Si el amor aprieta, no es tu talla

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Si el amor aprieta, si percibes que nada encaja por muchos esfuerzos que inviertas en tu relación, tal vez sea el momento de asumir la realidad. De dejar ir. Estamos seguros de que a lo largo de tu ciclo vital has tenido muchas veces la sensación de que has invertido un alto coste en determinados objetivos, sueños y proyectos que no te han llevado a ningún sitio. Aún más, te han hecho perder incluso parte de tu autoestima.

En lo que se refiere a las relaciones de pareja el tema es algo más complejo. Es habitual que al inicio exista más de una diferencia, pequeñas discrepancias que poco a poco, pueden ir tejiendo largas distancias. Nos esforzamos cada día por limar estas desigualdades, por llegar acuerdos, por armonizar espacios y proyectos. Queremos que todo encaje sí o sí. Ahora bien, la inversión emocional que supone un esfuerzo prolongado donde no se ven resultados, puede llegar a ser muy destructivo. Te invitamos a reflexionar sobre ello.

El amor que duele, el amor que desgasta

Hay amores intensos, amores de un verano, amores conscientes y maduros y amores que, sencillamente, no tienen nuestra talla. El esfuerzo que invirtamos en conseguir que tantas diferencias terminen armonizando puede resultar tan agotador que ambos, terminemos haciéndonos demasiado daño.

Ahora bien, puesto que todos sabemos que amar es ante todo trabajar cada día por la propia relación… ¿Cómo saber que dicho esfuerzo no nos va a llevar a ninguna parte? Pensemos en estos aspectos durante unos momentos.

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Lo que tú quieres, lo que yo quiero

Para que una relación de pareja funcione no es necesario que compartamos unas mismas aficiones, gustos, que hayamos leído los mismos libros ni que tengamos los mismos amigos. La idea de las “almas gemelas” suele tener unos matices que no siempre se corresponden con la realidad. El único aspecto en el que es esencial coincidir es en nuestros valores.

  • La pareja que se respeta, que se quiere y que es lo suficiente madura para permitir que la otra persona tenga su propia voz, sus propias aficiones y pasiones y que a su vez, los comparta con él o con ella, estará luchando por la propia relación.
  • Quien no “encaja” que la otra persona siga creciendo personalmente en sus propios espacios, que disponga de sus amistades, de sus sueños y aspiraciones está vetando parte de lo que es el ser amado. Porque ser pareja es construir un espacio en común pero a la vez, seguir siendo dos personas haciendo equipo.
  • Lo que tú quieres y lo que yo quiero deben encontrar caminos comunes. Respetaremos diferencias, peros siempre es encontrar un punto en común donde esté el equilibrio. Ello se consigue teniendo unos mismos valores.

Cuando nos damos cuenta de que no “encajamos” en la vida de la otra persona

No hay nada más duro y complejo que rendirse a la evidencia. A pesar de existir el amor y de haberlo intentado de todos los modos, nada resulta. Llega un momento en que el coste emocional es tan elevado que no queda más que una opción: deja ir.

  • No es fácil darnos cuenta a la primera. Tampoco debes buscar culpables cuando por fin, percibes que todo lo hecho no ha servido de nada. Darnos cuenta de que ese amor es sinónimo de sufrimiento más que de felicidad, es una realidad que solo veremos tras un largo trayecto de decepciones y sueños que no se cumplen.
  • En ocasiones, a pesar de existir el afecto y la pasión, no hay más aspectos en común. El diálogo no es fructífero, no hay empatía, no existe esa complicidad que de verdad nos hubiera podido permitir crear puentes, crear esa vida en común, serena y significativa que todos deseamos.

Como decimos, lo último que hay que hacer es buscar culpables. Asimismo, tampoco debemos arrepentirnos de lo vivido. El amor siempre vale la pena, de hecho es la dimensión más importante por la que deben librarse las mejores batallas. Así pues, si ambos lo habéis intentado ninguno de los dos se irá de vacío. Todo lo experimentado ha valido la pena, y aunque sea duro, la única forma de ser feliz es cortando ese vínculo y seguir avanzando.

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Dejar ir

Dejar ir es el proceso natural de la vida. Nadie nos enseña cuando venimos a este mundo que vamos a tener que renunciar a muchas cosas, que para aprender a veces hay que sufrir, que el amor no basta para ser feliz en una relación. Todo ello nos lo enseña la experiencia y ante todo, nuestra valía para hacer frente a cada vivencia.

Lo creas o no cuando percibimos finalmente que ese amor no tiene nuestra talla y que es mejor dejar ir, sentiremos por fin un alivio. A pesar de que no va a ser nada fácil superar el duelo por ese adiós, la valentía por poder por fin cerrar esa puerta que tantas lágrimas nos ha traído es una forma de sanarnos, de cuidarnos a nosotras mismas.

En caso de no hacerlo, en caso de seguir queriendo que todo encaje, lo que ocurrirá es que alguno de los dos tendrá que renunciar a muchas cosas para “encajar” a la fuerza en la vida de la otra persona. En este caso lo que sucede es que se vulnera la autoestima, y dejamos, sencillamente, de ser nosotros mismos.

No lo permitas. No es lo adecuado. Quien bien te quiere te hará feliz, jamás te obligará a ser nada que no eres ya.


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