Ámbitos del juego en el desarrollo infantil

La semana pasada os contamos qué supone el juego en la infancia. Además de ser un derecho fundamental para los niños, es una herramienta útil para adquirir y desarrollar sus capacidades y habilidades, en todos los ámbitos de su aprendizaje.

El desarrollo de las diferentes capacidades básicas que se produce en los niños y niñas a través de la actividad lúdica se entiende de una manera global e integrada. Sin embargo, esta consideración es mucho más clara explicando los distintos ámbitos de manera separada.

A pesar de dicha separación, los distintos ámbitos se interrelacionan continuamente, de manera que el desarrollo en el ámbito afectivo influye en el psicomotor, el psicomotor en el social, este en el cognitivo, y viceversa. En definitiva, se trata de un engranaje donde todos los ámbitos interactúan con todos, y por lo tanto su segregación responde solamente a una finalidad instrumental.

Ámbito psicomotor

Desde la observación, se puede comprobar que el bebé, desde muy temprana edad, realiza unos juegos de movimientos que realizan de manera repetitiva e involuntaria y, además, le satisfacen enormemente. Para estos juegos, se ayudan de los reflejos innatos y de las posibilidades de su tono muscular. Durante la actividad de estos juegos, sacudirán sus manos, moverán su boca, balbuceando si es preciso, mirarán sus manos y oirán sus propios sonidos, desarrollando así, poco a poco, sus sentidos.

En cuanto al tiempo y al espacio, aparecerán figuras humanas (madre y padre) con muecas y carantoñas que le harán reír, y que el niño se esforzará por imitar una y otra vez. Además, se utilizará una cantidad de objetos que se mueven, que suenan, que tienen colores, que el bebé se esforzará en tocar, manipular y, por supuesto, llevar a la boca.

Todos estos estímulos favorecerán la integración de las sensaciones visuales, auditivas, táctiles y motoras a escala cognitiva, a través de la cual se logrará el desarrollo perceptivo y del movimiento. Todos estos juegos psicomotores fomentarán la adquisición de un control mayor de las partes de su cuerpo.

Será mediante la actividad lúdica que se atreverá a satisfacer esta curiosidad por el universo, teniendo un mundo a su alcance y pudiendo dominarlo, de tal manera que todo contribuya a una adecuada adaptación al ambiente físico y social que le rodea.

Ámbito cognitivo

El bebé realiza una serie de movimientos continuos que favorecen un avance en las percepciones y en su coordinación motora. Este avance es posible porque el pequeño aprende, graba en su mente unos esquemas de acción que le permiten repetir esos movimientos con un grado de perfección cada vez más elevado.

Esta asimilación de esquemas supone el comienzo en la construcción de estructuras básicas de conocimiento. Pero esto necesita la mediación externa del ámbito social, ya que a través de las personas adultas o iguales aprenderán el lenguajes, los objetos y los símbolos.

A partir de los dos años aproximadamente, gracias a la capacidad de desplazarse libremente, se darán dos avances cualitativamente muy significativos dentro de este ámbito cognitivo: la aparición del juego simbólico y el dominio del lenguaje.

Mediante estos dos avances, los pequeños desarrollan su pensamiento y aprenden; porque será a través de sus representaciones lúdicas que expresen libremente y asimilen nuevas experiencias, percibiendo el mundo que le rodea desarrollando constantemente su imaginación y creatividad.

A través del juego, los pequeños pueden ajustar su pensamiento, cometer errores y subsanarlos sin que ello les aporte efectos negativos. Pueden solucionar problemas y comienzan a introducirse en el mundo adulto sin miedo a represalias.

Ámbito afectivo

Cuando el bebé nace, su capacidad de supervivencia por él mismo es nula. Depende totalmente de las personas adultas: necesita que les alimenten, le aseen, le faciliten el descanso, pero sobre todo, y como eje central por el cual giran sus actividades, necesita afecto.

El afecto es imprescindible para el desarollo y el equilibrio emocional de la persona durante toda su vida, pero es durante la infancia cuando su carencia marca muy negativamente la personalidad futura del pequeño. Es por ello que no es sorprendente que sea en el ámbito de las actividades lúdicas donde se perfilen la mayor parte de relaciones y de contactos afectivos.

Para los padres, el juego es el que facilita el acercamiento necesario para establecer y mantener dichos vínculos de afecto dentro del entorno. Aunque no son conscientes de ello, están jugando continuamente cuando les sonríen o ponen caras serias, cuando se esconden y aparecen en el campo visual, etc.

El pequeño va asimilando de forma placentera estos continuos juegos, que le permiten atribuir cualidades, sentimientos y comportamientos a las personas y a los objetos que le rodean en su vida diaria. Durante esta etapa de su vida, el juego le va a permitir ampliar horizontes y superar las restricciones de la realidad.

Ámbito social

Compartiendo los juegos, los niños y las niñas realizan un aprendizaje social, es decir, aprenden a relacionarse con los demás, a aguardar su turno de intervención, el momento de satisfacer sus deseos, cooperar en la realización de tareas, etc. En definitiva, aprenden a superar su egocentrismo, constituyendo sus primeros vínculos de amistad.

Pero no solo son estas conductas las que se manifiestan a través del juego. Dependiendo de la actitud y del estilo educativo, también pueden aprender la competición, la rivalidad, la envidia o los celos.

Así, los tipos de juegos y actividades lúdicas que se ideen para lograr la socialización de los pequeños condicionarán si este desarrollo social toma un camino conciliador o un camino competitivo.


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Ale Jimenez

Me llamo Ale y soy Educadora Infantil. Colaboro en algunos blogs de AB relacionados con mis dos grandes pasiones, la cocina y los niños. No soy... Ver perfil ›

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