Amor y tristeza… ¿Siempre van de la mano?

Si eres de las que piensa que el amor y la tristeza siempre están relacionadas de alguna manera, entonces es que enfocamos nuestras relaciones afectivas de un modo erróneo. Si bien es cierto que son muchas las parejas que experimentan esta sensación, no es esto lo que deberíamos esperar. Ser pareja es enriquecerse, es crecer cada día y disfrutar de nuestro equilibrio individual y en conjunto.

Amor y tristeza nunca deberían estar relacionados. Si experimentamos esta sensación es que algo falla, es que existe algún aspecto que deberíamos tratar de solucionar con nuestra pareja. La tristeza que se acepta y que se mantiene largamente en el tiempo, nos condena a unas emociones negativas que pueden o bien llenarnos de desesperanza hacia las propias relaciones afectivas en general, o sumirnos en una depresión. No lo permitas.

Amor y tristeza, una combinación destructiva

En ocasiones nos acostumbramos a esas pequeñas decepciones cotidianas. Callamos, no decimos nada y lo dejamos pasar porque el amor es más fuerte y nos decimos a nosotras mismas aquello de “que toda renuncia vale la pena”.

No es lo adecuado, te explicamos por qué:

  • La idea de que amor y tristeza están siempre relacionados viene del viejo y obsoleto concepto del “amor romántico”. Dentro de esta clásica perspectiva se mantenía la idea de que cuanto más se sufría más se amaba. La pareja vive una relación donde la dependencia es absoluta, y donde los celos, por ejemplo, son una muestra de la propia pasión.
  • Toda renuncia que hagas por tu pareja debe estar acordada por ambos. Si cedes es a cambio de algo. No temas ver este enfoque como algo egoísta, porque toda relación saludable implica llegar acuerdos, implica ser equipo y no dos miembros donde uno gana y otro siempre pierde.
  • Si hay algo que te duele, que te ofende o que vulnera tus valores, exprésalo en voz alta. Es necesario que comuniquemos todo aquello que nos hace daño, porque de lo contrario, se convierten en heridas internas que van rompiendo nuestra autoestima.

¿Qué entendemos por tristeza en nuestras relaciones afectivas?

Todas sabemos muy bien lo que se siente cuando nos embarga la tristeza. Queda claro que cada una lo vivirá de una forma, hay quien actúa con resiliencia desplegando adecuadas estrategias, y quien por su parte, necesita un tiempo de aislamiento “para reconstruirse”.

Ahora bien, en el contexto de la relación de pareja, la tristeza viene casi siempre determinada de dos formas:

Tristeza por haber dado por finalizada una relación

Es la vivencia más común, y la que de alguna forma, ha hecho siempre que “amor y tristeza” estén tan unidas:

  • Experimentamos decepción, derrota e incluso una pérdida de ilusión por iniciar nuevas relaciones.
  • La tristeza vivida por una relación fallida no se supera de un día para otro. Requiere un proceso de superación donde necesitamos de múltiples estrategias internas, y en ocasiones, también de apoyo externo.
  • El modo en que lo superemos, hará que mantengamos una percepción u otra sobre las relaciones afectivas. Quien lo ha superado con entereza, adquiriendo un aprendizaje sobre lo vivido, será capaz de recuperar la ilusión por el amor.
  • Quien almacena rencor, es esclavo de sus propias emociones, y por tanto es común que se asocie “amor a tristeza”. No es lo adecuado, no debemos enfocar toda vivencia desde una perspectiva abierta, donde aprendamos, donde salgamos fortalecidos de la manera que sea.

Amor y tristeza en una relación dependiente

Las parejas que son conscientes de su tristeza, de su decepción cotidiana y que no dan solución a sus problemas, son un claro ejemplo de las relaciones dependientes.

  • En ocasiones establecemos una relación de pareja donde a pesar de ser conscientes de que “no nos sentimos bien”, de que “hay más lágrimas que sonrisas”, somos incapaces de reaccionar. ¿La razón? Seguimos amando a esa persona, a pesar de que sea ella la fuente de nuestras tristezas.
  • Sentir tristeza, decepción o sensación de soledad, no está reñido con el hecho de seguir enamorado. Y ahí se halla el auténtico problema. En ocasiones no deseamos romper la relación porque el miedo de perder al ser amado supera incluso nuestra propia infelicidad. Es algo muy problemático.

Una relación necesita reconocimiento, respeto mutuo y una reciprocidad  basada siempre en emociones positivas.

Nadie merece una relación de pareja donde hay más días grises que momentos de plenitud. Se estamos junto a un persona es para ser felices, para emprender un camino en común donde ambos ganemos y nadie pierda.
  • No te dejas vencer por una relación infructuosa. Una vivencia negativa, ahí donde alguien te hizo daño o no llegó a ser lo que esperabas, no debe cerrar para siempre tus esperanzas.
  • Amor y tristeza no deben ir de la mano. Esta idea es para los libros, para las películas de finales tristes. Una relación de pareja debe disfrutar en el día a día de un enriquecimiento, y si en algún momento llega la tristeza, es responsabilidad nuestra hacerle frente.
  • Las emociones negativas son los peores enemigos para nuestra autoestima e integridad. Nunca pienses que es normal estar triste por amar a alguien, o que la tristeza debe formar parte de tu vida cuando rompes una relación.

Ilusiónate por ti misma, preocúpate por tu bienestar y tu equilibrio. Si tú eres feliz y estás orgullosa de ti misma, serás capaz de ofrecer felicidad a otros, y a su vez, reaccionarás con energía ante esas situaciones negativas que puede traernos de vez en cuando la vida.

 


2 comentarios

  1.   Equipo Ser Pareja dijo

    Amor y tristeza no necesariamente van de la mano, pero, pueden coexistir en un amplia gama de situaciones en la relación de pareja.
    Equipo Ser Pareja
    http://bit.ly/1HgbVxU

  2.   Catalina Sagredo dijo

    Estoy de acuerdo con que el amor saludable jamás tendrá sufrimiento, dependencia y resignación. Sin embargo, creo que está mal catalogado lo que algunas personas entienden por “amor romántico”. Ser romántico no es ser sumiso, se puede amar saludablemente y ser romántico. Un abrazo!

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