Así es el menú de los astronautas de Artemis II en su viaje a la Luna

  • La nave Orión viaja 10 días alrededor de la Luna sin refrigeración ni reabastecimiento, con alimentos no perecederos y sin migas.
  • El menú incluye 189 productos distintos, más de diez bebidas, tortillas en lugar de pan y hasta cinco tipos de salsa picante.
  • La comida está lista para consumir, rehidratable, termoestabilizada o irradiada, y se prepara con un dispensador de agua y un calentador tipo maletín.
  • La dieta se ajusta a las necesidades de cada astronauta y es clave para la salud física, el bienestar psicológico y las futuras misiones lunares y a Marte.

menu de los astronautas de Artemis II

La misión Artemis II se ha convertido en el nuevo gran ensayo general de la NASA rumbo a la Luna. Durante diez días, cuatro astronautas viajan a bordo de la nave Orión para rodear el satélite y poner a prueba todos los sistemas que harán posible un futuro alunizaje y, más adelante, expediciones más ambiciosas hacia Marte.

En ese escenario tan extremo, un aspecto que puede parecer secundario se vuelve decisivo: qué comen los astronautas y cómo se organiza su menú cuando no hay nevera, no existe la posibilidad de recibir suministros frescos y cualquier miga flotando en la cabina puede convertirse en un problema técnico.

Un viaje de 10 días sin nevera ni reabastecimiento

Artemis II es la primera misión tripulada del programa Artemis que se aventura más allá de la órbita terrestre desde el Apolo 17, en 1972. La cápsula Orión lleva a Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen en un trayecto de unos 10 días alrededor de la Luna, sin posibilidad de reponer víveres ni de recibir fruta, verdura fresca u otros productos perecederos.

La propia NASA ha explicado que, a diferencia de la Estación Espacial Internacional, donde periódicamente llegan cargueros con comida, Orión es un vehículo compacto y autónomo. Todo lo que se va a consumir debe ir a bordo desde el despegue y mantenerse en buen estado durante toda la misión.

Para complicarlo un poco más, la nave no dispone de sistemas de refrigeración ni de una cocina al uso. No hay hornos, fogones ni neveras. La “cocina” se reduce a un dispensador de agua potable y a un calentador de alimentos tipo maletín que permite templar algunos platos.

En estas condiciones, la agencia ha optado por una despensa basada en alimentos no perecederos y estables a temperatura ambiente, que soporten sin problemas los cambios de temperatura, la radiación y la duración del viaje.

alimentos de los astronautas de Artemis II

Adiós al pan, hola tortillas: el enemigo son las migas

En microgravedad, las migas flotan. Eso que en casa se soluciona con un paño y un aspirador, en una nave espacial puede acabar colándose en un panel de control, en un filtro de aire o incluso ser inhalado por la tripulación. Por eso, uno de los requisitos clave del menú de Artemis II es minimizar cualquier partícula suelta.

El pan de toda la vida queda fuera de juego y, en su lugar, la estrella indiscutible son las tortillas y panes planos de trigo. Este tipo de pan lleva décadas siendo un fijo en las misiones de la NASA porque apenas genera migas, se conserva bien sin frío y sirve de base para improvisar “bocadillos espaciales”. Para Artemis II se han cargado decenas de tortillas, hasta 58 según algunos listados divulgados por la propia agencia.

Además de las tortillas, se recurre a otros panes planos tipo pita, que comparten ventajas similares: ocupan poco espacio, no se desmoronan con facilidad y aportan una buena dosis de energía. Eso permite a los astronautas montar bocados rápidos con carne, verduras o untables sin llenar la cabina de restos.

Este criterio de “tolerancia cero a las migas” se extiende al resto del menú. Los alimentos se presentan en envases individuales bien sellados, muchas veces en formato de bolsa o paquete flexible, pensados para abrirse y consumirse sin que nada salga volando.

Un menú con 189 productos y más de diez tipos de bebidas

Lejos de la imagen de comida insípida y repetitiva, el menú de Artemis II destaca por su variedad y planificación minuciosa. La NASA ha detallado que la nave viaja con 189 ítems únicos y más de diez clases distintas de bebidas, repartidos y racionados para los diez días que dura la misión.

Entre los platos salados hay opciones de desayuno como granola con arándanos, huevos revueltos o salchicha para la mañana. Para las comidas y cenas se han incluido recetas más contundentes, desde brisket de res o carne a la barbacoa hasta macarrones con queso, quiche de verduras, brócoli gratinado, ejotes picantes o combinaciones de cuscús con frutos secos.

El menú también reserva un espacio a frutas y verduras procesadas: ensalada de mango, mezclas de fruta tropical, coliflor, calabaza butternut u otras preparaciones vegetales que ayudan a equilibrar el aporte de vitaminas y fibra. A ello se suman frutos secos como almendras y nueces de la India, que proporcionan energía en poco volumen.

En el apartado de bebidas, la lista incluye café (con un total de 43 tazas previstas), té verde, limonada, sidra de manzana, bebidas de desayuno con sabor a chocolate, vainilla o fresa, batidos de piña y smoothies de mango-melocotón, entre otros. Cada astronauta tiene asignadas dos bebidas saborizadas al día, siempre dentro de los límites de peso y espacio que impone la nave.

Para los momentos dulces, la tripulación puede elegir entre chocolate, galletas, pastel, pudín, cobbler de frutas y almendras caramelizadas. No son caprichos gratuitos: además de aportar calorías extra, sirven para romper la monotonía y cuidar el ánimo en un entorno aislado.

Salsas picantes, untables y el papel del sabor en microgravedad

Uno de los detalles que más curiosidad ha despertado del menú de Artemis II es la amplia selección de condimentos. La lista oficial incluye cinco tipos distintos de salsa picante, jarabe de arce, miel, canela, mermelada de fresa, crema de chocolate, mantequilla de cacahuete y mantequilla de almendra, entre otras opciones.

La razón no es solo gastronómica. En microgravedad, los fluidos corporales se desplazan hacia la cabeza, lo que causa una sensación parecida a estar congestionado. El olfato se vuelve menos fino y, con él, baja la percepción del sabor, sobre todo en el caso de los matices dulces y salados más suaves.

Para compensar esa especie de resfriado permanente, muchos astronautas tienden a preferir sabores intensos y picantes. De ahí la presencia de varias salsas con diferente nivel de picor y un buen surtido de especias y condimentos. No se trata solo de “dar alegría” a la comida, sino de conseguir que apetezca comer incluso cuando el apetito se resiente por el entorno.

Esta dimensión sensorial se considera parte del bienestar psicológico de la tripulación. Compartir un plato de macarrones con queso bien caliente y con la salsa adecuada, o rematar la jornada con un postre de chocolate, puede marcar la diferencia en misiones donde el estrés y la carga de trabajo son constantes.

Comida lista para consumir, rehidratada, termoestabilizada o irradiada

Para garantizar la seguridad alimentaria durante todo el viaje, la NASA recurre a distintas tecnologías de procesado y conservación. A bordo de Orión viajan alimentos listos para consumir, productos rehidratables, otros termoestabilizados y algunos irradiados, todos ellos con el objetivo de eliminar microorganismos y alargar la vida útil sin necesidad de frío.

Los productos rehidratables se presentan en bolsas a las que se conecta el dispensador de agua potable de la nave. Basta inyectar la cantidad de agua programada, esperar unos minutos y remover para que el alimento recupere su textura. Platos como ciertas sopas, guisos o batidos siguen este sistema.

Los alimentos termoestabilizados y los irradiados se procesan en la Tierra mediante calor o radiación controlada para destruir bacterias y patógenos. Según recuerda la información técnica citada por la NASA y la FDA estadounidense, la irradiación no vuelve radiactiva la comida ni altera de forma notable su sabor, textura o valor nutricional, pero sí permite que se conserve más tiempo en condiciones seguras.

Para calentar los platos que lo requieren, la tripulación dispone de un calentador compacto con forma de maletín. Las bolsas de comida se fijan a una placa térmica y, tras unos minutos, están listas para comer. Eso sí, durante el despegue y la fase de reentrada estos sistemas se mantienen apagados por seguridad, de modo que en esos periodos solo se consumen productos listos para comer.

Toda la cadena, desde la selección hasta el envasado, está pensada para que la preparación sea extremadamente sencilla y se generen las menores migas y residuos posibles dentro de la nave.

Nutrición a medida: salud, rendimiento y estado de ánimo

Más allá de la logística, el menú de Artemis II es el resultado de un trabajo conjunto entre nutricionistas, tecnólogos de alimentos y la propia tripulación. Cada astronauta participó meses antes del vuelo en sesiones de prueba y cata, donde pudo evaluar diferentes platos y bebidas.

Con esa información, los especialistas ajustaron las porciones en función de las necesidades energéticas, la masa corporal y las condiciones ambientales del vuelo. La prioridad es mantener la masa muscular, la densidad ósea y la función cognitiva, teniendo en cuenta que la microgravedad favorece la atrofia muscular y la pérdida de calcio en los huesos.

Como novedad, la NASA ha incorporado ingredientes como el amaranto, un pseudocereal rico en proteínas y sin gluten que aporta variedad nutricional y ayuda a cubrir las necesidades de aminoácidos esenciales. Se suma así a otros componentes vegetales, frutos secos y cereales integrales que conforman una dieta relativamente equilibrada dentro de las limitaciones del espacio.

Además de cubrir calorías y nutrientes, la comida tiene una función social clara: crear un momento de pausa y convivencia. En un entorno reducido, con poco margen para la intimidad y mucha presión, sentarse a desayunar, comer y cenar juntos se convierte en un pequeño ritual que refuerza la cohesión del equipo.

Los responsables de la misión subrayan que “la comida que se llevará a bordo de Artemis II está diseñada para favorecer la salud y el rendimiento de la tripulación durante la misión alrededor de la Luna”, pero también para servir de apoyo psicológico en un viaje exigente.

Organización del menú a bordo de Orión

En un día estándar de misión, sin contar las fases más críticas como el lanzamiento o la reentrada, los astronautas tienen programadas tres comidas principales: desayuno, almuerzo y cena. En torno a esos horarios se organizan las bolsas y contenedores con los alimentos correspondientes.

Para simplificar el trabajo diario, la comida de cada tripulante se agrupa en paquetes que cubren dos o tres días. Dentro de cada contenedor hay cierto margen para elegir qué plato tomar en cada momento, siempre que se respeten las raciones planificadas.

Las restricciones de masa y volumen obligan a ajustar al gramo lo que se sube a bordo. Esto afecta especialmente a las bebidas: aunque hay más de diez opciones diferentes, la cantidad total está limitada, de ahí que cada persona solo pueda tomar dos bebidas saborizadas diarias.

El primer día suele ser el más intenso, con horas de preparativos antes del despegue y muchas tareas una vez en órbita, por lo que es probable que la tripulación no siempre tenga tiempo de calentar toda la comida y recurra más a productos listos para consumir. A medida que avanza la misión, la rutina se estabiliza y se aprovecha mejor el calentador y el dispensador de agua.

Todo este sistema sirve también como banco de pruebas: la agencia recopila datos sobre qué se come realmente, qué se deja y cómo responde el organismo, información valiosa para futuras misiones más largas y complejas.

Con Artemis II, la NASA no solo comprueba motores, ordenadores de a bordo y sistemas de soporte vital; también verifica que un menú de 189 productos, sin nevera y sin migas, es capaz de mantener bien alimentados, sanos y con buen ánimo a cuatro astronautas que viajan a casi 400.000 kilómetros de la Tierra, un paso imprescindible de cara a las próximas visitas a la superficie lunar y, más adelante, a los planes de llegar a Marte.

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