
En pleno centro de Zaragoza, una instalación urbana convierte el Paseo de la Independencia en un espacio de memoria y reflexión: 120 zapatos para 120 vidas perdidas en Aragón. La iniciativa, abierta hasta el 25 de noviembre, ocupa el tramo frente al edificio de Capitanía y propone detenerse un minuto, mirar y pensar en lo que hay detrás de cada ausencia.
Los calzados expuestos son muy distintos —deportivas, tacones, sandalias, botas— para subrayar que el suicidio no tiene un único perfil y atraviesa todas las edades y realidades, desde los 15 años hasta más de 90. Concebida como un escaparate con grandes cristaleras, la muestra se articula alrededor del lema “Sigue dejando tu huella. No te borres”, un mensaje directo que invita a pedir ayuda y a no replegarse en el silencio.
El Proyecto Huella toma el Paseo de la Independencia
Impulsado por MovEnRed (Movimiento en Red contra el Suicidio), y con la colaboración del Ayuntamiento de Zaragoza y la empresa Metro7, el Proyecto Huella pone en la calle una realidad que suele pasar desapercibida. La intervención reúne 120 zapatos, uno por cada persona fallecida por suicidio en Aragón durante el último año.
El diseño corre a cargo de los creadores zaragozanos Román y Javier Almalé, padre e hijo, que han ideado un dispositivo sobrio y visible a pie de calle. La propuesta funciona como un gran escaparate urbano que interpela a vecinos y visitantes en uno de los ejes más transitados de la ciudad.
El acto inaugural contó con la participación de Natalia Chueca (alcaldesa de Zaragoza), Concepción Gimeno (Justicia de Aragón), María Ángeles Franco Sierra (Universidad de Zaragoza), Marian Orós (Políticas Sociales e Igualdad), Carlos Sauras (Cáritas Diocesana, en representación de A Todo Trapo), José Bailach y Leire Rodrigo (Metro7), e Isabel Irigoyen (psiquiatra y cofundadora de MovEnRed). Un respaldo institucional que da músculo a la concienciación.
120 zapatos, 120 historias: romper el silencio
Detrás de cada par hay una biografía interrumpida. La psiquiatra Isabel Irigoyen recuerda que hablamos de personas de edades muy diversas y que la mayoría de estas muertes se podrían haber evitado con detección precoz, acompañamiento y atención adecuada.
El objetivo es visibilizar, hablar claro y desmontar tabúes. Desde la organización insisten en que el silencio social funciona como una barrera, porque mirar hacia otro lado no salva a nadie y dificulta que quien sufre pueda pedir ayuda a tiempo.
La instalación también apunta a la magnitud de la problemática: además de las vidas perdidas, MovEnRed señala que en Aragón se registran miles de intentos de suicidio cada año; solo el último ejercicio se contabilizaron en torno a 2.400 intentos, una cifra que obliga a redoblar esfuerzos preventivos.
Acompañar a los supervivientes y prevenir
El Proyecto Huella pone el foco en los supervivientes, es decir, familiares y allegados de quienes fallecen. Noviembre es el mes que la OMS dedica a ellos y la instalación recuerda la necesidad de no dejarlos solos, de escuchar y ofrecer recursos terapéuticos y comunitarios.
MovEnRed traslada su mensaje al espacio público para que la prevención no se quede en los despachos. Hablar, acompañar y pedir ayuda son tres acciones que pueden inclinar la balanza hacia la vida, especialmente en contextos de sufrimiento intenso y sostenido.
El soporte del tejido social e institucional es amplio. En el entorno del estreno estuvieron presentes colegios profesionales y entidades que suman en salud mental, reforzando que la respuesta debe ser colectiva y coordinada.
- Colegios profesionales: Médicos, Farmacéuticos, Aparejadores y Arquitectos Técnicos de Zaragoza.
- Instituciones y fundaciones: Instituto de Medicina Legal de Aragón, Fundación Ibercaja, Fundación Enériz, Fundación Enesba, Fundación APE, Fundación Sesé.
- Asociaciones y colectivos: ASAPME, Foro Aragonés de Pacientes, Asociación Paso a Paso, The MoveMen, Believe in Art, editorial Cábula.
Diseño aragonés y apoyo institucional
La propuesta visual firmada por Román y Javier Almalé utiliza un lenguaje cotidiano —unos zapatos— para condensar la ausencia y provocar conversación sin artificios. El montaje, con grandes paños de cristal, actúa como un espejo de la ciudad y como llamada urgente a la prevención.
El proyecto cuenta con el apoyo de la Justicia de Aragón, la Universidad de Zaragoza y el Ayuntamiento, además del soporte técnico del Colegio Oficial de Aparejadores y Arquitectos Técnicos y la colaboración operativa de Metro7. La suma de actores busca garantizar que el mensaje llegue lejos y permanezca en el tiempo.
El contexto: salud mental y retos en España
La instalación coincide en Zaragoza con el Congreso Nacional de Psiquiatría, un marco donde se subraya que el comportamiento suicida suele estar ligado a trastornos mentales tratables. Voces expertas piden más recursos humanos, más psicoterapia accesible y circuitos de atención continuada.
España cuenta con alrededor de 9 psiquiatras por cada 100.000 habitantes, por debajo de la media de la Unión Europea, y se prevé un relevo generacional que puede tensionar aún más el sistema si no se planifica con antelación. La necesidad de inversión, formación y equipos multidisciplinares aparece como un consenso técnico.
La juventud es un grupo especialmente sensible: la sobreexposición a redes sociales, el consumo de sustancias como el cannabis de alta potencia y la falta de sueño impactan en la salud mental. Entidades aragonesas activan campañas preventivas —incluidas acciones frente a las sobredosificaciones en el hogar— para reducir riesgos y fomentar hábitos de autocuidado.
Mientras Zaragoza viste sus calles con 120 zapatos, el mensaje se hace nítido: hablar sin tabúes, acompañar y pedir ayuda puede marcar la diferencia. La ciudad acoge una instalación que duele, pero que también abre una puerta a la esperanza y a la responsabilidad compartida.





