Afrontar una infidelidad en la pareja

La infidelidad en las relaciones de pareja suele tener consecuencias muy graves. Es la primera causa de separación, y la principal fuente de peleas y disputas. Tener que afrontar una traición puede llegar a ser algo devastador, algo para lo que casi nadie está preparado para gestionar o asumir. Pero ¿es siempre la infidelidad un motivo más que seguro para dejar una relación?

Tanto si hemos sido nosotras las responsables como si es nuestro compañero, hemos de ser consecuentes con nuestras acciones y nuestros sentimientos. Existen muchos casos en que no todas las parejas en las que se da la infidelidad se separan, muchas superan lo sucedido e incluso pueden llegar a reforzar su vínculo. Otras, valoran sencillamente que lo mejor es el distanciamiento y poner fin al compromiso. Cada pareja dispone de un universo propio y no para todas valen las mismas soluciones. Veamoslo con más detalle.

Claves para afrontar una infidelidad

Si intentamos buscar las causas de por qué somos infieles o nos son infieles, podremos ver que son muchas las dimensiones que las determinan. Y más aún, las razones radican a menudo en las necesidades de cada persona. A veces sentimos cierta soledad en nuestra relación, vacíos que satisfacen de pronto terceras personas. El no ver nuestras expectativas cumplidas provoca que nos fijemos en otras realidades, en otras relaciones que nos aporten aquello que buscamos. Obviamente también están los casos más comunes de simple atracción sexual, pero por sorprendente que te parezca, los estudios al respecto nos dicen que la mayoría de infidelidades tienen como origen el buscar en otras personas, las necesidades que no encontramos con nuestra pareja.

1. Evaluación de nuestra relación y de la infidelidad en sí

Cuando se sucede una infidelidad, sabemos que no siempre se declara de inmediato. Son muchas las personas que mantienen en secreto su situación. Ya si es una traición puntual, o una relación mantenida en paralelo, no todos la ponemos en evidencia de nuestra pareja.  Pero sin lugar a dudas siempre es recomendable comunicarlo. La razón de no hacerlo es comprensible: se teme la reacción de la otra persona y las consecuencias que un acto así puede conllevar. Debemos tener en cuenta que todo engaño acaba saliendo a la luz de un modo u otro, y el hablarlo, es esencial para aclarar la situación que está atravesando nuestra relación en sí. Sería pues necesario que pusiéramos en voz alta las siguientes preguntas:

  • ¿Por qué ha surgido la infidelidad?
  • ¿Ha sido simple atracción sexual?
  • ¿Existe una relación más intima y personal, estamos enamorados de esa tercera persona?
  • ¿Qué es lo que nos aporta esa tercera persona que no nos aporta la pareja?

2. La necesidad de la comunicación

Es sin duda la parte más compleja. Cuando surge la infidelidad en la pareja no siempre somos capaces de hablar, de escuchar y aún menos de ponernos en lugar del otro en caso de que sea nuestra pareja quién nos haya traicionado. La comunicación se llena de dificultades debido a las emociones, a la tristeza, la rabia y la incomprensión. Si de verdad existe voluntad por parte de la pareja de superar dicha situación, es esencial que se logre establecer un diálogo abierto. Saber por qué ha surgido la infidelidad es esencial para saber si deseamos o no, seguir manteniendo dicha relación.

Si la traición se debe a algo relativo a nuestra relación, a un vacío como puede ser por ejemplo el sentimiento de soledad, la escasa comunicación, o la falta afecto, deberá ponerse en evidencia para establecer posibles cambios con el fin de mantener a flote la relación. En ocasiones, una traición puede llegar a ser un toque de atención para muchas parejas, qué más tarde logran incluso reestablecer el vínculo con más fuerza. Pero obviamente no todas las personas lo afrontarán del mismo modo.

3. El perdón o el distanciamiento

El perdón nunca es fácil en casos de infidelidad. Pero si hemos valorado que la traición puede ser superada y que ninguno de los dos deseamos poner fin a la relación, es necesario que salgan a flote todas las emociones. Hemos de poner en voz alta y en primera persona cómo nos sentimos: “Me has hecho daño, me siento traicionada”, “Lamento lo que ha sucedido, deseo que vuelvas a confiar y me esforzaré en ello”… verbalizar todas estas emociones nos van a ayudar poco a poco a superar lo ocurrido, siempre con sinceridad y sin guardarnos nada. El perdón requiere un esfuerzo diario por parte de ambos, evitando en la medida de lo posible los resentimientos, las dobles palabras o el rencor. Lograr que lo ocurrido se convierta en algo de lo que obtener un aprendizaje para mejorar la relación, puede traernos fuerzas renovadas para ir por el camino correcto. Saber por ejemplo que nuestra pareja requiere más atención, o que debemos pasar más tiempo en casa, hacer más cosas juntos o trabajar más la comunicación y la complicidad, son aspectos que pueden originar una buena segunda oportunidad.

Pero hay casos en los que todo esto no es posible. Ahí donde pesa demasiado la decepción, la traición. Es algo que cada uno de nosotros habremos de valorar. Hay traiciones que no se pueden perdonar. Será entonces cuando debamos tomar una decisión, y la mayoría de las veces se opta por el distanciamiento, por la ruptura. Es importante que siempre exista una conversación final entre la pareja, ahí donde dejar las cosas claras, ahí donde hablar de los sentimientos y las emociones. “Te dejo porque me has herido, por que no soy capaz de superar esta traición y me has hecho infeliz”.

La mayoría de las veces este tipo de verbalizaciones ayudan para liberar emociones, nos permiten “dejar ir”. A emprender una nueva etapa en la cual, superar lo ocurrido manteniendo en todo momento nuestra autoestima.


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