantas o llegar cinco minutos tarde a todo. Otras, en cambio, pueden revelar una falta de interés por escuchar, una desconexión emocional o una incompatibilidad de valores que te irá pesando cada vez más.

Escuchar tus emociones es fundamental. Si algo te genera un ligero “meh” pero el resto de la persona compensa con creces, quizá solo estés ante un rasgo neutro con el que puedes convivir. Si, por el contrario, una supuesta beige flag te hace sentir pequeña, poco valorada o permanentemente incómoda, puede que ya no estemos hablando de beige, sino de algo más serio.

Al final, todos llevamos dentro un pequeño catálogo de banderas de colores: virtudes muy verdes, límites muy rojos, dudas rosadas y un montón de beige repartido por ahí. Entender este espectro ayuda a no idealizar a nadie, tampoco a ti misma, y a recordar que las relaciones se construyen en ese espacio intermedio donde caben las rarezas, siempre que haya respeto, comunicación y ganas reales de conocerse.

Más que obsesionarse por cazar banderas beige en los demás, tiene mucho más sentido aprender a detectar qué señales te hacen bien, cuáles te remueven por dentro y cuáles simplemente te aburren, y desde ahí decidir con quién quieres compartir café, memes, camas y proyectos sin morirte de aburrimiento… ni de falta de amor.